31.1.11

En algún lugar del tiempo



Le puso música a más de 100 películas. Atesoró cantidad de premios, entre ellos 4 Oscar. Flirteó con James Bond, nos dio a conocer la sensación de tener Fuego en el Cuerpo, nos hizo Bailar Con Lobos y le regaló un poco de calidez a la atormentada existencia de Francis Farmer. Su nombre: John Barry. Con sus composiciones, hizo al cine aún más grande.

A partir de hoy, siempre le encontraremos En Algún Lugar del Tiempo.

Descanse en paz.

26.1.11

La muerte tiene un precio

Clint Eastwood, a los 80 años y al igual que otros cineastas a cierta edad, en su último film, Más Allá de la Vida, se enfrenta cara a cara con la muerte a través de un guión original de Peter Morgan, el mismo que escribiera los libretos de títulos como El Desafío: Frost contra Nixon o The Queen. Vida, amor y muerte, tres conceptos que pululan por entre las enredaderas de las tres historias de las que se compone la película.

Una víctima superviviente de un tsunami, un joven gemelo traumatizado por la muerte inesperada de su hermano y un médium dispuesto a romper definitivamente con sus depresivas experiencias con el más allá, son sus tres personajes principales. Cada uno tiene su propia historia y, como en otras cintas de estructura similar, los tres acabarán coincidiendo en un episodio final. La primera es una periodista francesa, parisina para más señas; el segundo, un niño británico, londinense, mientras que el tercero es un norteamericano residente en San Francisco.

Un inicio brillante y trepidante, en el que se muestran los efectos brutales de un tsunami, ampara totalmente la profesionalidad y categoría de Eastwood como realizador. Tan sólo le son necesarios 5 minutos de su (demasiado) extenso metraje para cargarse, de un plumazo, las cansinas películas sobre desastres naturales de cineastas como Michael Bay y similares. La lástima es que, a partir de un comienzo tan excelente, el resto de metraje se me antoja ciertamente aburrido y muy poco atractivo.

La poca naturalidad con la que transcurren las tres narraciones paralelas, el desencanto con el que Matt Damon afronta el rol de médium quemado o lo endeble que resulta todo su forzado final hacen, de éste, uno de los trabajos menos atractivos (junto con Invictus) de la carrera del director. Blanda en su resolución, la película, dotada de un quebradizo guión que se deshincha a medida que avanza su angosto metraje, parece más un producto firmado directamente por Spielberg (productor del invento) que no por el propio Clint Eastwood.

De todos modos, y a pesar de contar con un guión mal estructurado y que cuesta de digerir, la profesionalidad, el rigor y el clasicismo de los que sabe hacer gala su director en sus productos, hacen que logre momentos deslumbrantes a lo largo de su proyección: el tsunami antes citado o la tensa escena en los andenes del metro londinense, son un buen ejemplo de ello.

Más Allá de la Vida: una mezcla entre en cine más edulcorado de Spielberg y los devaneos sobrenaturales del Shyamalan de El Sexto Sentido. Y, de propina, para compensar sus errores, la fuerza interpretativa de la francesa Cécile de France, el mejor e indiscutible acierto de la película: una mujer a tener muy en cuenta a partir de ahora.

25.1.11

American Psycho

El Demonio Bajo la Piel es una de las propuestas más radicales, en cuanto a violencia se refiere, de la cartelera actual. Basada en la novela de Jim Thompson The Killer Inside Me, publicada en 1952, la cinta se centra en el personaje de Lou Ford, el joven ayudante del sheriff de una pequeña población tejana convertido en un sanguinario criminal. Tras la cámara, un Michael Winterbottom que, por momentos, se acerca a las coordenadas del cine de David Lynch.

La perfecta recreación del Texas de los años 50, la magnífica interpretación de un Casey Affleck metido en un papel que rompe moldes con respecto a su carrera anterior, un montón de secundarios espléndidos (y de lujo) y la sorprendente presencia de una insinuante Jessica Alba, metida en la piel de una joven prostituta, son sólo algunos de los detalles que convierten a este film en un producto ciertamente notable.

Un par de pasajes totalmente descarnados (aunque necesarios para comprender la personalidad psicótica de su protagonista masculino), hacen que la cinta de Winterbotton no sea un producto apto para todos los públicos, al igual que sucedía con el universo literario de Jim Thompson. Adaptar a este autor evitando (o minimizando) la fuerte carga de violencia implícita en sus novelas, sería todo un error. Y, en este aspecto, aunque arriesgado, el director de Un Corazón Invencible ha dado en el clavo.

Si de algo se puede acusar a El Demonio Bajo la Piel es de poseer un guión no muy afinado que deja demasiados cabos sueltos -y situaciones no muy bien resueltas- a lo largo de su narración. Algunos pueden achacar tal defecto a la necesidad de plasmar la locura implícita en la mente del tal Lou Ford, pero la verdad es que existe el peligro de que acabe convertiéndose en un arma de doble filo para aquellos espectadores acostumbrados a que les den todo bien masticadito.

Un poli salido de sus casillas, su prometida, una furcia, un sheriff asustado, un potentado empresario, un empecinado ayudante del fiscal y un par de testigos en la cuerda floja. Tras (y con) estos personajes, un número considerable de brutales asesinatos. Todo el mundo sabe quien es el culpable, pero no hay forma de demostrarlo. Un poco de delirio narrativo y un mucho de cine negro en estado puro. La bestialidad está servida. Ahora tan sólo es cuestión de racionalizarla.

21.1.11

Mamá sangrienta

Una familia disfuncional formada por tres hermanos varones, pendencieros y asesinos, y su hermana muerta por sobredosis de heroína. Tras los hijitos de marras, la super madre, una mujer capaz de lo imposible para evitar el encarcelamiento de cualquiera de sus retoños. Un nuevo personaje, el hijo de la chica difunta, entrará a formar parte del núcleo familiar, convirtiéndose en testigo de excepción de una tensa partida entre polis y ladrones. Ésta es, a grandes rasgos, la premisa de Animal Kingdom, el debut en el largometraje del australiano David Michôd.

La destructuración de una familia unida, pero al límite, y con el crimen como principal fuente de ingresos. Una madre dominante, un hijo de lo más perverso y el nieto de la primera insertado accidentalmente en pleno clan como pieza desestabilizadora. El enemigo no solo está en el exterior del hogar de los Cody.

En el film de Michöd, la línea entre el Bien y el Mal es de lo más difusa. Polis y ladrones; ladrones y polis: el orden de los factores no altera el producto. Cada uno juega su rol, utilizando las cartas que les brinda el Diablo a su libre albedrío. Decantarse a un lado u a otro de la línea es muy jodido... y más si a ambos lados se suelen cocer habas.

De violencia seca y concisa, de aquella de aquí te pillo aquí te mato, Animal Kingdom basa la mayor parte de su fuerza en el personaje de Janine Cody, una madre visceral capaz de lucir también sus malas artes cuando ejerce de abuela y que, en el fondo, se alza como la sustituta natural de mujeres dotadas de muy mala saña, como la ‘Ma’ Kate Barker (vibrante Shelley Winters) de Mamá Sangrienta o la Gladis Ma' Grissom (Irene Dailey) de La Banda de los Grissom. Atención, en este aspecto, al compacto trabajo interpretativo de Jacki Waever, una actriz capaz de imprimirle un aplomo a prueba de balas al personaje de Ma’ Cody, una arpía de mucho cuidado.

Una propuesta interesante que, sin embargo y a pesar de su buen guión y de una realización precisa y efectiva (sorprendente la sequedad impactante del primer asesinato), la película no acaba de cuajar al cien por cien. La idea tiene cuerpo, igual que su puesta en escena, alejada de artificios innecesarios. El problema es que, en general, no ofrece nada nuevo al género. Pero, como aperitivo ofrecido por un cineasta de nueva hornada, resulta de lo más tentador y prometedor.

18.1.11

Revuelta pasada por agua

Icíar Bollaín se instala en la Bolivia del año 2000, la convierte en su Santo Domingo particular y desde allí, y con la ayuda de un equipo cinematográfico, pretende demostrar el paralelismo existente entre los tiempos actuales y la llegada de Colón y sus hombres a América hace quinientos años. De fondo, la que se dió en llamar la Guerra del Agua, una situación convulsa que variará los distintos puntos de vista de algunos de los miembros del equipo, entre ellos un productor un tanto jetas y un joven realizador idealista. Su título, También la Lluvia.

Hasta el momento, la filmografía de la directora madrileña me parecía de lo más correcta. Moviéndose casi siempre por un cine de cauces intimistas, conseguía retratos de la sociedad actual, y en particular del mundo femenino, ciertamente atractivos. Con También la Lluvia, cambia de registro y, con más pretensiones que buenos resultados, se adentra en una mezcla entre cine histórico y denuncia política que no acaba de cuajar del todo.

La cinta, en un principio, no está mal planteada, entra bastante bien, aunque poco a poco se le escapa de las manos. A medida que avanza su metraje, prepara al espectador para una parte final que promete ser visceral y trepidante, en la línea de films como Bajo el Fuego o El Año Que Vivimos Peligrosamente. El espíritu comprometido de Bollaín aflora en varios de los pasajes de su trabajo, sobre todo en aquellos en los que refleja el despotismo desenfrenado con el que los españoles entramos a saco en América hace quinientos años. Sin embargo, cuando ha de afrontar su última media hora, la cinta hace aguas por todas partes y Bajo el Fuego y similares, por mucho que se empeñe, le quedan a años luz. La imposibilidad de tragar con el cambio ideológico del personaje de Tosar o la endeble manera de reflejar una revuelta callejera, son sólo dos de los numerosos factores que derrumban la propuesta de arriba a abajo.

A pesar de contar con muy buenos actores (Luis Tosar y Karra Elejalde están que se salen), no sabe aprovecharlos al máximo. Por ejemplo, el papel del realizador interpretado por Gael García Bernal o, sin ir más lejos, los dos representados por Raúl Arévalo y Carlos Santos, quedan reducidos a la mínima expresión, centrándose casi exclusivamente en la relación entre Tosar y un nativo boliviano líder de la revuelta social que desembocó en la Guerra del Agua: una pésima resolución para un producto de claras connotaciones corales.

Está claro que También la Lluvia rebosa buenas intenciones por todos sus poros. Pero, tal y como en dicho en diversas ocasiones, el cine no sólo ha de alimentarse de buenas intenciones. Es necesario algo más.

10.1.11

Recapitulando (y II): Lo más peor del 2010

Con un retraso bastante considerable, llegan las 10 peores del 2010. Del 10 al 1. O lo que es lo mismo, de mal en peor.

10.- Origen. Christopher Nolan, a través de una historia de ladrones, sueños y realidad, pretende revolucionar la narrativa en el cine. De difícil (por no decir imposible) lectura, Origen destila tanta pedantería que se me hace insoportable. Nunca me había imaginado que un director, para que el público capte mínimamente la esencia de su película, tenga que contar lo que sucede en pantalla a cada nueva escena que propone. A pesar del apabullador despliegue de efectos especiales, de sus numerosas escenas de acción y de sus ínfulas intelectualoides, el vacío de la propuesta se me antoja total. Un film que abre nuevas vías a lo que se podría denominar el blockbuster gafapastero. O sea, en cuatro días, película de culto.

9.- Los Ojos de Julia. Un thriller a la española que, dirigido por Guillem Morales, sitúa a Belén Rueda en medio de una intriga en la que se mezclan suicidios injustificados, posibles crímenes y enfermedades oculares degenerativas. Lo único destacable del film es el buen trabajo de la actriz (convertida ya en musa del fantástico nacional). Su guión, lleno de despropósitos y de personajes innecesarios, patina por todas partes, mostrándose incapaz de darle un mínimo de credibilidad a una historia que va difuminándose por momentos. Por mucho que se esfuerce en acercarse a la maestría de Sola en la Oscuridad, la ceguera de Julia queda a años luz de la de Audrey Hepburn.

8.- Harry Potter y las Reliquias de la Muerte (1ª parte). Cada nuevo capítulo de Harry Potter me parece más patético que el anterior. El niño mago y depresivo sigue empeñado en destruir a Voldemort, mientras las fuerzas del mal intentan acabar con él. Dos horas y media en las que, aparte de sus efectos especiales, no ocurre nada de nada. El aburrimiento está servido. Los personajes han perdido cualquier mínimo atisbo de su entidad, mientras que la historia ya no hay por donde pillarla. Al menos, en esta ocasión, cambian de escenarios y se olvidan de la escuela de Hogwarts: un intento fallido, aunque bienintencionado, de oxigenación. Espero que, en la segunda parte de esta última entrega, nos enchufen un prólogo, a modo de recordatorio, para poder hilvanar mejor el cansino festival de nombres y rostros que se han ido aglutinando a lo largo de la serie.

7.- Canino. Otra película con posibilidades de convertirse en título de culto. O sea, otra tomadura de pelo gigantesca. De nacionalidad griega, Canino indaga en las relaciones de una familia nada convencional, cuyos padres han decidido criar a sus tres retoños alejándolos de cualquier influencia externa y encerrándolos, durante toda su vida, en una mansión alejada del núcleo urbano más próximo. Su premisa inicial resulta sorprendente e incluso prometedora, pero su extraña puesta en escena (inundada de planos cortados, estrambóticos y rocambolescos) y su minimalista guión, hacen de este un trabajo tan pedante como insoportable. Toda una oda al aburrimiento y a la lentitud más enervante, al igual que sucedía en el cine denominado de arte y ensayo allá por los 60 y 70.

6.- Alicia en el País de las Maravillas. Una visión totalmente libre de la obra de Lewis Carroll ya que, de ella, Tim Burton sólo pilla su espíritu y sus personajes y, a partir de la presentación de los mismos, se va por los cerros de Úbeda. No sabe sacarle provecho a la conversión de Alicia en una adolescente y, en su nuevo viaje al País de las Maravillas, se encalla y se muestra incapaz de llevar al film a buen puerto. Lo que podría haber sido una inquietante incursión en el libro de Carroll, (y más teniendo en cuenta la imaginería gótica de su realizador), acaba decantándose hacia un poco esforzado festival de efectos especiales en función del 3D. El argumento es lo de menos. Lo único que importa es que el espectador, virtualmente hablando y pagando un buen pastón por ello, se trague alguna que otra mariposa. En su osadía por epatar, Burton logra incluso que el mítico personaje del Sombrerero (enervante Johnny Depp) se desmarque con unos descabellados pasos de breakdance. En esta ocasión, el particular universo del director se ha situado bajo mínimos.

5.- La Cinta Blanca. A mi parecer, y a pesar de los múltiples halagos críticos y públicos, la película de Michael Haneke no es más que un interminable peñazo de muchísimo cuidado. Dos horas y media del Haneke más colgado; de ese Haneke que es capaz de aguantar decenas de inamovibles planos innecesarios, filmados con cámara fija, en silencio y sin que suceda absolutamente nada en pantalla. Una pura exhibición de petulancia cinematográfica que, para lo único que sirve, es para destrozar las muy buenas intenciones de la historia que propone. Mucho preciosismo para tan poca sustancia. Con una horita menos de metraje, la cosa hubiera sido más digerible.

4.- The Tourist. En los últimos días del 2010 nos llegó el nuevo film del alemán Florian Henckel von Donnersmarck, una producción norteamericana tras la que se esconde un pésimo remake de la muy agradable El Secreto de Anthony Zimmer, una comedia de espionaje, llena de confusiones de identidad y con un claro regusto por la obra de Alfred Hitchcock. Del film francés original sólo se queda con la idea principal, se olvida del sabroso toque hitchconiano, cambia el escenario de la ciudad de Niza por el de Venecia y se rodea de dos de las más taquilleras estrellas del Hollywood actual, Johnny Depp y Angelina Jolie. Ambos están a fatal (a cual peor), su toque de comedia es de lo más simplón y la historia -dotada de un rocambolesco y patético guión- resulta del todo incomprensible. Una buena muestra de lo innecesarios y ridículos que resultan la mayoría de remakes. Parece increíble que su realizador sea el mismo que el de la aclamada La Vida de los Otros. Ver para creer.

3.- Copia Certificada. Otra en plan arte y ensayo. El iraní Abbas Kiarostami se lo monta de cultureta y, al más puro estilo del Rossellini de Te Querré Siempre, se instala en un idílico pueblecito italiano y castiga a las plateas con una historia de (des)amor en la que dos personajes, un escritor inglés y una galerista gabacha, se embarcan en una particular farsa teatral al fingir ser un matrimonio en plena crisis sentimental. De diálogos imposibles y plagada de situaciones aún más imposibles, la cinta avanza por derroteros de lo más cansino. La petulancia del Kiarostami no tiene límites, pero la paciencia del espectador sí. La Binoche cada día apunta peor sus proyectos: toda una moderniqui.

2.- Precious. La desgracia siempre vende, aunque sea de color negro. Y aún más si la desgracia posee el envoltorio típico de un telefilm de sobremesa: todo mascado y bien digerido. Ideal para consumo rápido; el sumum para el espectador menos exigente. Negra, negrísima; gorda, gordísima; fea, feísima: de aspecto simiesco, menor de edad y embarazada, por segunda vez, de su propio padre. A su primer hijo, deficiente mental, le llama cariñosamente Mongo. Los ingredientes para la construcción del personaje principal no pueden ser más exagerados. La trama de Precious, más que una historia bien hilvanada, se trata de un extenso catálogo de tópicos, amontonados uno sobre el otro sin orden ni concierto. Y de postre, para paliar los numerosos contratiempos que se desploman sobre la chica protagonista, una de moralina que tumba de espaldas: séame usted feliz con su vida de mierda porque, cuando esté a punto de darse el último batacazo, saldrá del bache en el que ha caído... aunque seguirá siendo gorda y fea, se la habrán metido por todos los agujeros de su cuerpo y su salud ya colgará de un delgadísimo hilo. No hay vergüenza.

1.- Uncle Boonmee Recuerda sus Vidas Pasadas. Un tremendo palo para el espectador es la cinta que supuso la Palma de Oro del último festival de Cannes, una película cargada de alegorías sobre la vida y la muerte y con la presencia de un moribundo al que visitan algunos familiares, entre ellos un hombre mono y una mujer fantasma. Diálogos profundos, llenos de segundas y terceras lecturas; silencios interminables; lenta hasta la irritabilidad: todo un poema, vaya, de los de mear y no echar gota. Casi imposible de soportar, sin alterarse, más de media hora seguida de proyección. Personalmente, me mantuve intacto (aunque extremadamente inquieto) hasta el minuto 50. Y entonces, el tío Boonmee me pilló desprevenido y me derribó de un derechazo por KO. ¡Más de dos horas que dura la bromita! Se me ponen los pelos de punta cuando la crítica oficial y sesuda destaca este film del tailandés Apichatpong Weerasethakul como uno de los mejores trabajos del año. Ciertamente, hay que tener tragaderas.

31.12.10

Recapitulando (I): Lo más mejor del 2010

31 de enero. El año 2010 se acaba. Y con él, la habitual lista de las 10 mejores de la temporada. Del 10 al 1. O sea, de lo mejor a lo más mejor.

10.- Sherlock Holmes. Un divertimento sin más. Pura distracción. Una forma distinta, la de Guy Ritchie, de acercarse al mítico detective creado por Conan Doyle, de manera alocada aunque conservando las constantes del personaje y, al mismo tiempo, sin renunciar al estilo sincopado que caracteriza el grueso de su obra. Su argumento es simple, pero al mismo tiempo totalmente efectivo. No aburre, tiene un ritmo endiablado y su tono de comedia funciona a la perfección. A mi gusto, mucho más conseguida que la visión, un tanto pedantilla, que de Holmes ha realizado la BBC en su sobrevaloradísima serie televisiva de 3 episodios. Y es que, para modernizar al detective, no es necesario viajar hasta el presente.

9.- Nacidas Para Sufrir. Uno de los pocos productos nacionales que ha aprobado la temporada con nota alta. Miguel Albadalejo se lo monta de comedia intimista, rural y con un elevadísimo toque femenino. Sensible y divertida, plasma la relación existente y marcada por la soledad entre una anciana y su criada. Adriana Ozores y Petra Martínez están que se salen dando vida a la extraña pareja protagonista. Lástima que en su recta final, a Albadalejo se le vaya un poco la bola y la historia empiece a perder gas. Nadie es perfecto, pero la película tiene su puntito.

8.- Two Lovers. James Gray se aleja del thriller y sale victorioso de un melodrama contundente, plagado de tintes sentimentales y autodestructivos y de sorpresivos guiños a la filmografía de Alfred Hitchcock. Una cinta marcada por la bipolaridad de su personaje masculino (un magnífico Joaquin Phoenix), un tipo con tendencias suicidas que debate su existencia entre el amor por dos mujeres, una morena y una rubia. La femme fatal del cine negro de toda la vida contra la mujer hogareña. No es un thriller, pero por su cerebral tratamiento incluso lo parece. Una lástima que llegara a nuestro país dos años después de su estreno.

7.- Cinco Minutos de Gloria. Una nueva vuelta de tuerca a una de las constantes del cine procedente de Irlanda: el de las convulsas luchas entre católicos y protestantes en el Belfast de hace unas décadas. Narrada en tres actos, Olivier Hirschiegel, su director, afronta una historia en donde el sentido de culpabilidad, el odio y la búsqueda del perdón cobran un fuerte protagonismo. La excusa es un debate televisivo que pretende situar, cara a cara, a un antiguo miembro del Ulster Volunteer Force y al hermano de una de sus víctimas. A un lado, la sobriedad de Liam Neeson; al otro, el flirteo con la sobreactuación de James Nesbitt. El equilibrio perfecto para jugar con los sentimientos contrapuestos de ambos personajes. Si hay que buscarle algún pero, éste se encuentra en su perdonable tono discursivo. Un interesante trabajo que pasó sin pena ni gloria por las salas comerciales. Ahora toca recuperarlo.

6.- La Red Social. Un film elegante y dotado de un guión magnético que va mucho más allá de la historia del nacimiento de Facebbok y de su creador. Un magnífico toma y daca de situaciones y diálogos capaces de envolver una trama en donde los celos, los recelos, el estatus social y el poder, alcanzan un lugar destacado. Un Fincher distinto, alejado de sus habituales alardes técnicos y visuales, capaz de centrarse única y exclusivamente en resaltar el brillante libreto que le ha caído en suerte. Mordaz e ingenioso. Un modo excelente de conjugar, al cien por cien, dirección y escritura, una ecuación que queda perfectamente reflejada en su magistral (e intimista) escena final. La magia del cine sigue funcionando.

5.- An Education. una película pequeña e interesante que logró colarse, por méritos propios, entre las diez nominadas al Oscar. Una historia de amor muy british que, al mismo tiempo, hace un fiel retrato de la Inglaterra de los 60 sin dejar de lado, para nada, la interesante relación creada entre una menor de edad, con ganas de conocer más allá de su cerrado entorno, y un tipo mayor que ella, un tanto sibarita y de gustos relativamente caros. Una apuesta, la de la chica, que la llevará a cambiar los estudios clásicos por otros más vitales y callejeros. Comedia y melodrama, un poco de todo al servicio de un film sencillo aunque perfectamente construido. Amparado en un guión detallista, plagado de contrastes y totalmente creíble, la cinta le debe buena parte de su éxito a la química establecida entre su pareja protagonista (Carey Mulligan y Peter Saarsgaard). Una historia de las de siempre, de las de toda la vida, aunque escrita y realizada con una delicadeza total.

4.- Buried. O la sabiduría de mantener al espectador en tensión a través de una historia mínima. Un desierto en Irak y un tipo en un sobrio ataúd sepultado unos cuantos metros bajo tierra. Oscuridad, miedo y claustrofobia son sus principales parámetros. No hay más. El escenario es único y la habilidad de su montaje es mayúscula. Con cuatro detalles de guión y un par de movimientos de cámara, se transmite fácilmente la ansiedad de su protagonista a la platea. Su minuciosidad descriptiva, su ritmo trepidante y la originalidad de la puesta en escena (exenta de trampas narrativas tipo flash-back), hacen de ella una propuesta singular e irrepetible. Noventa minutos de alto voltaje total. Rodrigo Cortés ya sorprendió con Concursante, pero ahora ha ido aún más lejos.

3.- Toy Story 3. Los responsables de Toy Story se superan a sí mismos. Su derroche de imaginación, la forma de perfilar genialmente a sus personajes y el nervio otorgado a la historia, hacen de ella una entrega tanto o más compacta que sus dos predecesoras. Sus gags no dejan de sorprender: se autohomenajean con gracia y sus no muy abusivos guiños cinéfilos resultan de una sutileza exquisita. Siempre prima la historia antes que el habitual (y cansino) efectismo del 3D, una técnica que hace que muchos olviden la importancia del guión. La diversión y la emoción están aseguradas. No se avergüencen si viéndola sueltan alguna que otra lagrimilla. Imposible evitarlo.

2.- Shutter Island. Años 50, un pequeña isla, un centro psiquiátrico y un par de agentes del FBI investigando la desaparición de uno de los pacientes. Con tales ingredientes, Scorsese construye un thriller contundente; cine negro con todas las de la ley. Un melodrama oscuro y sin concesiones. Varias son las ramificaciones que abarca su guión; un guión plagado de connotaciones psicológicas y en el que nada es lo que parece. La cordura y la locura pueden tenderse la mano, confundirse y darse de patadas. Una función orquestada con una elegancia envidiable. Juega en campo seguro, apoyándose en su actor fetiche (imponente DiCaprio) y moviendo las fichas con total sobriedad. Una película de intriga, con un mucho de perturbaciones mentales, en la que el director de Toro Salvaje se dedica a romper reglas y a dejar lagunas totalmente conscientes en el guión. Una exquisitez.

1.- El Escritor. Un escritor en el anonimato y un ex Primer Ministro británico (en el que es muy fácil adivinar la figura de Tony Blair) son los dos principales focos de atención del realizador de Chinatown. Un supuesto suicidio, peligrosas conspiraciones políticas de alto nivel y el redactado de unas memorias, se convierten en el detonante de una trama tensa y perfectamente plasmada en imágenes. El reencuentro de Roman Polanski con su cine más oscuro y cáustico servido en bandeja de plata Un guión milimétrico -amparado en un sinfín de diálogos brillantes- y una puesta en escena escalofriantemente fantasmagórica, le otorgan un empaque al film que muy pocos productos actuales poseen, rezumando, por todos sus poros, el sabor de ese tipo de cine que por desgracia ya no se estila. La conspiración y la conspiranoia. El miedo y el valor. Las guerras y los políticos. El crimen y la falsedad. Muchas son las lecturas que ofrece Polanski en un film astuto y capaz de disparar dardos envenenados al corazón de un país que se la tiene jurada. Sencillamente toda una maravilla.

Y, en el próximo post, lo peor del 2010.

Que tengan un feliz 2011.

24.12.10

A pesar de los pesares

A pesar de la crisis, del paro, de los politicuchos, del totalitarismo, de los especuladores, de la corrupción, de la xenofobia, de las guerras, de la contaminación, del cambio climatológico, de la sinrazón, de Intereconomía, de los recursos del Constitucional y del Supremo en contra del Estatut de Catalunya y de que, entre todos, estamos convirtiendo un mundo que podría ser una maravilla en un mundo de puta mierda...; a pesar de todo ello, les deseo un Molt Bon Nadal!

Y vigílenme con los atracones.

Un beso en la frente, buena gente. Siempre nos quedará Wikileaks.

17.12.10

Así es la vida

Pintó un submarino de color rosa (Operación Pacífico). Le tramitó la licencia de detective a Peter Gunn. Convirtió a Mickey Rooney en japonés y a Audrey Hepburn en una chica de dudosa reputación (Desayuno con Diamantes). Colocó a Lee Remick en manos de un asmático con instintos criminales (Chantaje Contra Una Mujer) y después obligó a Jack Lemmon a que la condujera al alcoholismo (Días De Vino y Rosas). Parió a Jacques Clouseau, uno de los policías más frikis del Séptimo Arte (La Pantera Rosa). Fue el promotor de una disparatada carrera de autos locos alrededor del mundo (La Carrera del Siglo). Hizo de la Segunda Guerra Mundial una fiesta de disfraces (¿Qué Hiciste En La Guerra, Papi?). Desmontó el mundillo de Hollywood con la única ayuda de un patoso figurante hindú y un elefante (El Guateque). Catalogó numéricamente a las mujeres por su belleza y le regaló a Dudley Moore la mayor cogorza de su carrera (10). Consiguió que su propia esposa, Julie Andrews, mostrará su anatomía desnuda por vez primera en una pantalla (S.O.B.) y, posteriormente, la convirtió en todo un chicarrón (Víctor o Victoria). A través de Jack Lemmon, hizo un repaso autobiográfico a sus neuras hipocondríacas y a su relación matrimonial(¡Así Es La Vida!) y, entre otras disertaciones, nos previno del peligro de mezclar una cita a ciegas con una sola gota de alcohol (Cita a Ciegas).

El artífice de tanto desatino atendía por el nombre de Blake Edwards. Ayer, a los 88 años de edad, nos abandonó para siempre. Con él se va una gran parte de ese Hollywood clásico con el que muchos cinéfilos nos fuimos haciendo mayores. A partir de ahora, sin él, los guateques de la alta sociedad ya no tendrán ese toque tan personal de slapstick que supo imprimirles.

Descanse en paz. Por derecho propio, sus múltiples criaturas cinematográficas ya han pasado a formar parte de la memoria colectiva.

14.12.10

Los ladrones son gente honrada

Primero fue Adiós, Pequeña, Adiós. Ahora le toca el turno a The Town (Ciudad de Ladrones) . Sólo dos estimulantes títulos han sido necesarios para que, finalmente, Ben Affleck encuentre su rinconcito en Hollywood... y no precisamente como actor, sino como un realizador que demuestra poseer un gusto exquisito por la forma clásica de filmar de los grandes maestros. Y es que, después de una mala racha encadenada como actor, el amigo Affleck ha volcado lo mejor de sí mismo tras la cámara. Tanto es así que por momentos, su cine, nos recuerda al del Eastwood de los últimos años.

The Town es una película de las de siempre, de las de toda la vida. De buenos y malos, de polis y ladrones. De buenos que no son tan buenos y de malos que no son tan malos. Y todos, del primero al último, marcados por el estigma de haber nacido en Boston, concretamente en el conflictivo barrio de Charlestown, el enclave geográfico de Norteamérica que ha dado más ladrones de bancos y de furgones por metro cuadrado en la historia del país.

A un lado, el de la ley, un agente del FBI obstinado y con ganas de desmantelar una banda que le está dando demasiados quebraderos de cabeza. Al otro, del más oscuro, una banda de ladrones perfectamente organizada. Y en medio, situada entre unos y otros, una de las víctimas del último atraco cometido por la cuadrilla: una testigo que, involuntariamente, marcará el destino del enfrentamiento.

De hecho, The Town no ofrece nada nuevo al espectador. Es la historia de siempre, sin muchas sorpresas en su haber, aunque filmada y contada con una elegancia supina. Desde el Heat de Michael Mann (con el que se puede emparentar por sus bien resueltas escenas de acción) que el cine no paría un thriller tan bien perfilado como éste, en el que incluso no molesta ni el Ben Affleck actor.... a pesar de que Jon Hamm (el Don Draper de la espléndida y televisiva Mad Men), aquí en el papel del agente federal, se lo coma con patatas con su sola presencia en pantalla.

Algunos, buscándole tres pies al gato, han arremetido contra la historia de amor planteada entre Affleck y una estupenda Rebecca Hall (la Vicky de Vicky Cristina Barcelona). Son sólo ganas de sacarle defectos a un producto perfectamente acabado. Y es que sin ese love story -que no deja de ser un elemento fundamental en la construcción de su guión-, la película se hubiera decantado por otros derroteros.

Un film urbano, de atracos no muy perfectos y de un savoir faire que le obliga a uno a sacarse el sombrero. Es innegable que se está formando un gran director.

9.12.10

Frijoles a la barcelonesa

El mexicano Alejandro González Iñárritu ataca de nuevo. Y lo hace con Biutiful, un film que se aleja de sus habituales historias paralelas (Amores Perros, 21 Gramos, Babel) para embarcarse en un argumento lineal con un único protagonista: un genial Javier Bardem que, a pesar de su omnipresencia (prácticamente no hay escena en la que no salga), se alza en lo mejor de un título marcado por el exceso.

Casi dos horas y media de metraje para dar vueltas, una y otra vez, sobre el mismo eje. La miseria y la inmigración ilegal son los principales focos de atención del realizador. Como maestro de ceremonias, Uxbal, un tipo en la cuerda floja al que se le ha diagnosticado una enfermedad mortal. Siempre ha vivido de oscuros trapicheos y de la explotación de los inmigrantes sin papeles. Con un pie ya en el otro barrio, opta por transformarse en una ONG con patas y echarle un cable a algunos de los que perjudicó con sus acciones.

Biutiful se recrea descaradamente en la miseria humana, a lo bruto, de manera sensacionalista, como el Interviú, pero en largometraje. La cuestión es epatar. No tiene prisa por contarnos lo poco que expone (de ahí su agotador metraje) y, en su afán por la desmesura, se le va la mano en demasiados aspectos. Hurga en lo más ponzoñoso del alma humana: a veces, con tal saña, que resulta grotescamente desagradable; otras, por su desmesura expositiva, alejándose de cualquier atisbo de credibilidad.

Convierte a Barcelona -capital en la que transcurre toda su acción- en una especia de hermana gemela de México D.F. Es más, a veces resulta difícil creer que la ciudad protagonista sea Barcelona, tanto por el tratamiento fotográfico que hace de ella como por el retrato sociológico de sus personajes y costumbres. Busca la parte más roñosa de la misma, la eleva a la máxima potencia y se pierde en escenas que, de tan exageradas, se alejan totalmente de la realidad. Un buen ejemplo de ello es la persecución policial, a unos simples manteros, mediante un numeroso despliegue de furgonetas y agentes uniformados, arrasando violentamente por la Plaza de Catalunya y las Ramblas. Lo nunca visto. ¡Esto es Hollywood!

A Iñárritu le ha plantado Guillermo Arriaga, el guionista que siempre había trabajado a su lado. Sin él, el cine del realizador mejicano ya no tiene la misma fuerza. Y es que Biutiful es un producto aburrido y falso, que nace encallado y muere encallado. Sólo se esfuerza en el efectismo y en dedicarle toda su atención a un único personaje, ese Uxbal que en su redención inicia un interminable descenso a los infiernos. Es una pena, pues otros personajes de la trama, como sus dos hijos pequeños, su esposa o su propio hermano (un fantástico y desaprovechado Eduard Fernández), quedan totalmente desdibujados.

Un festival Bardem en toda la regla. El resto no importa, ni siquiera que se haya filmado en Barcelona en lugar de México. Tanto da. Woody Allen, a golpe de postal turística, reflejó una falsa Barcelona de ensueño en la nefasta Vicky Cristina Barcelona. Ahora, Iñárritu, se ha ido al extremo opuesto. Ni tanto ni tan calvo. Y curiosamente con Bardem en ambas visiones.