21.5.17

La secuela de la precuela: si cuela, cuela


Cinco años después de la precuela de Alien, el octavo pasajero que supuso la fallida Prometheus, Ridley Scott sigue empeñado en explotar, al precio que sea, la franquicia de su popular alienígena y nos presenta Alien: Covenant; o sea, la secuela de la precuela.

El punto de partida transcurre años después del final de Prometheus, cuando una nave, la Covenant -cargada de un numeroso grupo de pasajeros dormidos con la intención de colonizar un nuevo planeta-, empieza a tener problemas técnicos y se ve obligada a aterrizar en otro inhóspito aunque habitable planeta. Su tripulación, que acaba de perder a su capitán debido un accidente, deberá explorar el mundo recién descubierto y, en su rastreo, descubrirán que en él habitan unos seres ciertamente muy peculiares y violentos.


Hasta aquí todo correcto. Ridley Scott demuestra que sabe crear tensión: las atmósferas tensas, como ya demostró en el título original de la saga, le van como anillo al dedo. Y, para ello, no deja de jugar con las habituales piezas de ajedrez a las que nos tiene acostumbrados: permuta a la vigorosa Ripley por una viuda desconsolada que atiende por Daniels (una cargante y llorona Katherine Waterston que nos hace echar de menos a la más visceral Sigourney Weaver), sigue utilizando a su usual grupo de secundarios dispuestos a ser sacrificados a la mínima de cambio y, cómo no, aún conserva al sempiterno autómata de turno, rol que recae nuevamente en Michael Fassbender quien incluso, en esta ocasión, desdobla su personaje para el sufrimiento de aquellos (como quien esto escribe) que nunca han soportado la arrogancia de este (para mí) sobrevaloradísimo actor.


Alien: Covenant peca de estar alargada hasta extremos agotadores. Dos largas horas para contar más de lo de siempre, aunque con ciertos apuntes (un tanto vagos) sobre el sentido de la vida y mutaciones diversas. A pesar de lo apabullante que resulta visualmente hablando, su exceso de divagaciones filosóficas de baratillo lo único que logran es aburrir soberanamente al espectador al cual, para despertarlo de su letargo, le tiene preparadas un par de escenas ciertamente encomiables, tensas y dotadas de un ritmo envidiable, que tan sólo por ellas mismas vale la pena enfrentarse a esta nueva entrega. La primera (y mejor de ellas) se localiza en el encuentro inicial de los tripulantes de la Covenant con los alienígenas y, por supuesto, en el esperado (aunque algo desmadrado) festival final para acabar con la vida del más todopoderoso de los aliens.


Y, lo peor del invento es que, cuando termina, aún parece no empalmar con el Alien original, por lo que me temo una nueva secuela de las dos precuelas. ¡Qué astuto y negociante es el amigo Ridley Scott!

30.3.17

Agua que no has de beber...


La nueva película de Gore Verbinski, La Cura del Bienestar, es un cóctel de títulos clásicos del fantástico, metidos sin ton ni son en la trama, aunque a través de una imaginería visual ciertamente encomiable. La lástima es que sólo se queda en eso: en su apartado visual y poco más.

La cinta arranca de forma interesante, magnética. Su primera hora es casi modélica y transporta al espectador al universo enfermizo que creó Martin Scorsese para su Shutter Island. En ella, un ejecutivo de una empresa norteamericana viaja hasta un viejo balneario situado en los Alpes suizos para reclamar la vuelta de un alto empleado de su compañía que se encuentra, desde hace tiempo, en el misterioso lugar para realizar una cura de reposo. Una vez en el centro, lo que tendría que haber sido una visita rauda, se convertirá en una larga e inacabable estancia, llena de intrigas y fenómenos extraños en los que el agua de la zona adquiere un protagonismo ciertamente especial.


Hasta aquí todo bien. Es más, promete un producto trabajado, tenso y estéticamente incuestionable. El problema es que, una vez superada su primera hora, al amigo Verbinski le entra la pájara y, como el que no quiere la cosa, cae en un delirio argumental y escénico que no hay por donde pillarlo. La lógica pierde terreno a cada segundo que pasa y lo que en un principio parecía bien encaminado, deriva hacia una locura sin parangón entrando, de lleno, en una hora y media de lo más insoportable que uno pueda imaginarse.


De hecho, lo único que ha intentado el realizador de la saga de Piratas del Caribe es orquestar un sinfín de homenajes al género, sin sentido alguno y consiguiendo, tan sólo, que su endeble guión pierda agua por todas partes y de forma constante. Incluso, en uno de sus numerosos desvaríos, hace un grotesco guiño a Humanoides del Abismo, esa cinta de serie B de los 80 en la que Doug McClure se enfrentaba a unos peces con un mucho de forma humana. Es más, son tantas sus ganas de epatar que se atreve a ir mucho más allá de las muelas del mismísimo Marathon Man, mientras que la banda sonora de Benjamin Wallfisch huele a la que compuso Krzysztof Komeda para la magistral La Semilla del Diablo.


Y aquí no se acaba todo, pues la sosería interpretativa de Dane DeHann (una especie de Leonardo DiCaprio en sus años mozos) en muy poco ayuda a centrar la chifladura absoluta que se esconde tras La Cura del Bienestar; una paranoia sin interés alguno que logra alcanzar el abultado metraje de 146 minutos. Una locura increíble.

No pierdan el tiempo. Como mucho, tráguense su envolvente y misteriosa primera hora y luego, cuando empiece el desvarío, móntense su propia película. Seguro que saldrán ganando. Ya saben: agua que no has de beber, déjala correr.

4.3.17

Madurar para seguir en el mismo punto

En 1996, Danny Boyle estrenaba su segundo título tras su debut con Tumba Abierta. Se trataba de Trainspotting, un film en su época rompedor que trataba el tema de la drogadicción de manera abierta y sin moralizar en absoluto centrándose, ante todo, en un peculiar grupo de amigos que, entre pinchazo y pinchazo, deambulaban por la ciudad de Edimburgo. Delirante, ácida, trepidante y repleta de escenas difíciles de olvidar (la muerte de un bebé o la búsqueda de un supositorio de opio en el wáter más sucio de Inglaterra), la cinta marcó la filmografía del realizador; un realizador que en el 2008 conseguía el Oscar a mejor film por Slumdog Millionaire.

Ahora, 20 años después, recupera a esos mismos protagonistas en la actualidad a través de T2 Trainspotting, una película más madura y mucho más reposada que la anterior, tanto por su puesta en escena como en la manera de acercarse a sus personajes. El delirio general que exhibía en la primera está mucho más calmado (excepto en su desenfrenada recta final), controlando en todo momento las escenas más pasadas de rosca y dando un toque mucho más moderado a las excentricidades de los cuatro amigos protagonistas.

T2 Trainspotting (un título que ironiza claramente sobre la saga de Terminator) arranca 20 años después del final de su primera entrega. Dibuja a la perfección el estado actual de cada uno de los cuatro personajes principales, a los cuales va preparando indistintamente para el reencuentro; un reencuentro que, en parte, hace imprescindible recuperar el Trainspotting original para no pillar fuera de juego al espectador ya que, a lo largo de su metraje, hace un sinfín de referencias a ésta especialmente necesarias para captar, al cien por cien, la esencia de la película.


En la nueva propuesta hay un poco de todo, desde un cantado ajuste de cuentas hasta los habituales devaneos con todo tipo de estupefacientes. Y, al igual que en la primera, al personaje que trata con una delicadeza especial es al más indefenso de todos ellos, ese desvalido Spud al que interpreta de forma genial Ewen Bremner, un actor que en ningún momento se deja hacer sombra ni por un deslumbrante Ewan McGregor ni por un Robert Carlyle que, en esta ocasión, aparte de haberse engordado en demasía, se me antoja en exceso sobreactuado dando vida a su violentísimo Begbie. En este aspecto, también cabe destacar la sobriedad y efectividad con la que Steven Robertson afronta su papel y la presencia de Anjela Nedyalkova (Veronika en el film), la chica cuyas acciones influirán en su apartado final.


Hace dos décadas, cuatro amigos habían quedado abocados al vacío. Dany Boyle los rescata y los vuelve a situar en la palestra, demostrándonos, de manera sobria e inteligente, que a pesar de haber crecido, ese vacío aún les sigue rondando. Si disfrutaron con Trainspotting, no dejen escapar este T2. No deja de ser un poco más de lo mismo, pero con el “mínimo” equilibrio que otorga el paso de los años.

25.2.17

Oscar 2017: Lo tenemos muy negro

A dos días de la ceremonia anual de entrega de los Oscar, toca dar un repaso a buena parte de los títulos nominados. Faltan algunos, pero eso será cuestión de algún que otro post.

Moonlight (nominada a mejor película, dirección, fotografía, montaje, banda sonora, guión adaptado y mejor actor y actriz secundarios: Mahersala Ali y Naomie Harris, respectivamente). Esta película es una clara prueba de que la protesta del año pasado por la ausencia de nominados de color, ha causado su efecto. De hecho, Moonlight es un melodrama, un tanto gafapastoso, que hace el repaso a la vida de un afroamericano homosexual al que, nacido en una barriada conflictiva de Miami, le costará salir del enrarecido ambiente en el que se crió y en donde las drogas y la violencia eran el pan nuestro de cada día. De todos modos, la cinta -alabada sin mucha razón hasta la saciedad-, no ofrece nada nuevo que no hayamos visto con anterioridad en productos del mismo estilo. Es más, su lento ritmo narrativo aburre y no avanza casi nada en lo que, pasito a pasito y de manera entrecortada, va exponiendo, resultando todo ello de lo más previsible. A mi gusto, lo más destacable se encuentra en el trabajo interpretativo de Mahersala Ali, ese tutor accidental del que el joven protagonista pretende seguir con su ejemplo y estilo de vida. Por mucho que pretendan venderla con uno de los grandes títulos del año, es muy poquita cosa. Más me contó en su día Los Chicos del Barrio.

La Llegada (nominada a mejor película, dirección, guión adaptado, fotografía, montaje, mezcla de sonido, edición de sonido y diseño de producción). A Denis Villeneuve se le ha ido la bola a la hora de afrontar su particular visión del relato corto Story of Your Life de Ted Chiang. En ella, una experta lingüista es llamada por estamentos gubernamentales para convertirse en la intérprete de los tripulantes de unas naves extraterrestres que se han posado estratégicamente en diversos puntos del planeta; unos alienígenas con forma de calamar que se expresan mediantes chorros de tinta; vaya, lo que comúnmente conocemos como “calamares en su tinta”. La primera parte es insoportablemente lenta, la forma de aprender el nuevo lenguaje se me antoja de lo más surrealista y su recta final, aparte de altamente ridícula (lo de la llamada de un chino al móvil de la protagonista es sumamente delirante), destila una ética ciertamente deplorable con la única finalidad de sacarle las lagrimas a los más sensibleros del lugar. Y, de propina, la sosería insoportable de Amy Adams y la cara de risueño tontainas que mete Jeremy Renner a lo largo y ancho de su metraje.

Lion (nominada a mejor película, guión adaptado, fotografía, banda sonora y mejor actor y actriz secundarios: Dev Patel y Nicole Kidman, respectivamente). Otra nominada más gracias a la asonada de color orquestada el año pasado. En esta cinta, nos enfrentamos a la historia de Saroo, un joven hindú morenito que, a muy temprana edad se perdió en las calles de Calcuta para, posteriormente, ser adoptado por un matrimonio australiano y que, 25 años después, cansado de ver que el rostro de su madre postiza le recuerda demasiado a la mismísima Duquesa de Alba (¡que patética está la Kidman, pobreta!), le entra la neura y decide iniciar la búsqueda de su hermano y y de su madre biológicos. Una primera hora amodorrante, en la que su director esboza una especie de documental para mostrar la miseria en las calles de la India, da paso a una segunda que, pese a basarse en una historia verídica, está llena de despropósitos y de un sinfín de reacciones de su protagonista principal pésimamente explicadas y en nada comprensibles. Un film bochornoso en todos sus aspectos, aburridísimo, reiterativo hasta extremos increíbles y destinado a conseguir un único fin: hacer llorar a las plateas a moco tendido.

Fences (nominada a mejor película, guión adaptado, actor principal y actriz secundaria: Denzel Washington y Viola Davis, respectivamente). Dirigida e interpretada por un sobreactuadísimo y cargante Denzel Washington, esta es otra de esas nominadas gracias a las quejas afroamericanas de la edición anterior. De hecho, en Fences hay poquísimo cine, pues se trata de una adaptación de la obra teatral homónima de August Wilson llevada a la pantalla grande de la manera menos cinematográfica posible: teatro filmado y punto, para que el amigo Washington ejerza descaradamente de Juan Palomo, o sea, yo me lo guiso y yo me lo como. Fences narra la historia de un afroamericano pobre y arrogante que, en sus desmanes e interminables soliloquios, no hace más que putear a su esposa e hijos. Una primera parte de lo más insufrible que, en su recta final, logra enganchar un poquito (no mucho) al adormecido espectador. Suerte de la excelente Viola Davis que, con su brillante trabajo interpretativo, se come con patatas al histrión que le ha tocado en desgracia.

Figuras Ocultas (nominada a mejor película, guión adaptado y actriz secundaria: Octavia Spencer). Un poquito más de negrura para la edición de este año. Y, en esta ocasión, para denunciar las condiciones de trabajo de un grupo de mujeres afroamericanas que, a principios de los años sesenta, prestaban sus servicios en la NASA en plena carrera espacial. Basada en hechos verídicos, la historia que nos cuenta se me antoja tan peliculera que, a pesar de los esfuerzos de su director y elenco interpretativo, acaba distanciando al espectador de lo que en realidad debió suceder. Y es que, por ejemplo, la escena de la eliminación de los lavabos para gente de color (con un heroico Kevin Costner en cabeza) o la de la llegada de una numerosa troupe de mujeres negras a la sala de informática, aparte de ridículas, se me antojan altamente increíbles. Para mear y no echar gota.


Captain Fantastic (nominada a mejor actor: Viggo Mortensen). Una curiosa cinta que, pese a lo arriesgado de su planteamiento, se deja ver con agrado al tiempo que plantea ciertos dilemas morales. En ella, se nos narran los avatares por los que pasará un padre de familia cuando, después de estar viviendo voluntariamente con su mujer y sus seis hijos en medio de la montaña y tan sólo en contacto con la naturaleza, tengan que regresar a una civilización que los pequeños desconocen y tengan que habituarse por primera vez a ella. Un melodrama ácido y de connotaciones muy hippies que, sin embargo, no renuncia en absoluto a un peculiar sentido del humor. Estereotipada pero al mismo tiempo muy controlada. Lástima de su acomodaticio apunte final para contentar a todos los públicos.

Loving (nominada a mejor actriz principal: Ruth Negga). El poder negro de nuevo entre las nominadas de este año. Basada en una historia real, nos cuenta los problemas legales y sociales que vivieron un hombre blanco y una mujer negra, Richard y Mildred, cuando decidieron formar un matrimonio estable en el estado de Virginia en 1958, un estado en donde la ley prohibía este tipo de uniones. Perfectamente narrada e interpretada, Loving ahonda en la persecución que ambos sufrieron y, ante todo, en la expulsión de su lugar de nacimiento y en la lucha judicial que sostuvieron para poder regresar a su tierra natal. Más de dos horas de duración que podrían haber sido mucho más efectivas con media horita menos de metraje, ya que peca de reiterativa en demasiadas ocasiones. Aún y así, se trata de un trabajo muy digno y eficazmente emotivo.

Jackie (mejor diseño de vestuario, banda sonora y actriz protagonista: Natalie Portman). Un peñazo de muchísimo cuidado que, de manera pedantilla y sin fuerza alguna, se acerca al sufrimiento de Jacqueline Kennedy durante los días posteriores al asesinato de su esposo, John F. Kennedy. Se trata de un producto desangelado, aburrido, exento de ritmo y que se sumerge de forma pretendidamente intimista (o, mejor dicho, yo diría que de manera morbosa), en los pensamientos y acciones de la viuda del presidente norteamericano a base de primerísimos primeros planos y de una fotografía en nada cuidada. Detrás de la cámara, el argentino Pablo Larraín y, dando la cara, una controladísima y maravillosa Natalie Portman, lo mejor sin lugar a dudas de la propuesta. Y eso que, a pesar de que la chica lo hace a las mil maravillas, personalmente me cuesta muchísimo identificar a la Portman con Jackie Kennedy: todo el rato estoy viendo a la Portman. Vaya problema más tonto, ¿no?

Florence Foster Jenkins (mejor diseño de vestuario y actriz principal: Meryl Streep). Remake no confeso de la cinta francesa Madame Marguerite, en el que el británico Stephen Frears apuesta por hacer un retrato cómico, y al mismo tiempo emotivo, de Florence Foster Jenkins, una mujer que en el Nueva York de los años 40 acabó siendo conocida como la peor soprano de la historia de la música y en la que una magnífica Meryl Streep borda el papel de la desafinadísima y enfermiza cantante protagonista. Divertida y triste, la cinta está llena de gags delirantes y elegantes y que se beneficia, claramente, de las buenas interpretaciones de la citada Streep, un inalterable Hugh Grant (el marido de la soprano) y un sorprendente Simon Helberg, el pianista de la mujer. Un film pequeño que envuelve un atractivo entretenimiento.

Animales Nocturnos (mejor actor secundario: Michael Shannon) Tom Ford se disfraza de David Lynch y consigue una película mucho más atractiva que las de la filmografía de su claro precedente. Es más, incluso, en ésta, la sosa de la Amy Adams hasta resulta soportable. Una extraña cinta que, narrada en dos tiempos diferentes, cuenta la historia de una mujer casada por segunda vez que decide empezar a leer la novela, aún no publicada, que le ha enviado en un paquete su primer marido. Más interesante en todo lo relativo a la destructiva ficción literaria del marido que a la realidad vivida por la mujer, la cinta se deja ver por lo enigmático de su relato, por un montón de buenas interpretaciones y, ante todo, por contener un final de lo más perverso y contundente que, en parte, entronca con unos brutales y desagradables títulos de crédito iniciales que, a buen seguro, habrían enloquecido al mismísimo Fellini.

Otras nominadas:

Manchester Frente al Mar (mejor película, dirección, guión original, actor principal, actor secundario y actriz secundaria: Casey Affleck, Lucas Hedges y Michelle Williams, respectivamente) - ver crítica.

La La Land (mejor película, dirección, guión original, fotografía, montaje, diseño de vestuario, banda sonora, mezcla de sonido, edición de sonido, 2 mejores canciones originales, diseño de producción y mejores actor y actriz principales: Ryan Gosling y Emma Stone, respectivamente) - ver crítica.

Comanchería (mejor película, guión original, montaje y actor secundario: Jeff Bridges) - ver crítica.

Hasta el Último Hombre (mejor película, director, montaje, mezcla de sonido, edición de sonido y actor principal: Andrew Garfield) - ver critica.

Elle (mejor actriz principal: Isabelle Huppert) - ver crítica.

12.2.17

Ánima en pena


Hace ya una semana larga que Manchester Frente al Mar, película escrita y dirigida por Kenneth Lonergan, se pasea por las carteleras de nuestro país. Una ocasión única para disfrutar con uno de los mejores títulos estrenados a principios del 2017. Una historia compacta, dura y triste (¡tristísima!), que tiene por protagonista a un hombre con el que la vida se ha ensañado de mala manera.

Lee Chandler es un tipo que acumula en su vida todo tipo de golpes; golpes que le volverán a azotar duramente cuando tenga que regresar a su pueblo natal para asistir al funeral de su hermano Joe. Allí, tendrá que afrontar de nuevo a los fantasmas de su pasado y lidiar con un sentimiento de culpabilidad difícil de eliminar.


Lee es Cassey Affleck; un Affleck brillante que, pese a su complejo papel, afronta la construcción del personaje de forma totalmente sobria y creíble, sin extralimitarse en ningún momento y consiguiendo, con ello, uno de esos trabajos que huelen a Oscar. De hecho, él y su Lee Chandler son el alma mater de Manchester Frente al Mar, actor al que respaldan, de manera igualmente genial, gente como Kyle Chandler, Gretchen Mol o Michelle Williams, sin olvidar a otro de los sostenes del film, el joven y ponderado Lucas Hedges, el sobrino de Lee en el film.


La cinta de Kenneth Lonergan es pausada, contenida y tremendamente amarga, como una potente patada en la mismísima boca del estómago. Un guión milimétricamente calculado que, poco a poco, va abriendo puertas entornadas para que la platea descubra las causas del dolor que soporta el apagado Lee: un retrato punzante de un ánima en pena; un zombi en vida corroído por un suceso que nunca podrá alejar de su gris existencia.

Emotiva y cruda, esquiva en todo momento la tentación de sacarle la lágrima fácil al espectador. Lonergan sólo expone unos hechos y, manteniéndose siempre a cierta distancia, se reserva la posibilidad de juzgar a su personaje principal; un personaje al que, en el fondo y a pesar de su distanciamiento, trata con un cariño muy especial.


Un título imprescindible. Una de las película indiscutibles del año, tanto por su delicada puesta en escena como por la magistral interpretación de un Cassey Affleck único. Sin él, Manchester Frente al Mar no hubiera sido lo mismo. No la dejen escapar bajo ningún concepto.

31.1.17

YoGa 2017

El colectivo Catacric (Catalans Critics), reunido en la noche del 30 de enero del 2017, en un céntrico lugar de Barcelona, ha decidido otorgar los 28º anti-premios YoGa a lo peorcito de la producción cinematográfica del año 2016.

En sus deliberaciones, el jurado, anónimo y mutante, como cada año, desde hace 28 inviernos, ha tenido en cuenta las apreciaciones, comentarios y sugerencias de los lectores de su web y de las diferentes redes sociales, como Facebook y Twitter.

Cine español

- Peor película: YoGa Morrallas de Targarona, a Secuestro (de Mar Targarona)


- Peores directores: YoGa No culpes a Carmen (Machi) de lo que os pasa por…, a Miguel del Arco (por Las Furias), Félix Sabroso (por El Tiempo de los Monstruos) y Nacho G. Velilla (por Villaviciosa de al Lado).

- Peor actor: YoGa Que dios te perdone, Eduard Fernández, por Lejos del Mar y La Noche Que Mi Madre Mató a Mi Padre.

- Peor actriz: YoGa Canta y no llores, a Sílvia Pérez Cruz, por Cerca de Tu Casa.

Cine extranjero

- Peor película: YoGa Se os acabó el pastel, a Frente al Mar, de Angelina Jolie.


- Peores directores: YoGa Fargo para recordar, a los hermanos Joel y Ethan Coen por ¡Ave, César!.

- Peor actor: YoGa El hombre de una sola cara, a Ben Affleck por Batman vs Superman y El Contable.

- Peor actriz: YoGa Resacón en las vías, a Emily Blunt, por La Chica del Tren.


Especiales

- Uno de los nuestros: Yoga Adieu au langage, a Ángel Sala, director del Festival de Sitges.

- Remakes: YoGa No profanar el sueño de los muertos, a las nuevas versiones de Ben-Hur, Los Siete Magníficos y La Leyenda de Tarzán. 

- Veterano: Yoga Múltiple a Jeremy Irons por las seis películas en las que ha actuado este año: Assassin’s Creed, Batman vs Superman, El Héroe de Berlín, El Hombre que Conocía el Infinito, High-Rise y La Correspondencia.

29.1.17

Semana trágica

¡Vaya semanita!

Todo empezó el miércoles, cuando nos dejó Mary Tyler Moore, la que de El Show de Dick Van Dyke pasó a engrosar el ramillete de amigas de Millie, Una Chica Moderna, convirtiéndose después en La Chica de la Tele al lado del infatigable Lou Grant y que, con el paso de los años y de la mano de Robert Redford, nos enseñó como actúa la Gente Corriente.


Al día siguiente, el que se despedía para siempre era Mike Connors, un hombre que desde la pequeña pantalla inmortalizó a Mannix, un detective privado de Los Ángeles que, a buen seguro, fue el investigador que recibió más palizas por episodio en la historia de la televisión. Y siempre al son de una inolvidable sintonía compuesta por Lalo Schifrin.


El mismo día, jueves, nos dejaba también otro popular rostro televisiva, el de Barbara Hale, la siempre entregada Della Street, la secretaria del abogado más famoso del mundo mundial, Perry Mason.


Y el pasado viernes, como remate a la semana trágica, pilló El Expreso de Medianoche uno de los grandes, John Hurt, el hombre que engendró desde sus propias tripas al mismísimo Alien para, posteriormente, transformarse en El Hombre Elefante.


Descansen en paz todos ellos.

19.1.17

Hollywood y jazz por un tubo


Damien Chazelle, todo un amante del jazz tal y como nos demostró en su film anterior, Whiplash, vuelve a retomar su pasión por el mismo extendiéndola a todo un homenaje cinéfilo al mundo de los musicales, en donde los guiños a películas claves del género no se hacen de esperar. La La Land es su título (aunque en España la hayan rebautizado con eso tan innecesario de La Ciudad de las Estrellas), todo un ejercicio de estilo que se apoya en un sinfín de referentes.


De hecho, la historia contada en La La Land es muy básica y eterna, de las de toda la vida; una de esas historias de amor de las que el Séptimo Arte se ha nutrido siempre. Él, Sebastian, es un purista músico de jazz que sueña con montar su propio local en la ciudad de Los Ángeles; ella, Mia, es una joven aspirante a actriz que pasa sus días presentándose a todo tipo de castings sin mucha fortuna. Cómo no, Sebastian y Mia, terminarán convergiendo para vivir una muy rítmica relación sentimental.


Cine, cine y más cine, se acumula en una cinta que, escrita y dirigida por el propio Chazelle, acumula una buena cantidad de números musicales en los que se mezclan la magia del momento, la fuerza de su sencillo aunque magnético guión y el buen hacer de su pareja protagonista: un controladísimo Ryan Gosling y una sorprendente Emma Stone quienes, sin ser profesionales ni del baile ni del canto, llevan a buen puerto a sus respectivos personajes, siendo totalmente notable la química que se desprende del vínculo de ambos.


Un prólogo brillante en donde una coreografía tumultuosa, en medio de un atasco de tráfico, se convierte en su principal centro de atención, sumado a  un epílogo claramente deudor de cintas como Un Americano en París o Cantando Bajo la Lluvia, abren y cierran un producto en donde el amor por el jazz, por el cine y por la creatividad en general, queda claramente patente en todas sus escenas, marcadas, ante todo por las excelentes coreografías (siempre atemporales)  y la envolvente y compacta banda sonora de Justin Hurwitz.

En La La Land hay Hollywood por un tubo; de ese Hollywood glamuroso de las grandes estrellas y las majors que contentará a los más cinéfilos del lugar aunque, para narrar su historia, lo haga principalmente desde el prisma europeo del cine de Jacques Demy, ya que resulta clarísima la influencia en el film de un título tan rompedor en su época como fue Los Paraguas de Cherburgo.


Visualmente arrebatadora, escenográficamente atractiva, emotiva, divertida y capaz de remover todo tipo de sentimientos en el espectador. Personalmente, al acabar la proyección, salí de la sala dispuesto a marcarme unos pasos de claqué, a la luz de la luna, en cualquiera de los parques de mi ciudad. No se la pierdan. Canela en rama.

13.1.17

Gore, religión y objeción de conciencia


En Hasta el Último Hombre, la nueva película como director de Mel Gibson, se aúnan tres de las constantes en la filmografía del realizador: religión, violencia extrema (casi me atrevería a afirmar que gore) y, aunque resulte paradójico, todo un canto al pacifismo. De hecho, la cinta se basa en un caso verídico, el que protagonizó Desmond Doss, un joven objetor de conciencia que, a pesar de su ideología, prestó sus servicios como médico militar en el frente de Okinawa, en el Pacífico, durante la Segunda Guerra mundial.

Claramente, el trabajo de Gibson está planteado con vistas al Oscar y, para ello, contando con la sempiterna estructura de cualquier biopic que se preste, su primera parte –en la que se presentan los personajes principales de la trama y se asiste a la instrucción militar de su protagonista- resulta tan formal y academicista que, a pesar de los esfuerzos del realizador por darle cierto ritmo a la cosa, acaba aburriendo hasta a las musarañas. Aparte, es tanta la carga religiosa que acarrea el personaje y las motivaciones del joven Doss que, por momentos, me pareció incluso un insulso y ofensivo manual del buen cristiano; tan insulso casi como la interpretación de un inexpresivo Andrew Garfield, actor sobre el que recae la mayor parte del peso del film.


Su segunda hora de proyección ya es harina de otro costal y es allí en donde Gibson se mueve con más soltura pues, en ella, se nos muestra sin tapujos el combate en Okinawa al más puro estilo de lo que hizo Steven Spielberg a la hora de rodar el cruento desembarco de Normandía en Salvar al Soldado Ryan. Totalmente explícito en detalles, Hasta el Último Hombre se convierte en un potente festival gore en todos sus aspectos: cuerpos amputados y sangre a borbotones, servido todo ello por una filmación tan frenética como perfectamente controlada y en la que la tensión resulta uno de los factores más determinantes de la batalla. Lástima, de todos modos, que esos trepidantes y magnéticos 60 minutos acaben rociados de ese aire místico y milagroso que el director intenta vendernos por encima de todo.


Un producto irregular, compuesto de dos partes bien diferenciadas (una típica y tópica y la otra delirante e inquietante) que, en todo momento, intenta vendernos eso ya tan cansino de que Dios existe.

1.1.17

Recopilando (y II): Lo más peor del 2016

Pues nada, que hoy me apetece empezar el 2017 con lo más patético de la cosecha del 2016. Y, como siempre, de lo peor a lo más peor: del 10 al 1 y, en esta ocasión, por tratarse de títulos para mí inaguantables, no pienso dedicarles mucha parrafada. Al más puro estilo telegráfico. Estoy gandul y mi cuerpo, en un día como hoy, no da para mucho más. Vayamos al grano.

10.- Anomalisa. Animación cutrona (y cunnilingüera) al servicio de un amodorrante y pretencioso film destinado a adultos gafapastosos. Como uno de sus dos directores se trata de Charlie Kaufman, algunos, sólo por el nombre, ya la han tildado de película de culto. ¡Mandan cojones!


9.- El Hijo de Saúl. O érase de una cámara pegada al cogote de un pobre judío deambulando, arriba y abajo, por el campo de concentración de Auschwitz. Por muy dura que pretenda ser, resulta aburrida y tediosa hasta extremos insoportables. Alucinadamente consiguió el Oscar a Mejor Película de Habla no Inglesa. ¡Pero que buenos y políticamente correctos son los de la Academia de Hollywood!


8.- Batman V. Supermán: El Amanecer de la Justicia. Otro truño más en la lista de despropósitos de Zack Snyder, totalmente deslavazado, pésimamente narrado e incapaz de lograr una mínima atención por parte del abrumado espectador. Un disparate gigantesco que no conduce a ninguna parte.


7.- Joy. Biopic de Joy Mangano, una mujer que de trabajadora pasó a convertirse en la más famosa de las presentadoras de teletiendas en los EE.UU. Y, de allí, a gran empresaria. De nuevo, el puto sueño americano a toda pantalla. Sosa a más no poder, con una historia que no interesa absolutamente a nadie y con una insoportable Jennifer Lawrence como principal gancho comercial. Capitanea el engendro el pesado de David O. Russell.


6.- Ben-Hur. Todo un patético ejemplo de cómo filmar, de cabo a rabo, una película de aventuras mediante primerísimos primeros planos. La hostia, vaya. Existiendo la maravilla del Ben-Hur de William Wyler, resulta totalmente innecesaria. Y ello por no hablar de sus actorcillos de tres al cuarto y del chirriante look a lo Whoopi Goldberg que le han endosado al pobre de Morgan Freeman.


5.- Frente al Mar.  Ni con este melodrama matrimonial, Angelina Jolie y Brad Pitt lograron enderezar sus rencillas matrimoniales. Indigerible hasta extremos insospechados. El Pitt se pasa todo el metraje metiendo cara de tontainas y la Jolie, de mujer despechada y cabreada. El intento de ella, tras la cámara, de aproximarse al cine de Antonioni. Y, en cierta medida, lo consigue, pues la cosa acaba siendo igual de plomiza que la mayor parte de la filmografía del director italiano.


4.- High-Rise. A Ben Wheatley, adaptando la novela de J. G. Ballard, se le va la mano en todos los aspectos. El retrato de una sociedad comprimida en el interior de un edificio, con distintas capas sociales albergadas en él, aparte de absurdo y mal narrado, se me antoja de lo más letárgico y poco atractivo. En el fondo, su filosofía (barata, barata) es la misma que la de Snowpiercer (Rompenieves), pero sin trempera y en versión culturillas.


3.- Elle. O la paja mental del amigo Paul Verhoeven. Un inicio prometedor al servicio de un desvarío total que, sin orden ni concierto, se convierte en un producto apelmazado. Violaciones, venganzas, sadomasoquismo, amoralidad y cierto toque crítico para con el mundo de la familia. Un quiero y no puedo, con ansias de cine de autor, que ha hecho las delicias de los gafapastas del lugar. Al menos, de la quema, salvaría el buen hacer de Isabelle Huppert, a pesar de repetir su rol de casi siempre.


2.- The Neon Demon. Una nueva tomadura de pelo de Nicholas Winding Refn quien, a través de la segunda paja mental del año, sigue soñando en convertirse en el nuevo David Lynch del siglo XXI. Top models, vampirismo por un tubo y poco cosa más. El resto, no se entiende un pijo. Eso sí, a lo largo de su metraje, de rarezas hay para dar y vender. Caca de la vaca. Viendo sus resultados, sigo pensando que Drive se la hizo un muy buen amigo.


1.- El grueso del cine español de este año, excepto honradas excepciones. Es decir, y por primera vez y sin que sirva de precedente, el number one de lo más peor se lo lleva la friolera de siete películas nacionales, a cual más nauseabunda. O sea: El Mal Que Hacen los Hombres, El Pregón, Toro, Nacida Para Ganar, Acantilado, Secuestro y Cuerpo de Élite. Y seguro que me he quedado corto. Vaya, para mear y no echar gota.


¡Que tengan un feliz 2017!