17.1.18

Recopilando (y II): Lo más peor del 2017

Con cierto retraso por cuestiones personales, al fin les dejo con lo más patético de la cosecha del 2017, tal y como les había prometido. Y, como siempre, de lo peor a lo más peor: del 10 al 1 y, un poco como despreciándolas, sin mucha parrafada. Al más puro estilo telegráfico.

10.- Dunkerque. Sé que a muchos les parecerá ofensiva la elección del film de Christopher Nolan como una de los peores del años pero es que, últimamente, su filmografía me parece tan pedante y aburrida que me he negado en redondo a que quedara fuera de la lista. Cine de autor precocinado y truculento para agradar directamente a los más “culturetas” del lugar, o sea, a aquellos que, por prestigio, nunca se atreverán a darle estopa a un título de este director. Personalmente, me quedo con el tratamiento que al episodio de Dunquerque le dedicaba la más sencilla Su Mejor Historia.


9.- Los del Túnel. A medio camino entre la sitcom más blanca y el melodrama más absurdo se sitúa este inaguantable trabajo de Pepón Montero, un hombre procedente del mundo de la televisión. Un casting insoportable (capitaneado por un chirriante Arturo Valls) y un sinfín de gags absurdos sin gracia alguna, son la base principal para narrar las relaciones entre un grupo de personas que, tras haber quedado atrapados en el interior de un túnel, decidirán seguir viéndose una vez a la semana.


8.- KIngsman: El Círculo de Oro. Si su primera parte (Kingsman: Servicio Secreto) funcionaba a las mil maravillas como una sátira sobre el universo de James Bond y similares, esta secuela se sitúa a las antípodas de su original. En esta ocasión, el guión brilla por su ausencia mientras que su director,  Matthew Vaughn, opta por el exceso en cada una de sus escenas. La verdad es que no hay por donde pillarla. Por cierto, que pena me da ver a toda una dama del cine como Julianne Moore metida en una insignificancia como ésta.


7.- La Seducción. O como Sophia Coppola es capaz de destrozar un film tan contundente como El Seductor de Don Siegel, ya que se ha dedicado más al preciosismo visual que no a exteriorizar las partes más morbosas y sombrías que dotaban de personalidad al trabajo original, aparte de suprimir algún que otro personaje imprescindible. Colin Farrell y Nicole Kidman están de un soso que tumba y la película, aparte de no avanzar en su trama, acaba aburriendo hasta a las musarañas.


6.- La Momia. Terror de estar por casa y en la que todo su inexistente guión es suplido por una avalancha festivalera y abrumadora de efectos digitales. Muy poca salsa para un film que, en el fondo, lo único que pretende es que Tom Cruise pueda lucir su palmito. Mucha acción y mucha tontería pero se trata de un producto que, a pesar de sus pretensiones, no entretiene ni a los palomiteros de turno. Y lo peor de todo es que, viendo su final, uno se teme que tenían prevista otra de esas franquicias cinematográficas interminables.


5.- Guardianes de la Galaxia Vol. 2. Un poco lo mismo que le ha ocurrido a la secuela de Kingsman: si su primera parte resultaba original, ingeniosa y tremendamente divertida como clara sátira y divertimento sobre Star Wars y superhéroes galácticos, en esta entrega, su director, James Gunn, ha perdido la frescura que exhibía en su título original y se deja llevar, única y exclusivamente, por la ley del mínimo esfuerza y por un sinfín de efectos especiales. Más de dos horas de proyección, tan inútiles como acomodaticios y dotados de un sentido del humor de lo más simplón. Pesarosa como un día sin pan.


4.- Zona Hostil. Entre ese toque entre militarista y españolista de la que hace gala de manera nada subliminal, este título de Adolfo Martínez se me atravesó a los pocos minutos de proyección. En él se narran las heroicas peripecias de los integrantes de una misión de rescate del ejército español para sacar del desierto de Afganistán a un convoy americano que, escoltado por la mismísima legión española, ha sufrido un atentado al pisar una mina. ¡Pero qué buenos son nuestros militares, coño! De vergüenza ajena.


3.- Toni Erdmann. Una comedia alemana que, a mi gusto, no hay por donde pillarla y en la que se narra la relación entre una joven consultora alemana establecida en Budapest con su padre, un tipo extraño que se le aparece de nuevo en su vida y que se dedica a amargarle la existencia mediante un sinfín de bromas tan surrealistas como estúpidas. Dos horas y media de la nada absoluta. Una tomadura de pelo que, extrañamente, ha entusiasmado a los cuatro gafapastas que quedan. A todo le llaman comedia. Los yanquis amenazan con un remake protagonizado por Jack Nicholson. A lo mejor, hasta tiene más gracia.


2.- Silencio. Y Scorsese, tras haber filmado La Última Tentación de Cristo, se planteó la posibilidad de volver a aburrir a las plateas de forma soberana sobre otro film de corte religioso. Y así nació el muy plasta Silencio, un trabajo interminable, lento y farragoso, en la que se narra la odisea que vivieron en pleno siglo XVII dos jesuitas portugueses en busca de su mentor en un Japón dispuesto a exterminar a los cristianos de la faz de la tierra. Para mear y no echar gota.


1.- A Ghost Story. Un paja mental más que intenta ofrecer una nueva visión del cine sobre fantasmas; una perspectiva pedantilla y ridícula ya que, su espectro, se pasa todo el metraje pululando como una ánima en pena cubierto por una sábana con un par de agujeros en los ojos. Tal cual. Metáforas por un tubo y estúpidas segunda lecturas. Aburrida y lenta hasta extremos insospechados; tanto es así que, durante casi cuatro largos minutos, nos endosa un plano fijo en el que Rooney Mara, sentada en el suelo de su cocina, se zampa una inmensa tarta a desgana mientras es observada por la triste figura del fantasma enfundado en la sábana. Ver para creer. Aún no sé qué narices nos ha querido contar su director con tal disfunción cinematográfica.


Pues nada. Sigamos adelante con el 2018, a ver que sorpresas nos depara.

1.1.18

Recopilando (I): Lo más mejor del 2017

Como cada año, hoy toca apuntar las que han sido, a mí gusto, las diez mejores películas del 2017. Al igual que siempre, algunos títulos han quedado fuera de la lista, tal y como ha sucedido con la entretenida y acelerada Atómica, ese curioso biopic sobre el propietario de McDonalds que atendía por El Fundador, la locura claustrofóbica de El Bar de Álex de la Iglesia o, por ejemplo, la interesante secuela de Trainspotting, T2 Trainspotting.

Pues allá que vamos. Aquí tienen las 10 mejores del año. Y, como siempre, de menor a mayor relevancia. O sea, del 10 al 1.

10.- Abracadabra. Tras la interesante y premiada Blancanieves, Pablo Berger vuelve con una curiosa cinta en la que se mezclan diversidad de géneros. Comedia, melodrama, fantástico… Un poco de todo al servicio de una historia en la que un tipo bastante impresentable (genial Antonio de la Torre) queda poseído por un ser maligno tras una sesión de hipnotismo que nada tiene que envidiar a la de Woody Allen en La Maldición del Escorpión de Jade. Para rematar la cosa, añádanle un aire almodovariano en la descripción suburbial del ambiente en donde viven sus principales protagonistas y, como guinda final, la presencia de una soberbia Maribel Verdú en la piel de la esposa del hombre poseso. El invento funciona. Y funciona muy bien. Que bien se le da el cutrerío a Berger.


9.- Barry Seal: El Traficante. Uno de los mejores films protagonizados por Tom Cruise durante esta década. En él, y dirigido con ritmo y muchísimo sentido del humor por Doug Liman (el mismo de Al Filo del Mañana), Cruise da vida, basándose en un caso real, a Barry Seal, un ex piloto de una línea comercial que, tras haber sido reclutado por la CIA, terminó colaborando activamente con el cartel de Medellín. Un film divertido que, por su trepidante narrativa, deja muy poco respiro al espectador y en donde el actor, después de mucho tiempo, deja entrever sus dotes como comediante. Entretenimiento en estado puro. Ya querría más películas así a lo largo del año.


8.- Fe de Etarras. Estrenada en el pasado festival de San Sebastián y distribuida primero a través de una plataforma televisiva antes de verse en (poquísimas) salas comerciales, este es un excelente divertimento de Borja Cobeaga que, contando con un brillante Javier Cámara, logra urdir una simpática trama sobre los coletazos finales del grupo terrorista ETA. Ambientada en una pequeña capital de provincias durante el verano de 2010, justo cuando se estaba jugando el mundial de fútbol en Sudáfrica, aparte de mostrarse como una comedia inteligente que se acerca a un tema delicado durante muchos años, Cobeaga, con la ayuda de su excelente plantel de actores y de un guión sin fisuras, logra colarnos un buen número de gags muy celebrados (como el de la gigantesca bandera española con el torete incluido o el primer atentado de la célula terrorista protagonista). Para disfrutarla al cien por cien.


7.- Baby Driver. Cine de acción y comedia perfectamente conjugados gracias al savoir faire de su director, Edgar Wright (el de Zombies Party y Bienvenidos al Fin del Mundo, entre otros títulos). En esta ocasión, dotando a su trabajo de un ritmo endiablado, nos cuenta la historia de un joven adolescente especializado en fugas automovilísticas siempre bajo el ritmo de su particular banda sonora quien, por deudas del pasado, le debe varios favores al jefe de una banda mafiosa para el cual trabaja. A la simpatía de su joven actor protagonista (Ansel Elgort) hay que sumarle la fuerza del elenco adulto que le rodea: desde Jamie Foxx, pasando por Jon Hamm y terminando por (el últimamente controvertido) Kevin Spacey. Una sobredosis de aceleración a tope. Para amantes de subidones de adrenalina.


6.- Lady Macbeth. Sin tener nada que ver con la obra de Shakespeare, se trata de un film pausado y reposado que, al mismo tiempo, viene cargado de una mala leche impresionante. Ambientado en la Inglaterra rural de 1865, su director, William Oldroyd, sabe deshacerse de todos los tópicos del acartonamiento habitual en este tipo de cintas y dota a la misma de una sensibilidad muy especial a la hora de narrar las vicisitudes de una mujer maltratada por el matrimonio con un hombre mayor de edad al que no quiere y su posterior castigo al iniciar un romance con un trabajador de la finca en la que vive. Atención a Florence Pugh, su protagonista femenina principal, una chica que, a buen seguro, dará mucho que hablar en productos futuros.


5.- Locas de Alegría. Tras la interesante y compacta El Capital Humano, el italiano Paolo Virzi nos obsequia con una agridulce comedia que basa casi toda su fuerza en sus dos protagonistas principales: una potentísima Valeria Bruni Tedeschi y una sorprendente Micaela Ramazzotti quienes, en el film, interpretan a un par de mujeres que logran escaparse del centro psiquiátrico en el que estaban recluidas. La primera es una mujer charlatana bien relacionada con la alta sociedad italiana, mientras que la segunda es una joven adolescente que, en su interior, esconde un secreto difícil de desvelar. Una historia de amistad y sentimientos de todo tipo que, en el fondo, abriga una de las películas más tristes de la temporada.


4.- El Caso Sloane. Un excelente thriller político con un poderoso punto crítico sobre la Segunda Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos, aquella que protege el derecho a poseer y portar armas a los ciudadanos norteamericanos y en el que una ejecutiva sin escrúpulos (brillante en su ambiguo personaje Jessica Chastain) se enfrentará al lobby armamentístico para lograr una nueva legislación sobre el control de la tenencia de armas. Un trabajo vigoroso, lleno de ágiles y contundentes diálogos y capaz de poner en solfa uno de los grandes conflictos de la sociedad norteamericana actual. Cercana, en intenciones, al mejor cine de Costa-Gavras.


3.- La La Land (La Ciudad de las Estrellas). Todo un homenaje cinéfilo al mundo de los musicales, en donde los guiños a películas claves del género no se hacen de esperar. Un brillante ejercicio de estilo que se apoya en un sinfín de referentes. Cine, cine y más cine, se acumula en una cinta que, escrita y dirigida por el propio Damien Chazelle, acumula una buena cantidad de números musicales en los que se mezclan la magia del momento, la fuerza de su sencillo aunque magnético guión y el buen hacer de su pareja protagonista: un controladísimo Ryan Gosling y una sorprendente Emma Stone, rebosantes ambos de una química muy especial. Visualmente arrebatadora, escenográficamente atractiva, emotiva, divertida y capaz de remover todo tipo de sentimientos en el espectador.


2.- Estiu 1993 (Verano 1993). Carla Simón, en su debut como directora cinematográfica, ha elegido narrar sus propias experiencias de pequeña cuando, tras morir sus padres, tuvo que abandonar la ciudad de Barcelona para irse a vivir con sus tíos a una vieja masía en medio de la montaña. Allí, habrá de habituarse a su nueva vida y a compartir sus extrañas sensaciones con sus padres adoptivos y con la pequeña hija de estos. Un trabajo franco, directo, valiente y con la emotividad a flor de piel en cada uno de sus planos. A destacar el trabajo de sus jóvenes protagonistas (en especial el de Laia Artigas, la niña huérfana) y la sencillez y sobriedad con la que afrontan sus respectivos papeles Bruna Cusi y David Verdaguer, los padres adoptivos. Difícil evitar un fuerte nudo en la garganta en algunas de sus escenas finales.


1.- Manchester Frente al Mar. Una historia compacta, dura y triste (¡tristísima!), que tiene por protagonista a un hombre con el que la vida se ha ensañado de mala manera, un tipo que acumula en su existencia todo tipo de golpes; golpes que le volverán a azotar duramente cuando regrese a su pueblo natal para asistir al funeral de su hermano, pues allí afrontará de nuevo a los fantasmas de su pasado y lidiara con un sentimiento de culpabilidad difícil de eliminar. Al frente, un Cassey Affleck brillante que, pese a su complejo papel, afronta la construcción del mismo de forma totalmente sobria y creíble, sin extralimitarse en ningún momento. Una película pausada, contenida y tremendamente amarga, como una potente patada en la mismísima boca del estómago. Su director, Kenneth Lonergan, ha conseguido un trabajo especialmente emotivo y crudo. Uno de los títulos indiscutibles del año, tanto por su delicada puesta en escena como por la magistral interpretación de su protagonista principal.


En pocos días, lo más peor del 2017. 

Por cierto, ¡feliz año nuevo!

16.11.17

SITGES 2017: Jornada 9 (de inmigrantes que levitan, teenagers que mueren una y otra vez y cortes de electricidad)

Viernes 13 de octubre, penúltimo día del Festival. Una jornada que empezó con Jupiter’s Moon, la cinta húngara que se alzó, finalmente, con el premio al mejor largometraje de esta edición. Una extraña mezcla entre el cine de superhéroes y la denuncia política que se abre ,de forma frenética y atractiva, con la masiva entrada de inmigrante cruzando de forma ilegal una frontera mientras son tiroteados sin miramientos por la policía. En Jupiter’s Moon hay un poco de todo: un ilegal herido capaz de levitar, médicos corruptos y polis con demasiada mala leche. La primera parte engancha, tanto por su atípico planteamiento como por su cuidadísima realización (a pesar de abusar un tanto de la cámara en mano), pero luego la cosa se complica en exceso y el guión empieza a hacer aguas por todas partes. En definitiva, se trata de un indigesto cóctel entre el cine de Costa-Gavras y los X-Men.


Si con A Day ya tuvimos un homenaje, muy a la coreana, de Atrapado en el Tiempo, ahora se vuelve a repetir guiño al magistral bucle temporal urdido Harold Ramis con Feliz Día de tu Muerte, una película norteamericana que, dirigida por Christopher Landon y dirigida claramente al público adolescente, nos enfrenta al caracolillo diario que vivirá una joven estudiante para evitar que, al final de su jornada, sea asesinada de nuevo. La cosa, aparte de una buena factura, tiene su gracia, pero al final acaba cansando. Entre que su guión se me antojó excesivamente facilón y que su joven protagonista femenina, una tal Jessica Rothe, me pareció de lo más soso, no acabé de entrar del todo en una propuesta poco original y llena de guiños a montones de films con asesinos portadores de caretas diversas y especializados en degollar a teenagers. Poca cosa, aunque para muchos (de forma sorprendente) resultó de lo más refrescante.


El día lo cerré con Survival Family, una simpática producción japonesa que, a medio camino entre la comedia y el cine de aventuras apocalípticas, coloca al espectador en la piel de los miembros de una familia de Tokio, los Suzuki, cuando estos ven trastocada su rutina social y laboral habitual al quedarse todo el país sin electricidad. Dispuestos a iniciar un nuevo tipo de vida, deciden abandonar la ciudad y buscar un nuevo lugar en el que instalarse. Una correcta cinta, cargada de buenas intenciones que, sin embargo, peca de alargar en extremo su metraje (cercano a las dos horas), lo cual acaba influyendo en el estado de ánimo de un espectador que, a la hora y media, ya ha sufrido todo lo sufrible por los avatares por los que han de pasar los Suzuki.

Y en el próximo post, el final de la 50ª edición.

6.11.17

SITGES 2017: Jornada 8 (de leyendas vascas, fantasmas estonios y de merecidos descansos)

Después de un pequeño paréntesis, sigo con la información relativa a la 50ª edición del Festival de Sitges.

El jueves 13 de octubre, la mañana se abrió con Errementari, un film vasco y hablado en euskera que, producido por Álex de la Iglesia y dirigido por el debutante Paul Urkijo Alijo, entra de lleno en las leyendas populares vascas, en una historia que, ambientada en la Álava del siglo XIX, mezcla el folklore del país con un muy peculiar descenso a los infiernos y en donde, un herrero y una niña huérfana, destapan una oscura historia en donde los pactos con el diablo se convierten en la orden del día. Curiosa aunque irregular cinta que, contando con una parte inicial bastante atractiva, va perdiendo fuelle hasta llegar a un episodio final, de tintes fantásticos y demoniacos, en donde el cartón piedra obtiene un cansino y especial protagonismo.

A continuación sufrí la proyección de November, un film procedente de los países bajos y que llegaba al festival precedido de cierto prestigio. Aparte de contar con una espléndida fotografía en blanco y negro, no hay nada más que pueda avalar el citado prestigio de este producto. Aburrido, pedante, sin pies ni cabeza y capaz de provocar profundas somnolencias y raudas fugas del Auditorio del Meliá. Dirigido por el estonio Rainer Sarnet, se trata de una presuntuosa fabula fantástica en la que, en medio de paisajes helados y nevados, se mezclan fantasmas de familiares muertos, hombres lobos, enfermedades mortales y un poco de magia negra. Si les he de ser sincero, ante tanta pretenciosidad narrativa y visual (llena de planos y escenas interminables), yo fui uno de los que decidió escapar de la sala. En el exterior hacia un día magnífico como para desperdiciarlo con tomaduras de pelo tan inmensas.


En resumen: un día tranquilo. Como el cansancio de tanto cine ya empezaba a hacer mella en mí, decidí dejar por unas horas el Séptimo Arte aparcado en un rincón y disfrutar la mi estancia en Sitges. Hasta al día siguiente, claro está.

To be continued…

3.11.17

Hoy tampoco va de cine

Hoy me siento triste, cabreado e impotente ante un estado español que ha mostrado su cara más oscura y franquista; un estado, que ellos llaman de "derecho", en el que no existe la separación de poderes y en la que fiscales, jueces y gobernantes comen del mismo plato, al igual que hacen los perros. Una España purulenta, gobernada por el partido más corrupto de Europa y que aún se permite el lujo de hablar de “legalidad” sin avergonzarse de ser, en realidad, un grupo mafioso que, durante años, se ha estado embolsando todo el dinero público que ha caído en sus manos. Una España miserable que, al igual que en tiempos del dictador Francisco Franco, vuelve a tener presos políticos en sus prisiones. Y todo ello, bajo el beneplácito del PSOE y del PSC y de una Europa encorsetada que mira hacia otro lado, ignorando que los catalanes somos también ciudadanos europeos a los que se nos está privando de los derechos humanos más fundamentales.

Repito: tristeza, cabreo e impotencia, pues con sus métodos represivos no se arregla el problema. Al contrario, se agrava hasta límites insospechados.

Visca Catalunya! 

Llibertat presos polítics ja!!!!

30.10.17

SITGES 2017: Jornada 7 (de westerns violentos, viudas vengativas, serial killers adolescentes y familias disfuncionales)

Por la mañana, a primera hora, pude disfrutar de Brimstone, una de las mejores películas del Festival y que, precisamente estos días, se puede también disfrutar a través de algunas plataformas de televisión y de su reciente edición en DVD y Blu Ray. La cinta, dirigida por el danés Martin Koolhove, es un western sobrio y duro, totalmente compacto y en el que sobresalen una maravillosa Dakota Fanning y un soberbio Guy Pearce, dando vida, este último, a un reverendo satánico y extremadamente hijo de puta. Narrada en cuatro capítulos desordenados temporalmente de forma expresa, Brimstone nos acerca al infierno que vive una mujer muda por culpa de la existencia de un sacerdote malévolo y vengativo. 148 minutos sin desperdicio alguno: cada nueva escena ofrece alguna pista para entender mejor el calvario de Liz, el principal personaje femenino de la excelente propuesta. A tener muy en cuenta, ante todo, el segundo acto, aquel que transcurre casi en su integridad en el prostíbulo de un pequeño pueblecito del Oeste. Canela en rama.


La segunda de la mañana ya fue otra cosa: un rollo tremendo, vaya. Se trataba de Marlina the Murderer in Four Acts, un film indonesio con cierto toque de western polvoriento que, dirigido por Mouly Surya y de manera altamente absurda, nos propone una extrañísima (y aburrida) historia de venganza en manos de una mujer que, tras enviudar, es violada por un grupo de hombres que a continuación también le roban las reses de su propiedad. Momentos de alto surrealismo (o, mejor dicho, de pedantería supina) al servicio de un largometraje que provocó varias fugas en el auditorio del Hotel Meliá. Escenas plagadas de un silencio absoluto, decapitados tocando una mandolina y un interminable viaje en un autobús destartalado, así como un caprichoso (y sin sentido) guiño al Quiero la Cabeza de Alfredo García de Peckinpah, son algunos de los ingredientes que sumieron a la platea en la modorra total. Personalmente, conseguí oír varios ronquidos en la sala. Y, como otros muchos, también emprendí la huida antes de quedarme totalmente sobado.


Más interesante fue My Friend Dahmer, la película de Marc Meyers que, basada en el cómic de Derf Backderf, narra los años de adolescencia de Jeffrey Dahmer, el denominado Carnicero de Milwaukee, un asesino en serio responsable de la muerte de 17 personas entre 1978 y 1991. De hecho, My Friend Dahmer se acerca a la extravagante personalidad de este sombrío personaje justo antes de iniciar su carrera homicida, en sus años como estudiante y bajo la atenta mirada de Derf, uno de sus compañeros de clase más cercanos. Film controlado, perfectamente interpretado y totalmente inquietante. En nada truculento, la cámara de Meyers se acerca a las excentricidades del polémico personaje intentando no juzgarlo en momento alguno, sino dejando que el espectador vaya descubriendo por si mismo los rasgos más oscuros de un joven que estaba direccionado hacia el crimen y el canibalismo. Turbadora y elegantemente sobria.


El día lo cerré con Matar a Dios, una alocada comedia española dirigida en comandita por Albert Pintó y Caye Casas. Su premisa argumental es ciertamente prometedora, pues la posibilidad de que Dios se aparezca en el seno de una familia disfuncional, durante las fiestas navideñas, y les proponga la posibilidad de salvar a dos de los suyos antes de que al amanecer se haya extinguido toda la humanidad, tiene su coña. La cosa, en un principio, funciona y la va amenizando con gruesas gotas de humor negro, pero sobrepasada la primera media hora de proyección, Matar a Dios queda encallada y cae en una repetición abusiva de todos sus gags; chistes que, en muchos casos, me resultaron tan facilones como poco inspirados. De todos modos, vale la pena tener en cuenta el buen trabajo de Eduardo Antuña, ese vendedor de quesos reconvertido en representante de actores en la serie televisiva ¿Qué Fue de Jorge Sanz?, sin lugar a dudas lo mejor de la irregular comedia.


Próximamente, un pelín más.

26.10.17

SITGES 2017: Jornada 6 (de pitufos marinos, bosques balcánicos y días de la marmota coreana)

El sexto día, el Auditorio del Meliá Sitges abrió con La Piel Fría, la adaptación cinematográfica de la novela de Albert Sánchez Piñol y en la que, contando con muy pocos personajes, se nos narra la tensión que sufrirán un farero y un estudioso cuando, en medio de una solitaria isla, hayan de enfrentarse a un ejército de criaturas marinas con un mucho de Pitufos por su aspecto azulado. Contando con un buen look visual, la película acaba aburriendo hasta a las musarañas, resulta cansinamente repetitiva y, en su traslación a la pantalla, ni sus guionistas (Jesús Olmo y Eron Sheean) ni su director (Xavier Gens) han sabido salvaguardar la fuerza de la novela original. La verdad es que, personalmente, me importaba un pimiento esa historia de amor, a lo bella y la bestia, que nace entre el científico y la desprotegida pitufa a la que los dos hombres deciden dar cobijo.


The Maus es un film español que, ambientado en Bosnia y Herzegovina (aunque, en realidad, filmado en bosques hispanos), nos narra una historia tensa, de violencia y mal rollete, cuando un joven matrimonio queda atrapado en un bosque bosnio tras tener una avería su automóvil. Allí, con la peligrosa presencia de un par de personajes no muy fiables, la pareja empezará a sufrir las consecuencias de la Guerra de los Balcanes. Su inicio es prometedor, inquietante y magnético. La cosa pinta bien, pero a la media hora, cuando ha agotado todos los recursos y el suspense inicial se ha deshinchado del todo, The Maus se convierte en un despropósito, lleno de falsos giros de guión y de situaciones pésimamente resueltas. Y atención a su artificioso y truculento final: de juzgado de guardia. Una fallida ópera prima la del asturiano Yayo Herrero.


A Day es un producto de Corea del Sur que, dirigido por Sun-ho Cho, se intenta erigir en un complejo homenaje de la magnífica Atrapado en el Tiempo de Harold Ramis. Sin llegar, en ningún momento, a la esplendidez narrativa y cómica del film de Ramis, A Day apuesta más por el drama y el suspense que no por la comedia y, rizando el rizo yendo más allá de un solo personaje, entra en el bucle temporal que sufren tres tipos distintos en la repetición de un mismo día. En este caso, un doctor intentará evitar la muerte de su hija ocurrida durante un brutal accidente de circulación; accidente en el que también estarán involucrados un taxista y el marido de una segunda víctima mortal. La película no empieza mal, pero por su afán (un tanto repelente) de involucrar a demasiados personajes en el mismo caracolillo, la idea se pierde en un maremágnum de chorradas e ingenuidades que sólo conducen hacia un final tan acomodaticio como apto para todos los públicos. Una verdadera chorrada que, al menos, posee el mérito de no aburrir.


To be continued…

24.10.17

SITGES 2017: Jornada 5 (de asesinas recicladas, camellos entre rejas, gallegos surrealistas y monjas calenturientas)

El lunes 9 de octubre, la jornada empezó de forma contundente con La Villana, un adrenalínico producto de Corea del Sur que, dirigido por Byung-Gil Jung (el mismo de Confession of Murder), narra las aventuras y desventuras de una mujer que, entrenada desde muy pequeña para matar, saldará sus delitos trabajando durante 10 años para el servicio de información bajo la falsa personalidad de una actriz teatral. Una cinta tan entretenida como acelerada, con un montón de escenas de acción perfectamente filmadas y coreografiadas tras el que, al servicio de un guión un tanto endeble aunque efectivo, se esconde una especie de remake encubierto de la francesa Nikita y de su homóloga americana La Asesina. Atención a sus delirantes (y divertidísimos) primeros minutos de proyección, todo un guiño a los video-juegos de acción en visión subjetiva y en los que, entre disparos y artes marciales, no queda vivo ni el apuntador.


La segunda de la mañana fue Brawl in Cell Block 99, un eficaz producto de serie B que, dirigido por S. Craig Zahlker tras haber debutado el año pasado con Bone Tomahawk, nos acerca a un contundente thriller urbano en el que un ex boxeador, después de trapichear para un narcotraficante, acabará con sus huesos en una cárcel de pesadilla. Protagonizada por un creíble (y brutal) Vince Vaughn y con una sorprendente colaboración de un desconocidísimo Don Johnson (en el rol de un alcaide sádico en dónde los haya), la curiosidad de la película radica en que, tras poseer una parte inicial rodada y narrada de manera totalmente realista (la degradación de un hombre al que la vida no ha tratado muy bien), se va decantando, a marchas forzadas y de manera consciente, hacia una locura tan irracional como violenta sin desdeñar, por ello, un saludable (o insano, según se mire) sentido del humor negro, muy negro, ¡negrísimo!.


Dhogs significó el toque español de la jornada; una película arriesgada, de producción gallega y hablada totalmente en gallego, en la que su debutante director, Andrés Goteira, sumerge al espectador en una espiral de violencia que se inicia con el encuentro fortuito en un hotel entre una mujer y un yuppie estresado. Navegando entre el realismo más puro y el surrealismo más descarnado, la cinta, estructurada a base de episodios relacionados entre sí y a los que el realizador les otorga cierto toque de teatralidad, va perdiendo gas a medida que avanza su proyección. Tanto es así que, al llegar a su trágico desenlace, la cosa ya ha perdido todo el interés para un espectador abrumado ante el mal rollo que se desprende de la mayoría de sus imágenes. Lo mejor del irregular aunque bienintencionado film, se encuentra en el buen hacer de sus actores y, ante todo y teniendo en cuenta su bajo presupuesto, en su cuidada y atractiva puesta en escena.



La cuarta jornada la terminé con The Little Hours, una pequeña película norteamericana de Jeff Baena (el de Life After Beth) que, ambientada en un convento durante la Edad Media e inspirándose directamente en El Decamerón de Boccaccio, llena la pantalla de monjas mal habladas y calenturientas que pretenden encamarse con el nuevo mozo recién llegado al lugar. A destacar la presencia de John C. Reilly encarnando a un curioso e inefable sacerdote y, ante todo, su primera media hora de proyección, tan divertida como sorprendente. Después la cosa pierde fuelle y se adentra en asuntos demasiado forzados para seguir llamando la atención de la platea. Una lástima todo ese guiño a las brujas de Shalem que adorna su apartado final. Humor gamberro venido a menos.

En la próxima entrega, un poquito más.