19.7.16

Tiburón minimalista


Cerrada la trilogía con Liam Neeson de protagonista (Sin Identidad, Non-Stop y Una Noche Para Sobrevivir), el barcelonés Jaume Collet-Serra, afincado ya en tierras norteamericanas, con Infierno Azul se embarca en una serie B, plagada de efectivas cromas, deslumbrantes efectos digitales y filmada, en buena parte y aunque no lo parezca, en estudio, tras la que se esconde un minimalista homenaje al Tiburón de Steven Spielberg.

Y digo minimalista porque, aparte de estar rodada bajo mínimos, en su mayor parte de su breve metraje cuenta tan sólo con dos únicos protagonista: una surfista que acaba de quedarse varada en las aguas de una playa secreta y un tiburón blanco que la acosa para zampársela enterita. Dos protagonistas a los que, sin embargo, se les une un tercero en discordia: una gaviota herida a la que muchos, por puro entretenimiento, le están buscando toda clase de simbologías a su presencia.


Infierno Azul (pésima traducción de su título original, The Shallows, o sea, "aguas poco profundas") busca, clara y llenamente, el entretenimiento, sin más; tal cual. Y Collet-Serra demuestra ser un buen dominador del cine entendido como espectáculo, aunque que sea desde su vertiente más minimalista. En ningún momento pretende la grandilocuencia y el efectismo de la cinta referente de Spielberg, pero sí que se muestra como todo un experto a la hora de crear tensión y suspense en el patio de butacas.

Su digna y trabajada fotografía, sumada al poderío del realizador en la sala de montaje, a la acertada e inquietante banda sonora de Marco Beltrami y a la buena interpretación de Blake Lively (la misma de El Secreto de Adaline), consiguen que la película logre su principal y único propósito: mantener al espectador pegado en su asiento de principio a fin.


Lástima, de todos modos, de poseer un desenlace muy poco trabajado y un tanto precipitado, así como de una coletilla final muy made in USA y un tanto ridícula, metida por narices, a buen seguro, para ganarse al público norteamericano, muy dado a los toques con moralina y a la exaltación de los valores familiares por encima de todo.

Ideal para verla durante una de estas tardes calurosas que se nos avecinan. Fresquito en un cine con aire acondicionado y disfrutando con el chapuzón de 86 minutejos que se pega la Lively.

15.7.16

La niña que susurraba a los gigantes


Mi Amigo el Gigante significa el retorno de Steven Spielberg al cine familiar, ese cine que normalmente domina a la perfección. El guión de la recientemente desaparecida Melissa Mathison (la misma de E.T.) sobre la novela The BFG del prestigioso Roal Dahl publicada en 1982, sumada a la elección del gran John Williams para componer su (magnífica) banda sonora, apuntaba a que íbamos a encontrarnos ante una nueva y brillante fantasía orquestada por el Rey Midas de Hollywood.

Nada más lejos de la realidad. Todo se queda en su exquisita técnica cinematográfica, en el acierto de la atractiva fotografía de Janusz Kaminski y en 15 divertidísimos e ingeniosos minutos, bastante próximos al final de la cinta, en donde la reina de Inglaterra posee un protagonismo especial. Y es que, para narrar la amistad que surge entre una niña huérfana, Sophie, y un gigante bonachón que le hablará de las ventajas y desventajas de vivir en el País de los Gigantes, a Spielberg se le ha ido la mano en demasiados aspectos.

Su ritmo lento significa una enorme traba para que el público infantil (y también el más adulto) pueda conectar con la propuesta, consiguiendo, tan sólo con ello, que los más pequeños de la casa (y los más mayores también) acaben aburriéndose como marmotas e implorando que se acabe cuanto antes un cuento de casi dos horas de duración que, por otra parte, carece de alma y de magnetismo alguno.

En su monótona primera parte, insulsa a más no poder, tan sólo se muestra la relación que surge entre la niña y el coloso. No hay más que eso: un montón de aterciopelados (e incluso ridículos) diálogos entre ambos, que acaban por resultar de lo más tedioso y reiterativo. La cosa, aparte de algún que otro flamante detalle técnico, no avanza hacia ninguna parte. Los primeros bostezos empiezan a aparecer en la platea.


Su segunda hora, tampoco es que mejore mucho. Siguen los diálogos cansinos, el ritmo amuermante y la poca (o, mejor dicho, nula) fuerza narrativa. Los bostezos siguen, y en aumento, hasta que Spielberg, consciente de que el espectador se puede quedar totalmente dormido, a la falta de media hora para finalizar, nos regala un aislado cuarto de hora magnífico y gracioso para, en su recta final, volverse a columpiar de peor manera posible.

Dos horas insostenibles que, sin lugar a dudas, hubieran dado para un fabuloso cortometraje de media horita de duración. Ni se les ocurra llevar a sus pequeños a un tedio como éste.

8.7.16

El color del dinero


Con Money Monster, Jodie Foster vuelve a colocarse detrás de la cámara y, con la ayuda, delante de ella, de unos efectivos George Clooney y Julia Roberts, urde un entretenido thriller pseudopolítico en donde la economía y la corrupción van cogidas de la mano.

La cinta arranca cuando un joven desesperado entra en un plató de televisión y secuestra, en directo, al presentador y a los técnicos de uno de los programas estrellas de la cadena; un show, en clave de humor, en el que su principal responsable habla de economía y recomienda cierto tipo de inversiones a su audiencia con el riesgo que ello conlleva.


De hecho, Money Monster es un híbrido resultón de un montón de títulos fáciles de asociar, desde el contunde Tarde de Perros de Sidney Lumet, pasando por el Mad City de Costa-Gavras y desembocando en los más recientes Plan Oculto de Spike Lee y Cien Años de Perdón de Calparsoro. No es un film brillante, pero se ve con agrado y destaca, ante todo, por el vibrante pulso narrativo que le impone Foster y un trepidante montaje que no deja tiempo al aburrimiento para el espectador.


Lo peor del film es que, en general, su trama no resulta muy creíble del todo. Jodie Foster logra mantener la atención de la platea pero, al terminar la proyección, uno sale con la extraña sensación de que algo no cuadra en la propuesta. La tensión acumulada durante su (controlado) metraje nunca llega a tener un golpe de efecto irrevocable, mientras que sus mínimos (y necesarios) apuntes críticos a la corruptela dentro del sistema económico actual, resultan en exceso descafeinados.


Un quiero y no puedo que, sin embargo, está filmado con garra y estilo y, al mismo tiempo, aparte de ser un estimulante ejercicio cinéfilo lleno de referentes, nos ofrece un par de interpretaciones de altos vuelos, Clooney y Roberts, que dejan al tercero en discordia, Jack O’Connell (el secuestrador), a unos puntos por debajo de ellos.

5.7.16

Marcianada

Ya en 1996 Roland Emmerich castigó a las plateas de todo el mundo con Independence Day, una cinta en la que se narraba, de forma muy desacertada y a través de un tono exacerbadamente pro yanqui, una invasión extraterrestre en todo regla; un producto lleno de ridiculeces y de metraje exagerado (casi dos horas y veinte de proyección) al que Tim Burton, ese mismo año y de manera genial, le dio la vuelta por completo a través de su divertida Mars Attacks!.


20 años después, Emmerich vuelve a probar fortuna con su secuela, Independence Day: Contraataque, una nueva vuelta de tuerca sobre el mismo tema, aunque en 3D y mediante un festival de efectos especiales mucho más conseguidos que en su primera entrega. El resto es más de lo mismo: las mismas ridiculeces, idéntico canto patriótico y alguna que otra gotita humorística de lo más patética.


Para aderezar la marcianada, repite con algunos de los personajes del film anterior. Bill Pullman, que en la primera encarnara a un presidente de los EE.UU. dispuesto a combatir en primera línea a los alienígenas, refrenda el mismo rol, aunque ahora desde el punto de visto de un ex presidente hippioso y de modo no muy convincente, mientras que Jeff Goldblum vuelve a interpretar a un experto científico al que nadie hace ni puto caso, al tiempo que, entre otros, vuelve a contar con la presencia del profesor chiflado al que ya diera vida Brent Spiner. De propina, hay que contar con un montón de actores de la nueva generación de lo más soso e inconsistente, aunque por suerte, sin la presencia de Will Smith, nos ahorramos las sarta de gracias y chistes malos con que los nos torturó en su día. La verdad es que es una pena ver pasearse por este circo y más perdida que un gusano en un plaza de toros a la pobre de Charlotte Gaingsbourg en un papel de lo más innecesario.


La película no va más allá de los efectos especiales. Pura digitalización sin más materia prima. Su guión resulta de lo más absurdo (¡y eso que constan 5 tíos acreditados como guionistas!) y, tratándose en teoría una película  fantástica de acción, su falta de ritmo acaba por aburrir hasta a las musarañas. 

Nada. Nada de nada. Mucho querer epatar con sus imágenes, pero Emmerich sigue sin dar pie con bola. Y amenaza con una tercera parte.

3.7.16

El hombre que mutó

Se instaló en Manhattan Sur y se hizo amigo de Harry,el fuerte. Con éste y un cazador, viajaron hasta la puerta del cielo, lugar en el que, con la ayuda de un siciliano, consiguieron un botín de 500.000 dólares tras haber vivido 37 horas desesperadas. Unas naves misteriosas llegadas del espacio exterior y patrulladas por un sunchaser (cazador del sol) le abdujeron y, unos años después, fue devuelto a la Tierra convertido en Silvia Munt después de haber sufrido una extraña mutación.


Atendía por Michael Cimino y ayer nos abandonaba a los 77 años de edad.

Descanse en paz.

5.5.16

¿Qué hizo él para merecer esto?

Un grupo de mujeres al borde de un ataque de nervios, le vio ayer poner manos a la obra tras tomarse unas cuantas tapas en el bar Antártida. Tras avistar un número considerable de platillos volantes, se colocó 800 balas al cinto y, a voz en grito, chilló:”¡¿Qué he hecho yo para merecer esto?!”. A continuación pilló un taxi y, por pelotas, emulando las locuras de Don Quijote, se fue para siempre pensando “¿de qué se ríen las mujeres si desde que amanece apetece?”.


Atendía por Ángel de Andrés López. Ayer nos abandonó a los 64 años de edad. 

Descanse en paz, buen hombre.

5.4.16

La vida no será la misma sin Chus


Ahora ya puede pasar total de nosotros.

Descanse en paz, buena mujer.

26.2.16

Flirteando con los nominados

A un par de días de la ceremonia oficial de los Oscar, les propongo un repaso definitivo a la mayoría de nominaciones habidas y por haber.

45 Años (nominada a mejor actriz principal: Charlotte Rampling). Un film sencillo aunque efectivo que retrata, a través de un tiempo pausado y una mirada íntima y aséptica, la relación de un matrimonio entrado en años que está a punto de celebrar su 45 aniversario como pareja. Ella (una espléndida Rampling) aún es una mujer activa y con ganas de hacer cosas; él, es ya un hombre cansado, con una dolencia cardiaca y que está pasando por un mal momento psicológico ya que, días antes de la celebración, recibe una carta notificándole el haber encontrado el cuerpo congelado e intacto, en los Alpes suizos, del que fuera su primer gran amor. Toda ella muy british (con campiña incluida) y totalmente resaltable por el perfecto duelo interpretativo entra la actriz nominada y su pareja, un encomiable Tom Courtenay.

Brooklyn (nominada a mejor película, mejor guión adaptado y mejor actriz principal: Saoirse Ronan). Una historia correcta y totalmente funcional que, sin embargo, nos cuenta una historia vista miles de veces en la gran pantalla: la de una joven irlandesa que, en los años 50, decide emigrar a los EE.UU. para instalarse en el neoyorquino barrio de Brooklyn. Con el corazón aún residiendo en su país natal, poco a poco irá entrando en las formas y maneras de vivir de los habitantes de Nueva York, hasta que un hecho inesperado la obligue a regresar a su pequeño pueblo irlandés. Más de lo mismo y con una Saoirse Ronan que, pese a su nominación, se queda encallada en un registro tan facilón como cansino: el de poner cara de apenada a lo largo y ancho de sus casi dos horas de proyección. Difícil resulta entender las nominaciones a mejor película y mejor guión.

Carol (nominada a mejor guión adaptado, fotografia, vestuario, música y a mejor actriz principal y secundaria: Cate Blanchett y Rooney Mara, respectivamente). Basada en la novela The Price of Salt de Patricia Highsmith (que la autora firmó bajo seudónimo en su tiempo) narra la relación sentimental que se establece entre dos mujeres en el New York de los años 50, tiempo en el que la sociedad no aceptaba de ningún modo el concepto de homosexualidad. Carol es una mujer madura, casada y con una hija; Therese es una joven veinteañera, empleada en unos grandes almacenes y que acaba descubriendo el amor verdadero en la persona de Carol. Film sobrio e inteligente que se aproxima de frente a un tema que durante años fue considerado tabú y que cuenta con las estupendas interpretaciones de una Blanchett deslumbrante y una Rooney Mara fuera de serie dando vida, esta última, a una joven confusa y asustada al mismo tiempo. Lástima de la frialdad y distancia con la que la cámara de Todd Haynes se aproxima a sus dos principales personajes. Sería todo un puntazo que ambas actrices consiguieran la estatuilla dorada por sus dos inolvidables creaciones.

Creed. La Leyenda de Rocky (nominada a mejor actor secundario: Sylvester Stallone). Stallone vuelve a materse de nuevo en el cuerpo del legendario Rocky Balboa, un boxeador retirado que regenta un pequeño restaurante y que saldrá finalmente de su letargo voluntario cuando se decida a entrenar a una joven promesa de los cuadriláteros: el hijo putativo del que fuera su gran amigo Apollo Creed. La película aburre soberanamente, ya que se trata de una colección de tópicos de lo más alarmante, pero es la manera más cómoda (visto que Sly ya está hecho unos zorros) de seguir alargando la franquicia de Rocky hasta la saciedad. Él, a pesar de su pésimo aspecto físico, demuestra haberse convertido por fin en actor (cosa que ya se intuía en la interesantísima Cop Land), mientras que el pequeño hijo de Creed, Michael B. Jordan, no pasa de ser una mera figurita de lo más inexpresivo y soso. Dos horas y cuarto totalmente innecesarias: toda una fábrica de bostezos que, a pesar de los pesares, podría conseguirle ese preciado Oscar a Stallone que ya estuvo a punto de acariciar con su primer Rocky.

Joy (nominada a mejor actriz principal: Jennifer Lawrence). Tercera colaboración entre el realizador David O. Russell con Jennifer Lawrence tras El Lado Bueno de las Cosas y La Gran Estafa Americana. Y, en esta ocasión, totalmente insoportable. Tanto la película, en sí misma, como por la interpretación de una engreída Lawrence capaz de crispar al espectador más tolerante. Sin saber bien si decantarse por la comedia o el melodrama, O. Russell opta por una infumable mescolanza de ambos géneros para narrar la (nada atractiva) vida de la que se convirtiera en reina de las teletiendas y, a su vez, en una empresaria capaz de tirar adelante a su disfuncional familia. Lo del sueño americano y la oportunidad para todos ya empieza a apestar. Y de propina, por si no tienen suficiente, la endeblez inaguantable de Bradley Cooper (otro habitual del dire) y las sobrecargadas muecas de De Niro. Dos horas de martirio asegurado. Para salir huyendo.

La Chica Danesa (nominada a mejor actor principal y mejor actriz secundaria: Eddie Redmayne y Alicia Vikander respectivamente). Si el año pasado Redmayne obtuvo el Oscar por dar vida a Stephen Hawking, en esta ocasión lo vuelven a nominar por ponerse en la piel de Einar Wegener, el primer transexual reconocido en el mundo bajo el nombre de Lili Elbe. Lo que debería ser una mirada emotiva y profunda sobre la valentía de Einar, acaba siendo un film tan plomizo como absolutamente distante con sus personajes. Y es que Tom Hooper, su director, no acierta en absoluto en el modo de acercarse a una historia que, pese a sus buenas intenciones (que de haberlas, haylas), acaba aburriendo al más pintado. De nada sirven los esfuerzos (más bien mínimos) de Redmayne y Vikander para crear a sus respectivos personajes.

La Gran Apuesta (nominada a mejor película, dirección, guión adaptado, montaje y actor secundario: Christian Bale). Adam McKay, su director, nos acerca a varios personajes que, desde distintos focos, supieron anticipar la gran catástrofe económica mundial del 2008. Un pretencioso juego didáctico (del que no se entiende casi nada por culpa de un lenguaje difícil de comprender para el gran público) cuyo único interés reside en las caracterizaciones físicas (en general, demasiado exageradas) de sus numerosos protagonistas: Ryan Gosling, Steve Carell, Brad Pitt o un desmadrado Christian Bale, entre otros. A pesar del ritmo que le imprime a su montaje y del cinismo que desvela algunos de sus pasajes, el invento resulta de lo más plomizo. A pesar de sus intenciones, poca cosa (en términos económicos) descubre al espectador. Sobre el mismo tema, mucho más profunda, clarificadora y menos artificiosa resultaba la demoledora Margin Call.

La Habitación (nominada a mejor película, dirección, guión adaptado y actriz principal: Brie Larson). Una primera bastante pretenciosa y difícil de digerir, tanto por su hermetismo escénico como por la manera de estar filmada y narrada, da paso a una segunda parte mucho más convencional aunque igual de dura y contundente que su (excesivamente) largo fragmento inicial. Dirigida por el dublinés Lenny Abrahamson, cuenta la cáustica experiencia de una joven que tras ser secuestrada, pasará siete años de su vida encerrada en una pequeña habitación, lugar del que saldrá fortuitamente al exterior en compañía de un hijo de 5 años; un niño que nunca antes había estado en contacto con el mundo exterior. Pretendidamente transgresora, cruda y -siguiendo con la tónica de las nominadas de este año-, soberanamente aburrida. Lo mejor, sin lugar a duda, se encuentra en el espléndido y difícil trabajo interpretativo de Brie Larson, la joven que da vida a la madre secuestrada y que se ve perfectamente apoyada y compensada por el pequeño Jacob Tremblay, al que injustamente no se ha nominado.

Spotlight (nominada a mejor película, dirección, guión original, montaje y actor y actriz secundarios: Mark Ruffalo y Rachel McAdams). Tom McCarthy, su director, se acerca a la investigación llevada a cabo por el equipo Spotlight del Boston Globe que destapó a todo el mundo el encubrimiento que, durante décadas, realizó la Iglesia Católica sobre los numerosos casos de pederastia en el seno de la misma. Un film necesario e interesante al que, sin embargo, le falta poner toda la carne en el asador y entrar más a saco en muchos (demasiados) aspectos, aparte de que su dirección, sin alma alguna. resulta tan plana que, por momentos, parece un producto realizado directamente para televisión. En manos de un Costa-Gavras, por ejemplo, otro gallo nos hubiera cantado.

Steve Jobs (nominada a mejor actor principal y mejor actriz secundaria: Michael Fassbender y Kate Winslet respectivamente). Una nueva vuelta de tuerca sobre el personaje de Steve Jobs para la cual Danny Boyle, su director, se apoya en la pirueta argumental escrita por el todoterreno Aaron Sorkin, resumiendo la vida y miserias del mecenas de la informática en tres únicos actos, ambientados todos ellos entre bambalinas, justo antes de las presentaciones a la industria del sector de algunos de sus productos. Una propuesta un tanto pedantilla (otros dirán que curiosa y brillante), difícil de digerir y que, a mi gusto, tan sólo coge algo de interés en su tercer y último acto. De paso y aprovechando la coyuntura, aprovecho para dejarles bien claro que no puedo con el Michael Fassbender de las narices. ¿Pero qué cojones le encuentran a este hombre?

Otras nominadas:

Del Revés (mejor película de animación y guión original) – ver crítica.

El Puente de los Espías (mejor película, guión original, música, mezcla de sonido y actor secundario: Mark Rylance) – ver crítica.

El Renacido (mejor película, dirección, fotografía, montaje, vestuario, maquillaje, mezcla de sonido, montaje sonoro, efectos visuales, diseño de producción y actores principal y secundario: Leonardo DiCaprio y Tom Hardy) – ver crítica.

Los Odiosos Ocho (mejor fotografía, banda sonora y actriz secundaria: Jennifer Jason Leigh) – ver crítica.

Mad Max: Furia en la Carretera (mejor película, dirección, fotografía, montaje y vestuario) – ver crítica.

Marte (The Martian) (mejor película, guión adaptado, mezcla de sonido, montaje sonoro, efectos visuales, diseño de producción y actor principal: Matt Damon) – ver crítica.

Sicario (mejor fotografía, banda sonora y montaje sonoro) - ver crítica.

12.2.16

¿Para qué sirve un oso?


Tras el excelente travelling tuneado que significó Birdman, el mejicano Alejandro González Iñárritu vuelve a la carga con El Renacido, uno de los títulos punteros de esta temporada que recién empieza y que demuestra el poder, tras la cámara, de uno de los directores más potentes del actual panorama cinematográfico.

En él, se nos narra la epopeya de Hugh Glass, un cazador de pieles que, en 1820 y durante una de sus largas incursiones por los bosques, es abandonado por sus compañeros de trabajo tras ser atacado de forma furibunda por un oso. Sus tremendas ganas de vivir y el ansia por vengarse de uno de los tramperos, hará que, poco a poco, vaya sobreponiéndose a sus numerosas heridas para encaminarse hacia la meta marcada; una historia a la que, por otra parte, ya se acercó Richard C. Sarafian en 1971, de manera más rutinaria y endeble, desde El Hombre de una Tierra Salvaje, contando como protagonistas principales con Richard Harris y un inolvidable John Huston.

Ahora, en El Renacido, el protagonismo recae en un insuperable Leonardo DiCaprio y un contundente Tom Hardy, ambos nominados merecidamente al Oscar por sus respectivos trabajos. El primero, casi sin palabras pero capaz de expresar toda su rabia y sus sentimientos tan sólo con la mirada y, el segundo, armando de fuerza a su despreciable personaje gracias a una voz de cazalla que por momentos resulta altamente espeluznante.


Pero en realidad, los verdaderos protagonistas de la cinta y los que se llevan el gato al agua son la elegancia y la brillantez con las que Iñárritu ha tratado su propuesta, tanto desde el aspecto visual (plagado de hermosos paisajes nevados y vertiginosos, aunque sinuosos, movimientos de cámara) como narrativo, siendo un buen ejemplo de ello, sin ir más lejos, su trepidante entrada (en donde una caterva de indios ataca sin piedad al grupo de tramperos) o, por supuesto, una de las mejores escenas rodadas en tiempo: la de la embestida del oso a un desamparado Leonardo DiCaprio; una escena que no me cansaría de visionar una y otra vez y en la que, curiosamente y sin notarse en absoluto, los efectos digitales juegan un papel determinante.


No se pierdan esos 156 minutos de cine en estado puro que nos ofrece el realizador mejicano. Disfrútenlos desde el primero al último y sepan perdonarle que, de vez en cuando, se pierda en mínimas diatribas mentales (muy al estilo de las del Terrence Malik de El Árbol de la Vida), pues el hombre, ante tan buena película, bien se merece dejar de alguna forma su huella como autor; de AUTOR en mayúsculas. Canela en rama. Para llevarse todos los Oscar habidos y por haber.

3.2.16

YoGa 2016

El colectivo Catacric (Catalans Critics), reunido en la noche del 2 de febrero del 2016, en un céntrico lugar de Barcelona, ha decidido otorgar los 27º anti-premios YoGa a lo peorcito de la producción cinematográfica del año 2015.

En sus deliberaciones, el jurado, anónimo y mutante, como cada año, desde hace 27 inviernos, ha tenido en cuenta las apreciaciones, comentarios y sugerencias de los lectores de esta web y de las diferentes redes sociales, como Facebook y Twitter.

Cine extranjero

- Peor película: YoGa Requisitos para ser una masoca normal a Cincuenta Sombras de Grey, de Sam Taylor-Johnson.

- Peor director: YoGa la Matrix que os parió a los hermanos Andy y Lana Wachowski, por El Destino de Jupiter.


- Peor actor: YoGa Johnny be good a Depp por Mortdecai.

- Peores actrices (ex aequo): YoGa Dos chicas sin Garbo, a Greta Gerwig, por Mistress America, y Melissa McCarthy, por Espías.


Cine español

- Peor película: YoGa Los tediosos ocho a Ocho Apellidos Catalanes, de Emilio Martínez-Lázaro.


- Peores directores (ex aequo): YoGa Rodaron por debajo de sus posibilidades, a Alejandro Amenábar, por Regresión, y a Julio Medem, por Ma Ma.

- Peor actor: YoGa ¿Qué me canta doctor?, a Asier Etxeandia, por Ma Ma (y no le robamos La Novia)


- Peor actriz: YoGa ¡Recupera el norte!, a Carmen Machi, por Mi Gran Noche, Ocho Apellidos Catalanes y Perdiendo el Norte.

Especiales

- YoGa Extraños en un tren al desorientado reparto de Incidencias.

- YoGa La reina de la banana, a Rossy de Palma, por su presentación de los premios Gaudí.


- YoGa 20 minutos y volvemos, a la exhibidora Cinesa, por el exceso de publicidad (y el euro de más en los grandes estrenos)

- YoGa Uno de los nuestros, a Pablo Motos, por convertir a los astros en insectos en El Hormiguero.

24.1.16

Cuando Mr. Orange y Mr. Blonde visitaron la Mercería de Minnie


Los Odiosos Ocho, la última cinta de Quentin Tarantino, lleva ya una semana y pico campando a sus anchas por las salas de nuestro país y triunfando, muy en concreto, en los Phenomena de Barcelona, el único lugar que se proyecta en 70 mm., el formato original con el que el realizador de Malditos Bastardos decidió rodar su nuevo western, el segundo de su brillante carrera tras su excelente Django Desencadenado.


De nuevo, al igual que en su anterior trabajo, aunque de forma más específica, vuelve a dejar claras las influencias del llamado spaguetti western en su particular universo cinematográfico y, a partir de ellas, desarrollar una tensa historia narrada en dos únicos escenarios: una primera parte que transcurre a bordo de una diligencia en medio de un paisaje nevado y, una segunda, que sucede íntegramente en el interior de la Mercería de Minnie, una especie de refugio que ejerce de local para repostar los caballos y descansar los pasajeros de las diligencias, lugar éste en el que convergerán una serie de personajes con intereses muy perversos y en donde la mentira y el engaño se convertirán en el gran protagonista.


Casi tres horas de proyección que pasan en un abrir y cerrar de ojos, a pesar de estar narrada de forma pausada y dejando paso a la violencia sólo de forma breve y esporádica, pero siempre mediante dentelladas vibrantes y explosivas. De hecho, en Los Odiosos Ocho, el puto amo son los diálogos; un sinfín de diálogos inteligentes, sin desperdicio alguno y, por supuesto, no exentos de ese sentido del humor tan característico y gamberro que ha marcado, desde sus inicios, el estilo del director, justo cuando desde Reservoir Dogs dejaba boquiabiertas a varias generaciones de cinéfilos. Un Reservoir Dogs al que, por cierto, vuelve a homenajear a través de la Mercería de Minnie, un espacio cerrado que en muchos aspectos recuerda al garaje de su ópera prima, aparte de contar con la presencia de dos de sus protagonistas, Tim Roth y Michael Madsen o, lo que es lo mismo, Mr. Orange y Mr. Blonde.


Una fuerte tormenta de nieve, un par de cazarrecompensas, una forajida en espera de ser ahorcada (o bien de ser liberada por su vieja banda), un sheriff cuestionado y un buen número de personajes misteriosos y siempre al límite, demarcan un producto perfectamente diseñado y con el que de nuevo, al igual que hizo con su magistral Pulp Fiction, Tarantino vuelve a jugar con el tiempo y el montaje. Humor, tensión, un mucho de racismo latente (genial la caracterización de Bruce Dern como un viejo militar unionista) y un toque de brutalidad al más puro estilo “aquí te pillo, aquí te mato”.


Aunque muchos se empeñen en decir que se trata de un film diferente, sigue siendo Tarantino al cien por cien. Y, además, con el añadido, muy de agradecer, de la más que compacta banda sonora del maestro Ennio Morricone y de las presencias de unos soberbios Samuel L. Jackson, Kurt Russell (los dos cazarrecompensas de marras) y Jennifer Jason Leigh, esa asesina, medio desfigurada e impresentable, que no dejar de recibir tortazos por parte de su captor. Toda una gozada a disfrutar. 

5.1.16

Recopilando (y II): Lo más peor del 2015

A punto de que los Reyes Magos entres en nuestros domicilios, tal y como les prometí hace unos días, hoy toca dar un repaso a lo que, para mí, ha sido lo peor de la cosecha cinematográfica del 2015. Sin más dilación y de menor a mayor desastre (o sea, del 10 al 1), aquí tienen la lista:

10.- Irrational Man. Woody Allen sigue empeñado en eso de ofrecernos una película por año, sea cual sea su inspiración. De hecho, su último film no es más que un aburrido y cansino (por conocido) compendio de todas las neuras que el autor ha ido volcando en su extensa filmografía. Y, para ello, se centra en un profesor de filosofía totalmente quemado y cansado de la vida quien, durante un verano en una Universidad de una pequeña ciudad a la que va a dar clase, y tras sintonizar emotivamente con una de las estudiantes, tomará una desequilibrada decisión que le dará sentido a su existencia. Más cercano en intenciones a Delitos y Faltas y Match Point que a otros de sus celebrados títulos, Allen no ofrece nada nuevo ni sorprendente al espectador, entrando otra vez en un juego en donde, a medio camino entre el melodrama y el thriller (sin apenas recurrir a su habitual sentido del humor), el azar se convertirá, por enésima vez, en su gran protagonista. Suerte de la moderación con la que Joaquin Phoenix (cosa rara en él) y Emma Stone afrontan sus respectivos personajes y que, en parte, ayudan a digerir mejor la insolvente propuesta.


9.- The Interview. A pesar de llegar precedida de una campaña en donde se remarcaba el malestar diplomático norcoreano ante la producción, la cinta, dirigida mano a mano por Evan Goldberg y Seth Rogen, no es más que una idiotez más de esas que protagonizan, de vez en cuando, el propio Seth Rogen en compañía de James Franco y que, en esta ocasión, dan vida a un par de periodistas televisivos que deciden viajar hasta Corea del Norte para entrevistar al líder de ese país en su programa, ocasión de oro que aprovecha la CIA para convertirlos en un par de asesinos profesionales y acabar la vida del dictador. O sea, humor descerebrado y de lo más barato al servicio de una especie de sátira política sobre el régimen totalitario de Kim Jong-un y del personaje en sí mismo y en donde, a duras penas, se puede salvar un solo gag. Los Chiripitifláuticos hubieran tenido mucha más gracia. Y es que, ¿a estas alturas se puede esperar algo bueno de la pareja Rogen-Franco?


8.- El Becario. Tras la cámara Nancy Meyers (la de ¿En Qué Piensan las Mujeres? y The Holiday) y, dando la cara, ese cargante Robert De Niro en plan comediante insufrible y la Anne Hathaway en su faceta más rosada y edulcorada. Un cóctel envenenado en donde el buenismo campa a sus aires de manera bastante ofensiva. Ella, la Hathaway, es una insoportable directora de una exitosa tienda de ropa on-line a la que le reclaman ponga a otra persona en la dirección de la empresa; él, el De Niro, un viudo jubilado que entra a trabajar como becario para convertirse en el asistente personal de ella. Más previsible, imposible. Los tópicos se asoman en pantalla a cada uno de los minutos de su extenso metraje. ¿Eran necesarias dos largas horas para no contar absolutamente nada nuevo?


7.- Marte. Ridley Scott hace tiempo que está encallado. Y Marte, su nuevo film, es una buena muestra de ello. Largo, aburrido, falso y absolutamente vacío. La excusa, la misión de rescate que se organiza para salvar a un astronauta que, tras haber sido dado por muerto por sus compañeros de forma errónea, se queda solo y abandonado una base espacial de Marte. Una carrera contrarreloj tan absurda como poco probable, a pesar del empeño del realizador en hacernos creer que todo lo expuesto está científicamente probado. Un prólogo pésimamente narrado y confuso, da paso a una soporífera primera hora en donde Matt Damon hace lo que puede (y más) para salvar su personaje. El resto del metraje, bastante más acelerado, resulta de lo más increíble que he visto en años. Bien podría haberse titulado Salvar al Astronauta Ryan.


6.- Operación U.N.C.L.E. Revisión cinematográfica de la mítica serie El Agente deC.I.P.O.L. que, dirigida por un poco inspirado Guy Ritchie, se carga de un plumazo el referente televisivo ya que, para empezar, se reinventa a sus dos personajes principales, Napoleón Solo e Illya Kuryakin, el primero como agente de la CIA y el segundo del KGB, al tiempo que los sitúa en el Berlín dividido en plena Guerra Fría de los años 60. O sea, nada que ver con el original de televisión; por no haber, no hay ni una mínima referencia al excelente tema musical que compuso Lalo Schifrin en su día. En su desmesura visual habitual, Ritchie olvida que su principal cometido es entretener, gastando todas sus energías en el envoltorio y en la ambientación de una época, mientras que las escenas de acción, siempre sincopadas (para no perder la costumbre), están metidas a cuentagotas. El contenido, en cambio, resulta de lo más vacío y estúpido que uno se puede tirar en cara, igual que sus patéticos chistes. Y para colmo, Napoleón Solo es idéntico a Toni Cantó. Caca de la vaca.


5.- El Niño 44. Tras la trepidante y entretenida El Invitado, Daniel Espinosa se sumerge en un abigarrado, truculento y ridículo thriller ambientado en la Rusia estalinista, lugar en el que un agente de la policía soviética, venido a menos por ser considerada su esposa una traidora al sistema, investiga la posibilidad de la existencia de un asesino en serie de niños. Mal escrita, peor dirigida y caóticamente interpretada. A Tom Hardy se le ve totalmente perdido a través de ese impostado acento ruso que suelta, mientras que Noomi Rapace sigue constatando que eso de la interpretación no acaba de ser lo suyo. Farragosamente larga, intenta abarcar demasiados temas sin centrarse nunca en ninguno de ellos, conteniendo incluso algún que otro pasaje que, siendo teóricamente tenso, lo único que consigue es provocar la carcajada del espectador. Penoso.


4.- Caza al Asesino. Un Sean Penn totalmente sobreactuado y un Javier Bardem igualmente pasado de rosca, son los principales y penosos ganchos de uno de los thrillers más rocambolescos y grotescos del año; cinta que tiene su escena cumbre y final en la mismísima plaza de toros Monumental de Barcelona, en plena corrida taurina, a pesar de que en Catalunya, desde hace bastantes años, se prohibió la celebración de la llamada Fiesta Nacional. Un despropósito descomunal, incapaz de brillar ni por sus actores ni por su confusa (aunque en el fondo muy simple, simplísima) historia, en la que un francotirador, años después de un trabajo en el Congo, se convierte en el blanco de un escuadrón con orden de capturarle y ejecutarle. Otra caca de la vaca más.


3.- Cincuenta Sombras de Grey. La traslación cinematográfica del millonario best seller de la escritora E. L. James, no es más que todo un catálogo gráfico de sadomaso light para marujonas. Por mucho morbo que quiera desprender a través de sus imágenes y siguiendo la misma estética videoclipera de la ochentera Nueve Semanas y Media a la hora de afrontar sus escenas (en teoría) más subidas de tono, se queda en un banal ejercicio de cine erótico totalmente descafeinado que tan sólo contentará a ese público adolescente (ante todo femenino) que busca historias romanticonas con dos protagonistas guapetones y, al mismo tiempo, a un montón de amas de casa, de las de misa cada domingo, que creerán haber sobrepasado los límites de sus creencias religiosas al aceptar, en silencio,  un montón de escenas de sadomasoquismo de lo más inocente y santurrón. 125 minutos imposibles de digerir, incapaces de poner a tono al espectador y que, en más de una ocasión, aparte de rozar el mayor de los ridículos, cae en los mismos tópicos de las más cursis historias de amor con las que el cine nos ha castigado. Y se teme una próxima secuela. ¡Mandan cojones!


2.- Autómata. Dirigido por Gabe Ibáñez (el mismo de Hierro), nos narra una historia (pésimamente explicada) enmarcada en un desolado mundo futuro en donde un agente de seguros investiga el asesinato de un robot. Dotado de un look visual inicial robado con todo el descaro de Blade Runner, la cosa cambia de aspecto (para ir a peor) cuando sus protagonistas salen de la ciudad para adentrarse en un desierto colapsado por altos niveles de radiación. Antonio Banderas ofrece una de sus peores interpretaciones en años (comparable a la de su insoportable papel en Los Mercenarios 3), mientras que gente como Melanie Griffith (¡por Tutatis, lo que fue de la Dolores!), Dylan McDermott o Robert Forster pululan entre autómatas como verdaderos zombis. Y lo peor es que el amigo Ibáñez, en su oferta, denota pretensiones de autor. Un despropósito al que no hay por donde pillarlo. Otra caca de la vaca más a sumar al carro.


1.- Puro Vicio. Todo un ejercicio de petulancia supina de Paul Thomas Anderson basado en la novela de Thomas Pynchon . Cine negro y con detective protagonista, está ambientado  en Los Ángeles de finales de los años 60, época en la que la psicodelia campaba a sus anchas y que se convierte en la excusa ideal para que el realizador californiano desbarre a tutiplén durante sus interminables dos horas y media de metraje. No negaré que sus primeros 45 minutos tienen su gancho, pero pronto da un vuelco y la historia propuesta se convierte en un desbarajuste inexplicable, lleno de incongruencias narrativas y espesas lagunas difíciles de superar, en las que se amontonan un sinfín de personajes a cual más alucinado y en nada perfilado. Una vez despertada la arrogancia autoral de director, la cosa empieza a caer en picado y, de ser una obra satírica en clave de cine negro, pasa a convertirse en un calco desmadrado de Miedo y Asco en Las Vegas. A todo ese despropósito, hay que sumarle el trabajo de Joaquin Phoenix, quien sigue fiel en su empeño de dar rienda suelta a su histrionismo nato y en su perseverancia en convertirse en el rebelde del Hollywood actual. Ya sería hora de que el amigo Anderson se fuera a tomar el pelo a otra parte. Más que Puro Vicio, Pura Caca… caca de la vaca.