30.8.16

Todo lo que usted siempre quiso saber sobre Gene Wilder pero nunca se atrevió a preguntar.

Ayer, tras montarse en el expreso de Chicago, Gene Wilder traspasaba una frontera que le alejaba de un mundo de fantasía en el que llegó a flirtear con gente como Bonnie y Clyde y el hermano más listo de Sherlock Holmes.

Los productores de Hollywood, al descubrirlo, se volvieron locos de remate y la mujer de rojo en persona y tras vivir una terrorífica luna de miel, le definió como el mejor amante del mundo.

Empiecen la revolución sin mí”, nos aconsejó ayer antes de partir mediante una fuga muy chiflada. Antes de seguir su recomendación y en compañía de el jovencito Frankenstein, nos aposentaremos en unas sillas de montar calientes y le daremos un largo y cálido adiós.


Descanse en paz, buen hombre. Y muchísimas gracias por las horas de alegría que nos regaló.

23.8.16

El atasco de la Enterprise


La tercera entrega de las precuelas de Star Trek iniciadas por J. J. Abrams, Star Trek: Más Allá, no va en ningún momento más allá, tal y como parece indicar su título, sino que se queda estancada en una historia mínima que no ofrece absolutamente nada nuevo al espectador.

Dirigida en esta ocasión por Justin Lin (el mismo de algunos de los trepidantes capítulos de Fast & Furious) y producida por el propio Abrams, la cinta se queda estancada en una aventura tan nimia que, al salir de la proyección, lo más fácil es que el espectador olvide en un abrir y cerrar de ojos toda la explosión de cromas y efectos especiales que acaba de ver. Y es que, de guión, hay bien poco, por no decir que casi, casi, resulta inexistente.


Los tripulantes de la nave espacial Enterprise, en su deambular por confines de la galaxia en busca de pactos con otras especies, se enfrentarán a un nuevo enemigo que, como siempre, estará a punto de desmantelar toda su estructura. O sea, nada nuevo que degustar. Lo mismo de siempre aunque con el agravante de que, a pesar del imparable ritmo que intenta imprimirle Lin mediante de un montaje tan acelerado que resulta imposible saber qué narices está sucediendo en pantalla, la película terminó por aburrirme soberanamente.

Los personajes se han quedado atascados y no avanzan. Todo cuanto ocurre y dicen, no es más que un déjà vu extraviado de las dos entregas anteriores, en general muchísimo más loables y entretenidas que ésta. Y ello sin citar ese desgraciado empeño por intentar darle un toque de comedia mucho más subido de tono y hortera que de costumbre; un error que achaco, posiblemente, a la mano directa del graciosillo de turno, un Simon Pegg que, aparte de su presencia como actor, forma parte de la cuadrilla de guionistas del invento (¡cinco tíos se han necesitado para escribirlo!).


La Enterprise se ha quedado sin gasolina. Ni Spock ni el capitán Kirk se muestran capaces de llenar el depósito. Demasiado tiempo intentando sacar provecho de la serie televisiva creada por Gene Roddenberry en los años 60, aparte de quemar el combustible, acaba agotando las ideas al más pintado. La gallina de los huevos de oro empieza a oler a chamusquina.

9.8.16

La extraña pareja


La verdad es que me acerque a Dos Buenos Tipos, la nueva película de Shane Black, con cierto recelo. Me temía lo peor. Estaba convencido que se trataría de una fantochada sin sentido alguno. Y, a pesar de ser una locura, la cosa tiene cierto estilo, entretiene, es graciosa y, para más coña, está surtida de un sinfín de guiños cinéfilos ciertamente curiosos. Todo un homenaje a las buddy movies de una época muy concreta que, ambientada con mucho cariño en la década de los 70, nos acerca a la investigación que un par de detectives inusuales de Los Ángeles llevan a cabo para descubrir el paradero de una joven desaparecida.


De hecho, Dos Buenos Tipos, sigue el estilo y conserva el mismo tipo de humor que su interesante (y también sorprendente) Kiss Kiss Bang Bang. Cambia a la pareja protagonista de ésta (Robert Downey Jr. Val Kilmer) por Ryan Gosling y Russell Crowe; el primero dando vida a Holland March, un detective patoso con muchas reminiscencias a lo Jacques Clouseau y el segundo, Crowe, interpretando a Jackson Healy, un matón reconvertido a investigador privado. Dos buenas actuaciones que, al mismo tiempo, potencian las inesperadas dotes cómicas del extraño dueto.


Diálogos ingeniosos, asesinatos, tiroteos, peleas y un toque de cine negro, envuelven un producto que, ante todo, cuida al cien por cien la ambientación de los años 70, empezando por esos guateques en donde las grandes figuras del Hollywood de aquel entonces se mezclaban con las estrellas del porno y en los que era muy fácil que los anfitriones musicales fueran los mismísimos Earth, Wind & Fire.

Un producto gamberro, lleno de momentos delirantes que, en todo momento y sin distorsionar en absoluto, se muestra capaz de mezclar el humor más comercial y tontainas con el humor más negro y destructivo, en donde el gag visual al más puro estilo Blake Edwards cobra un protagonismo especial. Un entretenimiento en estado puro, filmado y escrito sin complejos, que acabó atrapándome por completo desde sus primeros minutos de proyección.

3.8.16

Buddy movie jazzística


Miles Ahead significa el debut como director, en el campo del largometraje, del actor Don Cheadle. Y lo hace con un atípico biopic sobre la figura del mítico trompetista Miles Davis. Y digo atípico ya que, de hecho, más que una biografía al uso es un retrato, un tanto anárquico, del virtuoso músico, en el que se mezclan muchas de las virtudes y de los defectos del personaje, a ritmo de jazz y plasmado de forma sincopada, huyendo siempre de la narración lineal que arropa normalmente a este tipo de productos.

Las intenciones de Don Cheadle son buenas: romper esquemas y acercarse al controvertido músico de forma diferente. Aunque, en el intento por sorprender, hay demasiadas cosas que se le escapan de las manos ya que, el episodio central de la historia, es una alucinada del propia Cheadle como guionista que jamás sucedió en la vida real del compositor; una historia que, a modo de inesperada buddy movie setentera, acerca al espectador a las aventuras (más que improbables) que vivieron Miles Davis y un reportero del Rolling Stones para recuperar una cinta robada al primero y que supondría su primer álbum tras cinco años alejado de los estudios de grabación.

Un poco de comedia (bastante insustancial y estúpida) y un mucho de melodrama (insertado a través de sus constantes flashbacks), conforman el cuerpo argumental de Miles Ahead y en donde, dejando a un lado sus numerosos y delirantes errores, lo mejor de la función radica en la caracterización e interpretación que el propio Cheadle hace del virtuoso Miles Davis; un Davis al que, a pesar de la irregularidad con la que se le aproxima, es tratado con un cariño muy especia y sin dejar de plasmar su difícil y complejo carácter, sus múltiples excentricidades y sus devaneos con las drogas y el alcohol, así como la fallida y torturada historia de amor que vivió con la bailarina Frances Taylor. En contrapartida a su cuidada actuación, está su pareja de baile, un Ewan McGregor totalmente perdido y excesivamente apayasado en el rol de Dave Braden.


Un quiero y no puedo que se queda a medias tintas en casi todos sus aspectos. Aburre, su ritmo resulta totalmente erróneo y se pierde en un sinfín de cuelgues sin sentido alguno. ¿Comedia, melodrama, biopic, musical? Sencillamente, un cajón de sastre pésimamente ordenado.

Una lástima no haber explotado mejor el siempre tentador personaje del gran Miles Davis.

24.7.16

A punto de hibernación


Mike Thurmeier y Galen T. Chu han sido los directores encargados de llevar a cabo la quinta entrega de Ice Age, Ice Age: El Gran Cataclismo, una serie de animación que se inició en el 2002 y que ha ido mostrando las aventuras y desventuras de un grupo de animales que intentan sobrevivir a todo tipo de catástrofes climatológicas y geológicas desde la formación de la Tierra. Mamuts, zarigüeyas, perezosos, tigres y ardillas, entre otras muchas especies, se agrupan para hacer frente a todo tipo de desastres, siempre bajo un prisma (bastante dulzón) de glorificación de la unidad familiar.


Este episodio, uno de los más irregulares (por no decir directamente malos) de la saga, ya empieza a pedir a gritos que los responsables de la misma empiecen a pensar en la hibernación de la misma. La originalidad de los primeros capítulos ha desaparecido por completo, cayendo en la repetición abusiva de un sinfín de tics y tópicos ya demasiado conocidos por los espectadores.

En esta ocasión, la interesada ardilla Scrat, en su imparable persecución de una bellota para beneficio propio, con sus peligrosas piruetas provocará una serie de sucesos cósmicos que terminarán por amenazar al mundo de Ice Age con la caída de un asteroide; una ardilla que, a pesar de seguir siendo lo mejor y más divertido de la entrega (y aun conservando ese toque de homenaje a los cartoons más clásicos), empieza a resultar también un tanto cansina.

Quizá sea por ello que, en compensación a la falta de inspiración que demuestran los guionistas con Scrat, recuperan a la comadreja tuerta Buck (una especie de alter ego de Rambo), un personaje que vio la luz en su tercer capítulo (El Origen de los Dinosaurios) y que se olvidaron de incluir en el episodio anterior, el trepidante y más entretenido La Formación de los Continentes.


Excepto por momentos muy concretos (y en exceso aislados) y algún que otro (aunque poco sorprendente) guiño cinéfilo, El Gran Cataclismo avanza a ritmo muy lento. Almibarado, aburrido y con muy pocos alicientes en su haber. A Ice Age ya le empieza a pesar esa inevitable sensación de déjà vu que desprende. Renovarse o morir. O, en este caso y tal como he dicho anteriormente, lo mejor sería congelarse. Cuando ya ni las locuras de Scrat animan la platea, es mejor tirar la toalla.

19.7.16

Tiburón minimalista


Cerrada la trilogía con Liam Neeson de protagonista (Sin Identidad, Non-Stop y Una Noche Para Sobrevivir), el barcelonés Jaume Collet-Serra, afincado ya en tierras norteamericanas, con Infierno Azul se embarca en una serie B, plagada de efectivas cromas, deslumbrantes efectos digitales y filmada, en buena parte y aunque no lo parezca, en estudio, tras la que se esconde un minimalista homenaje al Tiburón de Steven Spielberg.

Y digo minimalista porque, aparte de estar rodada bajo mínimos, en su mayor parte de su breve metraje cuenta tan sólo con dos únicos protagonista: una surfista que acaba de quedarse varada en las aguas de una playa secreta y un tiburón blanco que la acosa para zampársela enterita. Dos protagonistas a los que, sin embargo, se les une un tercero en discordia: una gaviota herida a la que muchos, por puro entretenimiento, le están buscando toda clase de simbologías a su presencia.


Infierno Azul (pésima traducción de su título original, The Shallows, o sea, "aguas poco profundas") busca, clara y llenamente, el entretenimiento, sin más; tal cual. Y Collet-Serra demuestra ser un buen dominador del cine entendido como espectáculo, aunque que sea desde su vertiente más minimalista. En ningún momento pretende la grandilocuencia y el efectismo de la cinta referente de Spielberg, pero sí que se muestra como todo un experto a la hora de crear tensión y suspense en el patio de butacas.

Su digna y trabajada fotografía, sumada al poderío del realizador en la sala de montaje, a la acertada e inquietante banda sonora de Marco Beltrami y a la buena interpretación de Blake Lively (la misma de El Secreto de Adaline), consiguen que la película logre su principal y único propósito: mantener al espectador pegado en su asiento de principio a fin.


Lástima, de todos modos, de poseer un desenlace muy poco trabajado y un tanto precipitado, así como de una coletilla final muy made in USA y un tanto ridícula, metida por narices, a buen seguro, para ganarse al público norteamericano, muy dado a los toques con moralina y a la exaltación de los valores familiares por encima de todo.

Ideal para verla durante una de estas tardes calurosas que se nos avecinan. Fresquito en un cine con aire acondicionado y disfrutando con el chapuzón de 86 minutejos que se pega la Lively.

15.7.16

La niña que susurraba a los gigantes


Mi Amigo el Gigante significa el retorno de Steven Spielberg al cine familiar, ese cine que normalmente domina a la perfección. El guión de la recientemente desaparecida Melissa Mathison (la misma de E.T.) sobre la novela The BFG del prestigioso Roal Dahl publicada en 1982, sumada a la elección del gran John Williams para componer su (magnífica) banda sonora, apuntaba a que íbamos a encontrarnos ante una nueva y brillante fantasía orquestada por el Rey Midas de Hollywood.

Nada más lejos de la realidad. Todo se queda en su exquisita técnica cinematográfica, en el acierto de la atractiva fotografía de Janusz Kaminski y en 15 divertidísimos e ingeniosos minutos, bastante próximos al final de la cinta, en donde la reina de Inglaterra posee un protagonismo especial. Y es que, para narrar la amistad que surge entre una niña huérfana, Sophie, y un gigante bonachón que le hablará de las ventajas y desventajas de vivir en el País de los Gigantes, a Spielberg se le ha ido la mano en demasiados aspectos.

Su ritmo lento significa una enorme traba para que el público infantil (y también el más adulto) pueda conectar con la propuesta, consiguiendo, tan sólo con ello, que los más pequeños de la casa (y los más mayores también) acaben aburriéndose como marmotas e implorando que se acabe cuanto antes un cuento de casi dos horas de duración que, por otra parte, carece de alma y de magnetismo alguno.

En su monótona primera parte, insulsa a más no poder, tan sólo se muestra la relación que surge entre la niña y el coloso. No hay más que eso: un montón de aterciopelados (e incluso ridículos) diálogos entre ambos, que acaban por resultar de lo más tedioso y reiterativo. La cosa, aparte de algún que otro flamante detalle técnico, no avanza hacia ninguna parte. Los primeros bostezos empiezan a aparecer en la platea.


Su segunda hora, tampoco es que mejore mucho. Siguen los diálogos cansinos, el ritmo amuermante y la poca (o, mejor dicho, nula) fuerza narrativa. Los bostezos siguen, y en aumento, hasta que Spielberg, consciente de que el espectador se puede quedar totalmente dormido, a la falta de media hora para finalizar, nos regala un aislado cuarto de hora magnífico y gracioso para, en su recta final, volverse a columpiar de peor manera posible.

Dos horas insostenibles que, sin lugar a dudas, hubieran dado para un fabuloso cortometraje de media horita de duración. Ni se les ocurra llevar a sus pequeños a un tedio como éste.

8.7.16

El color del dinero


Con Money Monster, Jodie Foster vuelve a colocarse detrás de la cámara y, con la ayuda, delante de ella, de unos efectivos George Clooney y Julia Roberts, urde un entretenido thriller pseudopolítico en donde la economía y la corrupción van cogidas de la mano.

La cinta arranca cuando un joven desesperado entra en un plató de televisión y secuestra, en directo, al presentador y a los técnicos de uno de los programas estrellas de la cadena; un show, en clave de humor, en el que su principal responsable habla de economía y recomienda cierto tipo de inversiones a su audiencia con el riesgo que ello conlleva.


De hecho, Money Monster es un híbrido resultón de un montón de títulos fáciles de asociar, desde el contunde Tarde de Perros de Sidney Lumet, pasando por el Mad City de Costa-Gavras y desembocando en los más recientes Plan Oculto de Spike Lee y Cien Años de Perdón de Calparsoro. No es un film brillante, pero se ve con agrado y destaca, ante todo, por el vibrante pulso narrativo que le impone Foster y un trepidante montaje que no deja tiempo al aburrimiento para el espectador.


Lo peor del film es que, en general, su trama no resulta muy creíble del todo. Jodie Foster logra mantener la atención de la platea pero, al terminar la proyección, uno sale con la extraña sensación de que algo no cuadra en la propuesta. La tensión acumulada durante su (controlado) metraje nunca llega a tener un golpe de efecto irrevocable, mientras que sus mínimos (y necesarios) apuntes críticos a la corruptela dentro del sistema económico actual, resultan en exceso descafeinados.


Un quiero y no puedo que, sin embargo, está filmado con garra y estilo y, al mismo tiempo, aparte de ser un estimulante ejercicio cinéfilo lleno de referentes, nos ofrece un par de interpretaciones de altos vuelos, Clooney y Roberts, que dejan al tercero en discordia, Jack O’Connell (el secuestrador), a unos puntos por debajo de ellos.

5.7.16

Marcianada

Ya en 1996 Roland Emmerich castigó a las plateas de todo el mundo con Independence Day, una cinta en la que se narraba, de forma muy desacertada y a través de un tono exacerbadamente pro yanqui, una invasión extraterrestre en todo regla; un producto lleno de ridiculeces y de metraje exagerado (casi dos horas y veinte de proyección) al que Tim Burton, ese mismo año y de manera genial, le dio la vuelta por completo a través de su divertida Mars Attacks!.


20 años después, Emmerich vuelve a probar fortuna con su secuela, Independence Day: Contraataque, una nueva vuelta de tuerca sobre el mismo tema, aunque en 3D y mediante un festival de efectos especiales mucho más conseguidos que en su primera entrega. El resto es más de lo mismo: las mismas ridiculeces, idéntico canto patriótico y alguna que otra gotita humorística de lo más patética.


Para aderezar la marcianada, repite con algunos de los personajes del film anterior. Bill Pullman, que en la primera encarnara a un presidente de los EE.UU. dispuesto a combatir en primera línea a los alienígenas, refrenda el mismo rol, aunque ahora desde el punto de visto de un ex presidente hippioso y de modo no muy convincente, mientras que Jeff Goldblum vuelve a interpretar a un experto científico al que nadie hace ni puto caso, al tiempo que, entre otros, vuelve a contar con la presencia del profesor chiflado al que ya diera vida Brent Spiner. De propina, hay que contar con un montón de actores de la nueva generación de lo más soso e inconsistente, aunque por suerte, sin la presencia de Will Smith, nos ahorramos las sarta de gracias y chistes malos con que los nos torturó en su día. La verdad es que es una pena ver pasearse por este circo y más perdida que un gusano en un plaza de toros a la pobre de Charlotte Gaingsbourg en un papel de lo más innecesario.


La película no va más allá de los efectos especiales. Pura digitalización sin más materia prima. Su guión resulta de lo más absurdo (¡y eso que constan 5 tíos acreditados como guionistas!) y, tratándose en teoría una película  fantástica de acción, su falta de ritmo acaba por aburrir hasta a las musarañas. 

Nada. Nada de nada. Mucho querer epatar con sus imágenes, pero Emmerich sigue sin dar pie con bola. Y amenaza con una tercera parte.

3.7.16

El hombre que mutó

Se instaló en Manhattan Sur y se hizo amigo de Harry,el fuerte. Con éste y un cazador, viajaron hasta la puerta del cielo, lugar en el que, con la ayuda de un siciliano, consiguieron un botín de 500.000 dólares tras haber vivido 37 horas desesperadas. Unas naves misteriosas llegadas del espacio exterior y patrulladas por un sunchaser (cazador del sol) le abdujeron y, unos años después, fue devuelto a la Tierra convertido en Silvia Munt después de haber sufrido una extraña mutación.


Atendía por Michael Cimino y ayer nos abandonaba a los 77 años de edad.

Descanse en paz.

5.5.16

¿Qué hizo él para merecer esto?

Un grupo de mujeres al borde de un ataque de nervios, le vio ayer poner manos a la obra tras tomarse unas cuantas tapas en el bar Antártida. Tras avistar un número considerable de platillos volantes, se colocó 800 balas al cinto y, a voz en grito, chilló:”¡¿Qué he hecho yo para merecer esto?!”. A continuación pilló un taxi y, por pelotas, emulando las locuras de Don Quijote, se fue para siempre pensando “¿de qué se ríen las mujeres si desde que amanece apetece?”.


Atendía por Ángel de Andrés López. Ayer nos abandonó a los 64 años de edad. 

Descanse en paz, buen hombre.

5.4.16

La vida no será la misma sin Chus


Ahora ya puede pasar total de nosotros.

Descanse en paz, buena mujer.

26.2.16

Flirteando con los nominados

A un par de días de la ceremonia oficial de los Oscar, les propongo un repaso definitivo a la mayoría de nominaciones habidas y por haber.

45 Años (nominada a mejor actriz principal: Charlotte Rampling). Un film sencillo aunque efectivo que retrata, a través de un tiempo pausado y una mirada íntima y aséptica, la relación de un matrimonio entrado en años que está a punto de celebrar su 45 aniversario como pareja. Ella (una espléndida Rampling) aún es una mujer activa y con ganas de hacer cosas; él, es ya un hombre cansado, con una dolencia cardiaca y que está pasando por un mal momento psicológico ya que, días antes de la celebración, recibe una carta notificándole el haber encontrado el cuerpo congelado e intacto, en los Alpes suizos, del que fuera su primer gran amor. Toda ella muy british (con campiña incluida) y totalmente resaltable por el perfecto duelo interpretativo entra la actriz nominada y su pareja, un encomiable Tom Courtenay.

Brooklyn (nominada a mejor película, mejor guión adaptado y mejor actriz principal: Saoirse Ronan). Una historia correcta y totalmente funcional que, sin embargo, nos cuenta una historia vista miles de veces en la gran pantalla: la de una joven irlandesa que, en los años 50, decide emigrar a los EE.UU. para instalarse en el neoyorquino barrio de Brooklyn. Con el corazón aún residiendo en su país natal, poco a poco irá entrando en las formas y maneras de vivir de los habitantes de Nueva York, hasta que un hecho inesperado la obligue a regresar a su pequeño pueblo irlandés. Más de lo mismo y con una Saoirse Ronan que, pese a su nominación, se queda encallada en un registro tan facilón como cansino: el de poner cara de apenada a lo largo y ancho de sus casi dos horas de proyección. Difícil resulta entender las nominaciones a mejor película y mejor guión.

Carol (nominada a mejor guión adaptado, fotografia, vestuario, música y a mejor actriz principal y secundaria: Cate Blanchett y Rooney Mara, respectivamente). Basada en la novela The Price of Salt de Patricia Highsmith (que la autora firmó bajo seudónimo en su tiempo) narra la relación sentimental que se establece entre dos mujeres en el New York de los años 50, tiempo en el que la sociedad no aceptaba de ningún modo el concepto de homosexualidad. Carol es una mujer madura, casada y con una hija; Therese es una joven veinteañera, empleada en unos grandes almacenes y que acaba descubriendo el amor verdadero en la persona de Carol. Film sobrio e inteligente que se aproxima de frente a un tema que durante años fue considerado tabú y que cuenta con las estupendas interpretaciones de una Blanchett deslumbrante y una Rooney Mara fuera de serie dando vida, esta última, a una joven confusa y asustada al mismo tiempo. Lástima de la frialdad y distancia con la que la cámara de Todd Haynes se aproxima a sus dos principales personajes. Sería todo un puntazo que ambas actrices consiguieran la estatuilla dorada por sus dos inolvidables creaciones.

Creed. La Leyenda de Rocky (nominada a mejor actor secundario: Sylvester Stallone). Stallone vuelve a materse de nuevo en el cuerpo del legendario Rocky Balboa, un boxeador retirado que regenta un pequeño restaurante y que saldrá finalmente de su letargo voluntario cuando se decida a entrenar a una joven promesa de los cuadriláteros: el hijo putativo del que fuera su gran amigo Apollo Creed. La película aburre soberanamente, ya que se trata de una colección de tópicos de lo más alarmante, pero es la manera más cómoda (visto que Sly ya está hecho unos zorros) de seguir alargando la franquicia de Rocky hasta la saciedad. Él, a pesar de su pésimo aspecto físico, demuestra haberse convertido por fin en actor (cosa que ya se intuía en la interesantísima Cop Land), mientras que el pequeño hijo de Creed, Michael B. Jordan, no pasa de ser una mera figurita de lo más inexpresivo y soso. Dos horas y cuarto totalmente innecesarias: toda una fábrica de bostezos que, a pesar de los pesares, podría conseguirle ese preciado Oscar a Stallone que ya estuvo a punto de acariciar con su primer Rocky.

Joy (nominada a mejor actriz principal: Jennifer Lawrence). Tercera colaboración entre el realizador David O. Russell con Jennifer Lawrence tras El Lado Bueno de las Cosas y La Gran Estafa Americana. Y, en esta ocasión, totalmente insoportable. Tanto la película, en sí misma, como por la interpretación de una engreída Lawrence capaz de crispar al espectador más tolerante. Sin saber bien si decantarse por la comedia o el melodrama, O. Russell opta por una infumable mescolanza de ambos géneros para narrar la (nada atractiva) vida de la que se convirtiera en reina de las teletiendas y, a su vez, en una empresaria capaz de tirar adelante a su disfuncional familia. Lo del sueño americano y la oportunidad para todos ya empieza a apestar. Y de propina, por si no tienen suficiente, la endeblez inaguantable de Bradley Cooper (otro habitual del dire) y las sobrecargadas muecas de De Niro. Dos horas de martirio asegurado. Para salir huyendo.

La Chica Danesa (nominada a mejor actor principal y mejor actriz secundaria: Eddie Redmayne y Alicia Vikander respectivamente). Si el año pasado Redmayne obtuvo el Oscar por dar vida a Stephen Hawking, en esta ocasión lo vuelven a nominar por ponerse en la piel de Einar Wegener, el primer transexual reconocido en el mundo bajo el nombre de Lili Elbe. Lo que debería ser una mirada emotiva y profunda sobre la valentía de Einar, acaba siendo un film tan plomizo como absolutamente distante con sus personajes. Y es que Tom Hooper, su director, no acierta en absoluto en el modo de acercarse a una historia que, pese a sus buenas intenciones (que de haberlas, haylas), acaba aburriendo al más pintado. De nada sirven los esfuerzos (más bien mínimos) de Redmayne y Vikander para crear a sus respectivos personajes.

La Gran Apuesta (nominada a mejor película, dirección, guión adaptado, montaje y actor secundario: Christian Bale). Adam McKay, su director, nos acerca a varios personajes que, desde distintos focos, supieron anticipar la gran catástrofe económica mundial del 2008. Un pretencioso juego didáctico (del que no se entiende casi nada por culpa de un lenguaje difícil de comprender para el gran público) cuyo único interés reside en las caracterizaciones físicas (en general, demasiado exageradas) de sus numerosos protagonistas: Ryan Gosling, Steve Carell, Brad Pitt o un desmadrado Christian Bale, entre otros. A pesar del ritmo que le imprime a su montaje y del cinismo que desvela algunos de sus pasajes, el invento resulta de lo más plomizo. A pesar de sus intenciones, poca cosa (en términos económicos) descubre al espectador. Sobre el mismo tema, mucho más profunda, clarificadora y menos artificiosa resultaba la demoledora Margin Call.

La Habitación (nominada a mejor película, dirección, guión adaptado y actriz principal: Brie Larson). Una primera bastante pretenciosa y difícil de digerir, tanto por su hermetismo escénico como por la manera de estar filmada y narrada, da paso a una segunda parte mucho más convencional aunque igual de dura y contundente que su (excesivamente) largo fragmento inicial. Dirigida por el dublinés Lenny Abrahamson, cuenta la cáustica experiencia de una joven que tras ser secuestrada, pasará siete años de su vida encerrada en una pequeña habitación, lugar del que saldrá fortuitamente al exterior en compañía de un hijo de 5 años; un niño que nunca antes había estado en contacto con el mundo exterior. Pretendidamente transgresora, cruda y -siguiendo con la tónica de las nominadas de este año-, soberanamente aburrida. Lo mejor, sin lugar a duda, se encuentra en el espléndido y difícil trabajo interpretativo de Brie Larson, la joven que da vida a la madre secuestrada y que se ve perfectamente apoyada y compensada por el pequeño Jacob Tremblay, al que injustamente no se ha nominado.

Spotlight (nominada a mejor película, dirección, guión original, montaje y actor y actriz secundarios: Mark Ruffalo y Rachel McAdams). Tom McCarthy, su director, se acerca a la investigación llevada a cabo por el equipo Spotlight del Boston Globe que destapó a todo el mundo el encubrimiento que, durante décadas, realizó la Iglesia Católica sobre los numerosos casos de pederastia en el seno de la misma. Un film necesario e interesante al que, sin embargo, le falta poner toda la carne en el asador y entrar más a saco en muchos (demasiados) aspectos, aparte de que su dirección, sin alma alguna. resulta tan plana que, por momentos, parece un producto realizado directamente para televisión. En manos de un Costa-Gavras, por ejemplo, otro gallo nos hubiera cantado.

Steve Jobs (nominada a mejor actor principal y mejor actriz secundaria: Michael Fassbender y Kate Winslet respectivamente). Una nueva vuelta de tuerca sobre el personaje de Steve Jobs para la cual Danny Boyle, su director, se apoya en la pirueta argumental escrita por el todoterreno Aaron Sorkin, resumiendo la vida y miserias del mecenas de la informática en tres únicos actos, ambientados todos ellos entre bambalinas, justo antes de las presentaciones a la industria del sector de algunos de sus productos. Una propuesta un tanto pedantilla (otros dirán que curiosa y brillante), difícil de digerir y que, a mi gusto, tan sólo coge algo de interés en su tercer y último acto. De paso y aprovechando la coyuntura, aprovecho para dejarles bien claro que no puedo con el Michael Fassbender de las narices. ¿Pero qué cojones le encuentran a este hombre?

Otras nominadas:

Del Revés (mejor película de animación y guión original) – ver crítica.

El Puente de los Espías (mejor película, guión original, música, mezcla de sonido y actor secundario: Mark Rylance) – ver crítica.

El Renacido (mejor película, dirección, fotografía, montaje, vestuario, maquillaje, mezcla de sonido, montaje sonoro, efectos visuales, diseño de producción y actores principal y secundario: Leonardo DiCaprio y Tom Hardy) – ver crítica.

Los Odiosos Ocho (mejor fotografía, banda sonora y actriz secundaria: Jennifer Jason Leigh) – ver crítica.

Mad Max: Furia en la Carretera (mejor película, dirección, fotografía, montaje y vestuario) – ver crítica.

Marte (The Martian) (mejor película, guión adaptado, mezcla de sonido, montaje sonoro, efectos visuales, diseño de producción y actor principal: Matt Damon) – ver crítica.

Sicario (mejor fotografía, banda sonora y montaje sonoro) - ver crítica.