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4.12.09

Malamadre no hay más que uno

Se me escapó en su pase por el Festival de Sitges, pero finalmente lo he podido recuperar. Se trata de Celda 211, el nuevo trabajo de Daniel Monzón, un realizador que aún no me había convencido en absoluto con sus propuestas. Incluso La Caja Kovak, su film más reputado hasta el momento, me parece totalmente sobrevalorado. Lo de esta celda, sin embargo, es otra historia.

Amparándose en la novela de Francisco Pérez Gandul, Monzón orquesta su mejor cinta. Su inicio es impactante; tiene garra y promete mantener al espectador enganchado. Y cumple con su promesa. La adrenalina fluye tanto desde la pantalla como desde el patio de butacas. De toda la vida, en el cine, el tema carcelario ha ofrecido grandes dosis de morbo. Si se juegan bien las fichas, como ocurre en este caso, la cosa funciona de mil maravillas.

Véanlo sino: un funcionario novato en presidio, un motín inesperado, un secuestro con connotaciones políticas y un personaje de antología: el Malamadre, el rey de los quincorros, la inteligencia suprema de entre los internos. No negaré que, en este aspecto, la cosa tiene truco. Y el truco se llama Luis Tosar. Tosar es Malamadre, el (casi cantado) Goya al mejor actor de este año. Y es que el hombre, a través de ese insano, aunque al mismo tiempo magnético personaje, está que se sale. Añádanle a este tipo la peculiar cohorte de la que se rodea -un grupo de subordinados que parecen escapados del Todos a la Cárcel-, y sabrán lo que vale un peine. Pero aquí, al contrario que en el film de Berlanga, no hay coñas marineras que valgan; aquí, lo que hay, es muchísima mala leche.

El desarrollo tiene algunos puntos oscuros (no muchos) y ciertos detalles poco creíbles pero, en general, la propuesta aguanta de narices. Lo cierto es que resulta tan brillante y acertado el dibujo del Malamadre de marras que, por sí solo, con su presencia, ya llena dos terceras partes de la película. Tanto da que hayan pequeñas fisuras narrativas o pasajes que no terminan de colar: Malamadre y sus tatuajes son más que suficientes. Y allí, en segunda fila, sumisos, aunque cumpliendo a la perfección, gente como Antonio Resines, Carlos Bardem o el debutante Alberto Ammann, dejándose arrollar y arrinconar por el genio interpretativo de un Tosar iluminado.

Malamadre es Celda 211. Y Celda 211 es la película española del año. Monzón ha madurado y, por fin, me ha cautivado.

1.12.09

Plenilunio

La primera vez que vi a Paul Naschy en persona fue en el 96, ahora hace unos 13 años, en el hall del hotel Meliá, durante el Festival de Cine de Sitges. El hombre, con todo su equipaje a punto, esperaba un taxi que le llevara hasta el aeropuerto del Prat. Marchaba airado del Festival, pues aseguraba que había sido insultado por gente afín a la directiva. El certamen, por esos días, pasaba por una de sus etapas más problemáticas. Eran tiempos oscuros; los tiempos de Àlex Gorina al frente del cotarro; tiempos de aparcar a un lado el fantástico y apostar por un cine más cultureta y pedante. Por supuesto, la caspa hispánica no les molaba en absoluto y Naschy, con la excusa de una retrospectiva sobre cine fantástico español, había sido invitado al lugar casi en calidad de hazmerreír. Pero el bufón no estaba para bromas. Puso la directa y desapareció, asegurando que nunca jamás volvería a pisar Sitges.

Gracias a Ángel Sala, el cine de género regresó a Sitges. Y con él, Paul Naschy. La caspa volvía a ser aceptada como es debido en la Blanca Subur. Durante esta última edición, tuve la oportunidad de cruzarme con nuestro particular hombre de las mil caras en diversas ocasiones. Su exilio voluntario había terminado, aunque su vuelta fuera ahora en silla de ruedas. Estaba contento de sentirse querido. A su alrededor, siempre una legión de jóvenes entusiasmados. Y él allí, en el centro, ejerciendo de estrella mimosa: firmando autógrafos, concediendo entrevistas, posando para fotografías personales. Todo un mito que se recomponía con el calor del público.

Menos de dos meses después y tras un largo año acarreando un cáncer terminal, hoy, a los 75 años de edad, nos ha dejado. Por fin descansa en paz. Con él también se ha ido Waldemar Daninsky, su personaje más emblemático; ese ser torturado que, en casi una docena de películas y durante las noches de plenilunio, sufría brutales transformaciones que le convertían en hombre lobo. Hoy, curiosamente, también es noche de luna llena. A eso de la medianoche, asómense al balcón y posiblemente se conviertan en testigos de excepción del último paseo del amigo Daninsky.

FECINEMA 2009: Los largos (y II)

Un Prophete fue el largometraje ganador de la sección oficial de cine negro del Fecinema, una cinta franco-italiana, de corte carcelario y dirigida por Jacques Audiard. En ella, y a través de un abusivo uso de la cámara en mano (con el fin y efecto de acercarse al cinéma vérité, aunque termine por marear al espectador), se narra la historia de Malik, un joven árabe que ingresa en prisión por un delito menor y que, con el paso del tiempo y siempre dentro de presidio, termina por convertirse en un personaje ciertamente peligroso. Una acertada crítica sobre la nula reinserción que ofrecen los centros penitenciarios pero que, a mi parecer, y una vez sobrepasada la primera media hora de proyección, se pierde por culpa de su abusivo metraje (155 minutos inacabables) y, ante todo, por el ingente número de personajes y nombres que pululan por la pantalla, lo cual, inevitablemente, hace que resulte un tanto dificultoso el seguimiento de su complicada (y no del todo creíble) trama argumental. Un poco más de concreción le hubiera sentado la mar de bien.


El llamado Asesino de la Ballesta también estuvo presente en el certamen gracias a Las Dos Vidas de Andrés Rabadán, la ópera prima del catalán Ventura Durall y, curiosamente, co-escrita por éste y el protagonista del suceso en la vida real, el Andrés Rabadán del título, un joven que ingresó en prisión acusado de acabar con la vida de su padre con la ayuda de una ballesta y de provocar el descarrilamiento de varios ferrocarriles. La película analiza el proceso de redención del personaje durante sus años de internamiento y, por extensión, la relación que se estableció entre éste y una de las asistentes del centro. Lo mejor de la cinta (que a priori, todo hay que decirlo, no me llamaba en absoluto la atención) se localiza en el buen hacer de su pareja protagonista (Àlex Brendemühl y Mar Ulldemolins), el tono intimista del relato y su sencilla puesta en escena. A pesar de sus buenas intenciones, alguna que otra laguna narrativa empaña sus ansias de transparencia a la hora de acercarse a los hechos reales.

Dejando a un lado Los Condenados (película española de Isaki Lacuesta, filmada entre Catalunya y Perú y a cuyo pase no pude asistir) y cerrando la sección oficial, una graciosa comedia francesa muy a lo Flint, Agente Secreto. O sea, una sátira, con todas las de la ley, sobre la filmografía de James Bond y similares. Su título, OSS 117: Rio Ne Répond Plus, clara continuación de OSS 117: El Cairo, Nido de Espías, una cinta que se convirtió en todo un éxito de publico hace unos tres años en el país vecino y que, al mismo tiempo, ya recuperaba a un personaje cinematográfico de antaño. Entretenida y cargada de buenos gags, vale la pena destacar de ella su cuidada estética sesentera y, ante todo, los chistes que se saca de la manga aprovechando una línea visual muy típica de esos años, tal y como sucede, por ejemplo, con las particiones de pantalla para exponer varias acciones al mismo tiempo. Espías tontorrones, chicas en bikini y nazis pasados de rosca. Un entretenimiento, nada desdeñable, en toda regla. Francamente, esta fue una sorpresa inesperada.

En el apartado de cine fantástico, Manresa proyectó el desbarajuste de Lesbian Vampire Killers, el premio del público en el último festival sobre el género de San Sebastián y cuyo único interés (qué ya es mucho, teniendo en cuenta el patetismo general de la cinta) reside en la tentadora legión de vampiras tortilleras y a su funcional y pequeño prólogo, un simpático homenaje al Drácula de Coppola. El inexplicable fenómeno de Paranormal Activity (película de la que me escapé a la media hora de proyección en el pasado Sitges), el aburrido (aunque bienintencionado) The Road o la sinrazón de Infestation (una aborrecible comedia zetosa con toques gores), fueron algunos de los otros productos que se programaron dentro de esta sección paralela.

El Festival de Manresa sigue en pie. Los organizadores del evento piensan regresar de nuevo el próximo año. Desde luego que se lo merecen. Y muchísimos más. Por mi parte, espero repetir en un montón de ocasiones. Atrás quedan unos días deliciosos compartiendo mesa, copas y vivencias con la gente e invitados del lugar. Una maravilla de personal, sí señor. Y desde aquí, y muy en concreto, un par de besazos en la frente a dos personajes únicos y encantadores que, procedentes de Ventdelplà, nos alegraron toda una jornada a mi santa y a un servidor: Mar Ulldemolins y Dafnis Balduz.

28.11.09

FECINEMA 2009: Los largos (I)

El Fecinema abrió sus puertas con Tenderness, un insustancial largometraje que, en España, se ha estrenado con el abominable subtítulo de “la ternura del asesino”. En él, Russell Crowe interpreta a un policía obstinado que, marcado por un hecho de su vida privada, se empecina en pillar in fraganti a un adolescente que acaba de cumplir condena acusado de haber asesinado a sus propios padres. Una joven se interpondrá entre el detective y el ex convicto.

John Polson es su realizador, el mismo de la también fallida El Escondite; un hombre que, a pesar de sus esfuerzos por enlazar su film con cintas clásicas (Un Lugar en el Sol o Que el Cielo la Juzgue son sus referencias más evidentes), se queda a medio camino en sus intentos por conseguir un trabajo mínimamente digno. Una cinta aburrida, sin alma y con un look excesivamente televisivo. Lo mejor, sin lugar a dudas, es la atemporalidad con la que la ha afrontado y la presencia (en este caso descafeinada) de un tipo de la talla del oscarizado protagonista de Gladiator.

A priori, la clausura, con la proyección de La Cinta Blanca de Michael Haneke, parecía mucho más interesante. Pero tan sólo lo parecía. La película del realizador de Funny Games, no es más que un peñazo de mucho cuidado. Dos horas y media del Haneke más colgado; de ese Haneke que es capaz de aguantar decenas de inamovibles planos innecesarios, filmados con cámara fija, en silencio y sin que ocurra nada de nada en pantalla. Una pura exhibición de petulancia cinematográfica que, para lo único que sirve, es para destrozar las buenas intenciones de la historia que propone.

Ambientada, pocos días antes del inicio de la 1ª Guerra Mundial, en una pequeña aldea alemana y rodada en blanco y negro, el realizador germano acerca al espectador a lo que bien podría significar el nacimiento del nazismo. Un montón de sucesos extraños y violentos se suceden en el lugar. Accidentes inesperados, secuestros, torturas… El mal rollo está servido. La lucha de clases y el conflicto generacional quedan más que latentes en las desgracias de la aldea. Niños maltratados, mujeres insatisfechas, machotes prepotentes. De todo y más en el lugar. El tema promete; es evidente. El problema estriba en que la película nunca acaba de arrancar, sobrándole metraje por todos lados. El aburrimiento está servido y cuanto ocurre lo hace a medias tintas. El indiscutible preciosismo de la imagen está reñido con la falta total de ritmo. Una horita menos de duración le habría sentado de narices.

Five Minutes Of Heaven fue uno de los títulos que se pudo ver en la sección oficial de cine negro. Una nueva vuelta de tuerca a una de las constantes del cine procedente de Irlanda: el de las convulsas luchas entre católicos y protestantes en el Belfast de hace unas décadas. A pesar del tono discursivo que adquiere en su última parte, esta fue una de las propuestas más interesantes del certamen. Narrada en tres actos, Olivier Hirschiegel, su director, afronta una historia en donde el sentido de culpabilidad, el odio y la búsqueda del perdón cobran un fuerte protagonismo. La excusa es un debate televisivo que pretende situar, cara a cara, a un antiguo miembro del Ulster Volunteer Force y al hermano de una de sus víctimas. A un lado, la sobriedad de Liam Neeson; al otro, el flirteo con la sobreactuación de James Nesbitt. El equilibrio perfecto para jugar con los sentimientos contrapuestos de ambos personajes.

Otro título atractivo fue Jar City (Mýrin), una producción islandesa que, dirigida por un tal Baltasar Kormakur, destaca, ante todo, por la dureza y frialdad con las que trata a sus personajes. Ya se sabe, un país gélido normalmente da películas aún más gélidas. Malos rollos familiares y experimentos genéticos se esconden tras un crimen que pretende resolver un solitario inspector de la policía de Reykiavik, cuya investigación le trasladará hasta unos sucesos acaecidos 30 años antes. Un consistente guión, en donde sobresale su acertado manejo del flash-back, avala un trabajo que se muestra ciertamente demoledor con la condición humana. Añádanle un hermético tono grisáceo y un par de sutiles toques gores y sabrán lo que es bueno.

Film Noir y el Bad Lieutenant de Herzog fueron otros de los títulos de la sección oficial de cine negro y que, en su día, ya se comentaron en esta página. La primera, a raíz de la inauguración del Fecinema el año pasado; la segunda, debido a su pase en el reciente Festival de Cine Fantástico de Sitges. El resto de propuestas ofrecidas en Manresa serán comentadas en un nuevo post.

25.11.09

FECINEMA 2009: Los cortos

Tras cinco jornadas con el gas a fondo, el lunes dejé Manresa y regresé a Barcelona. Resfriado, afónico y cansado, pero feliz de haber estado una vez más en el Fecinema, un Festival pequeño pero con un calor humano difícil de igualar. Ahora toca recuperarse y recapacitar sobre los films vistos.

Teniendo en cuenta que mi papel en el certamen fue como miembro del jurado de cortometrajes, es casi obligatorio empezar citando al corto ganador, Parking, un trabajo trepidante, cargado de humor y filmado con una elegancia exquisita. Tal y como indica su título, un aparcamiento subterráneo es el escenario en el que transcurre la breve (aunque tensa) historia que nos plantea Jordi Molina, su director y guionista, y en donde un yuppie estresado y un tanto jetas, se verá envuelto en un comprometido episodio. A partir de aquí, sobran las palabras. Lo mejor que pueden hacer es darle al siguiente link y disfrutar de él en su integridad. Juzguen por ustedes mismos.

La cinta de Molina fue la que se hizo con el premio Plácido correspondiente, aunque no estuvo sóla en la decisión del jurado, ya que el cortometraje Parenthesis también obtuvo una mención especial, tanto por su originalidad como por su brillante puesta en escena. La película, filmada mediante un único y espléndido travelling, significa el debut tras la cámara del actor José Luis García-Pérez. La voz en off de una mujer, saliendo de un contestador telefónico, es la clave principal de una cinta que, a duras penas, llega a los cinco minutos de duración y en la que Eloy Azorín realiza una colaboración especial.

Abajo les dejo con una fotografía en la cual, junto a Carlos Ortega KOP (director del certamen), podrán apreciar a los cinco integrantes del grupo salvaje que otorgó el premio al mejor corto.

De izquierda a derecha: Rafael Maluenda (presidente del jurado y director del Festival de Cinema Jove de València), Carlos Ortega KOP, Miguel Fernando Ruiz de Villalobos (crítico de cine), Spaulding, David C. Hall (escritor de novela negra) y Enric Tierz García (miembro de la junta del Cine Club Manresa)

En el próximo post, si la autoridad y el tiempo lo permiten, les hablaré de los largometrajes.

18.11.09

En tierras de Plácido, again

Esta noche, a las nueve, con la proyección de un thriller protagonizado por Russell Crowe, Tenderness, se abre la XI edición del Festival de Cine Negro de Manresa (Fecinema), un certamen que año a año va ganando más adeptos y, lo que es más importante, el necesario respaldo del público.

Durante los cinco días que dura el evento, estaré en tierras manresanas, justo hasta que se cierre con el pase de El Lazo Blanco, el último título de Haneke que fue premiado en Cannes con la Palma de Oro. En esta ocasión, lo haré ejerciendo como jurado de cortometrajes. Mucho cine y un montón de relaciones sociales. Reencontrarse con la parroquia habitual, les puedo asegurar que es todo un lujo. Un país frío pero con una gente que desprende un calor humano incomparable.

La próxima semana, cuando regrese a Barcelona, les pondré al día de lo que ha significado el festival. Mientras tanto, un fuerte abrazo a todos ustedes… que yo, de nuevo, me apunto a lo del gañote.

14.11.09

Cita a ciegas

Hace unas cuantas semanas, recibí un email invitándome amablemente a presentar El Infierno del Odio, de Akira Kurosawa, en un cine club de reciente creación en Calafell (Tarragona). Ni corto ni perezoso, ante tal propuesta, puse manos a la obra y me hice con una copia del título para darle un vistazo.

Pues nada, ya saben. Si andan cerca de Calafell, les apetece conocer la película de Kurosawa y verme en acción, mañana es el día. Si se acercan por el lugar, dense a conocer. Será un place estrecharles la mano y (si es posible) estamparles un beso en la frente.

Les dejo con el cartel publicitario que me han hecho llegar los integrantes del Cine Club Koniec. Ahora les dejo. Me voy a hacer los deberes.

11.11.09

Encallado

Woody Allen regresa a su Nueva York natal para entonar la misma canción de siempre. Su título, Si la Cosa Funciona. Y, de hecho, sin ser nada del otro mundo y repitiendo sus esquemas habituales, la cosa le funciona un poco mejor que en su anterior título, esa postalita turística y sin contenido a la que bautizó como Vicky, Cristina, Barcelona. De todos modos, hay que reconocer que no supone un mérito excesivo el lograr un producto mínimamente más potable que el protagonizado por Bardem y la .

En Si la Cosa Funciona, Allen, por enésima vez, vuelve a hablarnos de la pareja y las relaciones humanas. Poca variación hay entre ésta y otras cintas suyas. Quizás el personaje principal sea mucha más mezquino que en anteriores ocasiones, razón por la cual (en un claro acto de cobardía) ha rehusado darle vida a su protagonista principal, encargándole tal misión a Larry David, un cómico de procedencia televisiva cuyas principales dotes son gesticular de modo exagerado y hablar a cien por hora. Un alter ego, soberbio y prepotente, que conducirá al espectador por caminos que ya le suenan demasiado: hombre mayor, amargado y separado, conoce a jovencita con la que se plantea iniciar una vida en común. Pigmalion y su particular Annie Hall.

El mejor acierto del film se encuentra en los personajes interpretados por Patricia Clarkson y Ed Begley, Jr, los peculiares padres de la joven protagonista (Evan Rachel Wood). Es más, hacia media película, cuando la cosa anda ya bastante encallada, la aparición de Patricia Clarkson rompe con la monotonía argumental y abre nuevas (y más divertidas) puertas a un producto que parecía totalmente estrellado.

A pesar de sus (poquitos) aciertos, Allen está bajo mínimos. Demasiado tiempo sin refrescar su cine. Los gafapastas de sus películas ya no motivan. Sus diálogos no sorprenden; ni siquiera son la mitad de ágiles que los de antes. Necesita nuevas fórmulas y, ante todo, distanciarse de ciertos temas que, en su filmografía, empiezan a ser agobiantes. Y el hombre, seguramente consciente de ello, intenta alguna que otra variación. Pero en este caso, buscando nuevos puntos de vista, la ha pifiado. La falta de ingenio le ha hecho cambiar sus agridulces finales por un the end de lo más dulzón y edulcorado, muy al estilo del Viva la Gente. Y eso, viniendo de un realizador como él, no hay quien se lo trague.

5.11.09

SITGES 2009: TRES CURIOSIDADES Y UN PUNTO Y APARTE

CURIOSIDAD 1: Descubrir que Antje Monning, la componente femenina del jurado Méliès, era la única actriz que salía desnuda en las fotos del catálogo de este año. De hecho, la chica presentaba una película sobre moteras y sexo en carretera. Su título: Angels With Dirty Wings. Ella y el director de la cinta me invitaron a su estreno, pero uno (que es muy pudiente) se abstuvo de acudir para no ruborizarse.

CURIOSIDAD 2: Coincidir, dentro de los ascensores del Hotel, con Sam Rockwell. El hombre, recién salido de la piscina climatizada y arrastrando una larga toalla de baño, empezó a enrollarse en inglés con nosotros tras haberle presentado como “Mister Sam Rockwell” a mi mujer. Ante la incomprensión de lo que parecían alegres y amistosas palabras, le aseguré que yo era un “catalonian men” y que a duras penas entendía su idioma. Un tío, a primera vista, simpaticote.

CURIOSIDAD 3: En el mismo ascensor, poder felicitar personalmente a una delgadísima Elena Anaya tras conocer que, de forma muy merecida, había conseguido el premio a la mejor actriz por Hierro. Desconocida, de rubio y con el pelo cortísimo. Aún me pregunto cómo pude reconocerla con ese look que me llevaba.


PUNTO Y APARTE: Desde el día 12 de octubre que ya no vivo de gañote. Pero no pierdo las esperanzas. Desde el 18 hasta el 22 de noviembre estoy invitado, de nuevo, en el Fecinema (el Festival de Cine Negro de Manresa). Y en esta ocasión, siguiendo con la misma tónica, como miembro del Jurado de cortometrajes. De oca en oca y tiro porque me toca. ¡Cómo me gusta lo del gañote!

3.11.09

Mi Querido Señorito

Para un par o tres de generaciones, el cine español siempre irá unido indisolublemente al nombre de José Luis López Vázquez, quizás el actor más popular de nuestro país que ayer, a los 87 años de edad, se despidió para siempre. Durante mucho tiempo, decir "cine español" fue sinónimo de "Joseluislopezvázquez", así, todo junto, como si de una marca registrada se tratara.

Normalmente rayano en la sobreactuación, aunque dotando a sus personajes de un toque personalísimo difícil de repetir, se alzó como un gran maestro de la comedia y, al mismo tiempo, de los roles oscuros con una fuerte carga de mal rollo. De El Pisito a Mi Prima Angélica: dos de las múltiples caras de un actor emblemático y único al que solicitaron todo tipo de realizadores, desde Berlanga a Ferreri, pasando por Saura y Armiñán.

Aristócrata o buhonero; travestido o macho ibérico; ladrón o asesino... fuera bajo la piel que fuese, en todo momento dio muestras de su gran profesionalidad. Todo un crack de la interpretación.

Hasta siempre, señoritooooo.

28.10.09

SITGES 2009: LOS OTROS (hay más cine más allá de Méliès)

Aparte de las películas que optaban al Méliès de Plata, también tuve la posibilidad de ver otros títulos, tal y como ya avancé en el primer post sobre Sitges 09 y en el que citaba las excelencias de la surcoreana Thirst o la decepción que significó para mí la nueva entrega de [Rec].

Sin más dilación, vamos a por las otras:

La norteamericana Grace, muy a su manera, no deja de ser una copia descarada (y sin garra) de la francesa A l’Interieur. En ella, tras dar a luz después de un fatal accidente, una mujer tendrá que enfrentarse a la crianza de su bebito recién nacido: una criaturita a la que le encanta zamparse biberones de sangre. A pesar de su prometedora base argumental (con madre sufridora incluida, para seguir la tónica del festival de este año), la cinta es de lo más vacío que uno pueda echarse en cara. Lenta, aburrida y con poquísimas sorpresas. Desesperante: Sundance se cuela hasta en el fantástico ¡Con lo maja que hubiera quedado una historia así en manos de alguien como Larry Cohen!

La Huérfana, cinta norteamericana del catalán Jaume Collet-Serra, supone un trabajo correcto (y muy formal) capaz de recoger, sin estridencias, muchos de los tópicos del género para construir una historia efectiva y, a pesar de su inesperado giro final (bastante acomodaticio, por cierto), con muy pocas sorpresas en su desarrollo. Uno de sus principales valores es que cuenta con dos horas largas de metraje y no aburre en absoluto. De nuevo, otra madre sufridora en el certamen (excelente Vera Farmiga) aunque, en este caso, padeciendo las terribles consecuencias de haber adoptado a una huerfanita de armas tomar.

De la mano de Joe Dante, llega un film rodado en 3D: The Hole. Dante, el padre de criaturejas como los Gremlins, ya no es el de antes y, aunque se empeñe en volver a relanzar el estilo de cine fantástico y juvenil que potenció en los 80, se queda corto en su nueva película. En ella, tres adolescentes se muestran intrigadísimos ante el agujero negro que descubren en el sótano de su nueva casa y deciden ir más allá de sus conjeturas. La historia no da para mucho: cuatro efectos pensados directamente para el 3D y un par de pasajes con cierta trempera. En general, se trata de una película aburrida y con muy poca chicha.

Werner Herzog se atreve con el Bad Lieutenant de Ferrara y con el histrionismo (en esta ocasión ideal) de Nicolas Cage para organizar uno de los títulos que este año más me han captado la atención: Bad Lieutenant, Port of Call New Orleáns. Y es que el hombre, aprovechando solamente la figura del policía corrupto que a principios de los 90 interpretara Harvey Keitel, urde un festival de locuras en donde las drogas, las alucinaciones y las malas intenciones se convierten en los principales ingredientes de un menú en el que se ha anulado, por completo, las ásperas connotaciones religiosas (totalmente cargantes) de la cinta original. A Cage, como poli maloso y colgado, le va de narices su habitual sobreactuación, mientras que el New Orleans post-Katrina se convierte en el escenario perfecto para un extraño y enfermizo producto que navega entre la comedia más cínica y el thriller más radical. Y además sale la Eva Mendes, que siempre es de agradecer.

Un Vincenzo Natali totalmente alejado de las coordenadas de Cube presentó Splice, una cinta que se mete de lleno, bajo un prisma de lo más comercial, en el mundo de la experimentación genética. Un matrimonio de científicos conforma la pareja de mad doctors protagonistas (un correcto Adrien Brody y una afectadísima Sarah Polley). Ella, siguiendo la tónica temática del festival, va de mamita sufridora; él, por el contrario, no tiene nada claro lo que han hecho dando vida a su hija: un monstruito nacido de un cruce de varias especies, incluida la humana. Lo curioso es que el animalejo tiene un fuerte potencial erótico. Distraída y con muy buenos efectos especiales. La previsibilidad es su peor enemigo.


Una tensa y compacta escena inicial es lo mejor de The Hurt Locker, la nueva incursión cinematográfica de Kathryn Bigelow. Después, la cinta es más de lo mismo: la guerra de Irak de nuevo en la pantalla grande. En este caso, los protagonistas son los componentes de una brigada de marines especializados en desactivar explosivos. Filmado cámara en mano (lo del cinema verité ya empieza a atufar) y narrado de manera casi episódica, con una mínima continuidad argumental, el film se alarga hasta extremos increíbles (más de 130 minutos de metraje. Lo mejor: su modélico manejo del suspense en un par de escenas clave. Lo peor: el mensajito patriotero y fascistoide que suelta durante el spring final.

9, la cinta de animación dirigida por Shane Acker y producida, entre otros, por Tim Burton, significó, para mí, una de las mayores decepciones del festival. Perfectamente animada y haciendo gala de una técnica perfecta, el largometraje incide en mostrar un mundo post-apocalíptico, un tema extremadamente recurrido entre los cineastas actuales. Aquí, sin embargo, los protagonistas, en lugar de humanos, son muñecos de trapo que tendrán que luchar contra un ejército de máquinas robóticas construidas con finalidades destructivas. Hasta aquí, todo bien. Pero la cinta no va más allá de un espectáculo de acción al uso, pues su guión es mínimo y reiterativo. Hacía tiempo que no me aburría tanto con una película de animación.

Zombieland es una locura entretenida, sin más, en la que un grupo reducido de cuatro personas, un adulto y tres jovencitos, en medio de una invasión zombi, cruzan los Estados Unidos en busca de un lugar apacible en el que reiniciar sus vidas. La cinta tiene ritmo, gags brutotes y un lujoso cameo, en su parte central, de siglas BM. La lástima es que su realizador, Ruben Fleischer, no haya sabido sacarle un mejor partido a su desangelado clímax final en un parque de atracciones y se haya decantado, inexplicablemente, por un edulcorado canto a la unidad familiar.


Sitges cerró esta edición con The Road, otro film apocalíptico que, basándose en la prestigiosa novela de Cormac McMarthy, narra la odisea de un padre y un hijo que, al igual que los protagonistas de Zombieland, huyen del hambre en búsqueda de paisajes menos destruidos y más seguros. Lluvia ácida y hambre, mucha hambre. Viggo Mortensen y su pequeño compañero de penurias, están que se salen. La película, en general, aburre, no se acaba nunca y opta por un final de lo más descafeinado y nada lógico. A John Hillcoat le ha salido un producto de factura correcta y buenas intenciones, pero poca cosa más.

En otro post, y ya para terminar, las anécdotas del festival.

23.10.09

SITGES 2009: MÉLIÈS D'ARGENT (segunda parte)

Tal y como había prometido, aunque con un poco de retraso, sigo con las 11 cintas restantes nominadas al Méliès de Plata.

The Frost, del catalán Ferran Audi, explora en los sentimientos de unos padres tras perder accidentalmente a su retoño. Filmada en buena parte (y de modo innecesario) en Noruega, la película se basa, muy a su manera, en un relato de Ibsen. Psicología de andar por casa al servicio de una Aitana Sánchez-Gijón en baja forma. Un aburrimiento sin ángel alguno. El fantástico, a pesar del empeño de su realizador para que éste salga a flote, brilla por su ausencia.

The Children, junto a la ganadora The Eclipse, era una de mis favoritas. Su director, Tom Shankland. En ella se narra una historia navideña con niños perturbados y asesinos tocados por un extraño virus. Lo mejor se encuentra en la tensión que provoca en el espectador su presentación, cuando los pequeños de la casa están incubando una enfermedad desconocida. Su desarrollo, tenso, es más de lo mismo, pero con una efectividad que ya querrían para sí más de uno de los films presentados este año en el certamen. Y, como propina, uno de los mejores finales del Sitges 09, con un par de giros argumentales (y cargados de mala leche) en poquísimos minutos. Atención a la lolita protagonista: todo un bomboncito.

Shadow, de Federico Zampaglioni, demuestra que el terror italiano está de capa caída. Un quiero y no puedo que salta de género en género sin encontrar ningún tipo de estabilidad. Del survival (al más puro estilo de El Rey de la Montaña) pasa al torture porn para, de golpe y porrazo, optar por tomarle el pelo al espectador de forma descarada. De una parejita acosada en el bosque a un sótano plagado de símbolos neonazis. Cambiar el rumbo del guión parece no importarle en absoluto al tal Zampaglioni. Aberrante y sin sentido.


La experimental Amer es el homenaje franco-belga al giallo y, muy en concreto, a la filmografía y estilo de Dario Argento. Una fotografía espléndida, rocambolesca y elegante es lo más destacado de un film narrado en tres cortes. Una mujer es su protagonista. La cámara sigue a ésta y a sus terrores en tres etapas bien diferenciadas: la niñez, la adolescencia y la madurez. Casi no hay diálogos; sólo miradas y sonidos. Los ruidejos de la banda sonora terminan por convertirse en los verdaderos protagonistas de un trabajo pretencioso y de lo más aburrido. Una pena, pues la cosa prometía. De ella, vale la pena salvar su imaginería visual y su tentador cartel publicitario. Del resto es mejor olvidarse.

Con Heartless, el londinense Philip Ridley (el mismo de la interesantísima The Pasión of Darkly Noon) ha maquinado un film de horror muy en la línea del universo de Clive Barker. Un fotógrafo, marcado por grandes manchas en su piel, es su protagonista. La cinta tiene empaque y dosifica bien el mal rollo que implica su historia. La belleza y la fealdad de nuevo se baten en un pulso demoníaco. ¿Realidad?, ¿locura?... Varios son los interrogantes que encierra el personaje interpretado por un efectivo Jim Sturgess. Lo mejor, el retrato de un Londres barriobajero y enigmático; lo peor, la cantidad de lagunas que acumula su metraje.

La inglesa Dread, basada en un relato corto de Clive Barker, se enfrenta a los miedos personales del ser humano mediante el experimento psicológico orquestado por un joven que, en su infancia, vio morir a sus padres en manos de un psicópata. La película tiene gancho y maneja bien los típicos y tópicos del género. Sin altibajos en su desarrollo, posee una de las escenas más desagradables de este Sitges 09: su gran protagonista, un "suculento" entrecot.

Con The Human Centipede, el holandés Tom Six afronta una guarrada absoluta con una estética visual muy cercana a la de las coordenadas del cine porno. Nulo guión para una tontería de lo más escatológico. Una locura absoluta, con mad doctor de protagonista (de los de tebeo, con gafas de sol oscuras y bata blanca) y experimento infrahumano incluido. Píllese a dos jovencitas y a un japonés y únalos, mediante sutura, en forma de tren. Hay que coser boca con culo y boca con culo. Dé de comer al primero y espere que surta efecto la digestión. Pues eso: no hay que pedirle peras al olmo.

Colin es el acercamiento amateur al cine de zombis. Filmada en plan casero, la cinta tiene como protagonista al Colin del título, un zombi que tiene que aprender a desenvolverse como tal tras haber perdido su condición de mortal. La idea promete; si más no, resulta curiosa. La pega se encuentra en que, a los cinco minutos, ya no hay nada más que contar. Reiterativa, soporífera y pésimamente iluminada. El invento lo dirige el británico Marc Price.


Entretenido y simpático resulta el divertimento propuesto por Dead Snow, otra de zombis, de nacionalidad noruega y dirigida por Tommy Wirkola, cuya principal particularidad radica en que los muertos vivientes son antiguos soldados del ejército nazi. Comedia de tintes gores con un grupo de teenagers que ve estropeado su fin de semana entre las nieves por culpa de un tesoro mal guardado. Vistos los resultados, les puedo asegurar que a las huestes de Hitler les van los gags tipo cartoon.

Una de los títulos más esperados del Festival fue La Horde, otra más de zombis aunque, en esta ocasión, procedente de esa vertiente actual del cine francés que apuesta por el terror a golpe de vísceras y mal gusto. A pesar de la cantidad de muertos vivientes que asolan a los vecinos de un edificio suburbial, la cinta me decepcionó sobremanera. Un poco de [Rec] y un mucho de vídeo-juego. A 30 puntos por zombi descerebrado. Guión mínimo, casi inexistente; la sangre, por supuesto, a borbotones. La furia gabacha no tiene límites..., pero mi paciencia, sí.

Y para terminar, una más de muertos vivientes. El invento atiende por Doughouse y su realizador por Jack West. La guerra de sexos de nuevo en la picota. Seis amigos, de fin de semana, son los que tendrán que enfrentarse a una horda de zombis femeninas en un pueblecito alejado de la civilización. El tópico está servido. Una cinta tan vulgar como la mayoría de chistes sexistas que exhibe. Unos dirán que se trata de una película políticamente incorrecta. Yo les puedo asegurar que se trata de una chabacanada insoportable.

Como pueden ver, lo del fantástico europeo empieza a ser preocupante... No está muy fino, que digamos...

En el próximo post, los títulos que no tuve que juzgar.

17.10.09

SITGES 2009: MÉLIÈS D'ARGENT (primera parte)

La irlandesa The Eclipse, una película pequeña pero encantadora, fue la ganadora del Méliès de Plata. De hecho, debido a su sencillez y a pesar de sus mínimos matices fantásticos, destacaba muy por encima de las otras 21 cintas a concurso. Ambientada en un pequeño pueblecito de la costa en el que se desarrolla un festival literario, el título de Conor McPherson se centra en la figura de un vecino de la localidad que, tras haberse quedado viudo, empieza a verse atormentado por una serie de apariciones fantasmagóricos. Su sutileza narrativa, el academicismo formal de su realización, la emotividad con la que se acerca a sus tres personajes principales y, ante todo, la brillante interpretación del todoterreno Ciarán Hinds, hacen de este un trabajo imprescindible. A pesar de su poca relevancia dentro de la programación de este Sigtes 2009, ha sido, sin lugar a dudas, una de las mejores (y menos divulgadas) propuestas del certamen.

10 DE LAS OTRAS 21 PELÍCULAS A CONCURSO:

Dirigida e interpretada por una ególatra Julie Delpy, The Countess aborda, de modo alarmantemente plano, un nuevo repaso sobre la vida de la condesa Erzebet Bathory, una mujer altiva y déspota de quien se sospechaba, a principios del siglo XVII, que bebía la sangre de sus doncellas vírgenes para conservarse joven y lozana. Un mucho de biografía y un nada de cine fantástico, marcan un producto igual de descafeinado que la sosa actuación de Daniel Brühl. Suerte que por ahí, en un pequeño papel, pulula el siempre efectivo William Hurt.

La ópera prima del madrileño Gabe Ibáñez, Hierro, apunta por una de las constantes del festival de este año: el de las madres abnegadas y sufridoras. En ella, una imponente Elena Anaya (con un look sorprendente a lo Hilary Swank y a través de su mejor papel hasta el momento), remueve cielo y tierra para encontrar a su hijo de cinco años, desaparecido durante unas vacaciones en la isla de El Hierro. Una cuidada realización y una excelente fotografía no impiden que, en su segunda mitad, al director se le vaya la bola y caiga de lleno en un bucle tan repetitivo como previsible. Eso sí, la Anaya, en este ocasión, vale un Potosí.

Malice in Wonderland, del británico Simon Fellows, supone una nueva vuelta de tuerca a la inmortal Alicia en el País de las Maravillas. Su visión, un tanto vídeo-clipera, apunta por una estética moderna y un Londres de luces de neón, barrios bajos, tráfico de drogas y trata de blancas. La lástima es que la historia sólo se queda en la idea de trasladar la obra de Lewis Carroll al siglo XXI, pues su desarrollo, dejando a un lado su patético final en plan made in Hollywood, resulta de lo más acomodaticio y blando.


El prometedor duelo interpretativo que plantea Ne Te Retourne Pas, entre dos damas de armas tomar como Sophie Marceau y Monica Bellucci, no pasa del loable proyecto de reunir en un mismo título a dos actrices como ellas La historia de una mujer que, a pasos agigantados, se va convirtiendo en otra, no es más que una empanada mental de aquí te espero. Aburrida, pretenciosa y pésimamente explicada. La Marceau salva a la perfección su papel, mientras la Bellucci, a pesar de su indiscutible belleza, demuestra que lo de la interpretación es un arte que no ha asumido del todo. Su realizadora, la francesa Marina de Van, se ha quedado descansada con tal tomadura de pelo.

Otra empanada mental, de lo más esotérico y pedantillo, es lo que nos ofrece el húngaro Pater Sparrow en 1, su ópera prima, un título de connotaciones filosóficas que no hay por dónde pillarlo. A pesar de sus pretensiones de cine de autor, su realización es de lo más plano que uno pueda tirarse en cara. La historia, casi imposible de comprender, apunta por la aparición de centenares de volúmenes de un libro único, capaz de desestabilizar a la Humanidad, en una librería especializada. Algunos han calificado esta cosa como de ciencia-ficción abstracta. Y no van faltos de razón: no hay quien la aguante ni la entienda. Y menos visionándola en una sesión golfa a las doce de la madrugada.

Con Metropia, una coproducción entre Suecia, Dinamarca, Noruega y Finlandia, el festival nos adentró a un futuro no muy lejano en donde una conspiración de tintes kafkianos llevará por el camino de la amargura a su protagonista, un hombre que oye voces en su mente cada vez que entra en el metro. Su espléndida animación, de tintes oscuros y grisáceos, y la colaboración en el doblaje de sus personajes principales de gente como Vincent Gallo, Juliette Lewis o Stellan Skarsgard, es lo más destacable de una cinta que, por su exceso imparable de diálogos, acaba resultando farragosa e insoportable. Una pena, pues su look visual y el tema de las conspiranoias, en un principio, se me antojan de lo más atractivo.


Les Derniers Jours du Monde, film francés de los hermanos Jean-Marie y Arnaud Larrie, viaja hasta el fin de nuestros días centrándose en los avatares de un hombre que se recorrerá media Europa (montañas de Montserrat incluidas) en busca de la mujer (sin tetas y con pinta de chico) que le llevó a divorciarse de su esposa. Más de dos interminables horas es el tiempo que invierten los Larrie para definir, a golpe de postalitas turísticas, el vacío más absoluto. Al menos, si de algo sirve la película de marras, es para descubrir que Sergi López no es más que un bluff al que le encanta mostrar, constantemente, sus atributos masculinos. Teniendo en cuenta que los hermanitos nacieron en Lourdes, lo milagroso, en este caso, es que hayan podido situarse tras una cámara. Si el Día del Juicio Final es tan folklórico como parece, les aseguro que vale la pena apearse de él unas cuantas horas antes.

Otro título dirigido en comandita ha sido el suizo Cargo. Sus responsables, Ivan Engler y Ralph Etter, han sabido sacarle el máximo partido a un presupuesto mínimo para llevar a flote una historia de ciencia-ficción muy en la línea de Alien y similares. Tensa (aunque un poco lenta) y perfectamente ambientada, la cinta sitúa al espectador en medio de una nave espacial, la Kassandra, en cuyo interior empiezan a suceder fenómenos inexplicables. La resolución tiene mucho que ver con los contenedores que transporta. Su dosificado suspense y la excelente dirección artística destacan sobre un guión que no acaba de resultar redondo. Las buenas intenciones también cuentan.

Valhalla Rising, del danés Nicolas Winding Refn, nos coló un soporífero guiño al cine de Ingmar Bergman a través de una de vikingos sin ritmo alguno. A pesar de contar con un inicio ultraviolento (con cráneo reventado incluido), de aventuras hay poquitas. En cambio, de religión y filosofía barata, un montón. El malo de Casino Royale, Mads Mikkelsen, con un ojo tuerto, es su salvaje guerrero protagonista. Por suerte y para salvaguardar mi salud mental, en menos de una hora abandonaba la sala de proyección. A ciertas alturas del festival, uno no está para pajas mentales. ¡Con lo majos que estaban Los Vikingos de Fleischer!

Mr. Nobody, visualmente hablando, ha sido la película con más empaque de las 21 a concurso. Su director, el belga Jaco van Dormael, se adentra en un film futurista en el que un anciano centenario, con la memoria borrada, intenta rememorar su pasado. Una primera hora original y excelente, marcada por el tiempo y las diferentes posibilidades que ofrecen las decisiones tomadas durante una vida, sumada a la interpretación de Jared Leto y su maquillaje, son su mejor baza. Después, sobrepasada su mitad, la película se encalla y no avanza hacia ningún lado. Su pobre guión (falto de ideas y fusilando, por momentos, títulos como El Show de Truman y similares) y un montón de finales alternativos acumulados en menos de veinte minutos, dan al traste con el producto. Como curiosidad, citar que esta era la cinta preferida de Antje Monning, el único miembro femenino del jurado de los premios Méliès.

En el próximo post, los 11 films restantes a concurso para el Méliès de Plata.

13.10.09

SITGES 2009: MÉLIÈS D'OR (debatiendo que es gerundio)

Sitges 2009 ya tiene su Palmarés. Han sido 11 días intensos, con muy poco tiempo para el descanso y plagados de sesiones cinematográficas y un montón de relaciones humanas. A pesar del sobreesfuerzo, reencontrarse con las caras conocidas de cada año siempre es un placer. Hoy mismo, volvería a repetir de nuevo la experiencia.

Empecemos el memorando con el Méliès de Oro, un premio que se otorgó durante una gala especial en el Auditorio del Hotel Meliá el pasado 5 de octubre y cuyo principal galardón recayó sobre la película francesa Martyrs de Pascal Laugier. Este es un título al que odio sobremanera por su innecesaria recreación por el mal gusto. Sin escatimar en detalles insanos, tiene a la tortura, en todas sus vertientes, como principal protagonismo. Una mínima excusa intelectual sirve de inconsistente tapadera para que su realizador organice una desenfrenada orgía de violencia y sangre destinada, tan sólo, a provocar al espectador y que, como plato fuerte de la función, regala a la platea el despellejamiento íntegro de una joven. La incitación es su única meta. A pesar de sus pretensiones, no hay que buscar en Martyrs cualquier otra coartada cultural.

Les puedo asegurar que, ante los otros dos miembros del jurado, intenté evitar el premio a un film de coordenadas tan básicas como las de éste pero, a excepción de la española Tres Días y la británica Moon, las otras opciones restantes no me dejaban mucha libertad de movimiento. Teniendo en cuenta que ninguno de los nueve títulos resultaba de mi total agrado y que Tim League y Antje Monning se alzaron como defensores a ultranza del film de Laugier desechando cualquier otra alternativa, cedí a sus deseos y acabé conformándome (a regañadientes) con su preferida. Un acto demócrata al cien por cien que, en un futuro, me dejaría jugar con ventaja a la hora de pactar el Méliès de Plata al final del certamen.

El Oro al mejor cortometraje fue, en decisión unánime, para el noruego Cold and Dry, una divertida fábula sobre un par de científicos que se dedican a liofilizar a buena parte de la Humanidad. Ni que decir tiene que, en este apartado, la decisión fue mucho más complicada debido a la alta calidad de la mayor parte de cortos en competición,

LOS OTROS LARGOS NOMINADOS AL ORO:

Tres Días, del cordobés F. Javier Gutiérrez, es otro título más de entre los que últimamente se apuntan a echarle un vistazo a lo que será el último día del planeta. Sin ser nada del otro mundo, y sobrándole un mucho su parte fantástica (un tanto metida a saco), la cinta se muestra inquietante en su aspecto de thriller rural y en la dosificación del suspense. La buena interpretación de su cuadro artístico (de entre los que cabe destacar la sobriedad de Víctor Clavijo y la enigmática presencia de un sobresaliente Eduard Fernández) ayuda a salvar en parte la gran cantidad de lagunas narrativas que abriga su historia.


Moon, la película más premiada de la Sección Oficial a concurso este año, también podría haber conseguido el Méliès de Oro, pero el desinterés que mostraron por ella los dos otros dos miembros del jurado y lo poco que me convenció su visionado, hicieron que no se alzara con el premio al Fantástico Europeo. Sin lugar a dudas, lo mejor del título de Duncan Jones (hijo de David Bowie) radica en su falta de pretensiones, su pasión por la ciencia-ficción de los 70 y la apuesta por el maquetismo, en sustitución de los efectos digitales, como diseño de producción. Sam Rockwell está que se sale en su impresionante construcción de un astronauta que lleva, en una estación minera lunar, más de tres años conviviendo al lado de un robot al que pone su voz el mismísimo Kevin Spacey. Su inicio es más que prometedor, pero su lentísimo tiempo narrativo y su reiterativa temática (en la que la clonación tiene un protagonismo determinante) lastran la fuerza de un trabajo cargado de buenas intenciones.

La finlandesa Sauna, de un tal Annti-Jussi Annila, resulta de una pedantería sin parangón. Ambientada en 1595, justo terminada la guerra entre Suecia y Rusia, tiene, como tema central, a los sentimientos de culpabilidad y la purgación de los pecados. Todo en plan muy esotérico y revestido con diálogos extremadamente rimbombantes. Aburrida y sin sentido. Es como si Bergman, tras El Séptimo Sello, hubiera resucitado y regresado de nuevo al cine fantástico con la intención de azotar al personal. Para tumbar al más pintado. Un tostón de padre y muy señor mío protagonizado por dos hermanos cartógrafos con personalidades antagónicas.

La inglesa Mum & Dad, dirigida por Steven Shell, es una nueva vuelta de tuerca sobre el arte de la tortura muy en la línea de Martyrs, pero con un look de subproducto televisivo ciertamente sospechoso. Una mínima (por no decir inexistente) línea argumental arropa las perversiones de un matrimonio dedicado a secuestrar jovencitos y jugar al límite con sus cuerpos. La provocación está servida de nuevo aunque, en esta ocasión, sin un mínimo de calidad cinematográfica. En resumidas cuentas: caca de la vaca.

Il Senso Della Farfalla (también conocida como Butterfly Zone) fue la patética aportación del italiano Luciano Caponni al submundo de los Méliès de Plata destinados a alcanzar un posible Méliès de Oro. Una cinta pretenciosa y de un surrealismo de lo más forzado en la que un portal invisible da paso a los mortales al mundo de los muertos. Uno de los títulos más insoportables de los nueve nominados que, por sus constantes animaladas, consiguió que, a pesar de mi condición de jurado, abandonase su visionado a la hora de proyección. Ni historia, ni interpretaciones, ni nada de nada. El vacío total. Caca de la vaca 2.

La alemana Absurdistan, de un tal Veit Helmer, posee un inicio de lo más divertido y surrealista. Cercana, visualmente hablando, al onírico mundo ideado por Fellini, la película se pierde tras sus prometedores y brillantes quince primeros minutos y, de un salto, pasa del universo felliniano al cine setentero de Mariano Ozores, orquestando el típico y tópico producto en el que la guerra de sexos y sus consecuentes y manidos chistes se convierten en su único hilo argumental. La excusa es el retrato coral de los habitantes de un pequeño pueblo, que ni siquiera figura en los mapas, marcado por la falta total de agua. La magia que pretende volcar en muchas de sus escenas acaba resultando de lo más ridículo y cursi.

Panique Au Village es una cinta de animación orquestada por los belgas Stéphane Aubert y Vincent Patar que no pasa de la sorpresa inicial que supone ver como las viejas figuritas de plástico, con las que jugábamos en nuestra infancia, cobran vida propia. Así, un indio, un cowboy y un caballo, comparten cama y mesa en una pequeña casita de campo. La fantasía y la locura vertida en su acelerada presentación son dignas de la mente de un niño en sus devanos solitarios. La lástima es que pronto se desvanece el impacto humorístico para dar paso a una serie de escenas reiterativas y sin ninguna coherencia aparente. La base del film estriba en una serie televisiva del 2000 en la que los tres protagonistas vivían pequeñas aventuras de seis minutos por episodio. El intentar alargarlas de modo estrepitoso, lo único que consigue es romper su frescor original y aburrir al personal de manera soberana.

Con Left Bank (Linkeroever), la cinta belga hablada en alemán y dirigida por Pieter Van Hees, llegamos al final de las nueve nominadas. De factura visual y realización impecables, este es un título que se pierde por la inconsistencia de su guión y por ostentar uno de los finales más insultantes e ilógicos que me he tirado en cara en mucho tiempo. Un pozo negro en el sótano de un edificio y las vivencias de una atleta enfermiza que suelta toner por la vagina, son las dos claves principales para entender el sentido de la vida que nos propone Van Hees. Francamente, de juzgado de guardia.

Sólo resta decir que todas las cintas fueron visionadas en mi domicilio, antes del Festival, gracias a los DVD proporcionados por la organización, ya que la deliberación debía estar cerrada al tercer día de iniciado el Certamen. Lo del Méliès de Plata ya es otra historia que les iré contando en post sucesivos.

10.10.09

SITGES 2009: Breve

Perdonen que les haya abandonado durante el Festival de Sitges. La verdad es que ejercer de jurado no deja apenas tiempo ni para dormir y, teniendo en cuenta que la wifi de la habitación ha estado 4 días sin funcionar, menos aún para actualizar. Mañana termina el certamen. Esta noche, los distintos jurados deliberamos. A partir del martes y durante varias entregas, les hablaré de las películas visionadas y de alguna que otra anécdota. Hasta entonces, que Tutatis reparta suerte.

Sólo decirles que estoy agotado... Nos vemos.

3.10.09

SITGES 2009: JORNADAS 1 Y 2 (de secuelas, espontáneos y vampiros)

Desde el día 1 que estoy metido de pleno en el Festival de Cine Fantástico de Sitges. Las obligaciones como jurado de la Sección Méliès, hacen que las posibilidades de actualizar a diario sean mínimas. 19 son los títulos que he de visionar a lo largo del certamen. Eso, sumado a las películas que me trago por puro placer o las continuas reuniones con los otros miembros del jurado, me tiene ocupado la mayor parte del tiempo.

Aprovecho un par de horas libres para ponerles un poco al día de lo acontecido en Sitges desde su inauguración. El Festival abrió anteayer con la decepcionante [REC] 2, una cinta que repite descaradamente los tópicos y esquema de la primera, perdiendo en el camino ese fresco toque coral y mediterráneo que la distanciaba de otros productos similares. El tándem Balagueró-Plaza, en esta ocasión, se ha conformado con el recurso más fácil y, soñando con seguir explotando el muermo, se atreve incluso con un final que apunta una nueva secuela. La máquina de fabricar dinero no ha hecho más que empezar, aunque sea a costa de fotocopiar el invento hasta la saciedad.

Filmax, productora de la película, no fue la única que sobresaltó a la platea con la reiterativa trama de [REC] ya que, inesperadamente y durante la ceremonia inaugural, un grupo de espontáneos, desde el mismísimo escenario del Auditorio, le dio un susto de aúpa a su cabeza visible, Julio Fernández, al denunciar, de viva voz y mediante lanzamiento de panfletos, ciertos temas turbios de la empresa.

La surcoreana Thirst de Park Chan-wook, del mismo realizador de Old Boy, dejó buen sabor de boca con una compacta historia sobre un sacerdote que acaba convirtiéndose en vampiro. De narración calmada e hipnótica, y a golpe de imaginería visual, la cinta no renuncia al sentido del humor para contarnos una historia sobre un chupasangres atípico y atormentado por los sentimientos de culpabilidad. Rompiendo esquemas, intercambia los roles entre el vampiro y el vampirizado y potencia, de forma inteligente, el protagonismo de una femme fatale que nada tiene que envidiar a las heroínas del cine negro de la época dorada de Hollywood.

The Countess, una nueva variación sobre el personaje de la condesa Erzebet Bathory, y Hierro, ópera prima española de Gabe Ibáñez protagonizada por Elena Anaya, fueron los otros dos títulos que pude visionar ayer y de los que, como jurado, me veo en la obligación de reservar mi opinión hasta que no se hayan otorgado los Méliès de Plata.

Por lo demás, y dejando a un lado el cansancio provocado por tantas proyecciones y reuniones, tan sólo queda decirles de nuevo que se está de narices viviendo de gañote. De todos modos sepan que, a pesar de ello, lo de ser jurado también tiene su parte oscura. Hoy, sin ir más lejos y debido a una deliberación para los Méliès de Oro, he tenido que renunciar a uno de los títulos que más me apetecían del certamen: Celda 211 de Daniel Monzón.

Cuando tenga unos cuantos minutos, seguiré informándoles.

29.9.09

Cinema Paradiso

Con Malditos Bastardos, Tarantino reinventa el cine bélico. Lo lleva a su terreno, estructura el film en capítulos y adorna a éstos con su mejor técnica: la de los diálogos. Comedia, aventuras y suspense. Y de propina, como quién no quiere la cosa, le suelta un mazazo inesperado a la historia. El Quentin, cuando quiere, los tiene bien puestos.

La Francia ocupada. A un lado, un grupo de militares judíos, comandados por un yanqui brutote, dispuestos a cortar cabelleras a los invasores: cuantas más, mejor. A otro, el alto mando germano y sus envenenadas ramificaciones. Y más allá, en la penumbra, una joven fugitiva, propietaria de un cine, con ganas de venganza. Varios son los frentes por los que transcurre la historia. Y todos tienen un denominador común que atiende por Operación Kino.

No hay ningún personaje que no se vea caricaturizado por la perversa mente de Tarantino. Y lo mejor de ello es que lo hace con gracia. Brad Pitt está que se sale con su desorbitado militar tosco; Melànie Laurent construye un perfecto retrato de una chica decidida y al mismo tiempo delicada... Todos, del primero al último, cumplen a la perfección con sus respectivos roles: siempre al límite, pero sin caer del todo en el histrionismo; jugando al máximo, tal y como les exige el dire.

De todos modos, el que se lleva el gato al agua -y literalmente se come a sus colegas- es Christoph Waltz, un actor alemán de dilatada carrera en su país aunque poco conocido en nuestros lares. El tipo, a pesar de su menuda estatura, compone a un coronel de la SS con una elegancia que tumba de espaldas: cínico, educado, hijoputa...; una actuación de la que oiremos hablar largo y tendido. Cada vez que el hombre asoma su rostro en pantalla, la película sube en intensidad.

Un interesante ejercicio cinéfilo y cinéfago. Cada capítulo posee su particular homenaje. El cine como distracción y el cine como arma contra los totalitarismos. Todo un gran guiño al Séptimo Arte del que, personalmente, sólo encuentro un defecto: es tan buena su reposada y tensa primera escena que luego, a lo largo de las dos horas y media de metraje, resulta dificilísimo encontrar otro pasaje que mínimamente la iguale.

23.9.09

Yo, el jurado

Todo se gestó el año pasado, en el transcurso del FECINEMA (Festival Internacional de Cinema Negre de Manresa). Allí, durante una de las comidas, compartí mesa con Ángel Sala, el actual director del Festival Internacional de Cine Fantástico de Sitges quien, a bote pronto y de modo inesperado, me propuso la posibilidad de formar parte del jurado para el premio Méliès durante la próxima edición del certamen. He de decir que, ante la proposición, quedeme estupefacto. Es más, diría que mudo. Y sin exagerar pues, durante esos días, andaba yo por Manresa con una tremenda afonía que no me permitía articular palabra. El Mudito de Blancanieves, con unos cuantos quilos de más, estaba ante el amigo Sala. Así que, con una alegría absoluta, sólo me quedó asentir con la cabeza como un perro bobalicón, de esos de ñiguiñogui que muchos llevan en la parte trasera del coche.

Varias llamadas telefónicas y unas cuantas reuniones posteriores cerraron el tema antes de lo previsto. Definitivamente, ahora me tocará ejercer de jurado. Y además por duplicado. Les cuento: los Méliès son el premio al cine fantástico europeo. Nueve festivales están adscritos a él. Y de ellos, incluido el de Sitges, salen los Méliès de Plata. En total 9 largos y unos cuantos cortometrajes más, de entre los que desde Sitges hay que sacar a los dos ganadores del máximo galardón: el Méliès de Oro. Aparte de eso, durante el certamen, hay que visionar una veintena larga de films y otra batería de cortos de entre los que hay que extraer, de nuevo, los Méliès de Plata para el próximo curso.

El próximo jueves 1 de octubre empieza la 42ª edición de un Festival al que por vez primera asistiré de una manera completamente distinta. La historia termina el 12, con la Pilarica. El trabajo será arduo. De hecho, llevo ya varios días visionando en casa las películas nominadas para los Méliès de Oro pues, el mismo día 2, los tres miembros del jurado debemos deliberar cuales serán las ganadoras ya que, a mitad del Festival, ha de realizarse la gala para otorgar tales premios.

Como es lógico, en la página no podré publicar mi opinión sobre los veintitantos films a concurso. El Top Secret hay que respetarlo. Por ello, a medida que se vayan sabiendo los ganadores de los Méliès, les iré chivando mis impresiones personales. A medida que me sea posible, actualizaré el blog para narrarles mi experiencia como jurado y, al mismo tiempo, hablarles de aquellos títulos de los que no esté obligado a guardar silencio.

Ahora tan sólo me falta conocer a los otros dos miembros del jurado. Uno es el director del Festival de Cine de Austin. El otro, una joven actriz alemana de la cual aún no sé su nombre.

Y, si quieren que les cuente un secretito, les diré que lo que más me gusta del asunto, aparte de tener la posibilidad de conocer el intríngulis desde el mismo ojo del huracán, es poder pasarme 11 días de gañote total en el Hotel Meliá Sitges. Se me cae la baba.

19.9.09

EN RESUMIDAS CUENTAS: Aventureros y animalejos

No cabe duda que, en cuanto a animación animatrónica se refiere, Pixar es la mejor. Ahora, a través de la historia de un anciano solitario y gruñón que con la ayuda de un niño explorador cerrará la aventura más soñada de su vida, se supera a sí misma. Up es su título; uno de los mejores estrenos de la temporada y capacitado, al mismo tiempo, para contentar a adultos y pequeños. Toda una joyita.

Dotada de la misma magia que destilaba El Mago de Oz (la casa voladora) e inspirándose en los rostros de Spencer Tracy y Kirk Douglas (dos clasicazos de la interpretación) para crear a dos de sus protagonistas, la cinta es todo un dechado de imaginación, elegancia y emotividad. Tracy es Carl Fredricksen (Edward Asner su voz en el original) y Douglas el aventurero Charles Muntz (Christopher Plummer); dos hombres de avanzada edad que se verán enfrentados en una trepidante hazaña en la que sólo falta el mismísimo Indiana Jones.

Divertida y sensible, la película, dirigida al alimón por Pete Doctor y Bob Petersen, posee pasajes que deberían pasar a formar parte de la antología del cine. La delicadeza con la que muestra, en poquísimos minutos, toda la vida de un matrimonio, es mucho más que ejemplar: sin palabras y apoyada únicamente por su banda sonora (espléndido Michael Giachinno, el inspirado compositor de Los Increíbles). Y es que, como bien dicen, una imagen vale más que mil palabras.


Ice Age 3: El Origen de los Dinosaurios
, ha sido el otro estreno de animación del verano. En este caso, tras el grupo protagónico de animales, se encuentra la Fox, alma mater de la irregular (aunque entrañable) saga. Al igual que Up, ha sido rodada en 3-D pero, al contrario que ésta y en detrimento de su guión, se ha volcado más en la espectacularidad del sistema que en hilvanar un argumento más compacto.

Enfocada directamente al público infantil, incide en demasía en el concepto de la palabra “familia” aunque, en compensación por su exceso de moralina, le busca una novia al solitario y bellotero Scrat; una fémina seductora, pero tan altiva e hipócrita como él. La báscula, en este aspecto, está perfectamente contrapesada.

Mundos subterráneos y paralelos, plagados de animales prehistóricos y plantas carnívoras, se convierten en el leit motiv de una tercera entrega en la que no podían faltar, como es habitual en la serie, un sinfín (abusivo) de guiños cinéfilos e incluso musicales y cuyo principal acierto es la aparición de un nuevo rol: el de la comadreja tuerta Buck, un claro alter ego animatrónico de Rambo.

La fantasía está servida. Es poquita cosa, pero entre la entidad que van cobrando sus personajes, el impacto de la imagen en 3-D y el ritmo que ha otorgado Carlos Saldanha a su producto, los más pequeños de la casa la van a disfrutar al cien por cien.

17.9.09

Apartheid


Apadrinado por Peter Jackson, el sudafricano Nelly Blomkamp debuta en el campo del largometraje con District 9, una curiosa cinta de ciencia-ficción tras la que se esconde una original visión sobre la segregación y los conflictos raciales. No es de extrañar, por ello, que de forma un tanto sarcástica, la cinta se haya ambientado en pleno Johannesburgo, cuna del apartheid.

Planteada inicialmente como un falso documental, District 9 nos acerca a las deterioradas relaciones creadas entre los humanos y un grupo de alienígenas que llevan viviendo en el planeta como refugiados desde hace 20 años. Dispuestos a discriminarles por completo, las fuerzas gubernamentales optan por expulsarles de sus míseras barracas y ser deportados a un gueto cercado y controlado. La oposición de los extraterrestres, junto a la ambición de los terrícolas por hacerse con su avanzado armamento y la aparición de un humano mutante, acelerarán un sinfín de enfrentamientos violentos.

La cinta destaca, ante todo, por el ritmo imparable que le imprime Blomkamp y por el peculiar sentido del humor que desgrana a lo largo de su metraje aunque, en este aspecto, carga demasiado las tintas sobre el (en exceso) apayasado protagonista principal (Sharlto Copley), uno de los principales responsables de la reubicación alienígena y que, con su amaneramiento interpretativo, rompe un tanto ese aspecto de falso documental con el que se inicia la narración: un tono realista que se pierde casi por completo a medida que aavanza la proyección.

El entretenimiento está servido. El despliegue de efectos digitales es amplio y efectivo; tanto que incluso desplaza a un lado a su mínimo guión el cual, con historia de amistad intergaláctica incluida, termina por aproximarse a las coordenadas de la ochentera Enemigo Mío. El éxito, a pesar de sus defectos (¿o gracias a ellos?), está asegurado: el espectador no tiene que pensar mucho y resulta ideal para devorar palomitas en cantidad. Con todo ello, no se sorprendan si piensan que su final augura una segunda entrega.

15.9.09

Una terapia peligrosa

Cuatro obesos y un terapeuta. Para adelgazar, lo mejor es conocer las causas psicológicas del sobrepeso. Cinco historias entrelazadas, en donde las incoherencias y dudas del ser humano cobran un peso específico, conforman la base central de Gordos, el nuevo trabajo de Daniel Sánchez Arévalo, el realizador de la excelente Azuloscurocasinegro.

Gordos es una comedia tremendamente ácida, narrada con pulso firme y perfectamente entrelazada. No hay detalle que se le escape al realizador madrileño a la hora de contarnos que todos somos unos gordos de mucho cuidado, al menos en lo que se refiere al sobrepeso de contradicciones que se acumulan en nuestra cocorota. Los toques de humor están colocados justo en el instante necesario, nunca fuera de juego, rompiendo el tono melodramático que envuelve la vida de sus personajes principales. La ecuación es perfecta. Y, como propina, en su recta final, se atreve, con éxito, a darle incluso un toque fantástico a una de sus historias.

La cinta tiene ritmo. Su montaje es excelente. Nada sobra, excepto los quilos de más. Y todo cuadra a la perfección. Un gay hijoputa; una joven absorbida por la religión; un poli adscrito a la división científica y una mujer que trabaja desde su casa sentada ante el ordenador. Cuatro personajes marcados por sus grasas y por un sinfín de laberínticos procesos mentales. Y, al frente de todos ellos, portando la emblemática batuta terapéutica, un especialista incapaz de aceptarse a sí mismo.

Cinco sujetos al límite a los que hay que multiplicar por dos, e incluso por tres, debido a que la carrera de la vida la comparten con otros seres. Las relaciones humanas de nuevo en la picota, aunque en este caso vistas desde una óptica distinta y sorprendente.

Una mezcla exquisita. De gusto amargo y coletazos picantes. Nadie (ni nada) es lo que parece. Las apariencias engañan. Hay que desnudar la mente para descubrir el verdadero poso y enfrentarse a él, mirándole directamente a los ojos. Y allí, despojándose de sus ropas, tanto físicas como psíquicas, un montón de actores de envergadura. Ninguno está por encima del otro. Siempre al límite de la caricatura, pero sin caer jamás en el histrionismo. Todos, del primero al último, cumplen con sobresaliente la dificultosa misión de dar credibilidad a sus respectivos roles. Y digo dificultosa ya que algunos de ellos, dejando a un lado la vertiente claramente interpretativa, han tenido que pasar por ciertos procesos dietéticos con el fin de engordar o adelgazar en un tiempo muy concreto.

Denle una oportunidad y no la dejen escapar. En pocas ocasiones, durante los últimos años, el cine español había hilado tan fino. Divertida, cáustica y por momentos conmovedora.