17.1.18

Recopilando (y II): Lo más peor del 2017

Con cierto retraso por cuestiones personales, al fin les dejo con lo más patético de la cosecha del 2017, tal y como les había prometido. Y, como siempre, de lo peor a lo más peor: del 10 al 1 y, un poco como despreciándolas, sin mucha parrafada. Al más puro estilo telegráfico.

10.- Dunkerque. Sé que a muchos les parecerá ofensiva la elección del film de Christopher Nolan como una de los peores del años pero es que, últimamente, su filmografía me parece tan pedante y aburrida que me he negado en redondo a que quedara fuera de la lista. Cine de autor precocinado y truculento para agradar directamente a los más “culturetas” del lugar, o sea, a aquellos que, por prestigio, nunca se atreverán a darle estopa a un título de este director. Personalmente, me quedo con el tratamiento que al episodio de Dunquerque le dedicaba la más sencilla Su Mejor Historia.


9.- Los del Túnel. A medio camino entre la sitcom más blanca y el melodrama más absurdo se sitúa este inaguantable trabajo de Pepón Montero, un hombre procedente del mundo de la televisión. Un casting insoportable (capitaneado por un chirriante Arturo Valls) y un sinfín de gags absurdos sin gracia alguna, son la base principal para narrar las relaciones entre un grupo de personas que, tras haber quedado atrapados en el interior de un túnel, decidirán seguir viéndose una vez a la semana.


8.- KIngsman: El Círculo de Oro. Si su primera parte (Kingsman: Servicio Secreto) funcionaba a las mil maravillas como una sátira sobre el universo de James Bond y similares, esta secuela se sitúa a las antípodas de su original. En esta ocasión, el guión brilla por su ausencia mientras que su director,  Matthew Vaughn, opta por el exceso en cada una de sus escenas. La verdad es que no hay por donde pillarla. Por cierto, que pena me da ver a toda una dama del cine como Julianne Moore metida en una insignificancia como ésta.


7.- La Seducción. O como Sophia Coppola es capaz de destrozar un film tan contundente como El Seductor de Don Siegel, ya que se ha dedicado más al preciosismo visual que no a exteriorizar las partes más morbosas y sombrías que dotaban de personalidad al trabajo original, aparte de suprimir algún que otro personaje imprescindible. Colin Farrell y Nicole Kidman están de un soso que tumba y la película, aparte de no avanzar en su trama, acaba aburriendo hasta a las musarañas.


6.- La Momia. Terror de estar por casa y en la que todo su inexistente guión es suplido por una avalancha festivalera y abrumadora de efectos digitales. Muy poca salsa para un film que, en el fondo, lo único que pretende es que Tom Cruise pueda lucir su palmito. Mucha acción y mucha tontería pero se trata de un producto que, a pesar de sus pretensiones, no entretiene ni a los palomiteros de turno. Y lo peor de todo es que, viendo su final, uno se teme que tenían prevista otra de esas franquicias cinematográficas interminables.


5.- Guardianes de la Galaxia Vol. 2. Un poco lo mismo que le ha ocurrido a la secuela de Kingsman: si su primera parte resultaba original, ingeniosa y tremendamente divertida como clara sátira y divertimento sobre Star Wars y superhéroes galácticos, en esta entrega, su director, James Gunn, ha perdido la frescura que exhibía en su título original y se deja llevar, única y exclusivamente, por la ley del mínimo esfuerza y por un sinfín de efectos especiales. Más de dos horas de proyección, tan inútiles como acomodaticios y dotados de un sentido del humor de lo más simplón. Pesarosa como un día sin pan.


4.- Zona Hostil. Entre ese toque entre militarista y españolista de la que hace gala de manera nada subliminal, este título de Adolfo Martínez se me atravesó a los pocos minutos de proyección. En él se narran las heroicas peripecias de los integrantes de una misión de rescate del ejército español para sacar del desierto de Afganistán a un convoy americano que, escoltado por la mismísima legión española, ha sufrido un atentado al pisar una mina. ¡Pero qué buenos son nuestros militares, coño! De vergüenza ajena.


3.- Toni Erdmann. Una comedia alemana que, a mi gusto, no hay por donde pillarla y en la que se narra la relación entre una joven consultora alemana establecida en Budapest con su padre, un tipo extraño que se le aparece de nuevo en su vida y que se dedica a amargarle la existencia mediante un sinfín de bromas tan surrealistas como estúpidas. Dos horas y media de la nada absoluta. Una tomadura de pelo que, extrañamente, ha entusiasmado a los cuatro gafapastas que quedan. A todo le llaman comedia. Los yanquis amenazan con un remake protagonizado por Jack Nicholson. A lo mejor, hasta tiene más gracia.


2.- Silencio. Y Scorsese, tras haber filmado La Última Tentación de Cristo, se planteó la posibilidad de volver a aburrir a las plateas de forma soberana sobre otro film de corte religioso. Y así nació el muy plasta Silencio, un trabajo interminable, lento y farragoso, en la que se narra la odisea que vivieron en pleno siglo XVII dos jesuitas portugueses en busca de su mentor en un Japón dispuesto a exterminar a los cristianos de la faz de la tierra. Para mear y no echar gota.


1.- A Ghost Story. Un paja mental más que intenta ofrecer una nueva visión del cine sobre fantasmas; una perspectiva pedantilla y ridícula ya que, su espectro, se pasa todo el metraje pululando como una ánima en pena cubierto por una sábana con un par de agujeros en los ojos. Tal cual. Metáforas por un tubo y estúpidas segunda lecturas. Aburrida y lenta hasta extremos insospechados; tanto es así que, durante casi cuatro largos minutos, nos endosa un plano fijo en el que Rooney Mara, sentada en el suelo de su cocina, se zampa una inmensa tarta a desgana mientras es observada por la triste figura del fantasma enfundado en la sábana. Ver para creer. Aún no sé qué narices nos ha querido contar su director con tal disfunción cinematográfica.


Pues nada. Sigamos adelante con el 2018, a ver que sorpresas nos depara.

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