13.10.07

SITGES 07 - JORNADAS 10.0 Y 9.0: Sin huevos

Pues nada, que hoy por la mañana, sobre las 11 y más temprano que en otras ocasiones, se ha dado a conocer el Palmarés de este año. Unos premios, sin muchas sorpresas, a los que pueden acceder en su integridad a través de este link. Por mi parte, tan sólo mencionar que el ganador de la Sección Oficial Fantástico, The Fall, es uno de los títulos que no llegué a ver pero del que anuncié, gracias a la opinión de otros colegas, la posibilidad de verse reflejado entre los triunfadores del certamen. Por otra parte y de forma merecida, el galardón a la mejor dirección ha recaído sobre Jaume Balagueró y Paco Plaza por el espléndido [REC] , siendo igualmente premiada su protagonista, Manuela Velasco, por la fabulosa creación de una engreída reportera pija.

Justo antes de conocer los premios, he podido asistir a la proyección de la película que por la noche cerrará esta 40ª edición, la esperada 1408; una cinta sobre fantasmas que transcurre, casi en su integridad, en la habitación 1408 de un lujoso hotel neoyorquino. Tensa, ingeniosa y dotada de unos magníficos efectos especiales, narra la espeluznante noche que, en esa estancia, vivirá un escritor experimentado en publicar catálogos sobre hoteles y locales marcados por leyendas espectrales. Un festival de alucinaciones y sustos en el que un espléndido John Cusack carga con la mayor parte de su metraje. A tener en cuenta, ante todo, la corta (pero contundente) aparición de un cínico y elegante Samuel L. Jackson, así como la rocambolesca espiral construida por sus tres guionistas. Diez minutitos menos y sería un film redondo. Les aseguro que, a partir de ahora, seguiré los pasos de su director, Mikael Hafström, un sueco afincado en los EE.UU.

Dando un paso hacia atrás, querría hablarles de los tres títulos que pude presenciar ayer, durante la penúltima jornada del Festival y en el auditorio del Melià-Sitges. A primera hora, aún legañoso y recién llegado de Barcelona, sufrí en silencio el sopor provocado por I’m A Cyborg, But That’s OK, lo nuevo del coreano Park Chan-wook tras haber cerrado su trilogía sobre la venganza con Old Boy. Aquí, rompe con la violencia habitual en sus films y tan sólo la utiliza en los delirantes sueños de su protagonista, una chica que está convencida de ser un robot. Una especie de cuento infantil para adultos, ambientado en su mayor parte en un centro psiquiátrico y que navega, todo el rato y sin decidirse por un rumbo concreto, entre la comedia y el melodrama. Visualmente atractiva y con una prometedora introducción, el androide de Chan-wook se pierde entre tornillos, rollos existenciales y un mucho de pedantería metafísica.


A continuación le tocó el turno a Halloween, el remake de La Noche de Halloween que ha llevado a cabo Rob Zombi. La verdad es que, tras ver esa cosa llamada Los Renegados del Diablo, no las tenía todas con esta revisitación del clásico de Carpenter. Pese a todo pronóstico, me ha parecido un film digno y de una corrección más que sorprendente. De hecho, consta de dos partes bien diferenciadas: una primera, en la que, a modo de precuela, se muestra la infancia del mítico Michael Myers y, una segunda, en la que se recoge –con algunas variaciones- lo ya mostrado por el realizador de Christine en la cinta original. Zombi, con una vibrante y angustiosa puesta en escena, consigue revitalizar el Halloween primerizo otorgándole, al mismo tiempo, una imagen muy a lo monstruo de Frankenstein al psicópata Myers. Deja sus excesos gores encerrados en un armario y, como quien no quiere la cosa, le hace un curioso y simpático guiño, con la ayuda de una careta, a su sanguinario payaso Spaulding.

Hacia las 8 de la tarde y con el Auditorio a tope, Nacho Vigalondo presentó Los Cronocrímenes, una de las películas más esperadas por los habituales del Festival y, en concreto, por un amplio grupo de internautas que, en todo momento, han apoyado al realizador en su cruzada. Si he de serles sincero, su debut en el campo del largometraje me decepcionó un tanto. No se trata de una mala película ya que, teniendo en cuenta su bajo presupuesto, denota maneras, ideas frescas y, ante todo, personalidad. Viajes temporales (salvando las distancias, muy en la línea de los de Regreso al Futuro 2), cierto toque de comedia y un mucho de fantasía, son los principales ingredientes del plato cocinado por el director cántabro. Todo ello muy a la española, tal y como mandaban los cánones del género en los setenta en este país. O sea, muchos matos, matojos, hojarasca y árboles; el escenario ideal para un tipo de cine que, a buen seguro, hizo las delicias del director en las desaparecidas salas de barrio de sesión doble. A pesar del cariño con el que ha afrontado su puesta en escena (y eso se nota), la previsibilidad que se desprende de algunas escenas (como ocurre, por ejemplo, con la de la primera llamada telefónica) o las ansias por rizar el rizo en su parte final, lastran, en parte, las buenas intenciones de un film que, pese a sus irregularidades, se merecería una pronta distribución por estos lares. A pesar del abuso (un tanto empalagoso) de permanencia en pantalla por parte de Karra Elejalde, éste cumple con su función; un trabajo (con homenaje a Darkman incluido) que contrasta con la incalificable interpretación del propio Vigalondo, dando vida a un científico al mando de una muy chiripitifláutica máquina del tiempo. Me imagino la entidad distinta que podría haber alcanzado este producto ofreciendo el mismo papel, sin ir más lejos, a un Manuel Alexandre en plan mad doctor y con un pequeño toque a lo Berlanga. Y es que, precisamente, en sus tímidos acercamientos a la comedia, es en donde mejor funciona Los Cronocrímenes.

Por cierto, y antes de despedir hasta el próximo años las crónicas desde Sitges, les hago un pequeño recuento de algunos de los platos por mí ingeridos durante los dos últimos días: macarrones gratinados con salsa de tomate y atún, pizza de queso cabrales, tarta de chocolate con nata y arroz de bacalao. Cerveza, café y orujos varios.

Me temo lo peor. Repasando la dieta de estas jornadas, he descubierto que mi cuerpo anuncia una alarmante falta de huevos.