
La cinta se basa en un solo chiste, repetido y alargado hasta la saciedad. Un chistecito fácil que, para aquellos que hayan visto 300, resulta de lo más evidente. Si en su día ya se bromeó suficiente con el aspecto gay que ofrecían los musculosos y aceitosos espartanos del film de Zack Snyder, era de prever que la bufonada de turno posterior ampliaría, hasta límites extremos, el cachondeo sobre el tema. De hecho, su escasa hora de metraje (pues los veinte minutos restantes son los créditos finales junto a un inevitable festival de repeticiones insertadas), se ampara casi única y exclusivamente en potenciar la mariconería de los guerreros de Esparta; combatientes que, en esta ocasión, han pasado de 300 a 13. Una ingente cantidad de calzoncillos ceñidos, una amplia variedad de posturitas amaneradas y un devoto culto por las continuas alusiones al orificio anal, se convierten en los platos estrella del menú.


Y en medio de todo ese circo de pitorreo sobre el mundo gay, y sin venir a cuento de nada, algún que otro forzado guiño (sin gracia alguna) a títulos como Transformers o Happy Feet , entre otros, y chanzas sobre personajes ya tan manidos como Britney Spears, Paris Hilton o Sly Stallone y su exagerada pasión actual por el bótox. Y claro está, sin que nunca, nunca, falte la pluma...
No deja de ser curioso que, una película tan espantosa como ésta, se haya estrenado con todos los honores en grandes circuitos de exhibición cinematográfica en España e incluso, ¡agárrense!, publicitada descaradamente a través de ciertos espacios informativos de algunas cadenas televisivas. ¡Cágate lorito!... Y otros films, presuntamente más interesantes que esta bazofia pestilente, siguen pendientes de su pase comercial por estos lares... Indignante.
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