
Es cierto que su premisa argumental promete. La historia de meter a un equipo del FBI de la ciudad de Portlan, especializado en la detección de delitos a través de Internet, en busca y captura de un tipo que realiza sus crímenes on-line desde su página web, tiene su gracia. Y más cuando el muy perverso, para proceder a sus asesinatos, se trabaja, en cada uno de ellos, un escenario y una forma distinta para terminar con la vida de sus víctimas. Es más, según el número de visitas que indique su contador, acelerará la muerte de los agraciados. Cuanto más personal entre, más rápido se producirá el deceso. Inicia sus maldades con un lindo gatito para, acto seguido, recurrir a seres humanos. Ni que decir tiene que su página, www.killwithme.com, pronto pasa a ser una de las más frecuentadas de la red.


Todo queda como muy pillado al vuelo. IP’s mutantes, servidores espejo y cuatro referencias más al abecedario propio de Internet, están metidos a saco para intentar complicar (sin conseguirlo) su simple y poco efectivo guión, al igual que queda un tanto forzada la inclusión en la trama del círculo familiar de la detective encarnada por Diane Lane. Una inserción que, en el fondo, pretende disfrazar la nula definición de una heroína que, tal y como demuestra en su (ridícula) escena final, denota un gran apego por su reluciente placa de agente federal.
Sin lugar a dudas, lo único atractivo y bien resulto de la cinta, se localiza en el macabro montaje teatral que el psicópata organiza para deshacerse de sus rehenes: un claro guiño a cuantos artefactos de tortura aparecen a lo largo de las cuatro entregas de Saw. Atención, ante todo, al innovador sistema de someter a una de las víctimas a un fresco baño de agua en un recipiente transparente; baño al que se le añade, al ritmo de visitas en la página, una solución de ácido sulfúrico. Un despelleje de lo más salvaje que, por su bestialidad, suma algunos puntos a tan irregular producto.

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