Durante las etapas más crudas del franquismo –en las que muchos eventos deportivos se emitían con una desincronización de pocos segundos-, ni un solo partido de fútbol fue ofrecido con tanto desfase horario. ¿Censura? ¿Miedo a que alguien se les desmadre en el escenario? Los responsables aseguran que no es más que una simple estrategia para evitar numerosos tiempos muertos al espectador. Personalmente, creo que se trata de un sutil juego de magia para eliminar aquellos impulsos hispánicos que, año tras año, hemos visto aflorar sobre ese escenario.

Muy poca credibilidad promete una fiesta cinematográfica en la que no ha sido nominada, como mejor película del año, La Noche de los Girasoles. Ante tal ofensa, quien esto escribe optará por ir a dormir tempranito y prepararse, mental y físicamente, para otra noche aún más importante, la del próximo martes: la Noche de los Yoga, la de los Catacric.
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