
Definitivamente, el realizador manchego ha madurado. Ya dio muestras de ello en Todo Sobre mi Madre, aunque después se quedó encorsetado. Y ahora, tras haber despertado de su declive creativo, regresa con la fuerza de un hermoso guión que le ha transportado hasta la tierra que le vio nacer. Al igual que las protagonistas de la película, está dispuesto a desterrar fantasmas del pasado; a enfrentarse con ellos cara a cara. Para ello, sigue con la terapia personal y habitual en su cine: vuelca sus miedos y sus pasiones, aunque de un modo diferente a lo que nos tenía acostumbrados, de manera mucho más sutil. Ya no busca la provocación, sólo pretende hacer buen cine; y lo consigue. Tampoco juega a crear situaciones estrambóticas y rocambolescas. Por suerte, sólo le interesa la conjunción entre la cámara, la historia y sus actrices. Es una película femenina, delicada. Y eso se nota, pues sabe desenvolverse mucho mejor en el mundo de la mujer que en el del hombre. Consciente de ello, hace que la presencia de éste sea puramente anecdótica, aunque también imprescindible. Ellas, sus mujeres, de la primera a la última, son el alma mater del producto.

Volver es ante todo una película de madres. De madres e hijas. De grandes madres. De hijas que, al igual que sus propias madres, han acabado siendo matronas. Matronas de esas que serían capaces de lo más impensable con tal de seguir luchando. Como aquellas que, en el cine italiano de la posguerra, interpretaron damas de la talla de Anna Magnani o Sophia Loren. No en vano, en una de las escenas, Carmen Maura está ante el televisor visionando Bellissima, una obra marcada igualmente por la relación entre una madre y su hija. Y, como dedicatoria a esas maravillosas actrices, transforma a Penélope Cruz en una nueva Loren, acrecentándole las nalgas, resaltándole los pechos y, ante todo, exprimiendo al máximo sus discutidas dotes como actriz. Y la verdad es que, en esta ocasión, la Penélope se sale. Está soberbia. Incluso por momentos desbanca a la propia Carmen Maura. Y eso es mucho decir.

Una película completa, sin fisuras ni tiempos muertos. Todo cuanto expone es necesario. Todo tiene su lugar apropiado. Explora en su propia memoria y adorna su trabajo con multitud de detalles (ornamentales y religiosos) sacados de su infancia en La Mancha, dándole una especial relevancia al viento y al estilo interior de las casas del lugar. Asesta una estocada mortal a la tele basura y los talk shows y, al mismo tiempo, flirtea con la muerte, un tema tabú para muchos. Incluso consigue seducirla y hacerla propia: tras ese jamonazo histórico a la cocorota de Ángel de Andrés, vuelve a utilizar su peculiar sentido del humor (negro, negrísimo), en una larga escena de aquellas que, a buen seguro, hubiera querido filmar Álex de la Iglesia en su fallida Crimen Ferpecto.
Cuatro mujeres. Tres generaciones, Un enclave geográfico con vida propia. Un misterio del pasado por enterrar... Parece poco para una película, pero es mucho más de lo que algunos puedan esperar.

No hay comentarios:
Publicar un comentario