
Creyendo estar en un error y con la intención de enmendar mi primera impresión, ayer tarde la volví a revisar en DVD. Y me dejó la misma sensación de engaño y vacuidad que en la primera ocasión. El mismo sabor a déjà vu. Un guión rocambolesco, construido a modo de sorpresiva muñeca rusa, en el que se esconden múltiples engaños y situaciones imposible.

La situación inicial, en la que dos desconocidos despiertan encadenados en un sucio retrete sin saber que narices hacen allí, es original y tiene su morbo. Mucho morbo. Y más cuando uno de ellos descubre que el otro, para salvar la vida de su mujer y su hija, tendrá que acabar con la vida de su compañero accidental. Al igual que en Seven (título al que hace varios guiños), el oscuro asesino que se esconde tras la tensa situación, se basa en unas reglas muy concretas para llevar a cabo sus crímenes. Propone a las víctimas un juego, valiéndose de varias pistas en forma de adivinanzas y de algunos objetos (mínimos) que estos habrán de utilizar de un modo concreto.

No se puede negar que, a pesar de contar con un presupuesto muy bajo, tiene una factura (de serie B) impecable. No da tiempo al aburrimiento y posee varias escenas de una tensión inigualable. Su ritmo es imparable y acaba consiguiendo lo más difícil, pues hace digerible una historia inverosímil gracias a un guión plagado de engaños y a una correcta realización. Posiblemente sea ésta la gracia de Saw, hacernos comulgar con ruedas de molino: aceptamos una historia vista una y mil veces con anterioridad (y mejor tramada), toleramos que Wan nos vaya tomando el pelo durante una hora y media y después, al salir del cine, somos incapaces de despreciarla. Y ello, como mínimo, merece un respeto... aunque sea pequeñito.

No hay comentarios:
Publicar un comentario