10.8.05
La cocktelera
La Isla está realizada a base de retales de otros films, pillando conceptos, imágenes e ideas de estos. No es de extrañar, por todo ello, que ante el último artilugio de Bay nos vengan a la mente fragmentos de otros títulos más entrañables que éste. Así, por ejemplo, las referencias visuales y estéticas a La Fuga de Logan conforman la mejor parte de La Isla, su primera media hora, en la que se explica, poco a poco, el misterio que se esconde tras una extraña y futurista sociedad, en la cual la mayoría de sus miembros parecen estar autoprogramados bajo un control exhaustivo. Sus imágenes recurren al particular microcosmos ideado, hace años, por el escritor Aldous Huxley en Un Mundo Feliz, novela a la que consecuentemente ya recurrió Michael Anderson para la citada La Fuga de Logan.
Hasta aquí la película funciona más o menos bien. Como se acostumbra a decir, “se deja ver”. Y punto. No ofrece sorpresas, aunque tiene su gracia –a pesar de ciertas lagunas de guión- la manera de ir desvelando al espectador todo cuanto ocurre en esa pequeña y aséptica sociedad.
A partir de ese momento ya no sólo hay pequeñas lagunas de guión, sino que éste desaparece por completo quedando todos los cabos por atar. Empieza a mezclar títulos, sin orden ni concierto, y los agita como si se tratara de una cocktelera: Coma, Blade Runner, Desafío Total, Starman e incluso Metrópolis se reunifican, de manera aceitosa, para darle un tonillo falsamente cinéfilo al producto. Mientras, en medio de ese caos, un efectivo Ewan McGregor y Scarlett Johansson (un poco la chica florero de la película) se agitan mucho y huyen de todo tipo de peligros, a cuál más increíble. Y es que ellos, solitos, han descubierto todo lo que se escondía tras su pequeño mundo y quieren darlo a conocer a la opinión pública.
Una nueva vuelta de tuerca sobre el tema de la genética y la clonación, aunque sin profundizar en absoluto y cargando más el peso de su historia en aspectos triviales. Típica y tópica. Y absurda en su argumento. De esas que además nunca acaban. Un final detrás de otro. Y total para decir que hay malos malosos que aprovechan la biogenética para su propio beneficio.
Pobre ovejita Dolly.
9.8.05
Mea Culpa
Por otra parte, la pasada noche tuve la visita de un troll. Divertido, sí señor. Hacía tiempo que no entraban por estos lares. Los encontraba a faltar. Y, por fin, ha aparecido. Un troll al que, por cierto, he decidido redireccionar. Me he propuesto educarlo un poquito para que acabe enganchándose a esta página (de fondo, en estos momentos, ha de sonar la sintonía de Misión Imposible). Si quieren ver sus comentarios y mis respuestas, están justo debajo de la furibunda crítica que, en su día, colgué sobre El Penalti Más Largo del Mundo.
Les dejo con una curiosidad. Una noticia que apareció el pasado domingo en El Periódico de Catalunya. La he escaneado para que la disfruten. No tiene desperdicio. Sobran los comentarios. Sólo citar que gente como Tim Burton o los hermanos Coen sacarían mucho provecho de ella.
8.8.05
Juegos de Verano (VII)
Vamos a por otra película. Creo que más complicada que en otras ocasiones. Aunque nunca se sabe, ya que ustedes, cuando quieren, son unos verdaderos linces. Hoy, la imagen ilustrativa, contiene también una frase indicativa. No se me quejarán: una foto y dos enunciados (uno de propina) para ayudarles a descifrar el enigma.
Nadie es perfecto.
7.8.05
Juegos de Verano (VI)
Continuemos con estos acertijos. Un nuevo título fantasma. Pienso que bastante fácil en esta ocasión. Fácil pero terriblemente malsonante. Pongan todos sus sentidos alerta y seguro que, en un periquete, desvelan la cinta que se esconde tras esa imagen y la florida prosa que le sigue.
“¡Capullo!, ¡desgraciado!, ¡pichafloja!, ¡maricona!, ¡soplapollas!, ¡rata asquerosa!, ¡gusano inmundo!, ¡basura!, ¡gilipollas!, ¡maricón!, ¡caraculo!... puta mierda, ¡hostia puta, coño!...”
6.8.05
Dos hombres y un destino
Este es el inicio de La Escapada, una de las mejores películas de Dino Risi y, por defecto, del cine italiano de los años 60. En el guión, ¡cómo no!, el propio Risi, Roggero Maccari y Ettore Scola, uno de los grandes de esa cinematografía. Blanco y negro, un humor punzante y algún que otro toque erótico. Y, como novedad, entran a saco en una atípica road-movie europeizada, rompiendo de este modo con la ola neorrealista y sobre la postguerra italiana que tantos inolvidables títulos nos dio ese país.
Risi, ante todo, se centra en la extraña relación creada entre dos personajes un tanto antagónicos. Bruno y Roberto. O, lo que es lo mismo, Vittorio Gassman y Jean-Louis Trintignant. Ambos están espléndidos. Cada uno de ellos conduce su rol hasta límites insospechados. Gassman se recrea en construir a un hombre sin escrúpulos, vividor y mujeriego, amante de la velocidad y con un punto de gamberro insolente, mientras que un jovencísimo Trintignant opta por el individuo más reservado, temeroso de todo cuanto le rodea y que, a pesar de estar embarcado en el viaje, aún no acaba de entender que narices pinta él en ese automóvil.
La cinta se desenvuelve bajo el punto de vista de la comedia. Consigue detalles espléndidos gracial al personaje de Gassman, el crápula por excelencia. Las majaderías de éste están aseguradas cada cinco minutos. Y Trintignant, a pesar de sus reservas ante la animosidad de su nuevo compañero, acabará desgranando ante él su vida y sus complejos. Poco a poco, ambos viajeros, irán abriendo los rincones más oscuros de su pasado, hasta llegar a un entendimiento mutuo envidiable.
Carreteras, chiringuitos de playa, alcohol, refrescos, velocidad y sexo. Y, amparando todas estas referencias, está la música de la época. El twist italianizado, aquel que también utilizara Bertolucci para adornar ciertos pasajes de La Luna. Concretamente se trata del St.-Tropez Twist, popularizado en los 60 por la voz de Peppino di Capri. Y, como guinda musical repetitiva, un clásico del pop de esos años, el Guarda Come Dondolo, el hit-parade de la época interpretado por Edoardo Vianello.
Pero, entre sus toques cómicos, en la ácida descripción de esos dos seres solitarios y sin futuro, se esconde una amargura punzante. Y es que La Escapada golpea en lo más íntimo, directamente al estómago. Su revisión, aparte de evocar paisajes y ambientes de un tiempo pasado, significa una lección de cine en sí misma. Yo, al menos, lo sentí de esta manera. No sé a que narices están esperando para editarla, de una vez por todas, en DVD.
5.8.05
4.8.05
Ahora... a por el Pulitzer
Pero hay tres cuestiones que, en los últimos días, me han levantado el ánimo hasta extremos increíbles. Por una parte, y después de una semana a dieta por culpa de los programadores de TV2, desde el pasado lunes han reemprendido la emisión de los últimos episodios de la tercera temporada de El Ala Oeste de la Casa Blanca. Canela en rama. La segunda buena noticia es que, desde la tormenta que cayó sobre Barcelona anteayer, hace un par de noches que se vuelve a dormir fresquito.
Pero lo que más me ha entusiasmado es descubrir que este blog ha sido premiado. El señor Surfernazi, al cual desconozco y cuyo nombre me atemoriza un poco, montó su propio concurso para galardonar a las mejores bitácoras de la red. Y hete aquí, que de golpe y porrazo, descubro que ésta ha sido laureada como la Mejor de Cine (En General). ¡Cuál ha sido mi sorpresa al enterarme! Tan agradecido estoy, que no he podido reprimir mis impulsos y pegarme unos bailes en la gigantesca biblioteca de mi mansión. Bailes que, por cierto, dedico con toda mi humildad al gran Hijo Tonto, sin cuya influencia, altruismo y buen hacer, no estaría en la lista de ganadores. Usted, Hijo Tonto, se lo merece todo. Y más.
Y no sólo por haber sido premiado, sino que también me siento feliz y honrado de compartir premio con personajes tan ilustres como Los Lametones de Amor, Hijo Tonto, Absence, Adultolescente, Satanasito, Harmony House, La Ruina de la Familia, El Dr. Zito o el respetado Focoblog, entre otros. Aunque todos ellos, claro está, en otras categorías distintas.
De todas maneras, cuando ese ser de nombre terrorífico, Surfernazi, hizo sus designaciones iniciales, hubo un detalle que francamente me inquietó, pues Spaulding’s blog fue nominada como una de las mejores bitácoras sobre “películas raras”. Me quedé estupefacto, con cara de sapo mareado. ¿Kubrick, Hithcock, Wilder y Scola, por ejemplo, hacían cine raro? A última hora, gracias a la sabiduría de Hijo Tonto, se acabó especificando que este blog, en concreto, trata de “cine en general”. Eso me gusta más. ¡Qué vivan los clásicos! Y los raros también, pero con discreción.
Y ahora, con permiso de todos ustedes, voy a luchar por el premio Pulitzer... a pesar de que alguien me tenga que tender un cable.
3.8.05
Ustedes lo han querido: LUNAS DE HIEL
Lunas de Hiel, en parte, se acerca más al espíritu de Repulsión y de la apelmazada El Quimérico Inquilino que al resto de sus productos. Al igual que en estos, relata la degradación física y psiquica de sus protagonistas. Hurga en los rincones más oscuros de cada uno de ellos. Y lo hace de manera fría, casi distante, sin acercarse demasiado a sus personajes. Diseccionando sus caracteres a través de un fino y afilado bisturí, deja que sangren con sus profundos cortes de cirujano voyeur y, al mismo tiempo, anula toda posibilidad de rescatarlos de su eminente caída al pozo más oscuro. Polanski no siente ningún tipo de pudor por abandonar a su propia suerte a unos personajers empeñados en no dejar cicatrizar sus heridas.
Todo transcurre en un trasatlántico de lujo, durante un crucero de placer. Allí convergen un par de parejas. Por un lado Nigel y Fiona, dos jóvenes consortes que celebran sus siete años de convivencia y, por el otro, Oscar y Mimí, un inválido y su atractiva mujer, que malviven a través de una relación al límite en muchos aspectos. Entre los dos matrimonios nacerá una extraña conexión, creada a partir del deseo sexual que Nigel siente por Mimí. Su cuerpo redondo y sus tentadoras carnes despertarán la envidia de su esposa, Fiona, la cual acabará buscando refugio en la soledad de su camarotem, mientras su marido, incitado por el propio Oscar, intentará aproximarse cada vez más a la cautivadora presencia carnal. En su perverso juego, el maquiavélico Oscar, aposentado en su silla de ruedas, optará por contarle su vida en común con el oscuro objeto del deseo del atolondrado Nigel.
A partir de este punto, Polanski entra en una controlada y explícita espiral de flash-backs relativos a la convivencia de esos dos amantes. Por su parte, el estupefacto Nigel se convierte en la figura del espectador, atento desde la platea a los juegos sexuales y amorosos de Oscar y Mimí y, ante todo, a la degradación de ambos en su particular dependencia. El masoquismo empieza a aparecer en las vidas de estos. Su afable unión acabará transformándose en un infierno conyugal, lo cual no supone ninguna sorpresa, pues el film lo deja bien claro desde que, por primera vez, presenta a esos dos seres. Peter Coyote es Oscar, un escritor norteamericano afincado en París y Emmanuelle Seigner, Mimí, una exuberante camarera de un restaurante de la ciudad. Sin lugar a dudas, se trata de una de las mejores interpretaciones de Coyote, mientras que Seigner, a pesar de su poca valía como actriz, acaba dando el pego como hembra excitante; ese tipo de mujeres que, desde siempre, ha retratado a la perfección, con sus dibujos, Oscar Nebreda.
Hugh Grant, gracias a su sosería innata, logra convertir al inseguro y timorato Nigel en un personaje totalmente creíble, mientras que la siempre eficaz Kristin Scott Thomas resuelve a la perfección el rol de mujer insatisfecha y no atendida por su compañero. Mientras éste anda empecinado en conseguir a la sensual esposa del literato minusválido, Scott Thomas, dando vida a la abandonada Fiona, se desmarcará a medias de la historia mediante un arrebato de nervios en los que los celos serán su principal protagonista. Ambos son británicos y, como tales, actúan en sus respectivos posicionamientos. La dignidad y la entereza siempre por delante.
Y por encima de ellos está la novela de Pascal Bruckner y, ante todo, el fantástico guión adaptado por el gran Gérard Brach, un habitual de Polanski desde que éste dirigiera Repulsión. La historia es negra; muy negra. Dura y cruda, sin concesiones. Pero, aparte, sabe administrar pequeñas gotas de humor negro que hacen más llevadera su proyección. Tanta mala leche y cinismo vuelca en su singular sentido del humor que, por momentos, la hiriente relación establecida entre Oscar y Mimí parece una transposición, en personajes de carne y hueso, de los cartoons protagonizados por El Coyote y El Correcaminos. Ciertamente sublime. Y es que no hay mejor manera de plasmar los pasajes más arrebatados que haciéndolo mediante un poco de chispa. Aunque ésta sea sardónica, abrasiva y vitriólica.
Incluso, y sin que sirva de precedente, la banda sonora de Vangelis resulta espléndida y bonita. Casi, casi, un milagro tratándose de quien se trata. Pero la verdad es que, en esta ocasión, su partitura musical acompaña perfectamente las neuras y desidias de los cuatro personajes protagonistas, embarcados todos ellos en un crucero con muy pocas esperanzas. Un naufragio moral asegurado al cien por cien.
Un film interesante, amargo como la hiel de su título que, sin embargo, en su estreno no tuvo el respaldo popular merecido. Una injusticia como cualquier otra. Si usted no la ha visto, es el momento de pillarla en DVD y darle un vistazo. Seguramente no se arrepentirá.
2.8.05
Juegos de Verano (V)
Quizás les esté dando demasiado la tabarra con estos Juegos de Verano, pero es la mejor manera que he encontrado para no agobiarme redactando, a diario, largas críticas o alucinadas varias. Una especie de relax vacacional para quien esto escribe. Y sepan también que, aparte de tener actualizado el blog casi día a día, no pienso abandonar el repaso de ciertas películas, tanto clásicas como de cartelera actual, durante este mes de agosto. Supongo que sabrán entenderlo... Bueno, desengáñense; la verdad es que la pereza estival es lo único que me lleva a estos entretenimientos pueriles.
Hoy les voy a proponer un título más fácil. O eso, al menos, es lo que pienso. La tónica es la de siempre. Una foto del film y un comentario sobre el mismo. ¡Anímense, que éste está chupado!.
Salió de la miseria de las calles para convertirse en actriz. Durante su primer trabajo como tal, conoció a uno que le tiraba los tejos. Éste, igual que ella, acabó debutando en los escenarios de Broadway.
1.8.05
In Memoriam
Una agonía lenta y duradera. Tras trece largos años manteniendo una relación casi a diario con él, se hace mucho más difícil superar el trauma. Y eso que el pobre, durante los últimos seis años, se había convertido en un calvario de agobiantes penurias. Cuando no le fallaba una cosa, era la otra. E inesperadamente, una vez recuperado de alguno de sus achaques, volvía a recaer sin lógica alguna. Sufría calentones tremendos. No oxigenaba bien. Y, en demasiadas ocasiones, le costaba por las mañanas ponerse en marcha. Ello sin recordar aquella interminable temporada en la que, entre temblores escalofriantes, soportaba pasajeros amagos de infarto. Uno detrás de otro. No saben lo que he llegado a padecer por esa estimada criatura metálica.
Era mi Ibiza Injection de color blanco. Cubicaba 1.5. Tenía su nervio, hasta que empezó con los arrechuchos y cayó en manos de profesionales sin escrúpulos. Arreglaban una cosa y dejaban otra preparada para volver al taller a la semana siguiente. Y venga facturas. Ahora 20 euros de nada y, a la semana siguiente, 200 euros más. Así mes tras mes, durante seis años. Cambiando de mecánicos y dejando que cada uno de ellos, a su manera, le fuera insertando viejas piezas de desguace que lo acabaron convirtiendo en una especie de carroza ortopédica.
Quien esto escribe no volverá a ser jamás el mismo. Hoy, cuando lo he entregado al taller del concesionario en el que he comprado el nuevo coche, le he pedido al encargado un pequeño favor. “Antes de que vengan a por él los del Renove, ¿me permite estar cinco minutos a solas con mi Ibiza?”. El hombre ha entendido perfectamente mi solicitud, me ha dado una palmadita en la espalda y, con la mano derecha, me ha señalado el rincón en el que el desahuciado automóvil esperaba su retirada. He pasado ese rato con él. En silencio y acariciando cariñosamente el cambio de marchas, hemos recordado viejos tiempos. Y para terminar, tras darle un suave beso en el capó, le he jurado amor eterno. Nunca me olvidaré de él.
31.7.05
Juegos de Verano (IV)
Hoy voy a ser bueno. Mucho más misericordioso que la otra vez. La película propuesta la van a descubrir en un instante. No es difícil. Es cuestión de que, por unos momentos, cambien su mentalidad actual. Entonces, todo les saldrá rodado y habrán dado en la diana. Ya lo saben: una imagen del film y una frase descriptiva. El resto es pan comido. ¡Vamos allá!
Algunos tuvieron la posibilidad de conocer su entorno desde otra perspectiva.
30.7.05
Sospechosos habituales
Si quieren ver más, pinchen aquí, viajen hasta la curiosa web de Clumsy Crooks y den un paseo por la sección Mug Shots. Hoy es día de visita. Recuerden: han de hablar con el detenido a través del cristal y no llevar, en sus bolsos, ningún tipo de arma ni objeto punzante.
Ante todo, fíjense en los cargos que se les imputan. Se llevarán verdaderas sorpresas.
Que ustedes lo pasen bien. Y tengan cuidado ahí afuera.
29.7.05
Aquella casa al lado del cementerio
Éste es el punto de partida de Arsénico por Compasión, una comedia espléndida que, en parte, rompió un tanto con el estilo anterior de su realizador, Frank Capra. Viéndose acusado, de manera injusta, de hacer un cine un tanto blanco y conformista, dejó de lado sus habituales fábulas sobre el sueño americano y se dispuso a adaptar una obra teatral marcada por un sobresaliente humor negro. Negro y macabro.
Cary Grant es, en el film, Mortimer Brewster, un tipo que, en pocas horas, ve cambiar radicalmente su vida. Primero por haber cedido y dejarse atrapar en las redes del matrimonio y, segundo, por descubrir el oscuro secreto que escondían sus respetables y adoradas tías, así como por el reencuentro, tras varios años sin saber de él, con su hermano, un ser sanguinario y de pocos escrúpulos que, huyendo de la justicia, busca refugio en casa de sus parientes. Y Grant, siguiendo los consejos de un Capra dispuesto a desmelenarse por primera vez, siguió al pie de la letra los mismos, construyendo un personaje histérico, al borde del infarto, y que a través de sus exageradísimas muecas expresa, al máximo detalle, sus sentimientos más profundos. Odio, asombro, terror y misericordia. Y todo ello, en la mayoría de ocasiones, valiéndose sólo de sus expresiones faciales y de sus gestos astracanados. Disparatados y pasados de rosca. Igual que el resto de la película. Y eso no es ninguna crítica negativa, al contrario. Tiene un valor infinitico. Colocarse, interpretativamente hablando, al mismo nivel que el del trepidante ritmo narrativo empleado por el director, tiene su mérito. Un vodevil mortuorio, ambientado (en su mayor parte), en un único escenario, el interior del domicilio de las hermanas Brewster.
Y allí, en ese domicilio, abriendo y cerrándo puertas y ventanas, acaban desfilando todo tipo de figuras, a cual más chiflada. El tío Teddy (un magistral John Alexander), con su corneta, subiendo y bajando escaleras a todo meter; las dos damas bondadosas (inolvidables Josephine Hall y Jean Adair) caminando a saltitos por la estancia; el monstruoso y sádico hermano de Mortimer y su cirujano plástico particular (mayúsculos Raymond Massey y Peter Lorre) o la presencia impagable de uno de los grandes secundarios de la comedia, el único e incomparable Edward Everett Horton, dando vida al eminente psiquiatra propietario del sanatorio mental Los Años Felices.
En Arsénico por Compasión todo conjuga a las mil maravillas. No hay ningún bajón. Al contrario, todo lo que acontece en casa de los Brewster es de un crescendo imparable. Los chistes y enredos se suceden uno detrás de otro. Y Capra se despacha a gusto detrás de la cámara. Juega con el blanco y negro, con las luces y las sombras, trasladándose hasta el universo de James Whale para retratar al frankenstiniano personaje de Raymond Massey, un ser al que todos confunden con la viva imagen de Boris Karloff, actor que, por cierto, había interpretado en los escenarios teatrales al siniestro hermano de Mortimer.
Basándose en el libreto original de Joseph Kesselring, Julius J. Epstein y Philip G. Epstein urdieron su electrizante guión. Se trataba de los mismos individuos que, un par de años antes, se habían encargado de escribir la mítica Casablanca. Si en el film de Michael Curtiz trabajaron un poco a salto de mata, en el de Capra lo hicieron de manera más metódica y estudiada. Poco a poco van deshilvanando la realidad, hasta llegar a un punto en la que ésta se convierte en el surrealismo más puro y aciago. Nada es creíble, todo está desatinadamente fuera de órbita. Pero en su delirio y en su ingenio está la clave. Y, cómo no, en su celebrada fauna de secundarios excelente y, ante todo, en Cary Grant quien, en esta ocasión, fue capaz de inflar hasta límites inconcebibles su comicidad innata, entonando a la perfección con el estilo buscado por su director.
Una comedia maravillosa. De las grandes. Y que, al mismo tiempo, significó una avanzada defensa (entre líneas) de la eutanasia. Una buena dosis de sabiduría cinéfila que, de vez en cuando, vale la pena revisar.
Juegos de Verano (III)
He de confesarles que me han picado. El acertijo de hoy parece fácil, a simple vista. Sólo lo parece. Pero no se dejen engañar. El que avisa, no es traidor. Sencillamente es Spaulding. A estrujarse el cerebelo amigos, que esto va en serio. Y el calor les puede llevar por caminos inadecuados en sus respuestas.
Un consejo. Siempre vayan a por la evidencia.
Él se creía el mejor en su arte. Estaba muy seguro de sí mismo, aunque los demás no opinaran tal cosa.
28.7.05
Juegos de Verano (II)
Vista la buena acogida, sigamos con el juego estival. Atención, pues en esta ocasión lo he complicado un poco más, aunque seguramente los más avezados darán en la diana. Ya saben: una foto y un pequeño comentario. A poner en marcha las neuronas, ¡venga!
Nunca unos huevos dieron tantos quebraderos de cabeza.
27.7.05
Juegos de Verano
No niego que haya algún que otro descanso, de esos mínimos, de uno o dos días, pues el calor y el esfuerzo diario por mantener la bitácora es considerable. Cansado pero contento, pues la respuesta de ustedes con esta página ha sido maravillosa, incluso un tanto inesperada. Y ese es el principal estímulo para seguir posteando lo máximo posible durante este estío. Gracias mil por aguantar mis neuras y peroratas a diario.
Para esos días estivales en los que el cuerpo me pida un descanso, les propongo un pequeño juego cinéfilo y refrescante. Se trata de agudizar su mente de ratas de filmoteca, colocarse bien las gafas de pasta y descifrar el título de la película que cito. Para ello tan sólo pondré una frase alusiva y colgaré una foto de la misma. Pero vigilen. No se dejan engañar jamás por esas imagenes. Confíen más en mis palabras.
Aquí tienen ya el primero de los llamados Juegos de Verano.
Vivían en una casita al lado del cementerio...
26.7.05
Ustedes lo han querido: LA GARBANZA NEGRA, QUE EN PAZ DESCANSE
Y, al fín, de la mano de Luis María Delgado (el director de la locaza Diferente) y basándose en un guión de ellos mismos con la colaboración de Antonio Mercero, se parió La Garbanza Negra, Que En Paz Descanse, un vehículo para lucimiento propio y de los muslos de Esperanza Roy. Tip y Coll, o lo que es lo mismo, Luis Sánchez Polack y José Luis Coll se erguían, por fin, en únicos protagonistas de un delirio que, visto al cabo de los años, se ha convertido en un film basurero al cien por cien. Más que basurero, directamente casposo. Espantoso, horripilante.
Ellos funcionaban a la perfección a nivel de pequeños gags humorísticos. Espléndidos números destinados a pequeños cabarets que, con mucha inteligencia, supieron trasladar a los platós de TVE para desengrasar de tanta canción españolista que nos tocaba soportar durante esos años. Siempre pusieron la nota más alta en los oxidados shows de variedades conducidos por Joaquín Prat y Laura Valenzuela. Personalmente, a mediados de los 80, tuve el honor de verles en directo en un par de ocasiones e, incluso, de hacerles una entrevista inolvidable destinada a un programa de radio. Allí, en los escenarios, eran los mejores. Divertidos, electrizantes. La crème de la crème.
Antes de la fallida Garbanza Negra, habían hecho pequeñas colaboraciones en todo tipo de nefastas comedias , en donde Landa, Ozores, Sacristán y López Vázquez mostraban sus calenturas de macho hispánico. Y, la verdad, es que sus mínimas apariciones en esos films rancios eran siempre lo mejor de la función. No tenían desperdicio. Juntos o por separado, sabían romper la monotonía de esos títulos y trabajarse, de manera asombrosa, su particular rinconcito disparatado y personal.
Pero lo de La Garbanza Negra supuso algo ciertamente indigesto. Un error garrafal. Nunca tendrían que haberse involucrado en tan nefasto título. La historia no hay por dónde pillarla. Tip y Coll interpretan a dos hermanos gemelos, Nepo y Pío, propietarios, en compañía de Valentín Tornos (el eterno Don Cicuta), de una pequeña funeraria de provincias. Al morir su madre, doña Obdulia, ésta les dejará en herencia todas sus pertenencias: un cabaret, en el que las máximas estrellas son Esperanza Roy y Josele Román, y una casa de lenocinio. O sea, una casa de putas. Nepo y Pío viajarán hasta Madrid y vivirán insólitas aventuras cuando los regentes actuales de ambos locales intenten acabar con sus vidas. Enredos, confusiones, un mínimo toque erótico y unos cuantos números musicales a mayor gloria de la Roy y del dúo protagonista.
No negaré que, a pesar de lo insoportable de su trama y de su patético (por inexistente) guión y realización, La Garbanza Negra tiene sus momentos. Pocos y aislados, pero los tiene. Y ello gracias precisamente a ellos, a Tip y Coll. Dos genios que, de todas maneras, fracasaron en su primera intentona cinematográfica como protagonistas casi absolutos, pues junto a ellos se encontraba un interminable y alucinógeno desfile de impresionantes glorias de la época como, por ejemplo, Simón Cabido (Doña Croqueta), José Orjas, Joaquín Roa, Venancio Muro y Luis Barbero. Un escaparate de lo más frikkie.
Después, la pareja volvió a probar fortuna en otra producción, en este caso adoptando el papel de maestros de ceremonias en una comedia episódica sobre el sexo nacional, El Sexo Ataca; aunque su mejor experimento para la gran pantalla fue El Asalto al Castillo de la Moncloa. Se trataba de doblar, a su manera, una vieja coproducción italo-española de finales de los años 50, protagonizada por Carmen Sevilla y Ricardo Montalbán y que llevaba por título Los Amantes del Desierto. Y en ese caso, en ese film tan desconocido actualmente, dieron bastante en el clavo. O sea, lo que mismo que hizo Woody Allen con Lily la Tigresa pero en plan más cazurro.
Como documento sonoro inigualable e ideal para conocer algo más sobre la difunta Obdulia de La Garbanza Negra, les dejo con el tema musical que hace referencia a ésta. Música de Adolfo Waitzman y letra de Tip y Coll. Pulsen en la tapa del LP y sabrán lo que vale un peine.
25.7.05
1.000 caras y una sola vida
Su director, Stephen Hopkins, con éste film ha conseguido, al mismo tiempo, el título más estimulante de su carrera, la cual, hasta el momento y moviéndose entre el cine y la tele, estaba plagada de irregulares producciones que, de todos modos, rezumaban cierta corrección estética. No en vano fue el realizador de la mayoría de episodios de la primera temporada de 24 Horas, la única ciertamente aprovechable de una agónica serie que se está ahogando en sus propios vicios.
Llámame Peter significa, ni más ni menos, un repaso biográfico a la polémica vida personal de Peter Sellers, tal y como índica su título original, The Life and Death of Peter Sellers. Un nuevo biopic que, al igual que hizo Irwin Winkler con Coler Porter en De-Lovely, es capaz de huir de la monotonía y falsedad habituales del genero para ofrecernos una historia bien tramada que retrata, con bastante profundidad, los demonios interiores del gran cómico británico que nos abandonó a los 54 años de edad.
Plasma el eterno síndrome de Peter Pan con el que Sellers cargó hasta su propia muerte: l’enfant terrible; el niño mimado; la criatura indomable, siempre el obligatorio centro de atención. Hurga en las heridas más profundas del actor, destapando el complejo de Edipo creado por una madre absorbente, capaz de castrar emotivamente tanto a su hijo como a su propio marido. Habla sus relaciones con las mujeres, de sus diversos matrimonios y de su frustrada conexión con Sophia Loren, la cual marcó sus posteriores aventuras amorosas. Deja bien claro que Sellers era un tipo frustrado, no contento consigo mismo en ningún aspecto, volcando su ira y destemple interior con todos aquellos que le rodeaban, empezando por sus propios hijos. Odiaba su físico y su inseguridad personal, siempre dependiendo de sus esposas o de los directores que más influyeron en él, a los que no dudaba ni un segundo a la hora de sustituirlos por la omnipresente presencia de su progenitora.
Y todo ello contado de manera original, mezclando la vida privada de Sellers con la profesional. Nos descubre que vivía a través a sus múltiples personajes, de aquellos que le hicieron millonario desde la gran pantalla. Clouseau o Strangelove, por ejemplo, estaban por encima de él. Se alimentaba vitalmente de ellos, pues Peter era vacío e intransigente Y por eso mismo los detestaba.
La Pantera Rosa y sus secuelas, Teléfono Rojo, Casino Royale y Bienvenido Mister Chance son algunos de los títulos en los que Llámame Peter hace especial hincapié. Otros, sin citarlos aparentemente, son homenajeados de manera sutil y brillante, como ocurre en el caso de El Guateque. Y Hopkins, a través del inteligente guión de Christopher Markus y Stephen McFeely, se apoya visualmente en la estética sesentera y particular de aquellos entrañables films y que, en realidad, eran un claro reflejo de una época. En este aspecto, vale la pena resaltar sus atractivos títulos de crédito iniciales, con el What’s New Puissycat de Bacharach y la voz de Tom Jones, atronando sobre una animación que nos devuelve a los años en los que La Pantera Rosa reinaba en el mundo del cine.
Olvida ciertos episodios en el tintero, como ocurre en el caso de sus dos últimos matrimonios. Otros no aparecen, pero se dejan intuir perfectamente, como la sincronía del actor con la etapa más psicodélica de The Beatles. Y acaba centrándose, finalmente, en la obsesión por dar vida a Chance Gardiner en Bienvenido Mister Chance, indudablemente una de las mejores interpretaciones de su carrera y que, en parte, puso el broche final a una vida atormentada y enfermiza.
Y al frente de todo ello un magnífico Geoffrey Rush. Ni el propio Peter Sellers lo habría hecho mejor. Rush está increíble, mostrándose en todo momento camaleónico. Se adapta a la perfección a las múltiples etapas físicas y psíquicas del cómico, sin caer jamás en la sobreactuación. Sellers-Rush, Rush-Sellers. O sea, Peter Sellers.






















































