7.3.08

Cualquier tiempo pasado nunca fue mejor

Las 13 Rosas es un film que se ha eternizado en la cartelera barcelonesa por dos razones: el boca a boca del público y, ante todo, las 14 nominaciones -incluida la de Mejor Película- con las que se presentó a la pasada edición de los Goya y, de las cuales, tan sólo fue premiada por cuatro de ellas: fotografía, diseño de vestuario, actor de reparto (José Manuel Cervino) y música, siendo el de ésta última categoría el galardón más merecido y a pesar de que, en esta ocasión, la excelente banda sonora de Roque Baños se dejara influir demasiado por algunos de los pasajes que Bernard Herrmann compuso para el Vértigo de Hitchcock.

Tras recuperarla finalmente, la película me ha decepcionado. Quizás hayan sido demasiado buenas las expectativas que mantenía ante ella pues, en realidad, me ha parecido un producto pequeñito que poco (o nada nuevo) ofrece sobre un tema ya tratado en el cine español en numerosas ocasiones. Posiblemente, lo único novedoso se encuentra en que la mayoría de protagonistas son mujeres. Un grupo de mujeres que vivió el final de la Guerra Civil y el principio de la dictadura franquista de un modo ciertamente trágico.

De hecho, Las 13 Rosas es el nombre con el que se conoce a las trece jóvenes que murieron fusiladas en 1939, poco después de finalizada la contienda, y que fueron acusadas de organizar un atentado (nunca realizado) al Caudillo durante el desfile de la Victoria. Junto a ellas, la misma jornada, también se ejecutó a una cuarentena de hombres acusados de formar parte de la misma conspiración. Ninguna de los condenadas se había manchado jamás las manos de sangre. Su único delito era el de pertenecer -o tener contacto- con formaciones de jóvenes socialistas y comunistas. Incluso, alguna de ellas, como ocurre con el personaje interpretado por una sobria Pilar López de Ayala -una mujer católica, cercana a los ideales del Régimen y madre de un niño-, fue condenada a la pena capital tan sólo por prestarle dinero a un músico comunista, compañero de su esposo, para que pudiera huir del país; personaje, el de ella, sobre el que más se recrea explícitamente la película.


El film indaga en la personalidad de algunas de las trece mujeres, aunque sin profundizar demasiado en las relaciónes que mantuvieron con el resto de los teóricamente implicados; culpa de un guión pobre e incapaz de describir o definir, con un mínimo de precisión, a cuantos personajes pueblan la trama de Las 13 Rosas y, al mismo tiempo, de la endeblez de una dirección (la de un poco inspirado Emilio Martínez Lázaro) que resulta demasiado plana en muchos aspectos. El borroso (o nulo) dibujo de sus protagonistas hace que al espectador le cueste introducirse en la historia y que, en definitiva, no se sienta identificado con ninguna de ellas. Y es entonces cuando la distancia entre la pantalla y la platea se hace enorme.

Es una lástima que no se le haya sacado más partido a un tema, a priori, tan interesante, dando al mismo tiempo una desarmante sensación de dispersión en todo lo que expone. A veces, centrándose tanto en el fusilaminento de las llamadas 13 Rosas, da la impresión que la cinta olvide que no sólo fueron ellas las que cayeron durante la oscuridad de esos años pues, casi a diario, numerosos detenidos republicanos se desplomaban también ante el pelotón de ejecución.

Sin embargo, la irregularidad de la propuesta no está reñida con las buenas intenciones. Siempre es necesario conocer los puntos más oscuros de nuestro pasado. Un pasado delirante y surrealista, en donde los tres colores de la bandera republicana dieron paso al rojigualdo, con el aguilucho oteando en el centro; un país gris y dividido, en donde el apellido del dictador, por cojones, se tenía que repetir tres veces seguidas: ¡Franco, Franco, Franco!... no fuera que los sordos no se enteraran del nombre del ogro que se paseaba bajo palio y por la Gracia de Dios; un país con el brazo derecho alzado, dejando al aire los hedores variopintos de millones de axilas sudadas por la tensión y el terror; un país de patéticos cánticos patrióticos; un país que, de tanto permanecer cara al sol, terminó por quemar las pupilas de sus enfebrecidos gobernantes. Una España única; una España grande; una España Libre.. Es de suponer que lo de "libre" (entre comillas) era uno de tantos chistes macabros que nos dejó en herencia el hombre de El Ferrol... Nunca debería repetirse una situación tan caótica y estúpida. Reflexiónenlo mañana. Aún estamos a tiempo de no volver a caer en manos de la mentira, la humillación y el sin sentido. Si es necesario, y a pesar de sus defectos, recurran para ello a Las 13 Rosas.

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