1.11.05

La Consti, la Leo y los polacos

Pensaba que ayer estaría de nuevo dándole a la tecla. Pero no. Una pared del salón ha salido complicada. Una pared de esas que escupe la pintura. ¡A rascar se ha dicho! Todo se ha atrasado más de lo debido. Y yo, entre tantas brochas y rodillos, empiezo a plantearme el cambio de profesión. ¡Qué bonito resulta estar manchado de blanco cada dos por tres!

Desde las alturas de mi escalera de pintor, ahí arriba, rozando el techo con mis cuatro pelos de punta, añorando mi sofá, mi DVD y el cine, he recapacitado profundamente sobre un par de temas de actualidad con un punto en común.

Por un lado el Estatut de Catalunya; por el otro, la Leonor (que no la Watling). Tanto uno como el otro necesitan ciertas reformas en la Constitución. La cuestión catalana ofende a miles. Las sucesiones monárquicas seguramente no provocarán la misma tergiversación informativa y malestar político. Los que se sienten vilipendiados por tener que retocar la Constitución y que, al mismo tiempo, aprovechan para enfrentar a ciertos sectores del país, serán los primeros que no pondrán ningún impedimento para que la hija del Príncipe de España pueda acceder a la Corona.

¿Un bebé monárquico es mucho más que miles de personas? Sandeces. Todos tienen sus derechos. Si la niñita puede reinar en un futuro, el pueblo catalán ha de exigir la pertinente reforma de la Constitución para que el nuevo Estatut sea aplicable de una puñetera vez. Y ésta es una cuestión que tendría que entrar en la cabezota de ciertos individuos que, durante demasiados años, han gobernado de espaldas a su país y mintiendo (aunque sea amparándose en vidas humanas) para seguir agarrados al poder.

Desde lo alto de mi escalera, con la perilla empapada en pintura, lo proclamo bien alto: ¡déjennos vivir en paz: A unos (aunque hablemos en polaco) y a otros. ¡Joder...!