
Ésta habla de un hombre acomodado y apenado que, tras ser abandonado por su última compañera sentimental, recibirá una extraña carta con un comunicado personal que aún le dejará más aplastado. Achuchado por un vecino con ínfulas de detective, despertará de su letargo depresivo e iniciará un largo viaje por el país que le obligará a enfrentarse con su pasado y sus antiguas amantes. Y ese hombre entristecido y que a duras penas habla no es otro que Bill Murray. Un Bill Murray que repite, desde hace unos cuantos años, el mismo papel. Y es una lástima, pues es un tipo que me cae bien y que en varias ocasiones ha demostrado saber desenvolverse ante la cámara mucho mejor que en ésta.

Flores Rotas no arranca en ningún momento. Algún que otro toque aislado y gracioso (como el del personaje del vecino del protagonista o el guiño a Lolita) no son suficiente aliciente como para conseguir despejar la modorra del espectador. Su guión es simple y plagado de diálogos y situaciones repetitivas. Con aire de road-movie, posee la misma estructura que podría tener un film construido a base de pequeños episodios: un prólogo de presentación, cuatro actos (uno par cada una de las mujeres a las que Murray visita) y un epílogo. Un epílogo, por cierto, de lo más pretencioso que me he tirado en cara últimamente aunque, por otro lado, siguiendo las constantes habituales del cine del realizador.

Aparte, me ha dado mucha pena ver como han envejecido Sharon Stone y Jessica Lange. Es lo que más me ha dolido de este título tan plomizo como vacío.
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