
Sí, lo están leyéndolo bien:
ustedes me han picado, tal y como reza el título del
post. Me picaron la moral. Eso fue hace pocos días, a través de los comentarios de algunos de los lectores del
blog. Me resultó muy duro leer que
Super Nacho era una película divertida. Incluso, de manera altamente temerosa, alguien afirmó textualmente que se trataba de
la mejor película del año. Pensaba que era imposible que
algo protagonizado por esa
cosa llamada
Jack Black fuera mínimamente potable. Es por ello que, armándome de moral, puse manos a la obra y desempolvé de la estantería una copia en DVD de ese título; un título del que estaba convencido que jamás llegarían a ver mis ojos. Pero ante tales aseveraciones suyas, llegué a tomármelo como un reto personal; como si se tratara de un
Ustedes lo han querido en versión de
urgencia. Aparte, tampoco sería lógico que un ser
omnipotente y
omnipresente como
Spaulding se quedara sin conocer la que podría ser la mejor producción del 2006.

Dicho y hecho. Televisión,
deuvedé y darle al
play. ¡
Tachín! Ahí estaba
Jack Black, plantándome cara desde la pantalla y dando vida a un monje mejicano. Él, en el film, es
Nacho, el encargado de la cocina de una abadía dedicada a la adopción de niños huérfanos. Y
Nacho, un imbécil rematado como todos los tipos a los que interpreta este hombre, está pirrado por la lucha libre. Los enmascarados le roban el alma. Tanto aprecio tiene por ese
noble deporte que, ni corto ni perezoso y tras convencer a
Esqueleto -un adolescente tan idiota y sobreactuado como él-, deciden iniciar (a escondidas) sus andaduras como luchadores por los cuadriláteros del lugar.
Super Nacho y
Esqueleto. El primero, usará una máscara para sus combates; el segundo, lucirá su cuerpo delgaducho a pelo.
El Pulga y El Linterna.

Pues eso: hostia va y hostia viene. El guión es lo de menos; no importa, por lo tanto, no existe. La cuestión es que los transgresores
Nacho y
Esqueleto haga el gilipollas cuanto más mejor. Los
gags son de lo más burdo que se puedan imaginar. Las interpretaciones resultan igual de burdas que los
gags. Y yo, allí, parado, con la boca abierta e intentando descubrir en donde se encontraba la inexitente brillantez de un film tan estúpido e innecesario como éste. Y entre mamporrazo y mamporrazo, su realizador y co-guionista (un tal
Jared Hess), ofrece la posibilidad de asistir a un numeroso desfile de
frikis -de lo más forzado y sin gracia alguna- representando a los adversarios del descerebrado dúo protagónico.

Para darle un mínimo de historia al despropósito, se saca de la manga el personaje de una monjita atractiva, la
Hermana Encarnación, la cual hará que
Nacho empiece a notar cierta calentura corporal bajo su sotana e intente conquistarla de diferentes maneras. Ya se pueden ir imaginando la de chorradas, aspavientos y muecas que el
Jack Black realizará para meterse a la religiosa en sus calzones. El no va más de la exquisitez en la comedia actual.

Si la intención del tal
Hess era satirizar los múltiples films mejicanos que, a partir de los 50 fueron protagonizados por gente como
El Santo Enmascarado de Plata y
Blue Demon, no lo ha logrado en absoluto. Esos títulos son insatirizables. Les puedo asegurar que, tras haber visto muchos de ellos, nunca nadie podrá igualar (y menos superar) el delirio que derrochaban esas ingenuas películas. Delirio y psicotronía, dos conceptos que no consigue ni a medias esta falacia del
Super Nacho. Y que conste que, en el caso de
Santo & Friends, el humor no estaba buscado a propósito. Sencillamente resultan humorísticas y deliciosas porque fueron filmadas en serio. Y, en contraposición,
Super Nacho resulta de lo más penoso, pues siendo una comedia sólo consigue dar lástima.

Créanme: si nunca han visto un film original de los
tropecientos existentes sobre enmascarados mejicanos, háganlo ya. Y un consejo más: empiecen con
Santo y Blue Demon Contra los Monstruos; una obra magna en el género. Entonces es cuando se darán cuenta que lo del
Jack Black es patético.
Y pensar que llegué a creer que con
Super Nacho descubriría la mejor película del milenio... Iluso, que soy un iluso y un
tontolculo.
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