Paris, je t’aime no es una idea original, pues recupera el concepto que, en 1965, dejaron en
París Visto Por... cineastas como
Claude Chabrol,
Eric Rohmer y
Godard, entre otros y que, veinte años más tarde, tuvo su propia continuación en
Paris vu par... vingt ans après, otro film igualmente comunitario aunque encabezado, en aquella ocasión, por
Chantal Akerman y que jamás tuvo su estreno comercial en España.
Ahora, un grupo de directores internacionales, agrupados bajo el nombre de
Genération Amour y homenajeando a los realizadores franceses que se ocuparon de los dos títulos anteriores, ha decidido dar su propia visión del París actual. Pero, en lugar de los 6 cortometrajes que ofrecieron los pioneros en su día, el nuevo colectivo ha apostado por segmentar la película en 18 cortos, todos ellos marcados por un denominador común: 18 historias, de cinco minutos de duración cada una y en las que se narran una serie de encuentros románticos en la llamada ciudad de las luces.
Nombres tan dispares como los de
Ethan y
Joel Coen,
Isabel Coixet,
Wes Craven,
Gérard Depardieu,
Alfonso Cuarón o
Vincenzo Natali, se unen en una amalgama de estilos y colores variopintos. Una mixtura un tanto irregular, a veces pedante y, por momentos, bastante soporífera. Excepto contadas y brillantes excepciones, da la impresión que la mayoría de los 18 reputados cineastas no han sabido desarrollar una mínima trama en ese tiempo récord, con lo cual, muchos de ellos, se han quedado en el puro y simple esbozo de una historia, en la que el final, casi siempre, brilla por su ausencia: cabeza, cuerpo y sin extremidades. Y ello sin tener en cuenta que, a pesar de querer evitarlo, caen en el eterno tópico de los típicos productos comerciales filmados en la capital francesa. O sea, la postal turística resulta inevitable; la Torre Eiffel sigue asomando puntual, así como el Arco de Triunfo o el ya clásico barrio de Pigalle. Incluso, alguno de los directores, pasa del tópico y apuesta ya directamente por el
topicazo, como ocurre en el caso del japonés
Nobuhiro Suwa quien, en su colaboración, no duda ni un momento en colocar la perenne y cansina figura de un mimo insoportable bajo la emblemática torre metálica.

Los hermanos
Coen, por suerte, rompen con la fría monotonía general del producto y, desde el fragmento
Tuileries, recuperan un tanto ese espíritu gamberro y a lo
cartoon de la
Warner que habían perdido en sus últimos largometrajes.
Steve Buscemi es su protagonista, un turista americano que vivirá una ingrata experiencia en los andenes de la estación de metro de las Tullerías.


Y, en medio de tanto irregularidad, los excelentes trabajos de
Alfonso Cuarón y
Vincenzo Natali acaban destacándose como las dos preciadas joyas de
Paris je t’aime. El primero, el mejicano, con
Parc Monceu, da muestras de su gran profesionalidad tras la cámara y, a través de un elegante plano secuencia en forma de
travelling y contando con la presencia de un potentísimo
Nick Nolte (algo bebido, por cierto), narra una historia ciertamente emotiva e inesperada por lo sorpresivo de su desenlace. Por su parte,
Natali -el artífice de títulos como
Cube o
Cypher-, se adentra en el mundo del fantástico y plasma un delirante cuento de amor vampírico, protagonizado por
Elijah Wood y la atractiva
Olga Kurylenko, en el que se da el placer de jugar inteligentemente con la fotografía y el color.

En resumidas cuentas: una visita no muy placentera a la ciudad de París, planificada para deleite casi exclusivo de los cinéfilos más recalcitrantes, y en la que la petulancia y la modorra dominan buena parte de su excesivo metraje.
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