De todos modos, he de comunicarles que el respeto es mutuo. Cuando empezaron a dar sus primeros pasos a través de su blog, no me costó nada decidirme a colaborar con ellos de vez en cuando. Su estilo radical y conciso, su amor por el mundo del cine y su sano sentido del humor me incitaron a escribir algún que otro post en su pequeña aldea cinéfila. Esa fue una colaboración que, por desgracia, tuve que abandonar debido a la falta de tiempo. O Spaulding’s blog o La Cinefilia. Las dos cosas al unísono eran imposibles. Y opté por la primera. Tampoco era muy necesaria mi presencia allí, ya que ellos solos han sabido darle una personalidad y un estilo a su espacio ciertamente envidiable.
De vez en cuando merece la pena saber que alguien reconoce tus propios méritos. Alegra un poco la vida. Yo era consciente de mi validez; o al menos, eso es lo que me decían (y siguen diciendo cada día) mi esposa y mi madre. Pero si lo dice La Cinefilia... habrá que empezar a creerselo.
La emoción me embarga. Sé que me lo merezco. Eso y más, mucho más. Para celebrarlo como Tutatis manda, pienso vestirme de gala durante todo la Semana Santa. Luciré el mismo atuendo que Santo en Santo Contra La Magia Negra. Una vestimenta de lujo, irrepetible, de esas que sólo pueden exhibirse en muy contadas ocasiones. Y ésta es una de ellas. Ni Bogart en el Café de Rick ostentaba el porte y la clase del luchador mejicano... Por tanto, corro a desempolvar mi pajarita negra y la máscara plateada. Ante el homenaje de La Cinefilia no podía vestir otra indumentaria.

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