31.1.11

En algún lugar del tiempo



Le puso música a más de 100 películas. Atesoró cantidad de premios, entre ellos 4 Oscar. Flirteó con James Bond, nos dio a conocer la sensación de tener Fuego en el Cuerpo, nos hizo Bailar Con Lobos y le regaló un poco de calidez a la atormentada existencia de Francis Farmer. Su nombre: John Barry. Con sus composiciones, hizo al cine aún más grande.

A partir de hoy, siempre le encontraremos En Algún Lugar del Tiempo.

Descanse en paz.

26.1.11

La muerte tiene un precio

Clint Eastwood, a los 80 años y al igual que otros cineastas a cierta edad, en su último film, Más Allá de la Vida, se enfrenta cara a cara con la muerte a través de un guión original de Peter Morgan, el mismo que escribiera los libretos de títulos como El Desafío: Frost contra Nixon o The Queen. Vida, amor y muerte, tres conceptos que pululan por entre las enredaderas de las tres historias de las que se compone la película.

Una víctima superviviente de un tsunami, un joven gemelo traumatizado por la muerte inesperada de su hermano y un médium dispuesto a romper definitivamente con sus depresivas experiencias con el más allá, son sus tres personajes principales. Cada uno tiene su propia historia y, como en otras cintas de estructura similar, los tres acabarán coincidiendo en un episodio final. La primera es una periodista francesa, parisina para más señas; el segundo, un niño británico, londinense, mientras que el tercero es un norteamericano residente en San Francisco.

Un inicio brillante y trepidante, en el que se muestran los efectos brutales de un tsunami, ampara totalmente la profesionalidad y categoría de Eastwood como realizador. Tan sólo le son necesarios 5 minutos de su (demasiado) extenso metraje para cargarse, de un plumazo, las cansinas películas sobre desastres naturales de cineastas como Michael Bay y similares. La lástima es que, a partir de un comienzo tan excelente, el resto de metraje se me antoja ciertamente aburrido y muy poco atractivo.

La poca naturalidad con la que transcurren las tres narraciones paralelas, el desencanto con el que Matt Damon afronta el rol de médium quemado o lo endeble que resulta todo su forzado final hacen, de éste, uno de los trabajos menos atractivos (junto con Invictus) de la carrera del director. Blanda en su resolución, la película, dotada de un quebradizo guión que se deshincha a medida que avanza su angosto metraje, parece más un producto firmado directamente por Spielberg (productor del invento) que no por el propio Clint Eastwood.

De todos modos, y a pesar de contar con un guión mal estructurado y que cuesta de digerir, la profesionalidad, el rigor y el clasicismo de los que sabe hacer gala su director en sus productos, hacen que logre momentos deslumbrantes a lo largo de su proyección: el tsunami antes citado o la tensa escena en los andenes del metro londinense, son un buen ejemplo de ello.

Más Allá de la Vida: una mezcla entre en cine más edulcorado de Spielberg y los devaneos sobrenaturales del Shyamalan de El Sexto Sentido. Y, de propina, para compensar sus errores, la fuerza interpretativa de la francesa Cécile de France, el mejor e indiscutible acierto de la película: una mujer a tener muy en cuenta a partir de ahora.

25.1.11

American Psycho

El Demonio Bajo la Piel es una de las propuestas más radicales, en cuanto a violencia se refiere, de la cartelera actual. Basada en la novela de Jim Thompson The Killer Inside Me, publicada en 1952, la cinta se centra en el personaje de Lou Ford, el joven ayudante del sheriff de una pequeña población tejana convertido en un sanguinario criminal. Tras la cámara, un Michael Winterbottom que, por momentos, se acerca a las coordenadas del cine de David Lynch.

La perfecta recreación del Texas de los años 50, la magnífica interpretación de un Casey Affleck metido en un papel que rompe moldes con respecto a su carrera anterior, un montón de secundarios espléndidos (y de lujo) y la sorprendente presencia de una insinuante Jessica Alba, metida en la piel de una joven prostituta, son sólo algunos de los detalles que convierten a este film en un producto ciertamente notable.

Un par de pasajes totalmente descarnados (aunque necesarios para comprender la personalidad psicótica de su protagonista masculino), hacen que la cinta de Winterbotton no sea un producto apto para todos los públicos, al igual que sucedía con el universo literario de Jim Thompson. Adaptar a este autor evitando (o minimizando) la fuerte carga de violencia implícita en sus novelas, sería todo un error. Y, en este aspecto, aunque arriesgado, el director de Un Corazón Invencible ha dado en el clavo.

Si de algo se puede acusar a El Demonio Bajo la Piel es de poseer un guión no muy afinado que deja demasiados cabos sueltos -y situaciones no muy bien resueltas- a lo largo de su narración. Algunos pueden achacar tal defecto a la necesidad de plasmar la locura implícita en la mente del tal Lou Ford, pero la verdad es que existe el peligro de que acabe convertiéndose en un arma de doble filo para aquellos espectadores acostumbrados a que les den todo bien masticadito.

Un poli salido de sus casillas, su prometida, una furcia, un sheriff asustado, un potentado empresario, un empecinado ayudante del fiscal y un par de testigos en la cuerda floja. Tras (y con) estos personajes, un número considerable de brutales asesinatos. Todo el mundo sabe quien es el culpable, pero no hay forma de demostrarlo. Un poco de delirio narrativo y un mucho de cine negro en estado puro. La bestialidad está servida. Ahora tan sólo es cuestión de racionalizarla.

21.1.11

Mamá sangrienta

Una familia disfuncional formada por tres hermanos varones, pendencieros y asesinos, y su hermana muerta por sobredosis de heroína. Tras los hijitos de marras, la super madre, una mujer capaz de lo imposible para evitar el encarcelamiento de cualquiera de sus retoños. Un nuevo personaje, el hijo de la chica difunta, entrará a formar parte del núcleo familiar, convirtiéndose en testigo de excepción de una tensa partida entre polis y ladrones. Ésta es, a grandes rasgos, la premisa de Animal Kingdom, el debut en el largometraje del australiano David Michôd.

La destructuración de una familia unida, pero al límite, y con el crimen como principal fuente de ingresos. Una madre dominante, un hijo de lo más perverso y el nieto de la primera insertado accidentalmente en pleno clan como pieza desestabilizadora. El enemigo no solo está en el exterior del hogar de los Cody.

En el film de Michöd, la línea entre el Bien y el Mal es de lo más difusa. Polis y ladrones; ladrones y polis: el orden de los factores no altera el producto. Cada uno juega su rol, utilizando las cartas que les brinda el Diablo a su libre albedrío. Decantarse a un lado u a otro de la línea es muy jodido... y más si a ambos lados se suelen cocer habas.

De violencia seca y concisa, de aquella de aquí te pillo aquí te mato, Animal Kingdom basa la mayor parte de su fuerza en el personaje de Janine Cody, una madre visceral capaz de lucir también sus malas artes cuando ejerce de abuela y que, en el fondo, se alza como la sustituta natural de mujeres dotadas de muy mala saña, como la ‘Ma’ Kate Barker (vibrante Shelley Winters) de Mamá Sangrienta o la Gladis Ma' Grissom (Irene Dailey) de La Banda de los Grissom. Atención, en este aspecto, al compacto trabajo interpretativo de Jacki Waever, una actriz capaz de imprimirle un aplomo a prueba de balas al personaje de Ma’ Cody, una arpía de mucho cuidado.

Una propuesta interesante que, sin embargo y a pesar de su buen guión y de una realización precisa y efectiva (sorprendente la sequedad impactante del primer asesinato), la película no acaba de cuajar al cien por cien. La idea tiene cuerpo, igual que su puesta en escena, alejada de artificios innecesarios. El problema es que, en general, no ofrece nada nuevo al género. Pero, como aperitivo ofrecido por un cineasta de nueva hornada, resulta de lo más tentador y prometedor.

18.1.11

Revuelta pasada por agua

Icíar Bollaín se instala en la Bolivia del año 2000, la convierte en su Santo Domingo particular y desde allí, y con la ayuda de un equipo cinematográfico, pretende demostrar el paralelismo existente entre los tiempos actuales y la llegada de Colón y sus hombres a América hace quinientos años. De fondo, la que se dió en llamar la Guerra del Agua, una situación convulsa que variará los distintos puntos de vista de algunos de los miembros del equipo, entre ellos un productor un tanto jetas y un joven realizador idealista. Su título, También la Lluvia.

Hasta el momento, la filmografía de la directora madrileña me parecía de lo más correcta. Moviéndose casi siempre por un cine de cauces intimistas, conseguía retratos de la sociedad actual, y en particular del mundo femenino, ciertamente atractivos. Con También la Lluvia, cambia de registro y, con más pretensiones que buenos resultados, se adentra en una mezcla entre cine histórico y denuncia política que no acaba de cuajar del todo.

La cinta, en un principio, no está mal planteada, entra bastante bien, aunque poco a poco se le escapa de las manos. A medida que avanza su metraje, prepara al espectador para una parte final que promete ser visceral y trepidante, en la línea de films como Bajo el Fuego o El Año Que Vivimos Peligrosamente. El espíritu comprometido de Bollaín aflora en varios de los pasajes de su trabajo, sobre todo en aquellos en los que refleja el despotismo desenfrenado con el que los españoles entramos a saco en América hace quinientos años. Sin embargo, cuando ha de afrontar su última media hora, la cinta hace aguas por todas partes y Bajo el Fuego y similares, por mucho que se empeñe, le quedan a años luz. La imposibilidad de tragar con el cambio ideológico del personaje de Tosar o la endeble manera de reflejar una revuelta callejera, son sólo dos de los numerosos factores que derrumban la propuesta de arriba a abajo.

A pesar de contar con muy buenos actores (Luis Tosar y Karra Elejalde están que se salen), no sabe aprovecharlos al máximo. Por ejemplo, el papel del realizador interpretado por Gael García Bernal o, sin ir más lejos, los dos representados por Raúl Arévalo y Carlos Santos, quedan reducidos a la mínima expresión, centrándose casi exclusivamente en la relación entre Tosar y un nativo boliviano líder de la revuelta social que desembocó en la Guerra del Agua: una pésima resolución para un producto de claras connotaciones corales.

Está claro que También la Lluvia rebosa buenas intenciones por todos sus poros. Pero, tal y como en dicho en diversas ocasiones, el cine no sólo ha de alimentarse de buenas intenciones. Es necesario algo más.

17.1.11

10.1.11

Recapitulando (y II): Lo más peor del 2010

Con un retraso bastante considerable, llegan las 10 peores del 2010. Del 10 al 1. O lo que es lo mismo, de mal en peor.

10.- Origen. Christopher Nolan, a través de una historia de ladrones, sueños y realidad, pretende revolucionar la narrativa en el cine. De difícil (por no decir imposible) lectura, Origen destila tanta pedantería que se me hace insoportable. Nunca me había imaginado que un director, para que el público capte mínimamente la esencia de su película, tenga que contar lo que sucede en pantalla a cada nueva escena que propone. A pesar del apabullador despliegue de efectos especiales, de sus numerosas escenas de acción y de sus ínfulas intelectualoides, el vacío de la propuesta se me antoja total. Un film que abre nuevas vías a lo que se podría denominar el blockbuster gafapastero. O sea, en cuatro días, película de culto.

9.- Los Ojos de Julia. Un thriller a la española que, dirigido por Guillem Morales, sitúa a Belén Rueda en medio de una intriga en la que se mezclan suicidios injustificados, posibles crímenes y enfermedades oculares degenerativas. Lo único destacable del film es el buen trabajo de la actriz (convertida ya en musa del fantástico nacional). Su guión, lleno de despropósitos y de personajes innecesarios, patina por todas partes, mostrándose incapaz de darle un mínimo de credibilidad a una historia que va difuminándose por momentos. Por mucho que se esfuerce en acercarse a la maestría de Sola en la Oscuridad, la ceguera de Julia queda a años luz de la de Audrey Hepburn.

8.- Harry Potter y las Reliquias de la Muerte (1ª parte). Cada nuevo capítulo de Harry Potter me parece más patético que el anterior. El niño mago y depresivo sigue empeñado en destruir a Voldemort, mientras las fuerzas del mal intentan acabar con él. Dos horas y media en las que, aparte de sus efectos especiales, no ocurre nada de nada. El aburrimiento está servido. Los personajes han perdido cualquier mínimo atisbo de su entidad, mientras que la historia ya no hay por donde pillarla. Al menos, en esta ocasión, cambian de escenarios y se olvidan de la escuela de Hogwarts: un intento fallido, aunque bienintencionado, de oxigenación. Espero que, en la segunda parte de esta última entrega, nos enchufen un prólogo, a modo de recordatorio, para poder hilvanar mejor el cansino festival de nombres y rostros que se han ido aglutinando a lo largo de la serie.

7.- Canino. Otra película con posibilidades de convertirse en título de culto. O sea, otra tomadura de pelo gigantesca. De nacionalidad griega, Canino indaga en las relaciones de una familia nada convencional, cuyos padres han decidido criar a sus tres retoños alejándolos de cualquier influencia externa y encerrándolos, durante toda su vida, en una mansión alejada del núcleo urbano más próximo. Su premisa inicial resulta sorprendente e incluso prometedora, pero su extraña puesta en escena (inundada de planos cortados, estrambóticos y rocambolescos) y su minimalista guión, hacen de este un trabajo tan pedante como insoportable. Toda una oda al aburrimiento y a la lentitud más enervante, al igual que sucedía en el cine denominado de arte y ensayo allá por los 60 y 70.

6.- Alicia en el País de las Maravillas. Una visión totalmente libre de la obra de Lewis Carroll ya que, de ella, Tim Burton sólo pilla su espíritu y sus personajes y, a partir de la presentación de los mismos, se va por los cerros de Úbeda. No sabe sacarle provecho a la conversión de Alicia en una adolescente y, en su nuevo viaje al País de las Maravillas, se encalla y se muestra incapaz de llevar al film a buen puerto. Lo que podría haber sido una inquietante incursión en el libro de Carroll, (y más teniendo en cuenta la imaginería gótica de su realizador), acaba decantándose hacia un poco esforzado festival de efectos especiales en función del 3D. El argumento es lo de menos. Lo único que importa es que el espectador, virtualmente hablando y pagando un buen pastón por ello, se trague alguna que otra mariposa. En su osadía por epatar, Burton logra incluso que el mítico personaje del Sombrerero (enervante Johnny Depp) se desmarque con unos descabellados pasos de breakdance. En esta ocasión, el particular universo del director se ha situado bajo mínimos.

5.- La Cinta Blanca. A mi parecer, y a pesar de los múltiples halagos críticos y públicos, la película de Michael Haneke no es más que un interminable peñazo de muchísimo cuidado. Dos horas y media del Haneke más colgado; de ese Haneke que es capaz de aguantar decenas de inamovibles planos innecesarios, filmados con cámara fija, en silencio y sin que suceda absolutamente nada en pantalla. Una pura exhibición de petulancia cinematográfica que, para lo único que sirve, es para destrozar las muy buenas intenciones de la historia que propone. Mucho preciosismo para tan poca sustancia. Con una horita menos de metraje, la cosa hubiera sido más digerible.

4.- The Tourist. En los últimos días del 2010 nos llegó el nuevo film del alemán Florian Henckel von Donnersmarck, una producción norteamericana tras la que se esconde un pésimo remake de la muy agradable El Secreto de Anthony Zimmer, una comedia de espionaje, llena de confusiones de identidad y con un claro regusto por la obra de Alfred Hitchcock. Del film francés original sólo se queda con la idea principal, se olvida del sabroso toque hitchconiano, cambia el escenario de la ciudad de Niza por el de Venecia y se rodea de dos de las más taquilleras estrellas del Hollywood actual, Johnny Depp y Angelina Jolie. Ambos están a fatal (a cual peor), su toque de comedia es de lo más simplón y la historia -dotada de un rocambolesco y patético guión- resulta del todo incomprensible. Una buena muestra de lo innecesarios y ridículos que resultan la mayoría de remakes. Parece increíble que su realizador sea el mismo que el de la aclamada La Vida de los Otros. Ver para creer.

3.- Copia Certificada. Otra en plan arte y ensayo. El iraní Abbas Kiarostami se lo monta de cultureta y, al más puro estilo del Rossellini de Te Querré Siempre, se instala en un idílico pueblecito italiano y castiga a las plateas con una historia de (des)amor en la que dos personajes, un escritor inglés y una galerista gabacha, se embarcan en una particular farsa teatral al fingir ser un matrimonio en plena crisis sentimental. De diálogos imposibles y plagada de situaciones aún más imposibles, la cinta avanza por derroteros de lo más cansino. La petulancia del Kiarostami no tiene límites, pero la paciencia del espectador sí. La Binoche cada día apunta peor sus proyectos: toda una moderniqui.

2.- Precious. La desgracia siempre vende, aunque sea de color negro. Y aún más si la desgracia posee el envoltorio típico de un telefilm de sobremesa: todo mascado y bien digerido. Ideal para consumo rápido; el sumum para el espectador menos exigente. Negra, negrísima; gorda, gordísima; fea, feísima: de aspecto simiesco, menor de edad y embarazada, por segunda vez, de su propio padre. A su primer hijo, deficiente mental, le llama cariñosamente Mongo. Los ingredientes para la construcción del personaje principal no pueden ser más exagerados. La trama de Precious, más que una historia bien hilvanada, se trata de un extenso catálogo de tópicos, amontonados uno sobre el otro sin orden ni concierto. Y de postre, para paliar los numerosos contratiempos que se desploman sobre la chica protagonista, una de moralina que tumba de espaldas: séame usted feliz con su vida de mierda porque, cuando esté a punto de darse el último batacazo, saldrá del bache en el que ha caído... aunque seguirá siendo gorda y fea, se la habrán metido por todos los agujeros de su cuerpo y su salud ya colgará de un delgadísimo hilo. No hay vergüenza.

1.- Uncle Boonmee Recuerda sus Vidas Pasadas. Un tremendo palo para el espectador es la cinta que supuso la Palma de Oro del último festival de Cannes, una película cargada de alegorías sobre la vida y la muerte y con la presencia de un moribundo al que visitan algunos familiares, entre ellos un hombre mono y una mujer fantasma. Diálogos profundos, llenos de segundas y terceras lecturas; silencios interminables; lenta hasta la irritabilidad: todo un poema, vaya, de los de mear y no echar gota. Casi imposible de soportar, sin alterarse, más de media hora seguida de proyección. Personalmente, me mantuve intacto (aunque extremadamente inquieto) hasta el minuto 50. Y entonces, el tío Boonmee me pilló desprevenido y me derribó de un derechazo por KO. ¡Más de dos horas que dura la bromita! Se me ponen los pelos de punta cuando la crítica oficial y sesuda destaca este film del tailandés Apichatpong Weerasethakul como uno de los mejores trabajos del año. Ciertamente, hay que tener tragaderas.