Justo el pasado viernes, cuando llegué a Manresa, el Festival ya estaba en su punto preciso de efervescencia. Fue poner los pies en la localidad que, sin pasar siquiera por el hotel para dejar el equipaje, encaminé mis pasos hacia La Taverna dels Predicadors, un pequeño café bar en el que estaba invitado a formar parte de una mesa redonda, al lado de José Enrique Monterde, para hablar de la crítica cinematográfica y los distintos medios de comunicación. Como es lógico, un servidor estaba allí en representación de los blogs y el fuerte auge que han adquirido en los últimos años. Una charla distendida entre los asistentes y el calor ofrecido por los organizadores del certamen, fueron las señales inequívocas de haber aterrizado en una tierra afectuosa habitada por gente maja y sanísima; una impresión que, a lo largo de dos días, se ha ido confirmando a cada minuto que transcurría a su lado.

El no encontrar el coche apropiado para tal ensablaje hizo que decidiera acudir, en compañía de mi santa, a la fiesta oficial del Festival. La intención era la de saludar a viejos amigos y, al mismo tiempo, meterme algo calentito en el estómago. Demasiadas horas sin comer fueron las culpables de que me pegara un panzón de delicatessens ofrecidas por varios restauradores del lugar, dedicándole una atención preferente a unos geniales rollitos de salmón ahumado que envolvían a unas gambas fermosas y fresquísimas. Vino y cava en cantidades generosas consiguieron que confundiera a la diva de Marisa Paredes con Eusebio Poncela y, preocupado por ello, optara por enfrascarme en la compulsiva ingestión de unos bombones de chocolate, en forma de bala y rellenos de Calvados que, para la ocasión, había diseñado en exclusiva el chocolatero Enric Rovira.
Ayer sábado también fue un día excelente en todos los aspectos. Pero esa ya es otra historia que les dejo para mañana, pues aún tengo el cuerpo tan helado por la temperatura de ese país que, a duras penas, los dedos de mis manitas reconocen el teclado del ordenador. En espera de la segunda entrega, les dejo con la instantánea de una de entre los centenares de cajas que albergaban los bombones borrachuzos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario