
Nicolas Cage, a parte de implicarse directamente en la producción del film, es su principal protagonista. Él es quien da vida a Yuri Orlov. Citar su nombre es referirse al cinismo personificado. Se trata de un tipo impulsivo y sin escrúpulos que vive dos vidas completamente opuestas. Una es su familia y su matrimonio. La otra, es su verdadera y única pasión: la pretensión de hacer dinero, a toda costa, sin plantearse cuestiones morales. Al igual que muchos gobernantes, el tal Orlov tiene muy claro que las guerras son el negocio actual más rentable. El mejor business de los siglos XX y XXI. Es indiscutible: la muerte, nos guste o no, da dinero; mucho dinero. No importa el número de pérdidas humanas que pueda generar, ni siquiera que muchos de los cadáveres mutilados pertenezcan a niños.

El Señor de la Guerra es una película tanto o más cínica que su propio protagonista. Al igual que éste, su guión (debido al propio Andrew Niccol) no tiene pelos en la lengua y, bajo un tono satírico y burlón, coloca los puntos sobre las íes sin olvidar una sola tilde. A veces, la fiereza y el estilo sincopado con la que se han filmado algunos de sus pasajes hace que su visión, para ciertos espectadores, pueda resultar extremadamente dura y contundente. Dicen que la letra con sangre entra. En este caso, aparte de todo lo que se cuenta, la imagen utilizada es otro genial instrumento para golpear las entrañas del espectador. Una buena terapia, visual y argumental, para recordar a más de uno una realidad que nunca han querido reconocer. Seguramente, para suavizar un poco algunos pasajes, su realizador ha optado por otorgarle, a ciertas escenas, un toque un tanto irreal y casi imposible de creer. Un toque irreal que le da cierto aire de fábula a la propuesta.


Asistir a El Señor de la Guerra les dará la misma sensación que pegarse una esnifada de marrón-marrón, la impía mezcla de cocaína y pólvora que el perverso dictador africano, Andre Baptiste, suministraba a los menores de edad antes de enviarlos al frente con una AK-47 entre sus manos.

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