

El buen hacer de la joven Alison Lohman, la turbadora presencia de Lorna Raver (la anciana despechada) y algunos momentos aislados ciertamente conseguidos - como el encontronazo entre las dos mujeres en un parking o la incursión nocturna en un cementerio-, dejan entrever el desvergonzado espíritu del director de Crimewave, convirtiéndose asimismo en lo mejor del trabajo.
Pero no es oro todo lo que reluce pues, en general y sin contar esos momentos aislados, la cinta resulta un tanto acomodaticia y repetitiva. La falta de inspiración le ha jugado una mala pasada y Arrástrame al Infierno cojea por culpa de lo previsible de su guión y de lo aburridos, forzados y alargados que resultan ciertos pasajes. Así, por ejemplo, una interminable escena sobre una sesión de espiritismo, por reiterativa y exagerada, acaba cayendo en la ridiculez más supina.
Las buenas intenciones de regresar al cine que mejor conoce, no se las pueden negar nadie. El que la película le haya salido rana, esa ya es otra historia. De todos modos, siempre son mejores irregularidades como ésta que grandes patinazos como el de la insoportable Spider-man 3.
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