
Lawrence de Arabia, Isadora, la hija de Ryan, Mr. Jones, el doctor Zhivago, el hombre de Mackintosh, Julia y Julia, llorarán su muerte, al igual que hará un numeroso grupo de gorilas en la niebla que, desde la Costa de los Mosquitos en la mismísima Isla del Fin del Mundo, se han quedado huérfanos de música. Muchos de los profesionales del mundillo, al ritmo marcado por un tambor de hojalata y llamados por una atracción fatal, deberán bajar por la escalera de Jacob para asistir a su despedida.
Por mi parte, y en su honor, anoche soñé con África a tamaño natural y, sin embargo, saqué un pasaje a la India. Quería convertirme en el único testigo de la caída de los dioses pero, en el tren en el cual viajaba, se jugó el póker de la muerte ante la atenta mirada de la prometida del Juez de la horca.
Hoy, al esconderse el sol rojo, cuando el efecto de los rayos gamma sobre las margaritas haya llegado a su mayor esplendor, un eterno coleccionista, tras descubrir que no hay salida para su compulsiva obsesión, apoyará la cabeza contra la pared y precintará, bajo un selló que reza top secret, una de sus mejores y más completas discografías.
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