

Por primera vez en la saga, se trata de una continuación directa de la película anterior, pues justo se inicia minutos después del final de aquella. Tal detalle obliga a revisionar la última media hora de Casino Royale para pillar. más o menos, el mínimo entramado (en forma de venganza) de una historia vacía y sin fuerza, aunque difícil de comprender si no se tienen claros algunos detalles de la cinta precedente. Y es que, en los últimos tiempos, una de las cosas más fáciles del Planeta es olvidar en un plis plas los repetitivos argumentos de las pelis de James Bond.
En Quantum Of Solace, sin orden ni concierto, se baraja un poco de todo, comenzando por el azar: ajustes de cuentas, dictadores destronados, malvados de opereta disfrazados de ecologistas y trepidantes persecuciones por tierra, mar y aire. Pero, a pesar de las sanas intenciones por hacer al personaje más serio y creíble, no hay apenas guión que lo respalde. Un poco como ocurre con la última hornada de superhéroes con ínfulas de cine de autor: Bond ha de ser como el Batman de El Caballero Oscuro, un tipo amargado y depresivo. Pero, aparte de ese puntito inútil y desmitificador, el resto es más de lo siempre. pero en descafeinado, incluidas esas ya clásicas chicas Bond que, en cada nueva aventura (y salvando contadas excepciones), se me antojan más sosas y menos tentadoras. Y cuando una chica Bond no me pone, esa es una muy mala señal.

La sobriedad con que se afrontó Casino Royale, aquí se ha convertido en austeridad total. Por desaparecer (y siguiendo las pautas de la anterior), hasta han desaparecido esos míticos e iconográficos gadgets que tanta popularidad le dieron a su protagonista. Ahora, del estilo de la serie sólo queda la acción; acción por la acción, sin una base argumental mínimamente sólida y con un 007 apagado que ha perdido su desfachatez durante el camino de remodelación.
Quantum of Solace sólo destaca sobre el resto de capítulos de la saga por ser uno de los más cortos de la misma. 104 escuetos minutos que, sin embargo y debido a su nula consistencia, acaban resultando interminables y, por si fuera poco, sin esa celebrada historieta inicial, al margen del argumento central, con el que se abría cada uno de sus episodios.
Por cierto: ¿algún día se darán cuenta de que Judi Dench está de los más insoportable en el pellejo de M?
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