Descubrir el peculiar sentido del humor del director del certamen, el manresano Manuel Quinto.
Poder convivir durante cuatro jornadas intensas (comidas y cenas incluidas) con Carlos Pumares, un personaje incomparable por el que cada día siento un cariño más especial y mayúsculo. Incluso, de este hombre, respeto sus espantadas y nada discretas escapadas justo en el momento en el que la sociedad que le rodea se convierte en tumulto.

Compartir, en varias ocasiones, café, copa y puro (e incluso un espléndido chuletón y un arroz negro) con Marina Ortiz y Luis Manso, productores de la espléndida Camino y conocer, muy de cerca, sus vivencias personales y las de Javier Fesser a raíz del estreno de la película. Dos personajes encantadores a los que pude agradecerles en persona la existencia de tan valiente film.

Poder hablar de nuevo con un Ángel Sala distinto y alejado de sus funciones como director de un Festival de envergadura como es el de Sitges. Despojado de sus vestiduras de dire, incluso da la impresión de ser una persona de carne y hueso. El cine de aventuras y policiaco de los 70 fue el tema principal de la conversación. Nos subimos en el último tren a Katanga e hicimos trasbordo en el Pelman 1, 2, 3.
Fue toda una delicia (y una humorada) ver en acción al dueto formado por Ramón de España y Jordi Batlle-Caminal, miembros ambos del jurado. El primero aún llora por las dificultades de no poder vender el proyecto de su segunda película; el segundo aún recuerda el día en que una de sus críticas para La Vanguardia salió firmada por un tal Jordi Batlle-Criminal. Para su consuelo, siempre le recuerdo que a Margarita Chapate, una compañera de profesión de Barcelona, se la acreditó en una ocasión en Sitges bajo el nombre de Margarita Chaputa.
Disfrutar de la espontaneidad (turística y festivalera) de Domingo y María, los dos canarios que presentaban el cortometraje Última Toma y que, al igual que el resto de invitados (entre los que me incluyo), se dejaron querer y mimar por el cariño de Cop y Maria.

Las alegres comidas en comandita en Las Vegas... cuyas dos hermanas que lo regentan, por su santa paciencia, se merecen un fuerte besazo y otro brindis con Anís del Mono.
Envidiar sanamente el porte y el buen humor de los chóferes al servicio de la organización e invitados y que, ¡por suerte!, me ahorraron alguna que otra caminata.
Caérseme la baba viendo como también a mi santa, convidada igualmente por el festival, se le caía la baba ante tanta buena gente.
¿Quién dice que en Manresa hace frío? Falacias...
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