
El pasado sábado finalizaba una de las entregas menos atractivas del
Festival de Sitges desde que lo dirige
Ángel Sala, un hombre que, hace ya unos años, cuando se puso al frente del certamen, logró recuperar esa necesaria vertiente fantástica que se había casi anulado durante el
reinado Gorina, siendo este último,
Àlex Gorina, curiosa o casualmente, uno de los integrantes del jurado de esta edición. Una edición, la
41. que, a pesar de la ingente cantidad de películas proyectadas, se ha quedado corta en cuanto al género se refiere. Mucho
thriller y cine de suspense, pero, de lo que se dice propiamente
fantástico, muy poquito: del malo y soltado a cuentagotas. El
Palmarés lo pueden consultar, en su integridad, dándole
aquí.

También es cierto que, en esta ocasión, no he podido asistir al lugar al cien por cien. Los diez días que ha durado siempre he estado con un pie entre Barcelona y el Festival aunque, por lo poco que he podido ver (excepto contadísimas excepciones), ha sido para salir pitando. Es de suponer que el film ganador, el
Surveillance de la
niña de mi estimadísimo
David Lynch, tiene empaque y calidad pero, en el fondo, se trata de una (interesante) película policíaca convencional aunque, por lo que me han contado de ella, poco tiene que ver con la sección de cine
Fantástico en la cual concursaba. Espero que en noviembre, los amigos del
Fecinema (el
Festival de Cine Negro de Manresa) tengan a bien recuperarla ya que, en un principio, está sin distribución en España y no querría (por respeto a las canas de
Teddy Bautista) convertirme en un delincuente tirando de una mula.

Un tanto de lo mismo ocurre con
Red, la película por la cual un excelente
Brian Cox ha conseguido el (merecido) premio a mejor actor. De hecho, ésta es una cinta codirigida por
Trigve Allister Diesen y
Lucky McKee quienes, desde una óptica totalmente melodramática (y no fantástica), se enzarzan en una especie de
western crepuscular en el cual la soledad de un anciano se ve agitada convulsivamente por el asesinato de su perro. Un grupo de adolescentes sin escrúpulos y un padre de familia prepotente e influyente, se convertirán en los acérrimos enemigos de un tipo que sólo busca una mínima señal de arrepentimiento por parte de ellos.
De todo y para todos los gustos ha habido este año en Sitges. En particular he disfrutado (¿o sufrido?) de una veintena larga de títulos. Tal y como anuncia el encabezado del
post, éste no es el final, en Spaul
ding’s blog, de la 41ª edición de tal encuentro cinéfilo. Denme una semanita y, sobrepasado el próximo fin de semana, tendrán un esmerado resumen sobre las cintas que he visionado.

Muchos temas quedan aún en el tintero, desde la prometida crítica a
Nicolás Gómez (
in person) sobre su película
Santos hasta ese
Barry Lindon que espera turno en el
ustedes lo han querido. Y hay que ponerse al día. Tan sólo avanzarles que
The Chaser (uséase,
Chungyeogja)
, el ganador del
Orient Express-Casa Asia de esta edición, es un
thriller coreano tremendamente corrosivo, interesante y brutal; de los de martillo en mano y
dale que te pego. Un policía metido a macarra en busca de un asesino de prostitutas. No les digo más: de lo mejorcito de este Sitges 2008 junto con el clasicismo setentero y
pupiavatiano de
Il Nascondiglio. Ni la una ni la otra tienen distribuidora en nuestro país, por lo que vale la pena que pongan de los nervios al ex cantante de
Los Canarios y metan a su burra a caminar. París bien vale una misa.
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