
Con
Nine, un claro homenaje al
8 ½ de
Fellini en clave de musical,
Rob Marshall pretende repetir el éxito conseguido con la oscarizada
Chicago en el 2002. Y, en realidad, a pesar del empeño y de contar con un atractivo casting, la película sólo anda a medio gas.
Una madre. Una puta. Una esposa. Una amante. Una amiga. Una periodista. Una musa. Y allí, en medio de todas ellas,
Guido Contini, un reputado director cinematográfico en horas bajas quien, en plena falta de inspiración creativa, recurrirá a las mujeres de su vida en busca de ayuda para salir del bache.

Basándose en el musical de idéntico título que representaran
Raúl Julia y posteriormente
Antonio Banderas sobre los escenarios de Broadway,
Marshall carga la mayor fuerza de su trabajo en el envoltorio visual. Mucho
look pero poca chicha. Las relaciones de
Guido con sus mujeres no son más que una alarmante colección de clichés, mientras que una gran parte de sus números musicales (a excepción de un par de compactos y bien resueltos) se me antoja sosísima, tanto coreográfica como musicalmente hablando. A veces, recurre al estilo de su propio
Chicago mientras que, en otras, hurga descaradamente en el
Cabaret de
Bob Fosse. Y siempre, siempre, siendo insertados en la mínima trama que expone de forma poco natural, quedando totalmente distanciados de la parte no musical, como una especie de postizo obligatorio para que cada uno de sus intérpretes pueda tener su escenita de baile y de lucimiento vocal.
Daniel Day-Lewis, como siempre, hace de
Daniel Day-Lewis; o sea, cara de puro restreñimiento y de pasarlo muy mal anímicamente.
Penélope Cruz, fiel a la
María Elena de
Vicky Cristina Barcelona que le valió el Oscar, repite personaje y maneras sin pudor alguno, aunque al menos se marca el número más caliente de la función, mientras que
Nicole Kidman, al igual que
Day-Lewis, hace de ella misma, de una estrella conciente de ser una estrella; la ley del mínimo esfuerzo en toda regla.


Más estimulante resulta la recuperación mitómana de
Sophia Loren (a pesar de contar con un rol, el de la madre, que aporta poquísimo a la historia) o el poder ver a una sorprendente
Judi Dench danzando y cantando como si lo hubiera hecho durante toda su vida. Aunque, sin desmerecer en absoluto las esforzadas colaboraciones de la cantante
Fergie y de
Kate Hudson (sobre la cual recae uno de los números más brillantes del film), la que en realidad se lleva el gato al agua, en todos los aspectos, es
Marion Cotillard, la excelente protagonista de
La Vida En Rosa y que, en esta ocasión, corre con el rol de la cansada esposa del infiel
Guido. Y es que esta mujer no necesita más que una sola mirada para expresar un montón de sentimientos.
Música. Baile. Erotismo. Un tributo a
Fellini y, por extensión, al cine italiano. Con sus ingredientes, podría haber llegado muy lejos, pero su banal empeño en coleccionar tópicos y en no ligar de forma adecuada su parte musical con la más estándar, hacen de
Nine uno de los musicales más aburridos que me haya tirado en cara.
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