20.1.10

El judío gafe

Los Coen rebobinan y con Un Tipo Serio regresan al cine de bajo presupuesto, igual que en sus inicios. Pillan a un sobrio Michael Stuhlbarg, me lo disfrazan de Harold Lloyd, le otorgan una identidad muy peculiar marcada por su condición de judío y lo meten, de lleno, en el ojo de un huracán plagado de insalvables problemas personales y familiares. Un nuevo gafe acaba de nacer.

Una sátira sobre el judaísmo llevada hasta límites insospechados. En este aspecto, ni Woody Allen ha llegado jamás tan lejos. De ritmo pausado y apostando por un humor ciertamente perspicaz, Un Tipo Serio se convierte en un claro ejemplo de sutilidad cinematográfica.

Los hermanos de marras, en la que aseguran se trata de la más personal de sus películas, huyen de la socarronería que en general inunda sus comedias y, de manera envidiable, buscan la sonrisa cómplice del espectador ante las penurias del vapuleado Larry Gopnik, su protagonista, un profesor de matemáticas que verá cambiar radicalmente su existencia en poquísimos minutos. Las desgracias y las malas noticias nunca llegan solas y, en el caso de Gopnik, lo hacen en manada.

No busquen una comedia alocada. Es un film extraño, reposado. Cuesta entrar pero, cuando se consigue, hay que disfrutarlo al máximo y tomarlo como una más de las parábolas, sin sentido, que los rabinos le recitan a un impotente Gopnik cuando éste recurre a ellos con el fin de aliviar sus penas acumuladas.

Algunos, sin mucha razón, dirán que se trata de una obra menor de los Coen. A mi parecer, se trata de un film pequeño dotado de un contenido inmenso y mucho más logrado que esa astracanada que significó su título anterior, Quemar Después de Leer. No es cine negro (al que tan habituados nos tienen sus autores), pero posee algunas de las constantes del mismo; no es un melodrama, pero poco le falta para ello; tampoco es una comedia en el sentido estricto de la palabra: es, sencillamente, la vida en forma de absurda parábola judía.

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