24.10.13

SITGES 2013: Jornada 3 (de invasiones alienígenas y borracheras, telefonistas en apuros, crisis existenciales cinéfilas, relaciones enfermizas rocambolescas, maderos contra narcos y zombies indies)

A las 10.30 de la mañana del domingo 13 de octubre, en el Auditorio del Meliá se proyectaba uno de los productos más esperados del Sitges 2013, The World’s End (pendiente de estreno en España, a finales de noviembre, bajo el título de Bienvenidos al Fin del Mundo), el nuevo film del británico Edgar Wright y que cierra la trilogía iniciada por Zombies Party y Arma Fatal. Protagonizada de nuevo por la pareja fetiche del realizador, el  muy en boga Simon Pegg y Nick Frost, en esta ocasión se adentra en el mundo de las invasiones extraterrestres y, siguiendo la tónica habitual de su cine, localizando la acción en una pequeña y tranquila localidad de la campiña inglesa.

La película empieza de forma atractiva. Los gags, controlados, se suceden uno detrás de otro. La trama parte del reencuentro, un tanto forzado, de un grupo de amigos dispuestos a terminar una acción, que de jóvenes, dejaron a medias: hacer un recorrido alcohólico por las tabernas de su pueblo natal durante una noche de locura total. A pesar de las reticencias de la mayor parte del grupo, la cosa se pone en marcha. Hasta ahí, todo funciona bien. El puntito de acidez que marca las relaciones de los integrantes de la camarilla le viene como anillo al dedo a las intenciones de Wright. La crisis de los cuarenta ha marcado a sus protagonistas y, de ahí, saca sus mejores chistes, aunque la historia empieza a decaer, cuando la confabulación alienígena empieza a mostrarse. La película, que aún mantiene algunos momentos delirantemente graciosos, acaba desmoronándose en sus nada seductores veinte minutos finales. Entre lo aburridos que resultan y la cargante sobreactuación de Simon Pegg, el invento se estrella definitivamente. Un gran guiño a la magistral La Invasión de los Ladrones de Cuerpos que, por desgracia, sólo quedará en la memoria del espectador por las buenas intenciones iniciales que desprende.


La mañana continuó con The Call, un thriller típico y tópico, del montón, para lucimiento de una Halle Berry en horas bajas y totalmente pasada de rosca. Dirigida de forma descafeinada por Brad Anderson (el mismo de la olvidable Transsiberian, cinta que abrió el Sitges 2008), la película posee el aspecto de un telefilme de sobremesa de poco presupuesto. Un cargante festival de la actriz de color al servicio de una trama manida: una operadora de un teléfono de emergencias de la policía, tras una fracaso en una de sus acciones, se obsesiona por salvar la vida de una chica que ha sido raptada por un psicópata y que mantiene la comunicación abierta con ella, a través de un móvil, desde el interior del maletero del automóvil del secuestrador. A pesar del brío que intenta imprimir a su historia, la cosa se le escapa totalmente de las manos y se convierte en un producto de lo más previsible. Una especie de revisitación de la entretenida y acelerada Cellular, de David R. Ellis y con Kim Basinger de protagonista.


En nada fantástica pero mucho más conseguida resultó A Glimpse Inside the Mind of Charles Swan III, una comedia, muy del estilo de las de los setenta, dirigida por Roman Coppola (hijo de Francis Ford Coppola) y que cuenta, en sus papeles principales, con Charlie Sheen, Jason Schwartzman, Patricia Arquette y Bill Murray. Ambientada en Los Angeles de los años 70 y llena de divertidos homenajes al mundo del cine (genial la parodia de John Wayne protagonizada por Bill Murray), la película repasa las elucubraciones mentales de Charles Swan III (un Charlie Sheen reconvertido, físicamente, en una especie de Michael Douglas), un exitoso diseñador gráfico que, al perder su pareja actual, cae en una grave crisis existencial, planteándose sus relaciones sentimentales y con su entorno. Curiosa y juguetona. Una rara avis que merecería mayor atención y que quizás no fue apreciada del todo por la crítica y el público del festival por no pertenecer en absoluto al género habitual del certamen.


Passion, el nuevo Brian De Palma tras cinco años de inactividad desde Redacted, significó uno de los más sonados fiascos del Sitges 2013. De hecho, se trata de un remake del film francés de Alain Corneau Crime d'Amour; en principio, un material excelente para la retorcida mente del cineasta. En él se barajan constantes muy típicas del realizador: sexo, crímenes y, ante todo, la posibilidad de jugar con distintos puntos de vista (inevitable que, en un momento dado, llegue a partir truculentamente la pantalla en dos para mostrar un par de actos teóricamente paralelos en el tiempo). Pero los años no han pasado en balde y De Palma, más rocambolesco y extremo de lo habitual, se queda sólo en las intenciones. Se le va la bola en demasiadas ocasiones (empezando por su delirante final) y lleva sus excesos hasta límites vergonzosos para narrar la enfermiza relación entre la directora de una agencia publicitaria y una de sus empleadas. En nada ayuda a su buena digestión las olvidables interpretaciones de sus actrices principales, Rachel McAdams y Noomi Rapace, dos mujeres que, en otros productos, han demostrado mayor solvencia que en éste. Una pena.


La jornada se cerró con Drug War, un contunde thriller policiaco de Johnnie Too a años luz de su otro film presentado en el certamen, el nefasto Blind Detective. En Drug War va directamente a lo que mejor domina: el cine de acción, de buenos y malos, en donde las ensaladas de tiros no se hacen esperar. Una historia típica y tópica, enmarcada en el seno de una operación policial de resultados bastante chungos contra el narcotráfico, que funciona gracias al ritmo que le ha imprimido y al cuidadísimo y frenético montaje con el que ha afrontado sus numerosas escenas de acción (ante todo en sus trepidantes escenas finales). No ofrece nada nuevo, pero lo que propone le funciona al cien por cien.


Por el camino quedó The Battery, una curiosidad, bastante aburrida e insustancial, que mostraba una invasión zombi desde el punto de vista de un film independiente: los zombis indies. Dirigida por Jeremy Gardner y prácticamente protagonizada por dos únicos actores, el propio realizador y Adam Cronheim, se acerca a las avatares de dos supervivientes que, cargados con sus mochilas respectivas, recorrerán los bosques de su país, en un viaje hacia la nada y armados de una pistola y un bate de beisbol. Una aventura fantástica, de tintes minimalistas y soporíferos (por ejemplo, le dedica un plano inacabable e innecesario a la higiene dental de ambos), cuyo mejor acierto se encuentra en sus últimos minutos de proyección, en la que los dos colegas se encuentran sitiados en el interior de un automóvil acosados por una caterva de muertos vivientes.


En el siguiente post, la cuarta jornada.

23.10.13

SITGES 2013: Jornada 2 (de jóvenes que pierden la chaveta, de caníbales y ecologistas y de detectives cegatos apayasados)

El sábado 12 de octubre, segundo día del Sitges 2013, el certamen abrió con Magic Magic de Sebastián Silva, una coproducción entre Estados Unidos y Chile muy poco fantástica que, de forma sobria, plantea el proceso de degradación mental y físico de Alicia, una joven adolescente que, durante un viaje en compañía de unos desconocidos, empezará a perder a marchas forzadas la percepción de la realidad. La lentitud de algunos pasajes y la poca chicha argumental de la cinta, se ven altamente compensadas por la inquietante atmósfera conseguida y el excelente trabajo de Juno Temple en la piel de esa destemplada muchacha que inicia su particular migración a la locura; un trabajo que, por otra parte, se hizo merecidamente con el premio a la mejor interpretación femenina del festival y que, entre otras cosas, hace olvidar el histrionismo de algunos de sus compañeros de reparto, como por ejemplo el de un desmelenado Michael Cera.


La mañana siguió de forma más o menos trepidante. Eli Roth, un asiduo del certamen, presentaba en el Auditorio del hotel Meliá su nueva película, The Green Inferno, una de sus alocadas y habituales burradas a golpe de sangre y vísceras aunque, en esta ocasión, de modo un tanto más light que en sus títulos anteriores (las dos entregas de Hostel o Cabin Fever). Ambientada en la jungla del Amazonas y centrada en el núcleo de una tribu de caníbales, narra los avatares de un grupo de jóvenes idealistas que, en su lucha por evitar la destrucción de la selva, se convertirán en su delicioso almuerzo. Dotada de un peculiar sentido del humor, se trata de un cariñoso guiño cinéfilo a Holocausto Caníbal, uno de los films gores más nombrados de la década de los ochenta, con crítica incluida a la falsedad de ciertas corporaciones ecologistas. Entretenida. Y punto.


Blind Detective nos mostró la peor cara del hongkonés Johnnie To: la de la comedia romántica y detectivesca. Un film menor del realizador oriental, plagado de despropósitos argumentales y con una nefasta e insoportable actuación de Andy Lau quien, a través de una exageradísima interpretación, da vida al detective ciego del título y que, de forma alucinante, se hizo con el premio al mejor actor del certamen. Ver para creer (y nunca mejor dicho). La película, a través de un humor de lo más cazurro, narra la relación profesional y amorosa del investigador y una policía con la que indaga la desaparición de una amiga de la infancia de ésta. Uno de los títulos más patéticos, con menos sustancia y largo del Sitges 2013. Más de dos horas de tortura asiática. A Mariano Ozores le hubiera quedado mucho mejor.


En el próximo post, un poco más.

22.10.13

SITGES 2013: Jornada 1 (de pianistas acosados, de gusanos y cerdos, de madres e hijas vampiras y de cineastas basureros fallecidos)

El pasado sábado 19 de octubre se clausuraba la 46ª edición del Sitges 2013, al tiempo que se hacían públicos los galardones de la misma; premios que pueden consultar en el siguiente link.

Este año, tal y como les avancé en el post anterior, no he podido seguir con la dedicación habitual las proyecciones del festival, pero aún y así, procedo a narrarles las impresiones de los títulos visionados, jornada a jornada.

El viernes 11 de octubre, Sitges 2013 abría con Grand Piano, todo un ejercicio de estilo dirigido por Eugenio Mira que, con esta cinta, brinda un milimetrado homenaje a Hitchcock y, más en concreto, a su discípulo más avanzado, Brian De Palma. La poca credibilidad de su trama, así como el exceso y lo rocambolesco que abrigan muchas de sus escenas, así lo acreditan. La película, producida por Rodrigo Cortés y protagonizada por Elijah Wood y John Cusack, muestra el retorno a los escenarios de un pianista consagrado que dejó a un lado los conciertos en directo debido a sufrir un ataque de pánico escénico. En su nuevo debut, deberá atinarse al máximo pues, justo antes de sentarse ante el piano, recibirá un mensaje, de un francotirador apostado en la sala, amenazándole de muerte en caso de equivocarse en una sola nota.

A pesar de la desproporción de muchos de sus pasajes, de la irrealidad del conjunto y de estar rodada prácticamente en un escenario único, Mira demuestra un dominio total del suspense y del uso de la cámara, imprimiéndole a su historia un ritmo frenético que hacen totalmente llevadera su hora y media de proyección. A todo ello hay que añadirle el buen trabajo interpretativo de Elijah Wood en la piel del músico acosado, actor que se pasa casi todo el metraje en pantalla.


Y, de segundo plato, llegó la primera del certamen en la frente: Upstream Color, la nueva empanada mental de Shane Carruth, el mismo que hace nueve años realizará la insufrible Primer. En esta ocasión, de forma pretenciosa y a través de un montaje desordenado, nos habla de la relación que se establece entre un hombre y una mujer que, tras haber sido secuestrados por la misma persona, han sido sometidos a una extraña experiencia en la que se mezclan la ingestión de gusanos y cierta concomitancia con cerdos y un tipo en concreto de flores. Una colgada aburridísima, que abusa de su narrativa asincopada y de esas ansías estúpidas por asemejarse al Terrence Malik de la aborrecible El Árbol de la Vida. Ideal para gafapastas con ganas de organizar puzzles para encontrarle sentido a un film descompaginado y pedante.


Con Byzantium, Neil Jordan regresa al cine de vampiros unos 19 años después de su Entrevista Con El Vampiro. Su nuevo trabajo es tranquilo, reposado y de fotografía preciosista, consiguiendo que, con sus imágenes, el espectador evoque viejos títulos de su filmografía (desde la citada Entrevista Con El Vampiro y pasando por Amor A Una Extraña, Mona Lisa o, incluso, Juego de Lágrimas). La película se centra en la vida de dos vampiras, una madre y una hija, que se han pasado varios siglos huyendo de una secta patriarcal que no está dispuesta a aceptarlas como miembros de su cofradía. En su última mudanza, se alojarán en un viejo y gótico hotel (de nombre Byzantium, al igual que el título del film), en donde la madre montará un lupanar para así poder practicar el oficio que mejor conoce. Sexo, misterio, fantasía y un toque de emotividad. Un trabajo interesante, aunque no redondo, en donde cabe destacar el clasicismo de su puesta en escena y, ante todo, las brillantes interpretaciones de Saoirse Ronan y Gemma Arterton, las dos peculiares chupasangres.


Ya de madrugada, como homenaje al desaparecido Jesús Franco, en el cine Prado se proyectó el documental La Última Película de Jess Franco de Pedro Temboury y, como colofón, una de sus películas más aclamadas, la perversa, morbosa y entretenida Miss Muerte.


Y, de propina, para quien esto escribe, el siempre reconfortante reencuentro con los viejos amigos del lugar quienes, año tras año, siguen acudiendo a la cita cinéfila de Sitges.

10.10.13

SITGES 2013: El Mal aterriza en la Blanca Subur

Mañana, 11 de octubre de 2013, empieza la 46ª edición del Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Sitges, el Sitges 2013; una edición que, lamentablemente, no podré seguir con la dedicación de años anteriores debido a un problema de salud que me obliga a reposar durante una temporada. No obstante, intentaré, más o menos y dentro de mis posibilidades, mantenerles informados de todas aquellas sesiones que pueda visionar.

Un festival cuyo cartel, en esta ocasión, es todo un homenaje al Mal (con mayúscula) y, en concreto, a la magistral La Semilla delDiablo de Roman Polanski; cinta que, extrañamente, no se revisirá durante un certamen que abre con la prometedora y hichtckoniana Grand Piano del alicantino Eugeni Mira para cerrar con la no menos alentadora The Sacrament de Ti West.

A lo largo del Sitges 2013 aterrizarán, entre otros, títulos tan atractivos como Passion (un Brian de Palma no estrenado en España), Byzantium (o la vuelta de Neil Jordan al cine vampírico tras su Entrevista Con El Vampiro), Drug War y Blind Detective (un par de Johnnie To para contentar a los pillados por el cine del hongkonés), Haunter (lo más nuevo de un experto en el género como Vincenzo Natali) o The World’s End (la cachonda visión del fin del mundo de Edgar Wright, el director de la divertida ZombiesParty).


Y, por supuesto, para los más gafapastosos del lugar, no podía faltar la ración correspondiente de gente más recalcitrante como Peter Greenaway (Goltzius & The Pelican Company), Alejandro Jodorowsky (La Danzade la Realidad) o Takashi Miike (con retrospectiva incluida), así como un extenso homenaje a la desaparecida figura de uno de los nombres claves del fantástico español, Jesús Franco.

Pues nada, que a partir de mañana, Sitges volverá a vestirse de gala para recibir a sus numerosos seguidores. Y un servidor que, por salud, intentará dosificarse. Todo sea por no caer en las garras del Mal.

1.10.13

Tres tontos muy tontos


Michael Bay, en Dolor y Dinero, se disfraza de Oliver Stone y apuesta por la crónica de un suceso real ocurrido en la Norteamérica actual. Deja a un lado su habitual espectacularidad, plagada de cientos de robotijos y helicópteros, y se decanta por una historia más terrenal protagonizada por un trío de culturistas de Florida, un tanto cortos de entendederas, que decidieron enriquecerse mediante el secuestro de un empresario; un secuestro que, por cierto, se salió de madre y apuntó hacia vericuetos bastante retorcidos.

Las intenciones del film son buenas, pero Bay se pierde en su desmelenado y nada atractivo tratamiento. El caso original, ya de por sí resulta de lo más absurdo e ilógico, pero la forma de acercarse a él aún lo convierte en algo más difícil de tragar, empezando por la imposibilidad del espectador de simpatizar mínimamente con alguno de sus personajes, ya sean los secuestradores o la víctima. El dibujo de todos ellos es tan poco estimulante que en ningún momento llegan a motivar en absoluto.


Dolor y Dinero navega continuamente entre géneros, sin centrarse definitivamente en ninguno de ellos. De la comedia más tontorrona y alocada (al más puro estilo Farrelli de Dos Tontos Muy Tontos, aunque salvando las distancias), pasando por el melodrama y desembocando en el thriller más violento y radical. Algo así como lo ya intentado por el citado Stone en la reciente Salvajes. Juega con los formatos y la textura de la fotografía, imprimiéndole mucho ritmo a su narración; un ritmo que, sin embargo, no impide el tedio y el aburrimiento que amaga su (en teoría) desmadrada propuesta.

Arremete, sin éxito, contra la cultura del culturismo, convirtiendo sus pretensiones críticas en un aluvión de ridiculeces sin parangón, al tiempo que saca de Mark Wahlberg una de sus peores actuaciones al dar vida, de forma totalmente pasada de rosca, a Daniel Lugo, el gimnasta artífice del complot. Y ello sin profundizar en las pocas dotes interpretativas de sus dos compañeros de fatigas, Anthony Mackie y Dwayne Johnson (esa cosa gélida e inexpresiva cuya mayor proeza fue hacer de Rey Escorpión). Suerte que por ahí y desengrasando un poco pulula el siempre efectivo Ed Harris, cargando con un papel que no se acaba de creer del todo.

Un Michael Bay distinto, menos artificioso pero absolutamente fallido.


6.9.13

El islote del tesoro


Después de la interesante aunque extraña Take Shelter, su director, Jeff Nichols, vuelve a sorprender con su nueva cinta, Mud, un trabajo que conserva algunas de las constantes de su película anterior, como esa tranquilidad narrativa que le imprime a su historia; una historia que, por otra parte, posee varios puntos de contacto con la adaptación del Cuenta Conmigo de Stephen King que realizara Rob Reiner.

Mud narra la relación de amistad nacida entre dos niños de 14 años, Ellis y Neckbone, con Mud, un hombre que huye de la justicia y se refugia en un pequeño islote del medio Mississippi, esperando el momento de reunirse con Juniper, la mujer a la que ama. El joven Ellis, agobiado por la inseguridad que rezuma el matrimonio de sus padres, idealizará a Mud debido a los sentimientos de amor que éste demuestra para con su pareja.


Un contundente melodrama, con toques de cine de aventuras, narrado a ritmo de thriller y con una aurea de cuento infantil lleno de apuntes descarnados, conforman la fórmula exótica de la independiente propuesta de Nichols. Al igual que Take Shelter, este es un producto distinto, a veces estrambótico y, por momentos, debido a su lentitud, un tanto aburrido. Pero son tantos los destellos de brillantez que inundan sus dos largas horas de metraje, que sus pasajes más tediosos (y algunos de ellos bastante increíbles) quedan pronto en el olvido.

Buena cuelpa del hipnótico y chocante encanto del film, aparte de la destacable interpretación del joven Tye Sheridan, se encuentra en el buen hacer de un sorprendente Matthew McConaughey, un actor que por fin -tras haber pasado por un alarmante número de comedias bobaliconas-, ha encontrado su mejor forma de expresión dando vida a personajes oscuros y bastante al margen de la sociedad, tal y como hiciera en la violenta y lapidaria Killer Joe, título no estrenado en España de William Friedkin en el que daba vida a un policía corrupto que también ejercía de asesino profesional. Con el rol de Mud, McConaughey ha encontrado su rinconcito en el Olimpo de Hollywood.


Y atención igualmente a una Reese Whiterspoon totalmente distinta a sus desaboridos papeles habituales. Mucho más madura, sombría y sensual que lo acostumbrado, con su peculiar creación de Juniper complementa a la perfección al personaje de Mud.

23.8.13

Breve

Ayer, después de muchos años, volví a ver E. T.. Y me sorprendió descubrir que aún conserva la misma capacidad de entretener y emocionar del primer día. Volví a sentirme un jovencito por un par de horas. Incluso hasta llegué a soltar una lagrimita.


14.8.13

Amnesia y depilación


Con Trance, Danny Boyle entra a saco en su peculiar estilo, jugando con la narrativa y utilizando curiosos y trabajados recursos visuales. De hecho, el Boyle de Slumdog Millionaire y 127 Horas se muestra en toda su extensión: flashbacks, planos imposibles y un imparable sentido del ritmo, dominan toda la proyección.

La historia, de partida, parece simple, aunque el realizador británico se muestra totalmente habilidoso al convertirlo en un atractivo (aunque no muy creíble) galimatías. Trance es un thriller marcado por la amnesia de su protagonista, un asistente de una importante casa de subastas londinense que, tras aliarse con una banda de ladrones, sustrae una pintura de alto valor económico. Un golpe recibido durante el atraco hará que el tipo pierda totalmente la memoria, olvidándose por completo del lugar en donde ha escondido el botín.


La fuerza de la película, más que en su improbable argumento, radica en su exposición: hacía adelante, hacia atrás, ralentizándo sus imágenies e insertando pequeños flashes orientativos que, al final, servirán para dar coherencia al puzzle planteado. Un rompecabezas que se sostiene sobre una pieza esencial, el del personaje al que da vida una descomunal Rosario Dawson, una terapeuta especializada en la hipnosis y sobre la que recaerá el trabajo de recuperar la memoria del aturdido ladrón.


Sólo por la Dawson ya vale la pena enfrentarse a Trance. Sólo por ella y por su depilación instantánea de bajos. Inolvidable. Para chuparse los dedos.

8.8.13

Un hombre raro, raro, raro...


Una de las mejores propuestas de este verano ha sido La Mejor Oferta, la nueva cinta de Giuseppe Tornatore, el realizador de la estupenda Cinema Paradiso. En ella afronta el retrato de un personaje tan atípico como entrañable, Virgil Oldman, un conocido agente de subastas que se caracteriza por su asumida soledad y sus numerosas excentricidades; un tipo que pronto empezará a matizar su carácter al entrar en contacto con una joven misteriosa y agorofóbica dispuesta a poner en venta las obras de arte heredadas de sus padres.

Todo un festival Geoffrey Rush al más alto nivel, el actor que da vida al extravagante Virgil y que, a través de una sobriedad incuestionable, compone a un personaje conflictivo sin caer en ningún momento en el más mínimo de los histrionismos. Una actuación soberbia al servicio de una historia magnética y perfectamente narrada, en la que se mezclan el melodrama y el thriller.


La intriga que propone no es muy sorprendente; incluso, en ciertos aspectos, se me antoja previsible. Pero eso es lo de menos. De hecho, sus giros de guión no son lo más lo más sugestivo del film. Su verdadero intríngulis recae en su lento, minucioso e imparable crescendo narrativo y, ante todo, en el excelente dibujo del personaje que encarna Rush, el verdadero núcleo de la película y sobre el que gravitan presencias tan interesantes como las de Donald Shuterland o la atractiva Sylvia Hoeks, esa enigmática Claire que despertará sensaciones desconocidas en el estrambótico Virgil.

6.8.13

El primo hermano de John McLane

Tras un largo parón vacacional, regreso con las pilas cargadas y dispuesto, en un principio, a irles ofreciendo información, a modo de pequeñas grajeas vitamínicas, sobre los títulos que he ido viendo durante este periodo de ausencia bloguera total.

Hoy empiezo con Objetivo: La Casa Blanca, una action movie compacta y entretenida. Cine de evasión al cien por cien, con esa cosa insufrible del Gerard Butler ejerciendo de héroe de acción aunque perfectamente respaldado por gente como Aaron Eckhart, Morgan Freeman o Angela Bassett. Dirige, con pulso firme y eficacia, un Antoine Fuqua al que le ha costado convencer a las plateas desde su carismática y potente Training Day.

La cinta no es más que un claro acercamiento al estilo de la Jungla de Cristal, sin John McLane pero si con Mike Banning (el insoportable del Butler), un ex agente del servicio de seguridad del presidente de los EE.UU. que,  a pesar de estar traumatizado por un accidente del pasado, pasa a ser el único hombre disponible para deshacer un entuerto que podría poner en peligro la estabilidad de su país: el presidente y algunos peces gordos se han convertido en rehenes de un violentísimo comando coreano que acaba de tomar la Casa Blanca.

No esperen muchas sorpresas ni un guión despampanente. Sólo por la brillantez de sus innumerables escenas de acción (no tiene desperdicio alguno la larga secuencia del asalto a la Casa Blanca) y el nervio que le imprime Fuqua a la historia, ya hay más que suficiente para disfrutar con la propuesta. El entretenimiento está servido.


Si en lugar del Butler fuera otro el pájaro protagonista, el asunto seguramente aún funcionaría mejor.

9.7.13

Desconectado

Ustedes perdonen la desconexión de los últimos días... pero es que estoy de vacaciones hasta el mes de agosto. Ni me he fugado ni he ingresado en prisión junto a Bárcenas. Sencillamente, vivo la vida.


El próximo mes me tienen aquí de nuevo. Hasta entonces, un beso en la frente a todos ustedes.

20.6.13

Soprano forever

Ayer la mafia televisiva se quedó sin Tony Soprano, su mayor y mejor representante. James Gandolfini, el actor que le representó en Los Soprano durante seis inolvidables temporadas, moría en Roma, a los 51 años de edad, durante unas vacaciones.

La HBO, productora de Los Soprano, dio en el clavo cuando eligió a Gandolfini para dar vida al “capo” de los Soprano, una familia mafiosa con diversos tejemanejes esparcidos en diversos frentes. El actor, con su inmenso corpachón, se metió en la piel del personaje con total comodidad, creando un mito televisivo a través de una brillante interpretación llena de matices que le valió, en varias ocasiones, el reconocimiento de la profesión. Tres premios Emmy y un Globo de Oro así lo acreditan.

Una vez cancelada la serie, James Gandolfini volvió a sus orígenes interpretativos; orígenes a los que nunca renunció durante los años en que ejerció de Tony Soprano, retomando la tradición de los grandes y lujosos secundarios de los que se nutre el cine norteamericano; de aquellos secundarios cuya sola presencia hacen aún más atractiva la película en la que están metidos. Mátalos Suavemente, La Noche Más Oscura, In The Loop o Corazones Solitarios, son sólo unos cuantos ejemplos de los más de los 51 títulos en los que intervino.

Durante este verano, en su memoria, repasaré Los Soprano en su integridad, una de las mejores e innovadoras series de la historia de la televisión. Para mí, Tony Soprano siempre estará en la cima (al lado de Homer Simpson, por supuesto)

Descanse en paz.

12.6.13

Optimismo ignominioso

Son dos seres ignominiosos, aunque totalmente cabales, de aquellos con los que me gustaría compartir mesa a menudo. Cuentan que son hermanos siameses, que nacieron unidos por la cabeza, aunque se llevan cinco años de edad. Malas lenguas aseguran que el padre se reía de ellos, negándose a separarlos quirúrgicamente por resultar tan bizarros. Ahora, en su mayoría de edad, atienden por Faemino y Cansado. Ayer aterrizaron en Barcelona para estar con su espectáculo, Parecido No Es Lo Mismo, hasta el domingo.


Gracias a ellos y sin leer a Kierkegaard, sé que Portugal es el trozo pintado de amarillo en el mapa de la península ibérica y que hablar en árabe, si te pones, es muy sencillo; otra cosa es leerlo, porque va “pa l’otro lado”.

Son dos filósofos de la vida. Uno cartesiano, el otro enfurruñado. Dos psicólogos al servicio de la maltrecha sociedad actual. Ayer, viéndolos, de tanto reír, acabé llorando. Y llegué a casa dopado de satisfacción para varios días. La inyección de optimismo que regalan a su público es francamente impagable. Y sólo por 25 euracos.

Son lo mejor de lo mejor. Hoy mismo repetiría.

10.6.13

Críando cuervos en favor del cine español

Hace más de 27 horas que nos dejó Elías Querejeta, uno de los productores españoles más atrevidos de la industría cuyo cine, feroz y comprometido,  vivió dulces horas y se caracterizó, en plena dictadura, por plantarle cara al franquismo. Ayer, a los 78 años de edad y en su último encuentro, sintió el aliento del diablo y se encaminó, estando de cuerpo presente, al jardín de las delicias.

Nos enseñó que, a pesar del desencanto y de que vayamos con los ojos vendados, el Sur también existe. Afrontó su trabajo deprisa, deprisa, desde la madriguera. Las secretas intenciones y los desafíos de Querejeta quedaron latentes en su cine, haciendo a través de él una gran dedicatoria a un Dios desconocido



Los lunes al sol, desde su barrio y en familia, nos contó historias del Kronen para después, una noche de verano y en compañía de Ana y los lobos, salir a la caza del director de más prestigio.



Descanse en paz.