10.10.13

SITGES 2013: El Mal aterriza en la Blanca Subur

Mañana, 11 de octubre de 2013, empieza la 46ª edición del Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Sitges, el Sitges 2013; una edición que, lamentablemente, no podré seguir con la dedicación de años anteriores debido a un problema de salud que me obliga a reposar durante una temporada. No obstante, intentaré, más o menos y dentro de mis posibilidades, mantenerles informados de todas aquellas sesiones que pueda visionar.

Un festival cuyo cartel, en esta ocasión, es todo un homenaje al Mal (con mayúscula) y, en concreto, a la magistral La Semilla delDiablo de Roman Polanski; cinta que, extrañamente, no se revisirá durante un certamen que abre con la prometedora y hichtckoniana Grand Piano del alicantino Eugeni Mira para cerrar con la no menos alentadora The Sacrament de Ti West.

A lo largo del Sitges 2013 aterrizarán, entre otros, títulos tan atractivos como Passion (un Brian de Palma no estrenado en España), Byzantium (o la vuelta de Neil Jordan al cine vampírico tras su Entrevista Con El Vampiro), Drug War y Blind Detective (un par de Johnnie To para contentar a los pillados por el cine del hongkonés), Haunter (lo más nuevo de un experto en el género como Vincenzo Natali) o The World’s End (la cachonda visión del fin del mundo de Edgar Wright, el director de la divertida ZombiesParty).


Y, por supuesto, para los más gafapastosos del lugar, no podía faltar la ración correspondiente de gente más recalcitrante como Peter Greenaway (Goltzius & The Pelican Company), Alejandro Jodorowsky (La Danzade la Realidad) o Takashi Miike (con retrospectiva incluida), así como un extenso homenaje a la desaparecida figura de uno de los nombres claves del fantástico español, Jesús Franco.

Pues nada, que a partir de mañana, Sitges volverá a vestirse de gala para recibir a sus numerosos seguidores. Y un servidor que, por salud, intentará dosificarse. Todo sea por no caer en las garras del Mal.

1.10.13

Tres tontos muy tontos


Michael Bay, en Dolor y Dinero, se disfraza de Oliver Stone y apuesta por la crónica de un suceso real ocurrido en la Norteamérica actual. Deja a un lado su habitual espectacularidad, plagada de cientos de robotijos y helicópteros, y se decanta por una historia más terrenal protagonizada por un trío de culturistas de Florida, un tanto cortos de entendederas, que decidieron enriquecerse mediante el secuestro de un empresario; un secuestro que, por cierto, se salió de madre y apuntó hacia vericuetos bastante retorcidos.

Las intenciones del film son buenas, pero Bay se pierde en su desmelenado y nada atractivo tratamiento. El caso original, ya de por sí resulta de lo más absurdo e ilógico, pero la forma de acercarse a él aún lo convierte en algo más difícil de tragar, empezando por la imposibilidad del espectador de simpatizar mínimamente con alguno de sus personajes, ya sean los secuestradores o la víctima. El dibujo de todos ellos es tan poco estimulante que en ningún momento llegan a motivar en absoluto.


Dolor y Dinero navega continuamente entre géneros, sin centrarse definitivamente en ninguno de ellos. De la comedia más tontorrona y alocada (al más puro estilo Farrelli de Dos Tontos Muy Tontos, aunque salvando las distancias), pasando por el melodrama y desembocando en el thriller más violento y radical. Algo así como lo ya intentado por el citado Stone en la reciente Salvajes. Juega con los formatos y la textura de la fotografía, imprimiéndole mucho ritmo a su narración; un ritmo que, sin embargo, no impide el tedio y el aburrimiento que amaga su (en teoría) desmadrada propuesta.

Arremete, sin éxito, contra la cultura del culturismo, convirtiendo sus pretensiones críticas en un aluvión de ridiculeces sin parangón, al tiempo que saca de Mark Wahlberg una de sus peores actuaciones al dar vida, de forma totalmente pasada de rosca, a Daniel Lugo, el gimnasta artífice del complot. Y ello sin profundizar en las pocas dotes interpretativas de sus dos compañeros de fatigas, Anthony Mackie y Dwayne Johnson (esa cosa gélida e inexpresiva cuya mayor proeza fue hacer de Rey Escorpión). Suerte que por ahí y desengrasando un poco pulula el siempre efectivo Ed Harris, cargando con un papel que no se acaba de creer del todo.

Un Michael Bay distinto, menos artificioso pero absolutamente fallido.


6.9.13

El islote del tesoro


Después de la interesante aunque extraña Take Shelter, su director, Jeff Nichols, vuelve a sorprender con su nueva cinta, Mud, un trabajo que conserva algunas de las constantes de su película anterior, como esa tranquilidad narrativa que le imprime a su historia; una historia que, por otra parte, posee varios puntos de contacto con la adaptación del Cuenta Conmigo de Stephen King que realizara Rob Reiner.

Mud narra la relación de amistad nacida entre dos niños de 14 años, Ellis y Neckbone, con Mud, un hombre que huye de la justicia y se refugia en un pequeño islote del medio Mississippi, esperando el momento de reunirse con Juniper, la mujer a la que ama. El joven Ellis, agobiado por la inseguridad que rezuma el matrimonio de sus padres, idealizará a Mud debido a los sentimientos de amor que éste demuestra para con su pareja.


Un contundente melodrama, con toques de cine de aventuras, narrado a ritmo de thriller y con una aurea de cuento infantil lleno de apuntes descarnados, conforman la fórmula exótica de la independiente propuesta de Nichols. Al igual que Take Shelter, este es un producto distinto, a veces estrambótico y, por momentos, debido a su lentitud, un tanto aburrido. Pero son tantos los destellos de brillantez que inundan sus dos largas horas de metraje, que sus pasajes más tediosos (y algunos de ellos bastante increíbles) quedan pronto en el olvido.

Buena cuelpa del hipnótico y chocante encanto del film, aparte de la destacable interpretación del joven Tye Sheridan, se encuentra en el buen hacer de un sorprendente Matthew McConaughey, un actor que por fin -tras haber pasado por un alarmante número de comedias bobaliconas-, ha encontrado su mejor forma de expresión dando vida a personajes oscuros y bastante al margen de la sociedad, tal y como hiciera en la violenta y lapidaria Killer Joe, título no estrenado en España de William Friedkin en el que daba vida a un policía corrupto que también ejercía de asesino profesional. Con el rol de Mud, McConaughey ha encontrado su rinconcito en el Olimpo de Hollywood.


Y atención igualmente a una Reese Whiterspoon totalmente distinta a sus desaboridos papeles habituales. Mucho más madura, sombría y sensual que lo acostumbrado, con su peculiar creación de Juniper complementa a la perfección al personaje de Mud.

23.8.13

Breve

Ayer, después de muchos años, volví a ver E. T.. Y me sorprendió descubrir que aún conserva la misma capacidad de entretener y emocionar del primer día. Volví a sentirme un jovencito por un par de horas. Incluso hasta llegué a soltar una lagrimita.


14.8.13

Amnesia y depilación


Con Trance, Danny Boyle entra a saco en su peculiar estilo, jugando con la narrativa y utilizando curiosos y trabajados recursos visuales. De hecho, el Boyle de Slumdog Millionaire y 127 Horas se muestra en toda su extensión: flashbacks, planos imposibles y un imparable sentido del ritmo, dominan toda la proyección.

La historia, de partida, parece simple, aunque el realizador británico se muestra totalmente habilidoso al convertirlo en un atractivo (aunque no muy creíble) galimatías. Trance es un thriller marcado por la amnesia de su protagonista, un asistente de una importante casa de subastas londinense que, tras aliarse con una banda de ladrones, sustrae una pintura de alto valor económico. Un golpe recibido durante el atraco hará que el tipo pierda totalmente la memoria, olvidándose por completo del lugar en donde ha escondido el botín.


La fuerza de la película, más que en su improbable argumento, radica en su exposición: hacía adelante, hacia atrás, ralentizándo sus imágenies e insertando pequeños flashes orientativos que, al final, servirán para dar coherencia al puzzle planteado. Un rompecabezas que se sostiene sobre una pieza esencial, el del personaje al que da vida una descomunal Rosario Dawson, una terapeuta especializada en la hipnosis y sobre la que recaerá el trabajo de recuperar la memoria del aturdido ladrón.


Sólo por la Dawson ya vale la pena enfrentarse a Trance. Sólo por ella y por su depilación instantánea de bajos. Inolvidable. Para chuparse los dedos.

8.8.13

Un hombre raro, raro, raro...


Una de las mejores propuestas de este verano ha sido La Mejor Oferta, la nueva cinta de Giuseppe Tornatore, el realizador de la estupenda Cinema Paradiso. En ella afronta el retrato de un personaje tan atípico como entrañable, Virgil Oldman, un conocido agente de subastas que se caracteriza por su asumida soledad y sus numerosas excentricidades; un tipo que pronto empezará a matizar su carácter al entrar en contacto con una joven misteriosa y agorofóbica dispuesta a poner en venta las obras de arte heredadas de sus padres.

Todo un festival Geoffrey Rush al más alto nivel, el actor que da vida al extravagante Virgil y que, a través de una sobriedad incuestionable, compone a un personaje conflictivo sin caer en ningún momento en el más mínimo de los histrionismos. Una actuación soberbia al servicio de una historia magnética y perfectamente narrada, en la que se mezclan el melodrama y el thriller.


La intriga que propone no es muy sorprendente; incluso, en ciertos aspectos, se me antoja previsible. Pero eso es lo de menos. De hecho, sus giros de guión no son lo más lo más sugestivo del film. Su verdadero intríngulis recae en su lento, minucioso e imparable crescendo narrativo y, ante todo, en el excelente dibujo del personaje que encarna Rush, el verdadero núcleo de la película y sobre el que gravitan presencias tan interesantes como las de Donald Shuterland o la atractiva Sylvia Hoeks, esa enigmática Claire que despertará sensaciones desconocidas en el estrambótico Virgil.

6.8.13

El primo hermano de John McLane

Tras un largo parón vacacional, regreso con las pilas cargadas y dispuesto, en un principio, a irles ofreciendo información, a modo de pequeñas grajeas vitamínicas, sobre los títulos que he ido viendo durante este periodo de ausencia bloguera total.

Hoy empiezo con Objetivo: La Casa Blanca, una action movie compacta y entretenida. Cine de evasión al cien por cien, con esa cosa insufrible del Gerard Butler ejerciendo de héroe de acción aunque perfectamente respaldado por gente como Aaron Eckhart, Morgan Freeman o Angela Bassett. Dirige, con pulso firme y eficacia, un Antoine Fuqua al que le ha costado convencer a las plateas desde su carismática y potente Training Day.

La cinta no es más que un claro acercamiento al estilo de la Jungla de Cristal, sin John McLane pero si con Mike Banning (el insoportable del Butler), un ex agente del servicio de seguridad del presidente de los EE.UU. que,  a pesar de estar traumatizado por un accidente del pasado, pasa a ser el único hombre disponible para deshacer un entuerto que podría poner en peligro la estabilidad de su país: el presidente y algunos peces gordos se han convertido en rehenes de un violentísimo comando coreano que acaba de tomar la Casa Blanca.

No esperen muchas sorpresas ni un guión despampanente. Sólo por la brillantez de sus innumerables escenas de acción (no tiene desperdicio alguno la larga secuencia del asalto a la Casa Blanca) y el nervio que le imprime Fuqua a la historia, ya hay más que suficiente para disfrutar con la propuesta. El entretenimiento está servido.


Si en lugar del Butler fuera otro el pájaro protagonista, el asunto seguramente aún funcionaría mejor.

9.7.13

Desconectado

Ustedes perdonen la desconexión de los últimos días... pero es que estoy de vacaciones hasta el mes de agosto. Ni me he fugado ni he ingresado en prisión junto a Bárcenas. Sencillamente, vivo la vida.


El próximo mes me tienen aquí de nuevo. Hasta entonces, un beso en la frente a todos ustedes.

20.6.13

Soprano forever

Ayer la mafia televisiva se quedó sin Tony Soprano, su mayor y mejor representante. James Gandolfini, el actor que le representó en Los Soprano durante seis inolvidables temporadas, moría en Roma, a los 51 años de edad, durante unas vacaciones.

La HBO, productora de Los Soprano, dio en el clavo cuando eligió a Gandolfini para dar vida al “capo” de los Soprano, una familia mafiosa con diversos tejemanejes esparcidos en diversos frentes. El actor, con su inmenso corpachón, se metió en la piel del personaje con total comodidad, creando un mito televisivo a través de una brillante interpretación llena de matices que le valió, en varias ocasiones, el reconocimiento de la profesión. Tres premios Emmy y un Globo de Oro así lo acreditan.

Una vez cancelada la serie, James Gandolfini volvió a sus orígenes interpretativos; orígenes a los que nunca renunció durante los años en que ejerció de Tony Soprano, retomando la tradición de los grandes y lujosos secundarios de los que se nutre el cine norteamericano; de aquellos secundarios cuya sola presencia hacen aún más atractiva la película en la que están metidos. Mátalos Suavemente, La Noche Más Oscura, In The Loop o Corazones Solitarios, son sólo unos cuantos ejemplos de los más de los 51 títulos en los que intervino.

Durante este verano, en su memoria, repasaré Los Soprano en su integridad, una de las mejores e innovadoras series de la historia de la televisión. Para mí, Tony Soprano siempre estará en la cima (al lado de Homer Simpson, por supuesto)

Descanse en paz.

12.6.13

Optimismo ignominioso

Son dos seres ignominiosos, aunque totalmente cabales, de aquellos con los que me gustaría compartir mesa a menudo. Cuentan que son hermanos siameses, que nacieron unidos por la cabeza, aunque se llevan cinco años de edad. Malas lenguas aseguran que el padre se reía de ellos, negándose a separarlos quirúrgicamente por resultar tan bizarros. Ahora, en su mayoría de edad, atienden por Faemino y Cansado. Ayer aterrizaron en Barcelona para estar con su espectáculo, Parecido No Es Lo Mismo, hasta el domingo.


Gracias a ellos y sin leer a Kierkegaard, sé que Portugal es el trozo pintado de amarillo en el mapa de la península ibérica y que hablar en árabe, si te pones, es muy sencillo; otra cosa es leerlo, porque va “pa l’otro lado”.

Son dos filósofos de la vida. Uno cartesiano, el otro enfurruñado. Dos psicólogos al servicio de la maltrecha sociedad actual. Ayer, viéndolos, de tanto reír, acabé llorando. Y llegué a casa dopado de satisfacción para varios días. La inyección de optimismo que regalan a su público es francamente impagable. Y sólo por 25 euracos.

Son lo mejor de lo mejor. Hoy mismo repetiría.

10.6.13

Críando cuervos en favor del cine español

Hace más de 27 horas que nos dejó Elías Querejeta, uno de los productores españoles más atrevidos de la industría cuyo cine, feroz y comprometido,  vivió dulces horas y se caracterizó, en plena dictadura, por plantarle cara al franquismo. Ayer, a los 78 años de edad y en su último encuentro, sintió el aliento del diablo y se encaminó, estando de cuerpo presente, al jardín de las delicias.

Nos enseñó que, a pesar del desencanto y de que vayamos con los ojos vendados, el Sur también existe. Afrontó su trabajo deprisa, deprisa, desde la madriguera. Las secretas intenciones y los desafíos de Querejeta quedaron latentes en su cine, haciendo a través de él una gran dedicatoria a un Dios desconocido



Los lunes al sol, desde su barrio y en familia, nos contó historias del Kronen para después, una noche de verano y en compañía de Ana y los lobos, salir a la caza del director de más prestigio.



Descanse en paz.

31.5.13

Más allá de la ficción

En la cartelera barcelonesa aún se mantienen un par de documentales espléndidos, de narrativa diferente y con algunos paralelismos en su estilo y estructura.

El primero de ellos es el oscarizado Searching For Sugar Man, un acercamiento a la figura de Sixto Rodríguez (artísticamente más conocido como Rodríguez, a secas), un cantante que fue descubierto en un pequeño club de Detroit por un par de cazatalentos en los años 60. Tras grabar un primer y espléndido álbum, sin ningún tipo de repercusión en EE.UU., el músico gozó de cierta fama en la Sudáfrica del Apartheid aunque, tras la grabación de un segundo disco, desapareció del mapa. Incluso llegó a asegurarse la teoría de que el artista se suicidó en directo durante uno de sus conciertos.

La cinta, dirigida por Malik Bendjelloul, está planteada como si se tratara de un thriller, una película de intriga. Con la ayuda de varios personajes que en su día investigaron la posible muerte del cantante, sigue la pista del intérprete desaparecido. Para ello se ayuda de varios giros sorprendentes de guión, al tiempo que encandila al espectador con las composiciones de éste. Comparado por algunos (y con cierta razón) con la grandeza musical de Bob Dylan, la cinta mantiene al patio de butacas con la incógnita de saber toda la verdad sobre Rodríguez. Va tras sus pasos y, poco a poco, abre puertas para conocer más sobre el personaje.


Juega con las emociones y el misterio, al tiempo que reivindica a un músico que, laureado y querido sólo en Sudáfrica, fue ninguneado en el resto del mundo. Un documento único, diferente y totalmente magnético. Tras su visionado, me entraron ganas de hacerme con los dos únicos álbumes de Rodríguez.


El otro documental al que hacía referencia al principio de este post es El Impostor, un espléndido trabajo que, al igual que Searching For Sugar Man, se ampara en la narrativa del thriller para contar la historia de un engaño mayúsculo.

El Impostor arranca con la desaparición de un niño de 13 años del seno de una familia del Medio Oeste americano; un chico que, cuatro años después, apareció en un centro de acogida del sur de España. Una vez avisada la familia, estos aceptarán de nuevo en su hogar al hijo perdido, a pesar de que se trata de una persona totalmente distinto: un joven francés, casi 10 años mayor que su pequeño y dispuesto a usurpar la personalidad del desaparecido.

Un film sorprendente y alucinante pues, tratándose de un caso verídico narrado por sus propios protagonistas, traza situaciones de un surrealismo brutal. Su director, Bart Layton, se acerca de frente y sin tapujos a la encrucijada planteada. Suscita dudas en el espectador, tanto por las intenciones de la familia como por las del joven farsante, y se acerca a la trama a través de un espléndido dominio del suspense. ¿Qué pretende la familia dando por válida la llegada a su hogar de un embustero? ¿Qué será del impostor si este acaba siendo descubierto?


Dos documentales modélicos e intrigantes que no hay que dejar escapar. Y es que, en muchas ocasiones, la realidad supera a la ficción.

22.5.13

La humanidad en peligro


Tras el fiasco que supuso Tron: Legacy, Joseph Kosinski regresa a la ciencia-ficción con Oblivion, un pretencioso trabajo, con varias concesiones a la taquilla, que, en el fondo, no es más que otro descarado producto para potenciar la figura de su protagonista principal, Tom Cruise, todo un chupóptero profesional de cámara que no cesa de robar planos a sus compañeros. Vaya, que la película, a pesar de ofrecernos una correcta y esforzada interpretación del actor, no pasa de un nuevo Festival Cruise.
 

Año 2077. La Tierra ha sido destruida tras la guerra entre humanos y extraterrestres, los scavengers. El planeta está desolado. Sus habitantes han tenido que emigrar a Titán, una de las lunas de Saturno. Sin embargo, algunos se han quedado para ejercer de vigilantes en una ardua tarea para extraer recursos vitales después de la larga contienda con los scavs, seres que aún siguen pululando por el planeta. Él es mecánico de drones, unas naves no tripuladas que ayudan en los trabajos de inspección. Atiende por Jack Harper y vive en una sofisticada estación espacial al lado de Victoria, su actual compañera sentimental. Durante una de sus misiones y tras el rescate de Julia, una humana hibernada, descubrirá un secreto que reavivará sus recuerdos y dará pleno sentido a su existencia.


Las intenciones del film son buenas. Pero no pasa de las intenciones. Pretende recuperar el espíritu más clásico del género, homenajeando al mismo tiempo, entre otros, a títulos como 2001: Una Odisea del Espacio o El Planeta de los Simios (con varios iconos de la arquitectura neoyorquina enterrados en la arena, incluida la Estatua de la Libertad), pero se pierde en un maremágnum de lagunas y episodios en nada clarificadores, convirtiendo la historia planteada en una losa (a menudo indescifrable e ilógica) para el espectador.

Técnica y visualmente impecable, la cinta se apoya, ante todo, en un espectacular despliegue de efectos especiales y en el loable diseño de los artefactos de que disponen sus pocos supervivientes, potenciando así el contraste entre el estado ruinoso del planeta y las nuevas y brillantes tecnologías, al tiempo que ofrece algunas escenas (aunque muy aisladas) de acción al más puro estilo del Hollywood actual (como sucede con el ataque de los drones a la guarida de los rebeldes). Todo ello muy bonito y muy sutil, a pesar de que la historia (enmarañada donde las haya) no avance hacia ningún lado.


Por desaprovechar, el tal Kosinski hasta desperdicia a un actorazo como Morgan Freeman (el cabecilla de los insurgentes) y no explota en absoluto el personaje (en el fondo, clave) de Olga Kurylenko, actriz que queda totalmente desplazada por la inquietante presencia de Andrea Riseborough, su rival femenina en pantalla.


Un film fallido, aburrido y exageradamente hinchado. A años luz de los grandes clásicos de la ciencia-ficción a los que pretende acercarse.

16.5.13

El superhéroe graciosillo


Shane Black debutó en la dirección con la ingeniosa Kiss Kiss Bang Bang, una comedia con aire de thriller protagonizada por Robert Downey Jr. y Val Kilmer. Ahora, 8 años después, nos presenta su segundo film: la tercera entrega de Iron Man, Iron Man 3; una entrega que entra a saco en la personalidad de un dubitativo Tony Stark (alter ego del superhéroe) y en la lucha que tendrá que sostener, en compañía de Iron Patriot (Don Cheadle), para liberar a su compañera y al Presidente de los EE.UU. de las manos de un terrorista que alucina pepinillos.


Técnicamente impecable, la película se le escapa de las manos al realizador al querer dotarla de un aire de comedia astracanada que, en lugar de hacer gracia, termina por cansar al respetable. En este aspecto, un sobreactuadísimo Robert Downey se recrea de forma exagerada en sus muecas de caricato de feria y en darle a su personaje un toque de graciosillo perenne, al tiempo que introduce en la historia a un malvado apayasado al más puro estilo Bin Laden (aunque con engañifa incluida) e interpretado por un también desmadrado Ben Kingsley. Pero, queriendo rizar aún más el rizo, Iron Man 3 echa mano de un segundo villano: un científico loco al que da vida un igualmente desmelenado Guy Pearce. Por lo visto, aquí todos se desmandan a sus anchas.


Al igual que otros títulos basados en figuras de la Marvel, incide en la ya cansina estrategia de mostrar a un superhéroe cansado de su personaje aunque, al mismo tiempo, dispuesto a seguir experimentando con nuevas armaduras y trucos tecnológicos para el desarrollo de sus inventos. Así, en esta ocasión y para gloria de los encargados de los efectos especiales, Tony Stark cuenta con tropecientas armaduras distintas que acudirán en su ayuda, siempre de forma muy espectacular cuando él las necesite. De hecho, el show de las armaduras montándose y destruyéndose contínuamente se convierte en un abusivo y reiterativo déjà vu a lo largo de la proyección.



Gwyneth Paltrow tiene un poco más de relieve que en las dos entregas anteriores, pues le ha cedido el rol de mujer florero a Rebecca Hall (la Vicky de la infumable Vicky Cristina Barcelona), totalmente perdida al intentar sacar adelante un papel metido en calzador en medio del mínimo intríngulis argumental. Y de propina, para crispar aún más al personal, añádanle la irritante presencia de Ty Simpkins, un niñato repelente que ayudará a Iron Man a recomponerse para seguir en pie de guerra.


Odio a los superhéroes. Cada vez más. Aparte de cuatro chistes manidos y sin salsa, hay demasiada pirotecnia y muy poca chicha. Vacía, vacía, vacía. El aburrimiento está garantizado. Una pena que el tal Shane Black, tras 8 años de inactividad, haya regresado a la dirección con un producto tan típico y tópico como este.

14.5.13

Darth Vader a domicilio

Érase una vez en Barcelona, alrededor de los años 80, que un niño de unos 3 años vivía enganchado a La Guerra de las Galaxias, película que, a petición suya, su padre le ponía en el VHS una y otra vez. Luke Skyvalker, la princesa Leia, Han Solo, Darth Vader… toda una fauna galáctica a la que estaba fuertemente enganchado.

El niño era encantador, pero tenía un pequeño problema, el mismo que casi todos los críos de su edad: a la hora de comer se convertía en un rebelde de mucho cuidado. El chaval se resistía a zamparse la comida que le servían en su plato. No había manera de que le plantara cara a la manduca.

Su padre, sabedor de la fascinación que sentía su hijo por La Guerra de las Galaxias y del lógico temor que le provocaba el personaje de Darth Vader, contactó con un amigo suyo. Este amigo, de voz poderosa y doblador profesional, redobló de nuevo a Dart Vader en una escena concreta y con un mensaje directo para el pequeño desganado.


Un buen día, negándose de nuevo a ingerir su vianda, los padres le colocaron por enésima vez su película preferida en el reproductor de vídeo. De pronto, el niño quedó colapsado. Darth Vader apareció en la pantalla de su televisor y, con su habitual voz metálica y dirigiéndose directamente a él, le espetó: “Jofre, si no comes, nunca vas a crecer”. Ya pueden imaginarse la cara de sorpresa y estupor que se le quedó al chaval. Dicen que, a partir de ese día, nunca más volvió a renunciar a su comida. El poder del lado oscuro es innegable.

El pequeño era Jofre Bardagí, hoy en día todo un hombretón y cantante solista del grupo Glaucs. Su padre era el desaparecido guitarrista, compositor y arreglista musical Josep Maria Bardagí; o sea, mi apreciado primo hermano. Y el doblador, cómo no, era el recientemente fallecido Constantino Romero.


Ahora, en algún lugar, Josep Maria y Tino posiblemente también estén recordando esta misma anécdota.