
Intocable es simple y llanamente un canto a la vida a través de una mera anécdota inspirada en un caso real. No hay que buscarle otras derivaciones más profundas a una propuesta planteada para disfrutar de la frescura de su guión y, ante todo, de la química establecida entre sus dos actores principales, el siempre espléndido François Cluzet y el sorprendente y divertidísimo Omar Sy.

Capaz de contar el nacimiento de una profunda amistad y, al mismo tiempo, de esbozar un genuino retrato sobre las diferencias sociales, raciales y de clase, Intocable se alza como una película alegre llena de pasajes humorísticos casi antológicos. Momentos como los del primer acercamiento de ambos personajes, la velada en la ópera, la persecución automovilística inicial o las continuas alusiones a las relaciones sexuales del discapacitado, son una buena muestra del dominio que Toledano y Nakache ejercen de la comedia; de la buena comedia, sin disparatadas situaciones altisonantes ni salidas de tono ofensivas. Siempre bordeando los límites y sin caer jamás en la chabacanería o el mal gusto.

Préstenle muchísima atención a la empatía que consigue el personaje de Driss con el espectador. Y es que el tal Omar Sy está tan genial en su papel que incluso desplaza a un segundo plano la indiscutible fuerza del siempre ponderado Cluzet.

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