Jorge Sanz está agobiado, parece un ánima en pena. Sus días de gloria quedan ya lejanos. En la actualidad no le contrata ni Cristo, por mucho empeño que ponga en la faena su nuevo representante,
Amadeo Gabarrón, un antiguo vendedor de quesos metido accidentalmente en el mundo del espectáculo.
Así se inicia el primero de los seis episodios que componen
Qué Fue de Jorge Sanz, una espléndida y divertida serie que, tras su pase por
Canal +, acaba de editarse en DVD. Con su ingenio y frescura, ésta rompe con la tónica habitual de las series
made in Spain. La idea nace de
David Trueba y del propio
Jorge Sanz: aprovechar el nulo gancho comercial y la poca actividad laboral actual del actor para plasmar el ir y venir de una estrella caída en desgracia. Detrás de tal idea, un claro referente argentino:
Todos Contra Juan.

Lo mejor de
Qué Fue de Jorge Sanz se encuentra en la honestidad, valentía y sentido del humor con los que el actor se planta ante el espejo. Explota su (mala) fama de ligón, sus problemas de dicción y su semblanza física con el otro
Sanz,
Alejandro. Ha de oír constantemente, tanto en boca de colegas como de conocidos, que en donde mejor estuvo de su dilatada carrera (más de 90 títulos) es a los trece años, en la película
Valentina. Mientras, la mayoría de sus fans femeninas (ya cuarentonas) le recuerdan, con cierto morbo, por la escena del pañuelito en
Amantes.
Y no sólo él hace de su propio personaje ya que, en su devenir diario, le acompañan otros populares nombres del
star system interpretándose a ellos mismos. Desde
Antonio Resines, pasando por
Santiago Segura, hasta
Juan Diego Botto, entre otros muchos. Cada uno de ellos, claros iconos del cine nacional, explotando sin tapujos ni vergüenza sus tics y su imagen pública. Y es que, a través de éstos y del propio
Sanz,
David Trueba teje una crítica sana y satírica sobre la industria del cine en nuestro país. Productores y directores también entran en el
pack.
Qué Fue de Jorge Sanz no deja títere con cabeza: hasta le toca el turno a una gala de los
Goya, presidida por
Álex de la Iglesia y con la presencia de la
Sinde vestida a lo
gallina Caponata.

Las idas y venidas a Barcelona desde Madrid, a bordo del AVE, para visitar a su ex mujer y a su hijo, o la delirante negociación para aceptar o no el papel protagonista en una nueva serie sobre superhéoes, son sólo algunas de las constantes de un trabajo imprescindible que invita al espectador a adivinar en donde termina la realidad para dar paso a la ficción. Sus inteligentes diálogos y sus ocurrentes (y a veces
kafkianas) situaciones son marca de la casa pues, en ocasiones, recuerdan a la espontánea manera con la que el otro
Trueba,
Fernando, abordó su
Ópera Prima.
Añádanle, a todo lo expuesto, un gran descubrimiento, el de
Eduardo Antuño, el actor que da vida al representante de
Jorge, ese
Amadeo Gabarrón que, procedente de la rama del queso, inicia una peculiar relación profesional (y delirante) con el protagonista de
Amantes.

Dimes y diretes sobre una figura en decadencia. Una impresionante lección de humildad a todos los niveles. No la dejen escapar. Treinta y cinco minutos por episodio que pasan en un abrir y cerrar de ojos. A pesar de su estatura, ¡qué grande ha estado
Jorge Sanz! Ni en
Valentina lució tan enorme.
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