

Slumdog Millionaire, al igual que ese Bollywood al que homenajea sin parar desde los primeros minutos de proyección, tiene un poco de todo, empezando por un gigantesco e ingenioso guiño al Oliver Twist de Dickens, lo mejor, sin lugar a dudas, de la fragmentada película. Incluso, en ella, hasta tienen cabida Los Tres Mosqueteros de Dumas. Melodrama, comedia y aventuras. Amistades truncadas, mafias de barrio y amores prohibidos. La supervivencia en las calles, en forma de picaresca, es su tema central.
Y como remate espléndido, aún imbuido de los efluvios del Bollywood más clásico y apoyando a sus títulos de crédito finales, un brillante número musical de propina, de los de coreografía made in Bombay. Amoríos, misterio, acción y baile: la ecuación perfecta para que el público hindú (y de paso el occidental) salte de emoción en sus butacas. Incluso Anil Kapoor, el espléndido actor que encarna al odioso presentador del concurso televisivo, es uno de los “malos” habituales en la industria cinematográfica de su país.
El film de Boyle funciona bien a casi todos los niveles. Es ágil, siempre va al grano y combina, sin estridencias, diversos géneros. En contrapartida, patina en su abusiva narración al más puro estilo vídeo-clip; un truco como otro para captar la atención del espectador más joven. Música e imágenes a mogollón, casi sin descanso. Diálogos poquitos, aunque inteligentes, tal y como demuestra la deliciosa escena del lavabo entre el citado Anil Kapoor y Dev Patel, el joven y efectivo actor que encarna a Jamal a la edad de 18 años y que, como dato curioso, es el único británico del elenco interpretativo.
Slumdong Millionaire, un título atrevido, poco profundo (a pesar de sus falsas apariencias de cine de autor) y fresco en su trepidante planteamiento.
¿Sería nuestro Carlos Sobera, en su época, tan ruin como el presentador hindú?
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