El penúltimo día del Sitges 2014 abrió sus puertas
con It Follows, una cinta indie en la que su realizador, el norteamericano David Robert
Mitchell, urde un peculiar homenaje al cine de John Carpenter (música incluida)
a través de una paranoica historia en la que una joven adolescente, tras
mantener relaciones con un chico extraño y solitario, verá su vida y la de los
que la rodean en peligro al empezar a ser acosada por seres extraños que sólo
ella puede ver. Cinta curiosa e inquietante que, sin embargo, peca de excesivas lagunas en su historia y de
no explicar demasiado sobre los sucesos que le suceden a la chica protagonista
(una brillante Maika Monroe, lo mejor de la propuesta). Cine para
adolescentes con pretensiones de cine de autor y, lo que es peor y amparándose
en la excusa de que se trata de cine fantástico, el director se toma la
libertad de no revelar ciertos datos incomprensibles para el espectador, optando
por colar un montón de detalles insostenibles saltándose todo
tipo de reglas habidas y por haber que el género (interiormente) demanda.
The Rover es otra nueva propuesta australiana sobre
un tema recurrente en el género desde hace unos cuantos años: el de un mundo en
crisis, a punto de la extinción, tras una hecatombe mundial. Dirigida por David
Michôd y contando con el gancho de dos actores como Guy Pearce y Robert
Pattinson (genial dando vida a un tipo cortito de entendederas), orquesta una
road movie polvorienta y sucia por desérticas carreteras cuando un hombre se obsesiona
en dar caza a los tres quincorros que acaban de robarle su automóvil. En su
perseverancia, le acompañará el hermano de unos de los ladrones, al que recoge
malherido durante el trayecto. El film tiene empaque y, a pesar de su excesiva
lentitud narrativa, consigue enganchar gracias a sus aislados y
secos destellos de violencia, a la sobriedad mugrienta de cuanto expone y a la
parquedad con la que describe a sus personajes principales. Y con sorpresa
final incluida, al presentar el motivo por el cual su protagonista ha decidido
recuperar su coche a toda costa.
La tercera propuesta de la mañana fue The Signal,
una extraña aunque efectiva cinta norteamericana de William Eubanks, en donde
tres adolescentes (dos chicos y una chica), durante un viaje por carretera intentando
dar con el paradero de un hacker que les está amargando la existencia, caerán
de lleno en las redes de una conspiración en la que se mezclan organismo pseudogubernamentales,
alienígenas y complejos secretos de alta envergadura. Lo mejor de la cinta se
encuentra en la opción del tal Eubanks para, durante su recorrido argumental,
fragmentar su metraje en tres partes bien diferenciadas, homenajeando en cada
una de ellas a un estilo muy concreto: su primera parte bebe directamente de la
fuente de las road movies; su parte central es todo un guiño a la conspiranoia
desde el punto de vista de lo que sería el cine de John Carpenter (por segunda
vez presente su sello en esta jornada), con laboratorios científicos y todo el
ritual que ello supone, mientras que en su última media hora entra de lleno en
el gran espectáculo de las persecuciones y efectos de todo tipo sacados de la factoría de Michael
Bay (quizás su segmento menos atractivo). Un popurrí con más una sorpresa en su haber (robótica incluida).
Personalmente, cerré la jornada con una estimulante
película de acción made in Hong Kong, Firestorm; un acelerado thriller
policiaco, de realización impecable que, dirigido con mano firme por Alan Yuen
e interpretado por un ya mayorcito Andy Lau, plasma la obsesión de un policía
por dar caza a una banda de atracadores de métodos expeditivos entre cuyos
miembros se encuentra un antiguo compañero de escuela. Más de lo mismo, aunque
haciendo gala de una sabiduría extrema a la hora de afrontar sus numerosas y
celebradas escenas de acción filmadas, la mayoría de ellas, en medio de la gran
ciudad, al más puro estilo del tiroteo de Heat pero a lo bestia, sin escatimar
en detalles ni en efectivos y atreviéndose, incluso, con un final sacado
directamente del cine de grandes catástrofes. A destacar, ante todo, la
dualidad con la que se presenta al personaje de Andy Lau, un agente de la ley que bascula, buena parte de su metraje, entre la dicotomía del bien y del mal.
Un entretenimiento adrenalínico en toda regla.
En breve, el último día del festival.
1 comentario:
Impresionante las escenas de los tiroteos entre polis y ladrones. Yo también pensé cuando la vi que a "Heat" le había salido un fortísimo adversario para igualar aquellas escenas de tiros. La trama no es tan complicada como me han dicho algunos que la han visto, yo he encontrado todos los acabos atados. La escena final una gozada visual y acústica para aquellos que tengan un buen sistema de cine en casa. Señores, antes de decidirse a ver esta peli...¡¡¡ pongansé los chalecos antibalas !!!
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