Se inició en el oficio de director en el mundo de la televisión. En su debut para la gran pantalla con
El Zurdo, convirtió a
Paul Newman en
Billy el Niño. A
Anne Bancroft la metió en la piel de una educadora traumatizada al servicio de una niña sordomuda en
El Milagro de Ana Sullivan. En
La Jauría Humana se atrevió a darle una paliza soberana al mismísimo
Marlon Brando.

Fue el orgulloso padre de dos criaturas descarriadas que atendían por
Bonnie y Clyde. Demostró al mundo entero que los indios no eran tan malos como los pintaban y que
Dustin Hoffman, a pesar de su menguada estatura, era un
Pequeño Gran Hombre. En
La Noche Se Mueve, hizo de una debutante y jovencísima
Melanie Griffith una ninfómana desaparecida a la que tenía que localizar un
Gene Hackman disfrazado de detective. Reunió a una pareja de armas tomar como
Brando y
Jack Nicholson en tierras de
Missouri. Y, entre otros muchos aciertos, reunió a
Hackman y a un incipiente
Matt Dillon para salvar a la madre de este último en
Target (Agente Doble en Berlín) . Más ya no se le podía pedir.
Su nombre era
Arthur Penn. Revolucionó el cine norteamericano en muchos aspectos, acercándolo un tanto a unas coordenadas más europeas. Anteayer, a los 88 años de edad y en la ciudad de Nueva York, nos abandonó para siempre.

Curiosamente, jamás fue galardonado con un puto Oscar. Cosas de la vida.
Descanse en paz.
No hay comentarios:
Publicar un comentario