22.12.13

¿Real como la vida misma?


Con Gente en Sitios, Juan Cavestany vuelve al peculiar modo de filmar con el que se enfrentó a Dispongo de Barcos, su largometraje anterior: prácticamente sin presupuesto y contando con la colaboración desinteresada de un grupo de actores de lo más granado y pintoresco, dispuestos a echarle una mano a un cineasta inquieto que logra sorprender, entreteniendo, con su nuevo experimento cinematográfico.

Cámara (de vídeo) en mano y dejando a un lado cualquier tipo de linealidad argumental, nos propone un collage caleidoscópico compuesto de numerosos fragmentos independientes capaces de retratar aquello que ya avanza su explícito título; o sea: gente en sitios. Gente en la calle, en bares, en casa, en el trabajo. Gente paseando, amando, despreciando, sufriendo. Gente enferma, sana, encabronada, alegre. Gente que come, que duerme, que sueña, que tiene miedo... En definitiva, gente para todos los gustos y colores.


Gente en Sitios los es todo y no es nada: un cúmulo de sensaciones extrañas en donde no existe un denominador común. La película de Cavestany es surrealista y, al mismo tiempo, real como la vida misma. Hace reír y pensar y, a veces, hasta resulta inquietante. El absurdo, el minimalismo y la realidad conforman un ente estrambótico que tanto hace soltar carcajadas como pone la piel de gallina. No hay término medio; tan sólo la malsana intención de mostrar a gente en sitios, aunque se trate de gente de mala calidad.

Gente con los rostros, entre otros muchos, de Ernesto Alterio, Carlos Areces, Raúl Arévalo, Antonio de la Torre, Maribel Verdú, Eduard Fernàndez, Silvia Marsó o Santiago Segura. Gente en sitios con caras conocidas, populares; fisonomías de las de toda una vida, de las que resultan familiares y que, a pesar de haber trabajado tan sólo por amor al arte, echan toda su carne al asador. Gente espléndida... y en sitios.


No busquen en ella ni una obra maestra ni una gran película. Confórmense con la PELÍCULA, así, en mayúsculas. Una película sabia, capaz de enseñarles a andar, a beber y hasta a dormir. Sencillamente, una rareza que difícilmente les vaya a dejar indiferentes.

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