10.1.13

La gran estafa


La máquina de hacer dinero que generó la trilogía de El Señor de los Anillos vuelve a ponerse en marcha. Y con una nueva trilogía basada, igualmente, en un libro cortito del propio Tolkien que, en este caso, Peter Jackson ha engordado truculentamente para sus propósitos. Su primera entrega es El Hobbit: Un Viaje Inesperado, un trabajo que, aparte de no ofrecer nada nuevo con respecto a lo ya visto con anterioridad, ha logrado aburrirme de forma soberana.

Confeccionada como una precuela de El Señor de los Anillos, cambia el protagonismo de Frodo Bolsón por el de Bilbo Bolsón y ambienta la acción 60 años antes de lo que ya conocíamos. Continúa con el mismo espíritu aventurero de la saga primeriza, aunque se repite en hazañas y combates con seres de todo tipo. Orcos, trasgos y huangos se enfrentan, a lo largo y anchísimo de su pesaroso metraje, con un grupo de enanos que, en compañía de Gandalf y de un joven Bilbo, se disponen a reconquistar la que fuera su patria, ahora en manos de un dragón enganchado por el oro que les pertenecía.



Al contrario que la trilogía inicial, a ésta le falta el alma y la fuerza necesarias para enganchar al espectador. Todo está descaradamente hinchado para lograr la friolera de tres películas de casi tres horas de duración cada una de ellas. Así, sus primeros sesenta minutos, están estirados hasta extremos impensados. Aparte del flash-back que abre la cinta (en dónde se narra la expulsión de los enanos de su tierra), la cosa no da para mucho. Peter Jackson se saca de la manga un extenso prólogo tan innecesario como pueril. El tedio que rezuma es tal que desconecta de la historia al más pintado. Puestos a dilatar el invento, el hombre hasta es capaz de regalar a la hastiada platea una cancioncilla interpretada por los invitados a una interminable fiesta en casa de Bilbo.

Luego empieza la acción. Una acción que ni emociona ni convence. Los efectos especiales y las cromas se suceden sin orden ni concierto. Los errores en las proporciones de los personajes (ya saben, la mayoría de ellos bajitos) son incalculables, así como soporífero el amplio pasaje dedicado a Gollum y sus acertijos. Vaya: un descomunal despropósito solo construido con la única finalidad de seguir engrandando las arcas.


La modorra está servida. Suerte que, para paliar tanto disparate, allí está la grandeza y profesionalidad de Ian McKellen en la piel del inefable Gandalf, casi el único acierto de la cinta ya que, en el papel de un joven Bilbo, toca sufrir las gracias y fáciles recursos de comediante de tres al cuarto de Martin Freeman, ese televisivo doctor Watson del moderno Sherlock de la BBC.



¡Qué duro resulta aguantar tres horas con las malditas gafas del 3D! Y más cuando uno piensa que aún faltan dos abultadas entregas más… Posiblemente, si la hubiera visto antes de acabar el año, habría figurado en un lugar de honor entre las diez peores del 2012.

8 comentarios:

Antonio Santo dijo...

Spa, a la peli le sobran minutos a punta de pala, pero precisamente lo de la canción y lo de Gollum es tal cual sacado del libro. :P

Iván Estévez dijo...

Madre mía, criticar a la canción, que "casualmente" es el tema principal de los enanos durante toda la banda sonora...

caligula dijo...

Pues yo difiero. Me lo pasé pipa con la película (aunque el principio era demasiado largo, en eso coincido) y me gustó la de los enanos cuando recogían los platos. Para soporífero, la hora entera final de El Retorno del Rey desde que tiran el anillo... madre mía, lo que tardó en terminar!!

Pero para que vea que no le guardo rencor, saco la pala y entierro:

http://www.elmundo.es/elmundo/2013/01/09/cultura/1357692325.html

Patty Shepard, una yanqui que se vino aquí a hacer películas antes de que yo naciera, y que por lo visto es la rubiaca que salía anunciando un ponche o un brandy o algo así, subida en un caballo... creo. que lo mismo la he liado.

Spaulding dijo...

Don Antonio Santo: No he leído el libro de Tolkien pero, aún y así, siguen pareciéndome un tostón tanto el pasaje del Gollum como la cancioncilla (aunque, "casuaamente", don Iván Estévez, sea el tema principal de los enanos de una banda sonora que me parece monótona y abigarrada).

Don caligula: Patty Shepard, aparte de ese anuncio, era una de mis debilidades durante la adolescencia.

El Señor Lechero dijo...

El problema es que la adaptación lo es de un librito que contiene un cuento de poquitas páginas y para ello van a meter cosicas de los Apéndices del Señor de los Anillos, donde se cuentan muchos "mientras tanto". Y sin que sirva de precedente, coincido con micer Caligae en que me entretuvo pese a su duración. Y también me confieso fan de Martin Freeman desde que le vi haciendo de Watson (luego le vi en uno de los timos del Baron Cohen haciendo de tontolculo integral). Pero tengo más ganas de ver en acción al Cumberbach, que últimamente le tenemos hasta en la sopa.

El Señor Lechero dijo...

Patty Sheppard era la amada de Terence Hill en el clásico "Y si no, nos enfadamos". Qué guapa estaba de trapecista.

Crítico Maldito dijo...

Y era la condesa Wandesa en La Noche de Walpurgiss, la peli más terrorífica que vi en mi infancia. Qué morbo tenia la condesa, que como era vampira, se desplazaba deslizándose por el humo ese que echaban por unos tubos, que uno acababa adivinando entre el decorado...

El Señor Lechero dijo...

Qué buena estaba, en definitiva.