
Con
Sombras Tenebrosas Tim Burton sigue varado en su cine de siempre, aunque bajo mínimos, sin inspiración. Las intenciones son buenas, su
look visual sigue siendo excelente, pero la sustancia que ofrece es de una calidad bajísima. Cuatro gags graciosos y un sinfín de guiños cinéfilos (y musicales) un tanto forzados, es lo poco que nos ofrece esta adaptación cinematográfica de una
vieja serie norteamericana de
Dan Curtis jamás vista en España.
Johnny Depp (¿quién sino tratándose de una película de
Burton?) es
Barnabas Collins, un vampiro de lo más gótico que se ha pasado dos siglos durmiendo bajo tierra para despertar en plena década de los 70. Alrededor suyo y de los disfuncionales integrantes de su familia actual, gira una historia construida a base de pequeñas anécdotas y chistecillos. Su base argumental es prácticamente inexistente y su máxima intriga -para mantener atento al espectador- se acoda en el enfrentamiento del protagonista con la pérfida y macizorra bruja que en el pasado le convirtió en
chupasangre.

La brillante e inteligente adaptación de
Sweeney Todd de
Somdheim significó un oasis creativo en medio de infumables
planetas de los simios,
casas de chocolate irritantes o insufribles
Alicias adolescentes. Sin ser tan patética como sus antecedentes más recientes,
Sombras Tenebrosas se convierte en la clara y palpable demostración de que
Tim Burton ha quedado encallado en su propio cine; una especie de
autocaricatura que se alimenta de lo más granado de su filmografía: un mucho de
Bitelchus, un poquito de
Eduardo Manostijeras, unas gotas a lo
Sleepy Hollow y un par de detalles agamberrados al más puro estilo
Mars Attacks.
No hay nada nuevo que le otorgue cierta personalidad a este trabajo, ni siquiera a través del rostro de una
Michelle Pfeiffer alejada de esa
Catwoman sensual del segundo
Batman timburtoniano. Más y más de lo de siempre:
Johnny Depp repite en su cine por enésima vez, aunque en esta ocasión un tanto achaparrado y cuellicorto; la
Bonham Carter (como fiel compañera) tampoco podía faltar y, ocupando el lugar del desaparecido
Vincent Price, un
Christopher Lee del que todos echan mano en los últimos años cuando se trata de homenajear al género fantástico.

Tras el verano llegará
Frankenweenie, la trasposición al largometraje de su fantástico
cortometraje animado de 1984. La cosa promete. El problema es que cada día creo menos en
Tim Burton. ¿Remontará o se quedará encallado? La solución el próximo octubre.
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