8.5.14

Segundas madres nunca fueron buenas


Carmina, la del Paco León, ha vuelto. Y lo hace con todos los honores a través de Carmina y Amén. Una segunda entrega que, por el camino, ha perdido su tono innovador y, lo que es mucho peor, su poder sorpresivo, de convicción y de experimentación. Carmina se ha hecho adulta, pero ha crecido mal, muy mal. A más presupuesto, menos imaginación.

Paco León repite tras la cámara y en el guión, mientras que su madre y su hermana vuelven a repetir roles. La picaresca, al igual que en Carmina o Revienta, está a la orden del día aunque, en esta ocasión, opta por dejar a un lado su toque docudramático y se decanta por una comedia negra preocupantemente hermética y claustrofóbica, salpicada por cuatro ocurrencias de lo más básico (como eso de llamar Bárcenas a un pajarraco).


La cinta arranca con la muerte inesperada del marido de Carmina y el empecinamiento enfermizo de ésta por esconder la defunción hasta pasados unos días con el fin cobrar la paga doble de su pensión. Como punto de partida, funciona. Otra cosa es que Paco León se aferre a la misma idea una y otra vez, sin avanzar hacia ningún parte y llenando su metraje de chistes (en general, poco graciosos y repetitivos) para lucimiento total de su propia madre, una Carmina Barrios que ha perdido toda la frescura que lucía en la cinta original para convertirse, a pesar de su evidente y clara chabacanería, en una diva sobreactuada y con ganas de robar la mayoría de escenas a sus compañeros de viaje. Resultan tan agobiantes las ganas que tiene esa mujer de subirse por las paredes, que posiblemente el espectador acabe hasta las narices de tan histriónico personaje. Y ello sin hablar del (innecesario) mal gusto visual con el que afronta muchos (demasiados) de sus pasajes, vomitajos y esputos incluidos.


Es una lástima no haber encontrado una mejor propuesta para regresar al universo de una marujona tan cutre como Carmina que un continuo desfile de los tópicos (sin mucho sentido) que rodean al mismo personaje; un rol, pasado de rosca, que adopta preocupantes niveles de endiosamiento, desplazando (o, mejor dicho, anulando) por completo al resto de personajes y a la propia (y mínima) historia planteada. Carmina y Amén, por su uso y abuso, bien podría haberse titulado Carmina y Carmina.

Una lástima, pues la primera me pareció totalmente acertada y graciosa, tanto por su gamberrismo como por su valentía. Todo lo contrario que ésta. Corramos un tupido velo.

1 comentario:

Roberto mollet romero dijo...

Muy buenas a todos! Os dejo el 5º capítulo de @UPP_LaSerie, una webserie de unos chavales que estamos empezando en el mundillo. Sin medios, pero con mucho cariño y dedicación Podéis ver los demás desde nuestro canal de Youtube.

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