
Vivió en primera mano la conquista del Oeste, se codeó con Patton, hizo migas con Matt Helm, entabló amistad con el hombre de Alcatraz, se fue de caza con Nevada Smith y desveló una oscura intriga en el Gran Hotel. Innegablemente, el suyo fue todo un gran combate.
La suya no era precisamente la ley del silencio. Jamás tuvo los labios sellados. Se decía que el suyo era un cerebro millonario: el cerebro de un millón de dólares. En sus numerosos devaneos se colgó de baby Doll, tonteó con tres azafatas y cayó en brazos de la Reina del Vaudeville. Y es que él, en el fondo, él era el Rey del Juego.

Ante su partida, yo confieso que fue uno de los actores del método que más me han atrapado. Maldem Forever!. Descanse en paz.
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