17.10.10

SITGES 2010: Los coletazos de en medio

El Festival de Sitges finalizó ayer. Hoy, de nuevo en casa y dispuesto a escribir las impresiones sobre aquellos films que pude visionar en una edición que, en mi modesta opinión, ha resultado menos fantástica de lo esperado y cuyos premios ya pueden consultar en este link.

DÍAS 5 Y 6 (de mansiones encantadas, vampiros rockeros y brujas apestadas)

El lunes y el martes pude prestar muy poca atención a las proyecciones del certamen. De todos modos rasqué alguna que otra cosilla, tal y como sucedió con La Otra Hija (The New Daughter), estrenada este mismo fin de semana en España y que supone el debut, en el campo del largometraje, del donostiarra Luis Berdejo. Un debut por todo lo alto en los EE.UU., con Kevin Costner e Ivana Baquero (la niña de El Laberinto Del Fauno) como protagonistas principales. La historia propuesta supone una nueva vuelta de tuerca a un tema en exceso manido, el de las mansiones poseídas, con alguna que otra mínima variación en relación con la inmensa cantidad de productos similares. Aquí, por ejemplo, el mal no habita en el interior de la casa, pues se localiza en un montículo situado en el bosque que la rodea. Un padre divorciado y sus dos hijos se trasladan a vivir a una nueva residencia, lugar en el que a la hija mayor se le irá agriando el carácter. Más de lo de siempre, filmado sin garra alguna y con la única intención de cubrir el expediente.

Un pase del director’s cut de la sobrevalorada Donnie Darko y la revisitación de Hipnosis, un esforzado título español de cine negro de los años 60, dirigido por Eugenio Martín y con inquietante muñeco de ventrílocuo incluido, fueron algunos de los pases destacados antes de una sesión golfa dedicada al vampirismo. De los tres títulos programados, tuve la posibilidad de asistir a Suck, una tontería de producción canadiense orquestada por un tal Rob Stefaniuk, a medio camino entre la ópera rock, el cine sobre vampiros y la comedia idiota. De protagonistas, los integrantes de una banda rockera que ven aumentar el taquillaje de sus conciertos tras haber sido vampirizada la vocalista del grupo. Su principal objetivo, homenajear a los viejos rockeros, aquellos que nunca mueren, a través de un cansino sinfín de guiños visuales y musicales. A pesar de las colaboraciones de Alice Cooper, Iggy Pop, Moby y de un patético Malcom McDowell (a modo y manera de un moderno Van Helsing), la cosa se queda en agua de borrajas.
El martes sólo pude asistir a Black Death, una coproducción anglo-alemana realizada por Chistopher Smith. Ambientada en la Europa del siglo XIV y en medio de una furibunda plaga de peste, la cinta se centra en un grupo de personajes que, movidos por la sospecha de posibles actos de brujería, inician el viaje a un pueblo cuyos habitantes se muestran inmunes a la pandemia. Algunos giros inesperados de guión y su perfecta ambientación, son lo más destacable de un trabajo aburrido y con una fuerte carga religiosa en su haber. Atención a la presencia, siempre de agradecer, de Sean Bean (cada día más parecido físicamente a Laudrup, el ex jugador del Barça) y a los cantarines pelucones encasquetados a algunos de sus actores.
DÍA 7 (de pijos neoyorquinos, trapicheos urbanos, camioneros rusos, padres vengadores, víctimas de atracos y exorcistas chapuceros)

La jornada se abrió con la cargante y aburridísima Twelve, el último trabajo del norteamericano Joel Schumacher. Una falsa visión sobre la juventud neoyorquina actual, llena de hijos de papá y fiestecitas nocturnas privadas, en donde las drogas, el alcohol y la violencia cobran un protagonismo especial. De ser el director que convirtió a Batman y a Robin en dos locuelas escapadas de una revista de Colsada, el hombre se ha convertido en un prepotente juez de lo más moralista. De juzgado de guardia. Y digo yo, ¿qué narices tiene de fantástico este título para estar en un festival de género?

A continuación, huyendo de nuevo del fantástico y adentrándose directamente en el cine negro, la sueca Dinero Fácil. Dirigida por Daniél Espinosa, se trata de un digno thriller, quizás demasiado alargado en su metraje (124 minutos), en donde se mezclan mafias locales, narcotráfico y un montón de personajes salidos de los bajos fondos de Estocolmo con ganas de ganar dinero rápido y por la vía fácil. Algunas escenas de acción, perfectamente filmadas, ayudan a romper un tanto su calmado ritmo narrativo.

Programada de forma alucinante dentro de la sección oficial fantástica, llegó
al festival My Joy, una producción ucraniana, de tinte claramente realista y que supone un devastador retrato de la antigua Unión Soviética, un país en donde la miseria campaba a sus anchas. 130 minutos de lo más plomizo protagonizados por un camionero que, en su ruta, se enfrentará a un sinfín de situaciones en las que la indigencia tiene un papel destacado. Muy buenas intenciones al servicio de un peñazo imposible de soportar. Un servidor, en busca de aire fresco, no llegó a la hora de proyección.
Lo mejor del día, sin ser tampoco de género fantástico, se localizó en la canadiense Les 7 Jours du Talion, un melodrama cercano al noir en el que un padre de familia, cirujano de profesión, decide tomarse la justicia por su mano ante la violación y asesinato de su hija de ocho años. La tortura vuelve a estar presente en Sitges tras la polémica que supuso Martyrs en una edición anterior, aunque en este caso, su realizador, Daniel Grou, se acerca a la misma de un modo más sutil, sin saltarse los límites y sin recrearse en ella, todo lo contrario que la citada ganadora del Méliès de Oro del año pasado. Un thriller tenso, duro, de ritmo reposado y con un mucho de juego psicológico en su haber.

La italiana La Doppia Hora también huye del fantástico para centrarse, al igual que el título anterior, en el cine negro. Dirigida por un tal Giuseppe Capotondi, la cinta narra las vivencias de una inmigrante del Este, empleada de servicio en un hotel de Turín, que se convierte en una de las víctimas de un atraco a mano armada al lado de su nuevo compañero sentimental, un ex policía reconvertido en guardia de seguridad. Un giro en su guión, de lo más falso, truculento y manido, acaba con la buena impresión inicial.

La Posesión de Emma Evans, cinta española del barcelonés Manuel Carballo rodada totalmente en inglés y producida por Julio Fernández (Filmax en sus últimos coletazos), no aporta nada nuevo al tema de los exorcismo y posesiones diabólicas varias. El Mal, al igual que en el cine patrio del franquismo, no tiene cabida en tierras españolas. La adolescente rebelde de siempre, con problemas familiares y con el demonio metido en el cuerpo. De propina, el exorcista de turno marcado por una conjura anterior que le salió un tanto chunga. La única diferencia con otros títulos similares estriba en que el sacerdote en cuestión es familiar directo de la jovencita. Mal filmada, peor interpretada y pésimamente escrita. Una loa al primer plano y al montaje sincopado como máxima expresión cinematográfica. Para ver vídeo-clips me enchufo la MTV.

En un próximo post, los últimos días de este Sitges 2010.

12.10.10

Así en el cielo como en la tierra

Hizo la ruta París-Tombuctú, pernoctando en Calabuch. Allí, montado en el motocarro de Plácido, cruzó El Puente, paseó por la Calle Mayor y fue testigo de la Muerte De Un Ciclista. Tras adentrarse en El Bosque Animado en compañía del Malvado Carabel, cometió un Asalto Al Casino, un Atraco A Las Tres y rehusó hacer amistad con El Verdugo, aunque fueron a parar Todos A La Cárcel.

Fue un hombre de Tamaño Natural, uno de Los Nuevos Españoles, de los de consistencia Total. Bailó al son de la música de Sinatra con Juanita La Larga, intimó con La Vendedora De Ropa Interior, salió de copas con La Duquesa Roja y tuvo el honor, durante El Año De Las Luces y al lado del Señor Alcalde, de dar la Bienvenida a Mister Marshall.

La Vida Es Maravillosa por habernos dado a un personaje como él. Atendía por Manuel Alexandre, uno de los secundarios de lujo del cine español que nunca estuvo Fuera de Juego. Más de 230 largometrajes avalan su gran profesionalidad. Único e irrepetible. Hoy, a los 92 años de edad, nos ha abandonado. Descanse en paz.

A pesar del dolor por su pérdida, aun Amanece, Que No Es Poco.

SITGES 2010: Segundos coletazos

DIA 3 (de exorcismos, prostíbulos, polis amarillos, muertos bien muertos, vengadores justicieros y esquiadores congelados)

La jornada del sábado empezó con buen pie. A primera hora de la mañana, aún con las legañas puestas, una especie de falso documental muy en la línea de El Proyecto de la Bruja de Blair y similares. Su título, El Último Exorcismo (The Last Exorcism). Dirigida por el norteamericano Daniel Stamm, la cinta finge el seguimiento de un exorcista que, ante la cámara de un equipo de reporteros, asegura que su trabajo no es más que una farsa para liberar de malos rollos y supersticiones a aquellos que creen estar poseídos por el demonio. Al contrario que muchas de sus predecesoras, atrapa, tiene sentido del humor y domina a la perfección el suspense en sus escenas más tensas, No tiene complejo alguno en utilizar una banda sonora para realzar sus pasajes dramáticos y se muestra inteligente en ir cambiando de rumbo su guión a medida que avanza su metraje. Atención al momento en que la niña poseída se hace con la cámara de vídeo: sencillamente delirante.

Carne de Neón significa el segundo largometraje del sevillano Paco Cabezas tras su decepcionante debut, hace unos tres años, con Aparecidos. Es indiscutible que su nuevo film, basado en su corto de idéntido título del 2005 ha sido una de las sorpresas del festival. Fresca, acelerada, violenta y con un endiablado sentido del humor, sigue los pasos del estilo sincopado de Guy Ritchie pero a la española. Plagada de personajes salidos del universo almodovariano (el travesti La Infantita o Pura, la madre del protagonista, son buenos ejemplos de ello), nos narra una historia ambientada en los bajos fondos de una gran ciudad portuaria, lugar en el que un joven sin futuro pretende montar, con la ayuda de un par de quincorros, un prostíbulo como regalo a una madre que está a punto de salir de la trena tras cumplir una larga condena. El joven Mario Casas y la legendaria Ángela Molina (más dama del cine que nunca) están que se salen. Y de propina, la aparición siempre perturbadora de Darío Grandinetti y el desparpajo interpretativo de Vicente Romero. De los productores de Celda 211. No se estrenará, en principio, hasta el próximo mes de enero.
Mientras en el Prado se proyectaba una copia de la ya mítica El Tiempo En Sus Manos de George Pal dentro de la retrospectiva El Temps al Cinema (El Tiempo en el Cine), en el Retiro pudimos asistir a Fire Of Conscience, un decepcionante thriller de Hong Kong dirigido por Dante Lam en el que un policía ha de enfrentarse a varios casos a la vez, incluidos el asesinato de una prostituta y la desaparición de un teléfono móvil conteniendo una valiosa información. Una secuencia inicial visualmente impactante es lo único a destacar de un producto farragoso y mal explicado. A otra cosa mariposa.
Mientras esto ocurría, las calles de Sitges, tal y como es habitual en los últimos años, se iban llenando de zombis para celebrar lo que se ha dado en llamar la Zombie Walk. Una nota fiestera y carnavalera (aunque tontorrona) al servicio de un festival en donde siempre se ha tenido en gran estima a los muertos vivientes.

Y por la noche, en el Auditorio, en sesión golfa y de una sola tacada, tres títulos de producción norteamericana para llegar hasta la madrugada. El primero de ellos, una solemne burrada: After Life, una cinta de la varsoviana Agnieszka Wojtowicz-Vosloo que pretende indagar en lo que hay después de la vida mediante la experiencia de una joven que, tras un accidente automovilístico, despierta sobre la mesa de autopsias de una funeraria regentada por un tipo que posee la facultad de hablar con los muertos. De guión tremendamente ridículo e imposible y exento de una mínima lógica interna en su desarrollo, la cosa, sin embargo, a buen seguro alegró la velada a los fans de su protagonista femenina, una adelgazadísima Christina Ricci paseándose por la pantalla o bien en pelota picada o enfundada en una ceñida y cortísima combinación de color rojo. Nunca un cadáver había resultado tan sensual. Que pena da ver a un gran actor como Liam Neeson metido en un engendro como éste.

Con Jonah Hex la gala se animó un poco más. Un western de tono fantástico basado en un personaje de la DC Comics, que se pasa todo el metraje intentando vengar la muerte de su familia en manos de un tipo siniestro dispuesto, con sus malas artes, a apoderarse del mundo. Numerosos guiños al spaguetti western y, de nuevo, como en el título anterior, con la presencia de un protagonista capaz de charlar con los que se han ido al otro barrio. Josh Brolin, con el careto desfigurado, es el tal Jonah, mientras que un desmelenado (y envejecido) John Malkovich da vida al villano de la función. Y, de propina, para despertar al público adormecido, la presencia de una tentadora Megan Fox. Un simpático trabajo sin más pretensión que la de entretener.

Para rematar la larga noche, Frozen, el mejor de los tres films de la sesión golfa. Dirigida por un tal Adam Green, se trata de una cinta en donde la angustia cobra una relevancia especial al dejar a tres jóvenes esquiadores colgados en un telesilla, a una considerable altura, en medio de la oscura y fría noche. La lucha por la supervivencia sólo acaba de empezar. Tensa y por momentos brutal, esta fue la otra clara sorpresa de la jornada. Y eso que, en sus primeros quince minutos, todo hacía pensar que iba a tratarse de una comedieja más protagonizada por teenagers pijillos. Pero nada es lo que parece. Una situación única con un escenario único. Y a sufrir.
DÍA 4 (de psiquiátricos, violencia extrema, basura en 3D y pandemias)

Gran decepción el regreso de John Carpenter a la gran pantalla tras diez años de ausencia. Su Encerrada es una de las cintas más truculentas y falsas que se han proyectado en lo que va de certamen. Y eso que poseía todos los ingredientes necesarios para lograr un buen film de terror al uso: un sanatorio mental en los años 60 y un montón de crímenes sin resolver en su interior. De propina, un grupito de internas femeninas de muy buen ver. A partir de su prometedor planteamiento, la gratuidad de todo cuanto ocurre no tiene nombre. Una pena la vuelta del abuelo.
Secuestrados es otro de los títulos ciertamente interesantes que se han podido ver hasta el momento. De nuevo, otro sevillano tras la cámara: Miguel Angel Vivas, quien se ha planteado un trabajo muy en la línea del Funny Games de Haneke, aunque, al contrario que el realizador alemán, sin apartar sutilmente la cámara de los pasajes más violentos. Éste afronta la violencia de cara, sin tapujos, quizás incluso recreándose demasiado en ella a la hora de contarnos lo que sucede en el interior de una casa, justo cuando sus habitantes han sido secuestrados por un grupo de encapuchados con ganas de sacar una buena tajada de sus pertenencias. La elegancia de su filmación (no más de 12 planos secuencia perfectamente coordinados), el excelente trabajo de sus actores y el modo de partir la pantalla en dos para narrar ciertos sucesos paralelos, hacen de Secuestrados un producto encomiable y, a mi parecer, la posible película ganadora del certamen.
Amphibius es la nueva propuesta de Brian Yuzna tras sus muchos años al servicio de la empresa Filmax. Monstruos marinos prehistóricos en plena Indonesia filmados en 3D. El sistema de las gafitas de marras nunca ha sido de mi agrado... pero que ahora hasta el cine basura se atreva a jugar con él, ya me parece excesivo. Quince minutos y me salí de la sala. A mi edad ya no estoy para perder el tiempo con chorradas insustanciales.
Fase 7 es un curioso film argentino que, en tono de comedia ácida, afronta el pánico colectivo ante una situación de pandemia como la de la denominada gripe A. Ambientada en una escalera de vecinos que las autoridades han puesto en cuarentena, su debutante realizador, el otrora montador Nicolás Goldbart, sabe sacarse de encima la sensación inicial de encontrarnos ante un nuevo Rec y apuesta directamente por un film coral en el que carga buena parte del sentido del humor que desgrana sobre el personaje interpretado por un genial Daniel Hendler. Jocosa por momentos y extremadamente alargada en otros, a la cinta, por desgracia, le sobra una larga media hora de proyección. Y eso que el hombre era montador...
Hasta aquí la información del festival referente al pasado fin de semana. Por mi parte sigo yendo al cine, aunque no volveré a estar con ustedes hasta el próximo domingo, día en el que iniciaré una serie de posts para seguir informándoles de todo lo visto en Sitges. Les dejo, que me empieza una película y está lloviendo a cántaros. ¿Qué sería de este certamen sin la lluvia?

11.10.10

SITGES 2010: Primeros coletazos

Sitges 2010 ya está en marcha desde el pasado jueves. Inmerso en el huracán cinematográfico y de sensaciones variadas que supone el festival, aprovechando un momento de pausa, me dispongo a informarles de algunos de los títulos que he podido visionar hasta el momento.

DÍA 1 (de cieguecitas y luchadores)

El certamen inauguró con Los Ojos de Julia, un thriller español que, dirigido por Guillem Morales, sitúa a Belén Rueda en medio de una intriga en la que se mezclan suicidios injustificados, posibles crímenes y enfermedades oculares degenerativas. Lo mejor del film es el buen trabajo de la actriz (convertida ya en musa del fantástico nacional) y su cuidadísima realización. Lástima de un guión que patina por todas partes, mostrándose incapaz de darle un mínimo de credibilidad a una historia que va difuminándose por momentos. Por mucho que se esfuerce en acercarse a la maestría de Sola en la Oscuridad, la ceguera de Julia queda a años luz de la de Audrey Hepburn. Guillermo del Toro produce el cotarro.

Antes, muy tempranito, por la mañana, pudimos ver Ip Man 2, un título que sigue los pasos de su predecesora aunque sin tener la mitad de garra que ésta. Si la primera apostaba por las vivencias de un maestro de artes marciales en la China invadida por los japoneses, la nueva entrega resulta una especie de Rocky IV en amarillo. En ella se nos plantea el combate que el protagonista tendrá que realizar contra un boxeador yanqui muy brutote. Las artes marciales contra el boxeo. China vs. EE.UU. Todo muy manido, facilón y previsible. Lo más destacable, al igual que en el original, es el trono costumbrista con el que se acerca a sus personajes. Una manera como otra de seguir machacándonos con la biografía del que fuera principal maestro del legendario Bruce Lee.

De madrugada, en el Auditorio del Meliá, pudo verse El Exorcista, uno de los clásicos del género revisados en esta edición. Las vomitonas y meadas de Linda Blair volvieron a causar furor entre los defensores del film de William Friedkin (entre los cuales jamás me he contado).

DÍA 2 (de pelirrojos, más cieguecitas, payasadas chinas y homenajes varios)

La jornada empezó con Notre Jour Viendra, una producción francesa de lo más pedante e inaguantable. Dirigida por Romain Gavras (hijo del prestigioso Costa Gavras), la película se acerca a la extraña relación que mantienen un psicoanalista perverso (un Vincent Cassel empecinado en emular al doctor House) y un joven con problemas de integración. Su condición de pelirrojos les ha marcado frente a la sociedad y juntos deciden volcar su rabia con cuantos se crucen en su camino. Aburrida y pésimamente explicada. A media hora de su finalización huí raudo de la sala. Las herencias genéticas no siempre funcionan al cien por cien.

Eugenio Mira presentó Agnosia, una historia, narrada entre finales del siglo XIX y principios del XX, en donde ya se hacía presente el espionaje industrial. Suplantaciones personales, complots desmelenados y un retrato de la burguesía catalana de la época forman parte de la trama. Una cinta rocambolesca, muy en la línea del Brian De Palma más pasado de rosca, que navega entre los aciertos (el final a lo Padrino III en las escalinatas de la catedral de Girona) y los errores que emanan de un guión pésimo y un casting no muy acertado (las malas interpretaciones de Eduardo Noriega y Sergi Mateu son buena muestra de ello). Al igual que en Los Ojos de Julia, su protagonista femenina vuelve a ser una chica aquejada de una enfermedad que la deja casi ciega y con ciertas facultades sensitivas deformadas. El fantástico nacional de este año ha optado por las mujeres españolas con minusvalías preocupantes.

A Woman, A Gun Ana A Noodle Shop significa el peculiar (y fallido) remake de Zhang Yimou de Sangre Fácil de los hermanos Coen. Ambientándolo en el pasado (el feudalismo chino queda bien latente), a Yimou se le va la mano y convierte la negra historia original en una payasada sin límites, de colores chillones y sin el cuidado escénico que, en general, ha marcado la filmografía del cineasta. Mucha tontería y poca chicha.

Dentro de la sección Els Altres Fantàstics (Los Otros Fantásticos), el festival se acerco a los ojazos de la pequeña Ana Torrent de Cría Cuervos, una de los títulos punteros (y más plomizos) de la obra de Carlos Saura.


Ya entrada la madrugada, en sesión golfa en el cine Prado, se proyectaron un par de películas en homenaje al recientemente fallecido Paul Naschy: La Sombra Prohibida (o sea, la continuación de la insustancial Herencia Valdemar) y El Gran Amor del Conde Drácula, así como El Hombre Que Vio Llorar a Frankenstein, un emotivo documental sobre el actor.

Por otra parte, en sesión golfa en el Audiotorio, se proyectó El Resplandor. Jack Nicholson, 30 años después, volvió a pasearse, a grito pelado y desmelenado por una pantalla de Sitges. Hay cosas que siempre regresan.


Próximamente, un poco más sobre el certamen. Me voy al cine.

6.10.10

SITGES 2010: La cuenta atrás

Mañana, jueves 7 de octubre, se inaugura la 43ª edición del Festival de Cinema Fantástic de Catalunya, el Sitges 2010. Como en ediciones anteriores, volveré a rondar por el lugar, aunque de una forma más esporádica que en otras pues, el tiempo y otros menesteres, me impiden la presencia al completo durante los 10 días de proyecciones. A buen seguro, durante el certamen y al terminar el mismo, les mantendré al corriente de todo cuanto haya podido ver.

El Resplandor, tal y como indica su póster, es el leitmotiv del Festival de este año. Un Festival que abrirá con Los Ojos de Julia y clausurará con Mother's Day. El primero es un thriller español protagonizado por Belén Rueda bajo la tutela, en la producción, de Guillermo del Toro, mientras que el segundo se trata del remake de El Día de la Madre, film de serie B que dirigiera en 1980 Charles Kaufman. Por en medio, un mucho de cine fantástico, alguna que otra grata sorpresa y un montón de personajes homenajeados, de entre los que cabe destacar a Roger Corman, Joe Dante y Rebecca de Mornay.

Si quieren más datos sobre la extensa programación y los diferentes actos a celebrar, no tienen más que pulsar sobre este link.

Apriétense los cinturones y déjense llevar. El terror, el gore, y el suspense están más que garantizados. Espero, durante los próximos diez días, cruzarme con alguno de ustedes por las calles de Sitges.

9, 8, 7, 6, 5, 4, 3, 2, 1...

4.10.10

A dos metros bajo tierra

El español Rodrigo Cortés debutó en el mundo del cortometraje a finales de los 90 y, en el 2007, se estrenó en el campo del largo con el espléndido Concursante. Tres años más tarde, regresa a la pantalla grande con Buried, una de las cintas más interesantes de entre todas las estrenadas hasta el momento en esta temporada.

Poco pienso escribir sobre Buried. Su historia es tan precisa, mínima y tensa, que no querría desvelar ninguno de los aspectos que envuelven a una de las pesadillas más angustiantes vistas en una sala cinematográfica. Sólo avanzarles que Cortés ha ido mucho más allá de los enterrados vivos anteriormente por Tarantino (Kill Bill 2 y C.S.I. Las Vegas). Su minuciosidad descriptiva, su ritmo trepidante y la originalidad de la puesta en escena (exenta de trampas narrativas tipo flash-back), hacen de ella una propuesta singular e irrepetible. Noventa minutos de alto voltaje total.

Un desierto en Irak y un tipo en un sobrio ataúd sepultado unos cuantos metros bajo tierra. Oscuridad, miedo y claustrofobia son sus principales parámetros. El escenario es único y la habilidad de su montaje es mayúscula. Con cuatro detalles de guión y un par de movimientos de cámara, se transmite fácilmente la ansiedad de su protagonista al espectador. Sólo hay que añadirle la solvencia interpretativa de Ryan Reynolds para ayudar a traspasar la impotencia que siente su atemorizado personaje, Paul Conroy, un transportista norteamericano atrapado en vida bajo la arena iraquí.

Aquí me planto. Descubran la exquisiteces de Buried por ustedes mismos. Y acudan a la cita antes que les destripen demasiado la historia. Por si las moscas, llévense un par de ansiolíticos en sus bolsillos.

Por cierto: pongan mucha atención en sus títulos de crédito iniciales y en la maravillosa banda sonora compuesta por Víctor Reyes. Punto.

1.10.10

Curtis Forever (una vida en imágenes)

El Niño del Tupé

El Machote

El Chulo

Mariposeando

Mariposeando again

La Bestia

Con la Bella

En familia

El Padre de la Criatura

Entre tinieblas

En blanco y negro

Con el amigo

Con el amigo y travestidos

Protaurino y Olé

Acorazado

Desapareciendo

30.9.10

Pequeño gran hombre

Se inició en el oficio de director en el mundo de la televisión. En su debut para la gran pantalla con El Zurdo, convirtió a Paul Newman en Billy el Niño. A Anne Bancroft la metió en la piel de una educadora traumatizada al servicio de una niña sordomuda en El Milagro de Ana Sullivan. En La Jauría Humana se atrevió a darle una paliza soberana al mismísimo Marlon Brando. Fue el orgulloso padre de dos criaturas descarriadas que atendían por Bonnie y Clyde. Demostró al mundo entero que los indios no eran tan malos como los pintaban y que Dustin Hoffman, a pesar de su menguada estatura, era un Pequeño Gran Hombre. En La Noche Se Mueve, hizo de una debutante y jovencísima Melanie Griffith una ninfómana desaparecida a la que tenía que localizar un Gene Hackman disfrazado de detective. Reunió a una pareja de armas tomar como Brando y Jack Nicholson en tierras de Missouri. Y, entre otros muchos aciertos, reunió a Hackman y a un incipiente Matt Dillon para salvar a la madre de este último en Target (Agente Doble en Berlín) . Más ya no se le podía pedir.

Su nombre era Arthur Penn. Revolucionó el cine norteamericano en muchos aspectos, acercándolo un tanto a unas coordenadas más europeas. Anteayer, a los 88 años de edad y en la ciudad de Nueva York, nos abandonó para siempre.

Curiosamente, jamás fue galardonado con un puto Oscar. Cosas de la vida.

Descanse en paz.

28.9.10

El pícaro

Manuel Vázquez fue un dibujante gráfico que, durante los años 50 y 60, creó varios de los personajes más populares de una serie de revistas infantiles de la editorial Bruguera. Desde las páginas del DDT, Tio Vivo o Pulgarcito, asomaron sus criaturas más famosas, como Anacleto, las hermanas Gilda, la familia Cebolleta o el tío Vázquez, este último una clara autoparodia de sus propias andanzas. Detrás del creador se escondía un sujeto algo turbio pero, en el fondo, un tanto fascinante. Óscar Aibar, desde El Gran Vázquez, le ha montado su particular homenaje.

Un Santiago Segura menos pasado de rosca de lo habitual, y fan confeso del universo de Vázquez, se ha metido en la piel del dibujante, conviertiéndose, sin lugar a dudas, en lo más conseguido y compacto del largometraje. El espíritu crápula y pícaro del padre de las hermanas Gilda queda perfectamente perfilado a través de su interpretación, haciéndonos olvidar incluso a su inmortal Torrente. Y es que entre éste y Vázquez hay un gran abismo. Ambos tienen su parte oscura, aunque Torrente, al contrario que Vázquez, jamás ha dado muestras de su lado humano.

El gran defecto de El Gran Vázquez radica en su falta de cohesión argumental. Su extenso metraje (cercano a las dos horas), sólo gira en torno a un montón de anécdotas sobre el dibujante, olvidándose de una continuidad mínimamente lineal. Sus episodios resultan más o menos graciosos (genial su escena inicial o la excusa reiterativa de la muerte de su padre que utilizaba en el trabajo) y su tratamiento, en general, es similar al de las tiras de los tebeos infantiles de la editorial. La forma de acercarse a sus jefes más directos no desentona, en absoluto, con el modo en que Ibáñez se acercaba al superintendente de Mortadelo y Filemón, detalle éste que queda plasmado en la misma película. Una exageración que, de tan histriónica, le resta fuerza y credibilidad a la historia aunque, al mismo tiempo, potencia el despotismo que se gastaban en la Bruguera con sus trabajadores.

Su inconsistente guión y su pobre (¡pobrísima!) escenografía, no significan impedimento alguno para que el espectador acabe disfrutando con la jeta que le ponía a sus asuntos el amigo Manolo. Su morosidad, sus engaños y su poligamia son temas más que reincidentes en el film. Y por muy exagerados que parezcan, gente próxima al desaparecido Vázquez, dan fe de cuanto se explica en el film.

Una película irregular, aunque cargada de buenas intenciones y ciertamente curiosa para aquellos que, de pequeños, vivimos a tope las aventuras de Anacleto y compañía.

20.9.10

El silencio de un hombre

Tras Control, un particular biopic sobre el vocalista del grupo Joy División, el realizador holandés Antón Corbijn –un hombre procedente del mundo del vídeo-clip- vuelve a la carga con El Americano, un thriller de tintes melodramáticos e intimistas protagonizado (y producido) por George Clooney.

El actor norteamericano da vida a Jack, un asesino profesional que, tras vivir un episodio fatídico y olvidable en tierras nevadas de Suecia, buscará refugio en un idílico y tranquilo pueblo italiano de Los Abruzos en espera del que podría ser su último trabajo antes del retiro definitivo. Las dudas, la reflexión personal y los temores marcarán su paso por el lugar.

El Americano revisa un tema tratado en diversas ocasiones desde el cine negro, el del sicario dispuesto a empezar una nueva vida. Lo hace de manera tranquila, sosegada, sin prisas. Los que busquen en el film de Corbijn una película de acción, están muy equivocados. De hecho, ésta tiene todo el aspecto de un spaguetti-western de los de Sergio Leone. O sea, de ritmo pausado, numerosos primeros planos, alguna que otra explosión aislada de violencia y una banda sonora que, aunque firmada por Herbert Grönemeyer, bien podría haber sido compuesta por el Ennio Morricone de los viejos tiempos.

Toda su acción está planteada desde el punto de vista del personaje de Jack. Un festival Clooney en toda regla. No hay plano en el que no aparezca. Y no se trata de divismo o egocentrismo, pues toda la acción está planteada desde el punto de vista de su protagonista quien, en esta ocasión, revalida su carisma y su gran capacidad interpretativa a través de un personaje silencioso y de pasado oscuro. Una sola mirada del actor vale por mil palabras.

Un film con gente dura y solitaria. Y, al igual que en los buenos westerns, con un par de personajes, perfectamente perfilados y de profesiones antagónicas, rodeando al misterioso recién llegado. Un sacerdote y una prostituta serán los dos únicos puntos de apoyo del forastero en su lucha contra los remordimientos y ante otro posible brote de violencia.

Un guión intachable, cierta (aunque controlada y necesaria) parsimonia narrativa, un irreprochable amor por la naturaleza y alguna que otra licencia poética (centrada, ante todo, en el tatuaje de una mariposa), marcan una de las propuestas más interesantes de las últimas semanas. Cine de suspense aliñado con todo tipo de sentimientos. Y, de propina, un George Clooney que se sale de la pantalla.

Otro cantar, y al margen de la película, es la maltrecha copia que se exhibe en los cines Yelmo Icaria de Barcelona: una copia mal contrastada, rayada y con unos subtítulos pésimamente definidos y difíciles de seguir. De juzgado de guardia tratándose de un estreno reciente. Luego se quejarán cuando se tira de Internet.