17.10.09

SITGES 2009: MÉLIÈS D'ARGENT (primera parte)

La irlandesa The Eclipse, una película pequeña pero encantadora, fue la ganadora del Méliès de Plata. De hecho, debido a su sencillez y a pesar de sus mínimos matices fantásticos, destacaba muy por encima de las otras 21 cintas a concurso. Ambientada en un pequeño pueblecito de la costa en el que se desarrolla un festival literario, el título de Conor McPherson se centra en la figura de un vecino de la localidad que, tras haberse quedado viudo, empieza a verse atormentado por una serie de apariciones fantasmagóricos. Su sutileza narrativa, el academicismo formal de su realización, la emotividad con la que se acerca a sus tres personajes principales y, ante todo, la brillante interpretación del todoterreno Ciarán Hinds, hacen de este un trabajo imprescindible. A pesar de su poca relevancia dentro de la programación de este Sigtes 2009, ha sido, sin lugar a dudas, una de las mejores (y menos divulgadas) propuestas del certamen.

10 DE LAS OTRAS 21 PELÍCULAS A CONCURSO:

Dirigida e interpretada por una ególatra Julie Delpy, The Countess aborda, de modo alarmantemente plano, un nuevo repaso sobre la vida de la condesa Erzebet Bathory, una mujer altiva y déspota de quien se sospechaba, a principios del siglo XVII, que bebía la sangre de sus doncellas vírgenes para conservarse joven y lozana. Un mucho de biografía y un nada de cine fantástico, marcan un producto igual de descafeinado que la sosa actuación de Daniel Brühl. Suerte que por ahí, en un pequeño papel, pulula el siempre efectivo William Hurt.

La ópera prima del madrileño Gabe Ibáñez, Hierro, apunta por una de las constantes del festival de este año: el de las madres abnegadas y sufridoras. En ella, una imponente Elena Anaya (con un look sorprendente a lo Hilary Swank y a través de su mejor papel hasta el momento), remueve cielo y tierra para encontrar a su hijo de cinco años, desaparecido durante unas vacaciones en la isla de El Hierro. Una cuidada realización y una excelente fotografía no impiden que, en su segunda mitad, al director se le vaya la bola y caiga de lleno en un bucle tan repetitivo como previsible. Eso sí, la Anaya, en este ocasión, vale un Potosí.

Malice in Wonderland, del británico Simon Fellows, supone una nueva vuelta de tuerca a la inmortal Alicia en el País de las Maravillas. Su visión, un tanto vídeo-clipera, apunta por una estética moderna y un Londres de luces de neón, barrios bajos, tráfico de drogas y trata de blancas. La lástima es que la historia sólo se queda en la idea de trasladar la obra de Lewis Carroll al siglo XXI, pues su desarrollo, dejando a un lado su patético final en plan made in Hollywood, resulta de lo más acomodaticio y blando.


El prometedor duelo interpretativo que plantea Ne Te Retourne Pas, entre dos damas de armas tomar como Sophie Marceau y Monica Bellucci, no pasa del loable proyecto de reunir en un mismo título a dos actrices como ellas La historia de una mujer que, a pasos agigantados, se va convirtiendo en otra, no es más que una empanada mental de aquí te espero. Aburrida, pretenciosa y pésimamente explicada. La Marceau salva a la perfección su papel, mientras la Bellucci, a pesar de su indiscutible belleza, demuestra que lo de la interpretación es un arte que no ha asumido del todo. Su realizadora, la francesa Marina de Van, se ha quedado descansada con tal tomadura de pelo.

Otra empanada mental, de lo más esotérico y pedantillo, es lo que nos ofrece el húngaro Pater Sparrow en 1, su ópera prima, un título de connotaciones filosóficas que no hay por dónde pillarlo. A pesar de sus pretensiones de cine de autor, su realización es de lo más plano que uno pueda tirarse en cara. La historia, casi imposible de comprender, apunta por la aparición de centenares de volúmenes de un libro único, capaz de desestabilizar a la Humanidad, en una librería especializada. Algunos han calificado esta cosa como de ciencia-ficción abstracta. Y no van faltos de razón: no hay quien la aguante ni la entienda. Y menos visionándola en una sesión golfa a las doce de la madrugada.

Con Metropia, una coproducción entre Suecia, Dinamarca, Noruega y Finlandia, el festival nos adentró a un futuro no muy lejano en donde una conspiración de tintes kafkianos llevará por el camino de la amargura a su protagonista, un hombre que oye voces en su mente cada vez que entra en el metro. Su espléndida animación, de tintes oscuros y grisáceos, y la colaboración en el doblaje de sus personajes principales de gente como Vincent Gallo, Juliette Lewis o Stellan Skarsgard, es lo más destacable de una cinta que, por su exceso imparable de diálogos, acaba resultando farragosa e insoportable. Una pena, pues su look visual y el tema de las conspiranoias, en un principio, se me antojan de lo más atractivo.


Les Derniers Jours du Monde, film francés de los hermanos Jean-Marie y Arnaud Larrie, viaja hasta el fin de nuestros días centrándose en los avatares de un hombre que se recorrerá media Europa (montañas de Montserrat incluidas) en busca de la mujer (sin tetas y con pinta de chico) que le llevó a divorciarse de su esposa. Más de dos interminables horas es el tiempo que invierten los Larrie para definir, a golpe de postalitas turísticas, el vacío más absoluto. Al menos, si de algo sirve la película de marras, es para descubrir que Sergi López no es más que un bluff al que le encanta mostrar, constantemente, sus atributos masculinos. Teniendo en cuenta que los hermanitos nacieron en Lourdes, lo milagroso, en este caso, es que hayan podido situarse tras una cámara. Si el Día del Juicio Final es tan folklórico como parece, les aseguro que vale la pena apearse de él unas cuantas horas antes.

Otro título dirigido en comandita ha sido el suizo Cargo. Sus responsables, Ivan Engler y Ralph Etter, han sabido sacarle el máximo partido a un presupuesto mínimo para llevar a flote una historia de ciencia-ficción muy en la línea de Alien y similares. Tensa (aunque un poco lenta) y perfectamente ambientada, la cinta sitúa al espectador en medio de una nave espacial, la Kassandra, en cuyo interior empiezan a suceder fenómenos inexplicables. La resolución tiene mucho que ver con los contenedores que transporta. Su dosificado suspense y la excelente dirección artística destacan sobre un guión que no acaba de resultar redondo. Las buenas intenciones también cuentan.

Valhalla Rising, del danés Nicolas Winding Refn, nos coló un soporífero guiño al cine de Ingmar Bergman a través de una de vikingos sin ritmo alguno. A pesar de contar con un inicio ultraviolento (con cráneo reventado incluido), de aventuras hay poquitas. En cambio, de religión y filosofía barata, un montón. El malo de Casino Royale, Mads Mikkelsen, con un ojo tuerto, es su salvaje guerrero protagonista. Por suerte y para salvaguardar mi salud mental, en menos de una hora abandonaba la sala de proyección. A ciertas alturas del festival, uno no está para pajas mentales. ¡Con lo majos que estaban Los Vikingos de Fleischer!

Mr. Nobody, visualmente hablando, ha sido la película con más empaque de las 21 a concurso. Su director, el belga Jaco van Dormael, se adentra en un film futurista en el que un anciano centenario, con la memoria borrada, intenta rememorar su pasado. Una primera hora original y excelente, marcada por el tiempo y las diferentes posibilidades que ofrecen las decisiones tomadas durante una vida, sumada a la interpretación de Jared Leto y su maquillaje, son su mejor baza. Después, sobrepasada su mitad, la película se encalla y no avanza hacia ningún lado. Su pobre guión (falto de ideas y fusilando, por momentos, títulos como El Show de Truman y similares) y un montón de finales alternativos acumulados en menos de veinte minutos, dan al traste con el producto. Como curiosidad, citar que esta era la cinta preferida de Antje Monning, el único miembro femenino del jurado de los premios Méliès.

En el próximo post, los 11 films restantes a concurso para el Méliès de Plata.

13.10.09

SITGES 2009: MÉLIÈS D'OR (debatiendo que es gerundio)

Sitges 2009 ya tiene su Palmarés. Han sido 11 días intensos, con muy poco tiempo para el descanso y plagados de sesiones cinematográficas y un montón de relaciones humanas. A pesar del sobreesfuerzo, reencontrarse con las caras conocidas de cada año siempre es un placer. Hoy mismo, volvería a repetir de nuevo la experiencia.

Empecemos el memorando con el Méliès de Oro, un premio que se otorgó durante una gala especial en el Auditorio del Hotel Meliá el pasado 5 de octubre y cuyo principal galardón recayó sobre la película francesa Martyrs de Pascal Laugier. Este es un título al que odio sobremanera por su innecesaria recreación por el mal gusto. Sin escatimar en detalles insanos, tiene a la tortura, en todas sus vertientes, como principal protagonismo. Una mínima excusa intelectual sirve de inconsistente tapadera para que su realizador organice una desenfrenada orgía de violencia y sangre destinada, tan sólo, a provocar al espectador y que, como plato fuerte de la función, regala a la platea el despellejamiento íntegro de una joven. La incitación es su única meta. A pesar de sus pretensiones, no hay que buscar en Martyrs cualquier otra coartada cultural.

Les puedo asegurar que, ante los otros dos miembros del jurado, intenté evitar el premio a un film de coordenadas tan básicas como las de éste pero, a excepción de la española Tres Días y la británica Moon, las otras opciones restantes no me dejaban mucha libertad de movimiento. Teniendo en cuenta que ninguno de los nueve títulos resultaba de mi total agrado y que Tim League y Antje Monning se alzaron como defensores a ultranza del film de Laugier desechando cualquier otra alternativa, cedí a sus deseos y acabé conformándome (a regañadientes) con su preferida. Un acto demócrata al cien por cien que, en un futuro, me dejaría jugar con ventaja a la hora de pactar el Méliès de Plata al final del certamen.

El Oro al mejor cortometraje fue, en decisión unánime, para el noruego Cold and Dry, una divertida fábula sobre un par de científicos que se dedican a liofilizar a buena parte de la Humanidad. Ni que decir tiene que, en este apartado, la decisión fue mucho más complicada debido a la alta calidad de la mayor parte de cortos en competición,

LOS OTROS LARGOS NOMINADOS AL ORO:

Tres Días, del cordobés F. Javier Gutiérrez, es otro título más de entre los que últimamente se apuntan a echarle un vistazo a lo que será el último día del planeta. Sin ser nada del otro mundo, y sobrándole un mucho su parte fantástica (un tanto metida a saco), la cinta se muestra inquietante en su aspecto de thriller rural y en la dosificación del suspense. La buena interpretación de su cuadro artístico (de entre los que cabe destacar la sobriedad de Víctor Clavijo y la enigmática presencia de un sobresaliente Eduard Fernández) ayuda a salvar en parte la gran cantidad de lagunas narrativas que abriga su historia.


Moon, la película más premiada de la Sección Oficial a concurso este año, también podría haber conseguido el Méliès de Oro, pero el desinterés que mostraron por ella los dos otros dos miembros del jurado y lo poco que me convenció su visionado, hicieron que no se alzara con el premio al Fantástico Europeo. Sin lugar a dudas, lo mejor del título de Duncan Jones (hijo de David Bowie) radica en su falta de pretensiones, su pasión por la ciencia-ficción de los 70 y la apuesta por el maquetismo, en sustitución de los efectos digitales, como diseño de producción. Sam Rockwell está que se sale en su impresionante construcción de un astronauta que lleva, en una estación minera lunar, más de tres años conviviendo al lado de un robot al que pone su voz el mismísimo Kevin Spacey. Su inicio es más que prometedor, pero su lentísimo tiempo narrativo y su reiterativa temática (en la que la clonación tiene un protagonismo determinante) lastran la fuerza de un trabajo cargado de buenas intenciones.

La finlandesa Sauna, de un tal Annti-Jussi Annila, resulta de una pedantería sin parangón. Ambientada en 1595, justo terminada la guerra entre Suecia y Rusia, tiene, como tema central, a los sentimientos de culpabilidad y la purgación de los pecados. Todo en plan muy esotérico y revestido con diálogos extremadamente rimbombantes. Aburrida y sin sentido. Es como si Bergman, tras El Séptimo Sello, hubiera resucitado y regresado de nuevo al cine fantástico con la intención de azotar al personal. Para tumbar al más pintado. Un tostón de padre y muy señor mío protagonizado por dos hermanos cartógrafos con personalidades antagónicas.

La inglesa Mum & Dad, dirigida por Steven Shell, es una nueva vuelta de tuerca sobre el arte de la tortura muy en la línea de Martyrs, pero con un look de subproducto televisivo ciertamente sospechoso. Una mínima (por no decir inexistente) línea argumental arropa las perversiones de un matrimonio dedicado a secuestrar jovencitos y jugar al límite con sus cuerpos. La provocación está servida de nuevo aunque, en esta ocasión, sin un mínimo de calidad cinematográfica. En resumidas cuentas: caca de la vaca.

Il Senso Della Farfalla (también conocida como Butterfly Zone) fue la patética aportación del italiano Luciano Caponni al submundo de los Méliès de Plata destinados a alcanzar un posible Méliès de Oro. Una cinta pretenciosa y de un surrealismo de lo más forzado en la que un portal invisible da paso a los mortales al mundo de los muertos. Uno de los títulos más insoportables de los nueve nominados que, por sus constantes animaladas, consiguió que, a pesar de mi condición de jurado, abandonase su visionado a la hora de proyección. Ni historia, ni interpretaciones, ni nada de nada. El vacío total. Caca de la vaca 2.

La alemana Absurdistan, de un tal Veit Helmer, posee un inicio de lo más divertido y surrealista. Cercana, visualmente hablando, al onírico mundo ideado por Fellini, la película se pierde tras sus prometedores y brillantes quince primeros minutos y, de un salto, pasa del universo felliniano al cine setentero de Mariano Ozores, orquestando el típico y tópico producto en el que la guerra de sexos y sus consecuentes y manidos chistes se convierten en su único hilo argumental. La excusa es el retrato coral de los habitantes de un pequeño pueblo, que ni siquiera figura en los mapas, marcado por la falta total de agua. La magia que pretende volcar en muchas de sus escenas acaba resultando de lo más ridículo y cursi.

Panique Au Village es una cinta de animación orquestada por los belgas Stéphane Aubert y Vincent Patar que no pasa de la sorpresa inicial que supone ver como las viejas figuritas de plástico, con las que jugábamos en nuestra infancia, cobran vida propia. Así, un indio, un cowboy y un caballo, comparten cama y mesa en una pequeña casita de campo. La fantasía y la locura vertida en su acelerada presentación son dignas de la mente de un niño en sus devanos solitarios. La lástima es que pronto se desvanece el impacto humorístico para dar paso a una serie de escenas reiterativas y sin ninguna coherencia aparente. La base del film estriba en una serie televisiva del 2000 en la que los tres protagonistas vivían pequeñas aventuras de seis minutos por episodio. El intentar alargarlas de modo estrepitoso, lo único que consigue es romper su frescor original y aburrir al personal de manera soberana.

Con Left Bank (Linkeroever), la cinta belga hablada en alemán y dirigida por Pieter Van Hees, llegamos al final de las nueve nominadas. De factura visual y realización impecables, este es un título que se pierde por la inconsistencia de su guión y por ostentar uno de los finales más insultantes e ilógicos que me he tirado en cara en mucho tiempo. Un pozo negro en el sótano de un edificio y las vivencias de una atleta enfermiza que suelta toner por la vagina, son las dos claves principales para entender el sentido de la vida que nos propone Van Hees. Francamente, de juzgado de guardia.

Sólo resta decir que todas las cintas fueron visionadas en mi domicilio, antes del Festival, gracias a los DVD proporcionados por la organización, ya que la deliberación debía estar cerrada al tercer día de iniciado el Certamen. Lo del Méliès de Plata ya es otra historia que les iré contando en post sucesivos.

10.10.09

SITGES 2009: Breve

Perdonen que les haya abandonado durante el Festival de Sitges. La verdad es que ejercer de jurado no deja apenas tiempo ni para dormir y, teniendo en cuenta que la wifi de la habitación ha estado 4 días sin funcionar, menos aún para actualizar. Mañana termina el certamen. Esta noche, los distintos jurados deliberamos. A partir del martes y durante varias entregas, les hablaré de las películas visionadas y de alguna que otra anécdota. Hasta entonces, que Tutatis reparta suerte.

Sólo decirles que estoy agotado... Nos vemos.

3.10.09

SITGES 2009: JORNADAS 1 Y 2 (de secuelas, espontáneos y vampiros)

Desde el día 1 que estoy metido de pleno en el Festival de Cine Fantástico de Sitges. Las obligaciones como jurado de la Sección Méliès, hacen que las posibilidades de actualizar a diario sean mínimas. 19 son los títulos que he de visionar a lo largo del certamen. Eso, sumado a las películas que me trago por puro placer o las continuas reuniones con los otros miembros del jurado, me tiene ocupado la mayor parte del tiempo.

Aprovecho un par de horas libres para ponerles un poco al día de lo acontecido en Sitges desde su inauguración. El Festival abrió anteayer con la decepcionante [REC] 2, una cinta que repite descaradamente los tópicos y esquema de la primera, perdiendo en el camino ese fresco toque coral y mediterráneo que la distanciaba de otros productos similares. El tándem Balagueró-Plaza, en esta ocasión, se ha conformado con el recurso más fácil y, soñando con seguir explotando el muermo, se atreve incluso con un final que apunta una nueva secuela. La máquina de fabricar dinero no ha hecho más que empezar, aunque sea a costa de fotocopiar el invento hasta la saciedad.

Filmax, productora de la película, no fue la única que sobresaltó a la platea con la reiterativa trama de [REC] ya que, inesperadamente y durante la ceremonia inaugural, un grupo de espontáneos, desde el mismísimo escenario del Auditorio, le dio un susto de aúpa a su cabeza visible, Julio Fernández, al denunciar, de viva voz y mediante lanzamiento de panfletos, ciertos temas turbios de la empresa.

La surcoreana Thirst de Park Chan-wook, del mismo realizador de Old Boy, dejó buen sabor de boca con una compacta historia sobre un sacerdote que acaba convirtiéndose en vampiro. De narración calmada e hipnótica, y a golpe de imaginería visual, la cinta no renuncia al sentido del humor para contarnos una historia sobre un chupasangres atípico y atormentado por los sentimientos de culpabilidad. Rompiendo esquemas, intercambia los roles entre el vampiro y el vampirizado y potencia, de forma inteligente, el protagonismo de una femme fatale que nada tiene que envidiar a las heroínas del cine negro de la época dorada de Hollywood.

The Countess, una nueva variación sobre el personaje de la condesa Erzebet Bathory, y Hierro, ópera prima española de Gabe Ibáñez protagonizada por Elena Anaya, fueron los otros dos títulos que pude visionar ayer y de los que, como jurado, me veo en la obligación de reservar mi opinión hasta que no se hayan otorgado los Méliès de Plata.

Por lo demás, y dejando a un lado el cansancio provocado por tantas proyecciones y reuniones, tan sólo queda decirles de nuevo que se está de narices viviendo de gañote. De todos modos sepan que, a pesar de ello, lo de ser jurado también tiene su parte oscura. Hoy, sin ir más lejos y debido a una deliberación para los Méliès de Oro, he tenido que renunciar a uno de los títulos que más me apetecían del certamen: Celda 211 de Daniel Monzón.

Cuando tenga unos cuantos minutos, seguiré informándoles.

29.9.09

Cinema Paradiso

Con Malditos Bastardos, Tarantino reinventa el cine bélico. Lo lleva a su terreno, estructura el film en capítulos y adorna a éstos con su mejor técnica: la de los diálogos. Comedia, aventuras y suspense. Y de propina, como quién no quiere la cosa, le suelta un mazazo inesperado a la historia. El Quentin, cuando quiere, los tiene bien puestos.

La Francia ocupada. A un lado, un grupo de militares judíos, comandados por un yanqui brutote, dispuestos a cortar cabelleras a los invasores: cuantas más, mejor. A otro, el alto mando germano y sus envenenadas ramificaciones. Y más allá, en la penumbra, una joven fugitiva, propietaria de un cine, con ganas de venganza. Varios son los frentes por los que transcurre la historia. Y todos tienen un denominador común que atiende por Operación Kino.

No hay ningún personaje que no se vea caricaturizado por la perversa mente de Tarantino. Y lo mejor de ello es que lo hace con gracia. Brad Pitt está que se sale con su desorbitado militar tosco; Melànie Laurent construye un perfecto retrato de una chica decidida y al mismo tiempo delicada... Todos, del primero al último, cumplen a la perfección con sus respectivos roles: siempre al límite, pero sin caer del todo en el histrionismo; jugando al máximo, tal y como les exige el dire.

De todos modos, el que se lleva el gato al agua -y literalmente se come a sus colegas- es Christoph Waltz, un actor alemán de dilatada carrera en su país aunque poco conocido en nuestros lares. El tipo, a pesar de su menuda estatura, compone a un coronel de la SS con una elegancia que tumba de espaldas: cínico, educado, hijoputa...; una actuación de la que oiremos hablar largo y tendido. Cada vez que el hombre asoma su rostro en pantalla, la película sube en intensidad.

Un interesante ejercicio cinéfilo y cinéfago. Cada capítulo posee su particular homenaje. El cine como distracción y el cine como arma contra los totalitarismos. Todo un gran guiño al Séptimo Arte del que, personalmente, sólo encuentro un defecto: es tan buena su reposada y tensa primera escena que luego, a lo largo de las dos horas y media de metraje, resulta dificilísimo encontrar otro pasaje que mínimamente la iguale.

23.9.09

Yo, el jurado

Todo se gestó el año pasado, en el transcurso del FECINEMA (Festival Internacional de Cinema Negre de Manresa). Allí, durante una de las comidas, compartí mesa con Ángel Sala, el actual director del Festival Internacional de Cine Fantástico de Sitges quien, a bote pronto y de modo inesperado, me propuso la posibilidad de formar parte del jurado para el premio Méliès durante la próxima edición del certamen. He de decir que, ante la proposición, quedeme estupefacto. Es más, diría que mudo. Y sin exagerar pues, durante esos días, andaba yo por Manresa con una tremenda afonía que no me permitía articular palabra. El Mudito de Blancanieves, con unos cuantos quilos de más, estaba ante el amigo Sala. Así que, con una alegría absoluta, sólo me quedó asentir con la cabeza como un perro bobalicón, de esos de ñiguiñogui que muchos llevan en la parte trasera del coche.

Varias llamadas telefónicas y unas cuantas reuniones posteriores cerraron el tema antes de lo previsto. Definitivamente, ahora me tocará ejercer de jurado. Y además por duplicado. Les cuento: los Méliès son el premio al cine fantástico europeo. Nueve festivales están adscritos a él. Y de ellos, incluido el de Sitges, salen los Méliès de Plata. En total 9 largos y unos cuantos cortometrajes más, de entre los que desde Sitges hay que sacar a los dos ganadores del máximo galardón: el Méliès de Oro. Aparte de eso, durante el certamen, hay que visionar una veintena larga de films y otra batería de cortos de entre los que hay que extraer, de nuevo, los Méliès de Plata para el próximo curso.

El próximo jueves 1 de octubre empieza la 42ª edición de un Festival al que por vez primera asistiré de una manera completamente distinta. La historia termina el 12, con la Pilarica. El trabajo será arduo. De hecho, llevo ya varios días visionando en casa las películas nominadas para los Méliès de Oro pues, el mismo día 2, los tres miembros del jurado debemos deliberar cuales serán las ganadoras ya que, a mitad del Festival, ha de realizarse la gala para otorgar tales premios.

Como es lógico, en la página no podré publicar mi opinión sobre los veintitantos films a concurso. El Top Secret hay que respetarlo. Por ello, a medida que se vayan sabiendo los ganadores de los Méliès, les iré chivando mis impresiones personales. A medida que me sea posible, actualizaré el blog para narrarles mi experiencia como jurado y, al mismo tiempo, hablarles de aquellos títulos de los que no esté obligado a guardar silencio.

Ahora tan sólo me falta conocer a los otros dos miembros del jurado. Uno es el director del Festival de Cine de Austin. El otro, una joven actriz alemana de la cual aún no sé su nombre.

Y, si quieren que les cuente un secretito, les diré que lo que más me gusta del asunto, aparte de tener la posibilidad de conocer el intríngulis desde el mismo ojo del huracán, es poder pasarme 11 días de gañote total en el Hotel Meliá Sitges. Se me cae la baba.

19.9.09

EN RESUMIDAS CUENTAS: Aventureros y animalejos

No cabe duda que, en cuanto a animación animatrónica se refiere, Pixar es la mejor. Ahora, a través de la historia de un anciano solitario y gruñón que con la ayuda de un niño explorador cerrará la aventura más soñada de su vida, se supera a sí misma. Up es su título; uno de los mejores estrenos de la temporada y capacitado, al mismo tiempo, para contentar a adultos y pequeños. Toda una joyita.

Dotada de la misma magia que destilaba El Mago de Oz (la casa voladora) e inspirándose en los rostros de Spencer Tracy y Kirk Douglas (dos clasicazos de la interpretación) para crear a dos de sus protagonistas, la cinta es todo un dechado de imaginación, elegancia y emotividad. Tracy es Carl Fredricksen (Edward Asner su voz en el original) y Douglas el aventurero Charles Muntz (Christopher Plummer); dos hombres de avanzada edad que se verán enfrentados en una trepidante hazaña en la que sólo falta el mismísimo Indiana Jones.

Divertida y sensible, la película, dirigida al alimón por Pete Doctor y Bob Petersen, posee pasajes que deberían pasar a formar parte de la antología del cine. La delicadeza con la que muestra, en poquísimos minutos, toda la vida de un matrimonio, es mucho más que ejemplar: sin palabras y apoyada únicamente por su banda sonora (espléndido Michael Giachinno, el inspirado compositor de Los Increíbles). Y es que, como bien dicen, una imagen vale más que mil palabras.


Ice Age 3: El Origen de los Dinosaurios
, ha sido el otro estreno de animación del verano. En este caso, tras el grupo protagónico de animales, se encuentra la Fox, alma mater de la irregular (aunque entrañable) saga. Al igual que Up, ha sido rodada en 3-D pero, al contrario que ésta y en detrimento de su guión, se ha volcado más en la espectacularidad del sistema que en hilvanar un argumento más compacto.

Enfocada directamente al público infantil, incide en demasía en el concepto de la palabra “familia” aunque, en compensación por su exceso de moralina, le busca una novia al solitario y bellotero Scrat; una fémina seductora, pero tan altiva e hipócrita como él. La báscula, en este aspecto, está perfectamente contrapesada.

Mundos subterráneos y paralelos, plagados de animales prehistóricos y plantas carnívoras, se convierten en el leit motiv de una tercera entrega en la que no podían faltar, como es habitual en la serie, un sinfín (abusivo) de guiños cinéfilos e incluso musicales y cuyo principal acierto es la aparición de un nuevo rol: el de la comadreja tuerta Buck, un claro alter ego animatrónico de Rambo.

La fantasía está servida. Es poquita cosa, pero entre la entidad que van cobrando sus personajes, el impacto de la imagen en 3-D y el ritmo que ha otorgado Carlos Saldanha a su producto, los más pequeños de la casa la van a disfrutar al cien por cien.

17.9.09

Apartheid


Apadrinado por Peter Jackson, el sudafricano Nelly Blomkamp debuta en el campo del largometraje con District 9, una curiosa cinta de ciencia-ficción tras la que se esconde una original visión sobre la segregación y los conflictos raciales. No es de extrañar, por ello, que de forma un tanto sarcástica, la cinta se haya ambientado en pleno Johannesburgo, cuna del apartheid.

Planteada inicialmente como un falso documental, District 9 nos acerca a las deterioradas relaciones creadas entre los humanos y un grupo de alienígenas que llevan viviendo en el planeta como refugiados desde hace 20 años. Dispuestos a discriminarles por completo, las fuerzas gubernamentales optan por expulsarles de sus míseras barracas y ser deportados a un gueto cercado y controlado. La oposición de los extraterrestres, junto a la ambición de los terrícolas por hacerse con su avanzado armamento y la aparición de un humano mutante, acelerarán un sinfín de enfrentamientos violentos.

La cinta destaca, ante todo, por el ritmo imparable que le imprime Blomkamp y por el peculiar sentido del humor que desgrana a lo largo de su metraje aunque, en este aspecto, carga demasiado las tintas sobre el (en exceso) apayasado protagonista principal (Sharlto Copley), uno de los principales responsables de la reubicación alienígena y que, con su amaneramiento interpretativo, rompe un tanto ese aspecto de falso documental con el que se inicia la narración: un tono realista que se pierde casi por completo a medida que aavanza la proyección.

El entretenimiento está servido. El despliegue de efectos digitales es amplio y efectivo; tanto que incluso desplaza a un lado a su mínimo guión el cual, con historia de amistad intergaláctica incluida, termina por aproximarse a las coordenadas de la ochentera Enemigo Mío. El éxito, a pesar de sus defectos (¿o gracias a ellos?), está asegurado: el espectador no tiene que pensar mucho y resulta ideal para devorar palomitas en cantidad. Con todo ello, no se sorprendan si piensan que su final augura una segunda entrega.

15.9.09

Una terapia peligrosa

Cuatro obesos y un terapeuta. Para adelgazar, lo mejor es conocer las causas psicológicas del sobrepeso. Cinco historias entrelazadas, en donde las incoherencias y dudas del ser humano cobran un peso específico, conforman la base central de Gordos, el nuevo trabajo de Daniel Sánchez Arévalo, el realizador de la excelente Azuloscurocasinegro.

Gordos es una comedia tremendamente ácida, narrada con pulso firme y perfectamente entrelazada. No hay detalle que se le escape al realizador madrileño a la hora de contarnos que todos somos unos gordos de mucho cuidado, al menos en lo que se refiere al sobrepeso de contradicciones que se acumulan en nuestra cocorota. Los toques de humor están colocados justo en el instante necesario, nunca fuera de juego, rompiendo el tono melodramático que envuelve la vida de sus personajes principales. La ecuación es perfecta. Y, como propina, en su recta final, se atreve, con éxito, a darle incluso un toque fantástico a una de sus historias.

La cinta tiene ritmo. Su montaje es excelente. Nada sobra, excepto los quilos de más. Y todo cuadra a la perfección. Un gay hijoputa; una joven absorbida por la religión; un poli adscrito a la división científica y una mujer que trabaja desde su casa sentada ante el ordenador. Cuatro personajes marcados por sus grasas y por un sinfín de laberínticos procesos mentales. Y, al frente de todos ellos, portando la emblemática batuta terapéutica, un especialista incapaz de aceptarse a sí mismo.

Cinco sujetos al límite a los que hay que multiplicar por dos, e incluso por tres, debido a que la carrera de la vida la comparten con otros seres. Las relaciones humanas de nuevo en la picota, aunque en este caso vistas desde una óptica distinta y sorprendente.

Una mezcla exquisita. De gusto amargo y coletazos picantes. Nadie (ni nada) es lo que parece. Las apariencias engañan. Hay que desnudar la mente para descubrir el verdadero poso y enfrentarse a él, mirándole directamente a los ojos. Y allí, despojándose de sus ropas, tanto físicas como psíquicas, un montón de actores de envergadura. Ninguno está por encima del otro. Siempre al límite de la caricatura, pero sin caer jamás en el histrionismo. Todos, del primero al último, cumplen con sobresaliente la dificultosa misión de dar credibilidad a sus respectivos roles. Y digo dificultosa ya que algunos de ellos, dejando a un lado la vertiente claramente interpretativa, han tenido que pasar por ciertos procesos dietéticos con el fin de engordar o adelgazar en un tiempo muy concreto.

Denle una oportunidad y no la dejen escapar. En pocas ocasiones, durante los últimos años, el cine español había hilado tan fino. Divertida, cáustica y por momentos conmovedora.

13.9.09

5paulding

Pues nada, que hoy, esta página, cumple sus 5 años de existencia. Este último, un tanto de forma cojitranca..., pero tranquilos, que todo volverá a su cauce habitual.

Levanto una copa de orujo a la salud de todos los que me soportan.

9.9.09

Posesión infernal

Con Arrástrame al Infierno, Sam Raimi se distancia temporalmente de los Spider-mans y regresa a sus orígenes cinematográficos, urdiendo una historia con un montón de paralelismos con su atrevida e inolvidable ópera prima, Posesión Infernal, título del cual ha anunciado una cuarta entrega.

En su nuevo film, escrito hace 10 años en compañía de su hermano menor, asistimos a las aventuras y desventuras de una empleada de banca que, por culpa de una desacertada decisión laboral, cae víctima de una maldición soltada por una anciana clienta, convirtiendo su existencia en un verdadera pesadilla. Las gamberradas de un diablo y sus efectos: el alma mater del cine iniciático de Raimi al completo. Y, al igual que en sus primeros trabajos, el hombre, entre efectos especiales (ahora bastante más depurados) y su fidelidad a la serie B, esgrime buena parte de ese humor socarrón (y por momentos cercano al de los gags de los cartoons de la Warner) para narrar los avatares de Christrine Brown, esa banquera de Los Ángeles cuyas determinaciones para agradar a sus superiores la conducirán hacia el peor de los horrores.

El buen hacer de la joven Alison Lohman, la turbadora presencia de Lorna Raver (la anciana despechada) y algunos momentos aislados ciertamente conseguidos - como el encontronazo entre las dos mujeres en un parking o la incursión nocturna en un cementerio-, dejan entrever el desvergonzado espíritu del director de Crimewave, convirtiéndose asimismo en lo mejor del trabajo.

Pero no es oro todo lo que reluce pues, en general y sin contar esos momentos aislados, la cinta resulta un tanto acomodaticia y repetitiva. La falta de inspiración le ha jugado una mala pasada y Arrástrame al Infierno cojea por culpa de lo previsible de su guión y de lo aburridos, forzados y alargados que resultan ciertos pasajes. Así, por ejemplo, una interminable escena sobre una sesión de espiritismo, por reiterativa y exagerada, acaba cayendo en la ridiculez más supina.

Las buenas intenciones de regresar al cine que mejor conoce, no se las pueden negar nadie. El que la película le haya salido rana, esa ya es otra historia. De todos modos, siempre son mejores irregularidades como ésta que grandes patinazos como el de la insoportable Spider-man 3.

7.9.09

Ruidejos átonos y amarillos

Tras toda la pedantería que desgranó Isabel Coixet a través de los diálogos de Elegy, la directora catalana, con Mapa de los Sonidos de Tokio, entra a saco en un melodrama, con ínfulas de thriller, que, por su planteamiento y guión, se me antoja de lo más vacío de su filmografía. De la pretenciosidad de su anterior film, pasa ahora a la vacuidad total.

Para que todo parezca muy profundo, la mujer se dedica a sobrecargar, hasta extremos increíbles, cada uno de los barrocos planos que componen su metraje, dándole una especial importancia a cuantos detalles (bastante folklóricos) denoten su basto y cacareado conocimiento de la cultura japonesa. Una visión maniquea y estereotipada a la que se acerca a través de su mínimo (y tópico) hilo argumental: una crónica, de amor y muerte, en la que se mezclan pasiones, suicidios y venganzas.


Un catalán afincado en Tokio y una empleada nocturna de la lonja de pescado de la ciudad; el primero es propietario de una tienda de vinos que lleva el nombre de Vinidiana (en un muy barato homenaje al mundo de don Luis), mientras que la segunda, en su doble vida, ejerce de asesina a sueldo: dos seres que, unidos por el negocio de ella, vivirán un turbulento episodio de amor y sexo (este último, ante todo, oral). Él es un Sergi López que no acaba de arrancar (ni de resultar creíble) en momento alguno; ella es Rinko Kikuchi (la joven oriental del Babel de Iñárritu), lo mejor, con diferencia, de todo el largometraje.

La víctima y el verdugo en la misma cama (aunque, en este caso, sea en el mismo vagón de metro): un tema manido y ya tratado en varios ocasiones en el mundo del cine con mejores resultados. A la Coixet se le ha ido la mano y, en su propuesta, se nos ha puesto rococó, banal y empalagosa. En un arranque de petulancia supina, y con la intención de darle un cierto toque de cine de "autor", a medio camino entre la nouvelle-vague y la cinematografía nipona más cultureta, se ha sacado de la manga a un personaje tan vano e insufrible como inútil pero que, con sus frases rimbombantes y literarias, le sirve de narrador en la sombra: el de un japonés, ya madurito, enamorado en silencio de la misma mujer que el López y obsesionado con grabar ruiditos variopintos.

Silencios. Diálogos reiterativos. Más silencios. Un poco más de charlatanería repetitiva. Unas exageradas gotas de postalita turística recargada. De nuevo silencios. Voz en off por un tubo. Silencios y ruidos. De nuevo, los mismos diálogos de siempre. Unas cuantas sesiones de sexo sin morbo y muchos más silencios. La película no avanza y se pierde en medio de un asfixiante y aburridísimo bucle. Jean-Pierre Melville, con una historia similar, a buen seguro habría urdido una joyita.

3.9.09

El regreso

Planeando ya de nuevo sobre la página. En breve, se abrirá la veda y podrán disparar sobre mi cuerpo serrano. Se acabó el estar todo el santo día repantingado y sobándome los cataplines. Hay mucho cine acumulado y alguna que otra sorpresa futura. Nos vemos ya la próxima semana. Me acicalo y vuelvo.

Un fuerte beso en la frente.

21.7.09

El meu pare

De vez en cuando, al abrir el correo electrónico, éste quedaba totalmente encallado. Por norma, tras el problema, se encontraban esos e-mails gigantescos que mi padre enviaba cargados con decenas de fotos de mis dos sobrinos. A continuación, siempre se repetía la misma historia. Por mi parte, la llamada telefónica de rigor: “Papa, no m’enviïs tantes fotos juntes que em col·lapses el correu”. Y nada, que dale que te pego: que el hombre, en su afán por lucir a sus nietos, seguía empeñado en dejarme con el Outlook cojitranco.

Durante más de dos largos meses, llenos de inseguridad y noches en vela, el Outlook ha funcionado a la perfección. Pero por desgracia y desde ayer, no volverá a fallar nunca más. Y es que l’Antoniu, mi padre, después de una horrible semana encerrado en un cuerpo que ya no le respondía, se ha ido para siempre. Ahora quedan las vivencias a su lado, un montón de recuerdos imborrables y el consuelo de que por fin haya dejado de sufrir.

Hoy no sé cuánto daría para que, un día de estos, el Outlook se cuelgue de nuevo.

3.7.09

Érase de una nariz a un hombre pegada

Un actorazo como la copa de un pino. Un secundario de lujo. Detrás de su gran nariz se ocultaba un rostro impenetrable; un prominente apéndice el suyo que se convirtió en su propio infierno. Atendía por Karl Maldem. Ayer nos dejó, no sin antes haberse paseado por las calles de San Francisco a bordo de un tranvía llamado Deseo.

Vivió en primera mano la conquista del Oeste, se codeó con Patton, hizo migas con Matt Helm, entabló amistad con el hombre de Alcatraz, se fue de caza con Nevada Smith y desveló una oscura intriga en el Gran Hotel. Innegablemente, el suyo fue todo un gran combate.

La suya no era precisamente la ley del silencio. Jamás tuvo los labios sellados. Se decía que el suyo era un cerebro millonario: el cerebro de un millón de dólares. En sus numerosos devaneos se colgó de baby Doll, tonteó con tres azafatas y cayó en brazos de la Reina del Vaudeville. Y es que él, en el fondo, él era el Rey del Juego.

No le asustaba el precio del éxito pero, a pesar de ello, pasó por alguna que otra situación desesperada. Siempre al borde del peligro, cató el beso de la muerte, sufrió un verano para matar, fue amenazado con ser colgado del árbol del ahorcado y se enfrentó al gato de las nueve colas y al fantasma de la calle Morgue.

Ante su partida, yo confieso que fue uno de los actores del método que más me han atrapado. Maldem Forever!. Descanse en paz.