1.2.09

La monja alférez


Desde esa entrañable rareza que llevaba por título Joe Contra el Volcán, han pasado más de 18 años para que el escritor y dramaturgo John Patrick Shanley volviera a colocarse tras la cámara. La Duda ha significado su retorno a la dirección: una adaptación a la pantalla grande de su obra teatral homónima y ganadora del Pulitzer en el 2005. Sobra decir que el propio autor ha sido el responsable directo de su guión.

La solidez de su texto y el buen hacer de sus actores, son los dos puntales imprescindibles que ayudan a perfilar el cuerpo de un trabajo ciertamente consiste, plagado de ingeniosos diálogos y de situaciones únicas. Un melodrama de connotaciones sociales y religiosas que, entre otros temas, se acerca a las consecuencias resultantes provocadas por un rumor infundado prestando, mediante una minuciosidad descriptiva sorprendente, una especial atención a los caracteres psicológicos de sus tres personajes principales.

La historia transcurre en 1964 en el St. Nicholas, una escuela religiosa situada en el corazón del neoyorquino barrio del Bronx. Hace tan sólo un año que la sociedad norteamericana ha superado un fuerte revés, el del asesinato de John F. Kennedy. Corren nuevos tiempos y no hay que cerrarse en banda. A pesar de la férrea disciplina impuesta por la directora del centro, una monja retrógrada y malpensada, un nuevo sacerdote, recién llegado a la parroquia, intentará refrescar el lugar con su particular filosofía, mucho más fresca, moderna y acorde con el momento que les ha tocado vivir. Sus distintos puntos de vista sobre religión y educación son una total insignificancia comparados con la tormenta que se les avecina: una batalla dialéctica y moral en la que se verán implicadas varias personas.

Una imponderable Meryl Streep, de mirada recelosa y figura amenazante, da vida a la Hermana Aloysius, esa directora altiva e incapaz de controlar su mala leche. Philip Seymour Hoffman, a través de un vibrante registro que le distancia de otros personajes anteriores, interpreta al Padre Brendan, ese recién llegado, de aspecto bonachón, que pronto pasará a ser objeto de las malas artes de su superiora. Dos actores de envergadura enfrentados en una lucha sin cuartel. La vieja escuela contra la nueva. La sociedad del mal rollo frente a la de las buenas intenciones. Un tête a tête mayúsculo, impagable. Y allí, situada entre los mastodontes, la efectividad de la joven Amy Adams, la Hermana James, aquella que se verá obligada a tomar partido por uno de los dos.

La historia que plasma John Patrick Shanley tiene tela. Va más allá de una simple anécdota, pues está infestada de efectos colaterales. La escena al aire libre (crucial y estremecedora) que comparten Meryl Streep y la afro americana Viola Davis, es una buena muestra de ello. La monja alférez junto a la madre de uno de sus alumnos. No les voy a contar nada más. Sólo les avanzó que su dramatismo es desgarrador, de una frialdad que hiela la sangre. Suerte que, al menos en su primera parte, durante su pertinaz y brillante dibujo de personajes, el Shanley obsequia a la platea con alguna que otra gotita (a veces casi imperceptible) de humor.

Vigilen con los chismes. A veces, al expandirlos, se abre la caja de Pandora y uno descubre sorpresas desagradables. No les vaya a ocurrir como a la Hermana Aloysius, esa Meryl Streep a la que (¡milagro bendito!) incluso le cuesta soltar una sola lagrimilla.

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