28.2.17
25.2.17
Oscar 2017: Lo tenemos muy negro
A dos días de la ceremonia anual de entrega de los
Oscar, toca dar un repaso a buena parte de los títulos nominados. Faltan algunos,
pero eso será cuestión de algún que otro post.
Moonlight (nominada a mejor película, dirección,
fotografía, montaje, banda sonora, guión adaptado y mejor actor y actriz
secundarios: Mahersala Ali y Naomie Harris, respectivamente). Esta película es
una clara prueba de que la protesta del año pasado por la ausencia de nominados
de color, ha causado su efecto. De hecho, Moonlight es un melodrama, un tanto
gafapastoso, que hace el repaso a la vida de un afroamericano homosexual al que,
nacido en una barriada conflictiva de Miami, le costará salir del enrarecido
ambiente en el que se crió y en donde las drogas y la violencia eran el pan
nuestro de cada día. De todos modos, la cinta -alabada sin mucha razón hasta la
saciedad-, no ofrece nada nuevo que no hayamos visto con anterioridad en
productos del mismo estilo. Es más, su lento ritmo narrativo aburre y no avanza
casi nada en lo que, pasito a pasito y de manera entrecortada, va exponiendo,
resultando todo ello de lo más previsible. A mi gusto, lo más destacable se
encuentra en el trabajo interpretativo de Mahersala Ali, ese tutor accidental
del que el joven protagonista pretende seguir con su ejemplo y estilo de vida.
Por mucho que pretendan venderla con uno de los grandes títulos del año, es muy
poquita cosa. Más me contó en su día Los Chicos del Barrio.
La Llegada (nominada a mejor película, dirección, guión
adaptado, fotografía, montaje, mezcla de sonido, edición de sonido y diseño de
producción). A Denis Villeneuve se le ha ido la bola a la hora de afrontar su
particular visión del relato corto Story of Your Life de Ted Chiang. En ella, una
experta lingüista es llamada por estamentos gubernamentales para convertirse en
la intérprete de los tripulantes de unas naves extraterrestres que se han posado estratégicamente en diversos puntos del planeta; unos
alienígenas con forma de calamar que se expresan mediantes chorros de tinta; vaya, lo que comúnmente conocemos como “calamares en su tinta”. La primera
parte es insoportablemente lenta, la forma de aprender el nuevo lenguaje se me
antoja de lo más surrealista y su recta final, aparte de altamente ridícula (lo
de la llamada de un chino al móvil de la protagonista es sumamente delirante),
destila una ética ciertamente deplorable con la única finalidad de sacarle las
lagrimas a los más sensibleros del lugar. Y, de propina, la sosería
insoportable de Amy Adams y la cara de risueño tontainas que mete Jeremy Renner
a lo largo y ancho de su metraje.
Lion (nominada a mejor película, guión adaptado,
fotografía, banda sonora y mejor actor y actriz secundarios: Dev Patel y Nicole
Kidman, respectivamente). Otra nominada más gracias a la asonada de color
orquestada el año pasado. En esta cinta, nos enfrentamos a la historia de Saroo,
un joven hindú morenito que, a muy temprana edad se perdió en las calles de
Calcuta para, posteriormente, ser adoptado por un matrimonio australiano y que,
25 años después, cansado de ver que el rostro de su madre postiza le recuerda demasiado a la mismísima Duquesa de Alba (¡que patética está la Kidman, pobreta!), le entra
la neura y decide iniciar la búsqueda de su hermano y y de su madre biológicos. Una
primera hora amodorrante, en la que su director esboza una especie de documental
para mostrar la miseria en las calles de la India, da paso a una segunda que,
pese a basarse en una historia verídica, está llena de despropósitos y de un
sinfín de reacciones de su protagonista principal pésimamente explicadas y en nada comprensibles. Un
film bochornoso en todos sus aspectos, aburridísimo, reiterativo hasta extremos
increíbles y destinado a conseguir un único fin: hacer llorar a las plateas a
moco tendido.
Fences (nominada a mejor película, guión adaptado,
actor principal y actriz secundaria: Denzel Washington y Viola Davis,
respectivamente). Dirigida e interpretada por un sobreactuadísimo y cargante
Denzel Washington, esta es otra de esas nominadas gracias a las quejas
afroamericanas de la edición anterior. De hecho, en Fences hay poquísimo cine,
pues se trata de una adaptación de la obra teatral homónima de August Wilson
llevada a la pantalla grande de la manera menos cinematográfica posible: teatro
filmado y punto, para que el amigo Washington ejerza descaradamente de Juan
Palomo, o sea, yo me lo guiso y yo me lo como. Fences narra la historia de un
afroamericano pobre y arrogante que, en sus desmanes e interminables
soliloquios, no hace más que putear a su esposa e hijos. Una primera parte de
lo más insufrible que, en su recta final, logra enganchar un poquito (no mucho)
al adormecido espectador. Suerte de la excelente Viola Davis que, con su
brillante trabajo interpretativo, se come con patatas al histrión que le ha
tocado en desgracia.
Figuras Ocultas (nominada a mejor película, guión
adaptado y actriz secundaria: Octavia Spencer). Un poquito más de negrura para
la edición de este año. Y, en esta ocasión, para denunciar las condiciones de
trabajo de un grupo de mujeres afroamericanas que, a principios de los años
sesenta, prestaban sus servicios en la NASA en plena carrera espacial. Basada
en hechos verídicos, la historia que nos cuenta se me antoja tan peliculera que,
a pesar de los esfuerzos de su director y elenco interpretativo, acaba
distanciando al espectador de lo que en realidad debió suceder. Y es que, por
ejemplo, la escena de la eliminación de los lavabos para gente de color (con un heroico Kevin Costner en cabeza) o la de
la llegada de una numerosa troupe de mujeres negras a la sala de informática,
aparte de ridículas, se me antojan altamente increíbles. Para mear y no echar
gota.
Captain Fantastic (nominada a mejor actor: Viggo
Mortensen). Una curiosa cinta que, pese a lo arriesgado de su planteamiento, se
deja ver con agrado al tiempo que plantea ciertos dilemas morales. En ella, se
nos narran los avatares por los que pasará un padre de familia cuando, después
de estar viviendo voluntariamente con su mujer y sus seis hijos en medio de la
montaña y tan sólo en contacto con la naturaleza, tengan que regresar a una
civilización que los pequeños desconocen y tengan que habituarse por primera vez a ella.
Un melodrama ácido y de connotaciones muy hippies que, sin embargo, no renuncia
en absoluto a un peculiar sentido del humor. Estereotipada pero al mismo tiempo
muy controlada. Lástima de su acomodaticio apunte final para contentar a todos
los públicos.
Loving (nominada a mejor actriz principal: Ruth
Negga). El poder negro de nuevo entre las nominadas de este año. Basada en una historia
real, nos cuenta los problemas legales y sociales que vivieron un hombre blanco
y una mujer negra, Richard y Mildred, cuando decidieron formar un matrimonio
estable en el estado de Virginia en 1958, un estado en donde la ley prohibía
este tipo de uniones. Perfectamente narrada e interpretada, Loving ahonda en la
persecución que ambos sufrieron y, ante todo, en la expulsión de su lugar de
nacimiento y en la lucha judicial que sostuvieron para poder regresar a su
tierra natal. Más de dos horas de duración que podrían haber sido mucho más
efectivas con media horita menos de metraje, ya que peca de reiterativa en
demasiadas ocasiones. Aún y así, se trata de un trabajo muy digno y eficazmente
emotivo.
Jackie (mejor diseño de vestuario, banda sonora y
actriz protagonista: Natalie Portman). Un peñazo de muchísimo cuidado que, de
manera pedantilla y sin fuerza alguna, se acerca al sufrimiento de Jacqueline Kennedy
durante los días posteriores al asesinato de su esposo, John F. Kennedy. Se
trata de un producto desangelado, aburrido, exento de ritmo y que se sumerge de
forma pretendidamente intimista (o, mejor dicho, yo diría que de manera
morbosa), en los pensamientos y acciones de la viuda del presidente
norteamericano a base de primerísimos primeros planos y de una fotografía en
nada cuidada. Detrás de la cámara, el argentino Pablo Larraín y, dando la cara,
una controladísima y maravillosa Natalie Portman, lo mejor sin lugar a dudas de la propuesta. Y eso que, a pesar de que la chica lo hace a las mil
maravillas, personalmente me cuesta muchísimo identificar a la Portman con
Jackie Kennedy: todo el rato estoy viendo a la Portman. Vaya problema más
tonto, ¿no?
Florence Foster Jenkins (mejor diseño de vestuario y
actriz principal: Meryl Streep). Remake no confeso de la cinta francesa Madame Marguerite,
en el que el británico Stephen Frears apuesta por hacer un retrato cómico, y al
mismo tiempo emotivo, de Florence Foster Jenkins, una mujer que en el Nueva
York de los años 40 acabó siendo conocida como la peor soprano de la historia
de la música y en la que una magnífica Meryl Streep borda el papel de la
desafinadísima y enfermiza cantante protagonista. Divertida y triste, la cinta
está llena de gags delirantes y elegantes y que se beneficia, claramente, de
las buenas interpretaciones de la citada Streep, un inalterable Hugh Grant (el
marido de la soprano) y un sorprendente Simon Helberg, el pianista de la mujer.
Un film pequeño que envuelve un atractivo entretenimiento.
Animales Nocturnos (mejor actor secundario: Michael
Shannon) Tom Ford se disfraza de David Lynch y consigue una película mucho más
atractiva que las de la filmografía de su claro precedente. Es más, incluso, en
ésta, la sosa de la Amy Adams hasta resulta soportable. Una extraña cinta que,
narrada en dos tiempos diferentes, cuenta la historia de una mujer casada por
segunda vez que decide empezar a leer la novela, aún no publicada, que le ha
enviado en un paquete su primer marido. Más interesante en todo lo relativo a
la destructiva ficción literaria del marido que a la realidad vivida por la
mujer, la cinta se deja ver por lo enigmático de su relato, por un montón de
buenas interpretaciones y, ante todo, por contener un final de lo más perverso
y contundente que, en parte, entronca con unos brutales y desagradables títulos
de crédito iniciales que, a buen seguro, habrían enloquecido al mismísimo
Fellini.
Otras nominadas:
Manchester Frente al Mar (mejor película, dirección,
guión original, actor principal, actor secundario y actriz secundaria: Casey
Affleck, Lucas Hedges y Michelle Williams, respectivamente) - ver crítica.
La La Land (mejor película, dirección, guión
original, fotografía, montaje, diseño de vestuario, banda sonora, mezcla de
sonido, edición de sonido, 2 mejores canciones originales, diseño de producción
y mejores actor y actriz principales: Ryan Gosling y Emma Stone,
respectivamente) - ver crítica.
Comanchería (mejor película, guión original, montaje
y actor secundario: Jeff Bridges) - ver crítica.
Hasta el Último Hombre (mejor película, director,
montaje, mezcla de sonido, edición de sonido y actor principal: Andrew
Garfield) - ver critica.
Elle (mejor actriz principal: Isabelle Huppert) - ver crítica.
12.2.17
Ánima en pena
Hace ya una semana larga que Manchester Frente al Mar, película escrita y dirigida por Kenneth Lonergan, se pasea por las
carteleras de nuestro país. Una ocasión única para disfrutar con uno de los
mejores títulos estrenados a principios del 2017. Una historia compacta, dura y
triste (¡tristísima!), que tiene por protagonista a un hombre con el que la vida
se ha ensañado de mala manera.
Lee Chandler es un tipo que acumula en su vida todo
tipo de golpes; golpes que le volverán a azotar duramente cuando tenga que
regresar a su pueblo natal para asistir al funeral de su hermano Joe.
Allí, tendrá que afrontar de nuevo a los fantasmas de su pasado y lidiar con
un sentimiento de culpabilidad difícil de eliminar.
Lee es Cassey Affleck; un Affleck brillante que,
pese a su complejo papel, afronta la construcción del personaje de forma
totalmente sobria y creíble, sin extralimitarse en ningún momento y
consiguiendo, con ello, uno de esos trabajos que huelen a Oscar. De
hecho, él y su Lee Chandler son el alma mater de Manchester Frente al Mar,
actor al que respaldan, de manera igualmente genial, gente como Kyle Chandler,
Gretchen Mol o Michelle Williams, sin olvidar a otro de los sostenes del film,
el joven y ponderado Lucas Hedges, el sobrino de Lee en el film.
La cinta de Kenneth Lonergan es pausada, contenida y
tremendamente amarga, como una potente patada en la mismísima boca del
estómago. Un guión milimétricamente calculado que, poco a poco, va abriendo
puertas entornadas para que la platea descubra las causas del dolor
que soporta el apagado Lee: un retrato punzante de un ánima en pena; un zombi
en vida corroído por un suceso que nunca podrá alejar de su gris existencia.
Emotiva y cruda, esquiva en todo momento la tentación
de sacarle la lágrima fácil al espectador. Lonergan sólo expone unos hechos y,
manteniéndose siempre a cierta distancia, se reserva la posibilidad de juzgar a
su personaje principal; un personaje al que, en el fondo y a pesar de su distanciamiento,
trata con un cariño muy especial.
Un título imprescindible. Una de las película
indiscutibles del año, tanto por su delicada puesta en escena como por la
magistral interpretación de un Cassey Affleck único. Sin él, Manchester Frente al
Mar no hubiera sido lo mismo. No la dejen escapar bajo ningún concepto.
31.1.17
YoGa 2017
El colectivo Catacric (Catalans Critics), reunido en
la noche del 30 de enero del 2017, en un céntrico lugar de Barcelona, ha
decidido otorgar los 28º anti-premios YoGa a lo peorcito de la producción
cinematográfica del año 2016.
En sus deliberaciones, el jurado, anónimo y mutante,
como cada año, desde hace 28 inviernos, ha tenido en cuenta las apreciaciones,
comentarios y sugerencias de los lectores de su web y de las diferentes redes
sociales, como Facebook y Twitter.
Cine español
- Peor película: YoGa Morrallas de Targarona, a Secuestro (de Mar Targarona)
- Peores directores: YoGa No culpes a Carmen (Machi) de lo que os pasa por…, a Miguel del Arco (por Las Furias), Félix Sabroso
(por El Tiempo de los Monstruos) y Nacho G. Velilla (por Villaviciosa de al Lado).
- Peor actor: YoGa Que dios te perdone, Eduard
Fernández, por Lejos del Mar y La Noche Que Mi Madre Mató a Mi Padre.
- Peor actriz: YoGa Canta y no llores, a Sílvia
Pérez Cruz, por Cerca de Tu Casa.
Cine extranjero
- Peor película: YoGa Se os acabó el pastel, a Frente al Mar, de Angelina Jolie.
- Peores directores: YoGa Fargo para recordar, a los
hermanos Joel y Ethan Coen por ¡Ave, César!.
- Peor actor: YoGa El hombre de una sola cara, a Ben
Affleck por Batman vs Superman y El Contable.
- Peor actriz: YoGa Resacón en las vías, a Emily
Blunt, por La Chica del Tren.
Especiales
- Uno de los nuestros: Yoga Adieu au langage, a Ángel Sala, director del Festival de Sitges.
- Remakes: YoGa No profanar el sueño de los muertos,
a las nuevas versiones de Ben-Hur, Los Siete Magníficos y La Leyenda de Tarzán.
- Veterano: Yoga Múltiple a Jeremy Irons por las
seis películas en las que ha actuado este año: Assassin’s Creed, Batman vs
Superman, El Héroe de Berlín, El Hombre que Conocía el Infinito, High-Rise y La Correspondencia.
29.1.17
Semana trágica
¡Vaya semanita!
Todo empezó el miércoles, cuando nos dejó Mary Tyler
Moore, la que de El Show de Dick Van Dyke pasó a engrosar el ramillete de amigas de Millie, Una Chica Moderna, convirtiéndose después en La Chica de la Tele al lado del infatigable Lou Grant y que, con el paso de los años y de la mano de Robert Redford, nos enseñó como actúa la Gente Corriente.
Al día siguiente, el que se despedía para siempre era
Mike Connors, un hombre que desde la pequeña pantalla inmortalizó a Mannix, un
detective privado de Los Ángeles que, a buen seguro, fue el investigador que recibió más palizas
por episodio en la historia de la televisión. Y siempre al son de una
inolvidable sintonía compuesta por Lalo Schifrin.
El mismo día, jueves, nos dejaba también otro popular rostro
televisiva, el de Barbara Hale, la siempre entregada Della Street, la secretaria del
abogado más famoso del mundo mundial, Perry Mason.
Y el pasado viernes, como remate a la semana
trágica, pilló El Expreso de Medianoche uno de los grandes, John Hurt, el
hombre que engendró desde sus propias tripas al mismísimo Alien para,
posteriormente, transformarse en El Hombre Elefante.
Descansen en paz todos ellos.
19.1.17
Hollywood y jazz por un tubo
Damien Chazelle, todo un amante del jazz tal y como
nos demostró en su film anterior, Whiplash, vuelve a retomar su pasión por el mismo extendiéndola a todo un homenaje cinéfilo al mundo de los musicales, en
donde los guiños a películas claves del género no se hacen de esperar. La La Land
es su título (aunque en España la hayan rebautizado con eso tan innecesario de La
Ciudad de las Estrellas), todo un ejercicio de estilo que se apoya en un sinfín
de referentes.
De hecho, la historia contada en La La Land es muy básica y eterna, de las de toda la vida; una de esas historias de amor de las que el Séptimo
Arte se ha nutrido siempre. Él, Sebastian, es un purista músico de jazz que
sueña con montar su propio local en la ciudad de Los Ángeles; ella, Mia, es una
joven aspirante a actriz que pasa sus días presentándose a todo tipo de
castings sin mucha fortuna. Cómo no, Sebastian y Mia, terminarán convergiendo para
vivir una muy rítmica relación sentimental.
Cine, cine y más cine, se acumula en una cinta que, escrita
y dirigida por el propio Chazelle, acumula una buena cantidad de números
musicales en los que se mezclan la magia del momento, la fuerza de su sencillo
aunque magnético guión y el buen hacer de su pareja protagonista: un
controladísimo Ryan Gosling y una sorprendente Emma Stone quienes, sin ser
profesionales ni del baile ni del canto, llevan a buen puerto a sus respectivos
personajes, siendo totalmente notable la química que se desprende
del vínculo de ambos.
Un prólogo brillante en donde una coreografía
tumultuosa, en medio de un atasco de tráfico, se convierte en su principal centro
de atención, sumado a un epílogo
claramente deudor de cintas como Un Americano en París o Cantando Bajo la Lluvia, abren y cierran un producto en donde el amor por el jazz, por el cine y
por la creatividad en general, queda claramente patente en todas sus escenas,
marcadas, ante todo por las excelentes coreografías (siempre atemporales) y la envolvente y compacta banda sonora de
Justin Hurwitz.
En La La Land hay Hollywood por un tubo; de ese
Hollywood glamuroso de las grandes estrellas y las majors que contentará a los
más cinéfilos del lugar aunque, para narrar su historia, lo haga principalmente
desde el prisma europeo del cine de Jacques Demy, ya que resulta clarísima la
influencia en el film de un título tan rompedor en su época como fue Los Paraguas de Cherburgo.
Visualmente arrebatadora, escenográficamente
atractiva, emotiva, divertida y capaz de remover todo tipo de
sentimientos en el espectador. Personalmente, al acabar la proyección, salí de la sala dispuesto
a marcarme unos pasos de claqué, a la luz de la luna, en cualquiera de los parques de mi ciudad. No
se la pierdan. Canela en rama.
13.1.17
Gore, religión y objeción de conciencia
En Hasta el Último Hombre, la nueva película como
director de Mel Gibson, se aúnan tres de las constantes en la filmografía del
realizador: religión, violencia extrema (casi me atrevería a afirmar que gore)
y, aunque resulte paradójico, todo un canto al pacifismo. De hecho, la cinta se
basa en un caso verídico, el que protagonizó Desmond Doss, un joven objetor de
conciencia que, a pesar de su ideología, prestó sus servicios como médico
militar en el frente de Okinawa, en el Pacífico, durante la Segunda Guerra
mundial.
Claramente, el trabajo de Gibson está planteado con
vistas al Oscar y, para ello, contando con la sempiterna estructura de
cualquier biopic que se preste, su primera parte –en la que se presentan los
personajes principales de la trama y se asiste a la instrucción militar de su
protagonista- resulta tan formal y academicista que, a pesar de los esfuerzos
del realizador por darle cierto ritmo a la cosa, acaba aburriendo hasta a las
musarañas. Aparte, es tanta la carga religiosa que acarrea el personaje y las
motivaciones del joven Doss que, por momentos, me pareció incluso un insulso y ofensivo manual del buen cristiano; tan insulso casi como la interpretación de un
inexpresivo Andrew Garfield, actor sobre el que recae la mayor parte del peso del
film.
Su segunda hora de proyección ya es harina de otro
costal y es allí en donde Gibson se mueve con más soltura pues, en ella, se nos
muestra sin tapujos el combate en Okinawa al más puro estilo de lo que hizo
Steven Spielberg a la hora de rodar el cruento desembarco de Normandía en
Salvar al Soldado Ryan. Totalmente explícito en detalles, Hasta el Último
Hombre se convierte en un potente festival gore en todos sus aspectos: cuerpos
amputados y sangre a borbotones, servido todo ello por una filmación tan frenética
como perfectamente controlada y en la que la tensión resulta uno de los
factores más determinantes de la batalla. Lástima, de todos modos, que esos trepidantes y magnéticos 60 minutos acaben rociados de ese aire místico y milagroso que el
director intenta vendernos por encima de todo.
Un producto irregular, compuesto de dos partes bien
diferenciadas (una típica y tópica y la otra delirante e inquietante) que, en
todo momento, intenta vendernos eso ya tan cansino de que Dios existe.
1.1.17
Recopilando (y II): Lo más peor del 2016
Pues nada, que hoy me apetece empezar el 2017 con lo
más patético de la cosecha del 2016. Y, como siempre, de
lo peor a lo más peor: del 10 al 1 y, en esta ocasión, por tratarse de títulos
para mí inaguantables, no pienso dedicarles mucha parrafada. Al más puro estilo
telegráfico. Estoy gandul y mi cuerpo, en un día como hoy, no da para mucho
más. Vayamos al grano.
10.- Anomalisa. Animación cutrona (y cunnilingüera) al servicio de un amodorrante
y pretencioso film destinado a adultos gafapastosos. Como uno de sus dos
directores se trata de Charlie Kaufman, algunos, sólo por el nombre, ya la han
tildado de película de culto. ¡Mandan cojones!
9.- El Hijo de Saúl. O érase de una cámara pegada al
cogote de un pobre judío deambulando, arriba y abajo, por el campo de
concentración de Auschwitz. Por muy dura que pretenda ser, resulta aburrida y
tediosa hasta extremos insoportables. Alucinadamente consiguió el Oscar a Mejor
Película de Habla no Inglesa. ¡Pero que buenos y políticamente correctos son los de la Academia de Hollywood!
8.- Batman V. Supermán: El Amanecer de la Justicia.
Otro truño más en la lista de despropósitos de Zack Snyder, totalmente deslavazado,
pésimamente narrado e incapaz de lograr una mínima atención por parte del
abrumado espectador. Un disparate gigantesco que no conduce a ninguna
parte.
7.- Joy. Biopic de Joy Mangano, una mujer que de
trabajadora pasó a convertirse en la más famosa de las presentadoras de teletiendas en los EE.UU. Y, de allí, a gran empresaria. De nuevo, el puto sueño americano a toda pantalla. Sosa a más no poder, con una historia que no interesa absolutamente a nadie y
con una insoportable Jennifer Lawrence como principal gancho comercial.
Capitanea el engendro el pesado de David O. Russell.
6.- Ben-Hur. Todo un patético ejemplo de cómo filmar,
de cabo a rabo, una película de aventuras mediante primerísimos primeros
planos. La hostia, vaya. Existiendo la maravilla del Ben-Hur de William Wyler, resulta
totalmente innecesaria. Y ello por no hablar de sus actorcillos de tres al
cuarto y del chirriante look a lo Whoopi Goldberg que le han endosado al pobre de Morgan Freeman.
5.- Frente al Mar. Ni con este melodrama matrimonial, Angelina
Jolie y Brad Pitt lograron enderezar sus rencillas matrimoniales. Indigerible
hasta extremos insospechados. El Pitt se pasa todo el metraje metiendo cara de
tontainas y la Jolie, de mujer despechada y cabreada. El intento de ella,
tras la cámara, de aproximarse al cine de Antonioni. Y, en cierta medida, lo
consigue, pues la cosa acaba siendo igual de plomiza que la mayor parte de la
filmografía del director italiano.
4.- High-Rise. A Ben Wheatley, adaptando la novela
de J. G. Ballard, se le va la mano en todos los aspectos. El retrato de una
sociedad comprimida en el interior de un edificio, con distintas capas
sociales albergadas en él, aparte de absurdo y mal narrado, se me antoja de lo más letárgico y
poco atractivo. En el fondo, su filosofía (barata, barata) es la misma que la de Snowpiercer (Rompenieves), pero sin trempera y en versión culturillas.
3.- Elle. O la paja mental del amigo Paul Verhoeven. Un
inicio prometedor al servicio de un desvarío total que, sin orden ni concierto,
se convierte en un producto apelmazado. Violaciones, venganzas, sadomasoquismo,
amoralidad y cierto toque crítico para con el mundo de la familia. Un quiero y
no puedo, con ansias de cine de autor, que ha hecho las delicias de los gafapastas del lugar. Al menos, de la quema, salvaría el buen hacer de Isabelle
Huppert, a pesar de repetir su rol de casi siempre.
2.- The Neon Demon. Una nueva tomadura de pelo de Nicholas
Winding Refn quien, a través de la segunda paja mental del año, sigue soñando
en convertirse en el nuevo David Lynch del siglo XXI. Top models, vampirismo por
un tubo y poco cosa más. El resto, no se entiende un pijo. Eso sí, a lo largo
de su metraje, de rarezas hay para dar y vender. Caca de la vaca. Viendo sus
resultados, sigo pensando que Drive se la hizo un muy buen amigo.
1.- El grueso del cine español de este año, excepto
honradas excepciones. Es decir, y por primera vez y sin que sirva de precedente, el number one de lo más peor se lo lleva la friolera de siete películas
nacionales, a cual más nauseabunda. O sea: El Mal Que Hacen los Hombres, El Pregón, Toro, Nacida Para Ganar, Acantilado, Secuestro y Cuerpo de Élite. Y seguro que me
he quedado corto. Vaya, para mear y no echar gota.
¡Que tengan un feliz 2017!
31.12.16
Recopilando (I): Lo más mejor del 2016
Como cada fin de año y conservando la tradición, hoy
toca apuntar las que han sido, a mí gusto, las diez mejores películas del 2016.
Como siempre, algunos títulos interesantes han quedado fuera de la lista, tal y
como ha sucedido con la compacta El Contable, ese extraño cuento australiano
que atendía por La Modista, la gamberra La Fiesta de las Salchichas o las muy
emotivas El Olivo o La Correspondencia.
Pues nada, que aquí tienen las 10 mejores del año.
Y, como siempre, de menor a mayor relevancia. O sea, del 10 al 1.
10.- Dos Buenos Tipos. Una locura graciosa y, para
más coña, surtida de un sinfín de guiños cinéfilos ciertamente curiosos. Todo
un homenaje a las buddy movies de una época muy concreta que, ambientada con
mucho cariño en la década de los 70, nos acerca a la investigación que un par
de detectives inusuales de Los Ángeles llevan a cabo para descubrir el paradero
de una joven desaparecida. Ryan Gosling y Russell Crowe sorprenden con sus inesperadas
dotes cómicas y, su director, Shane Black, recupera el mismo espíritu gamberro que
vertió en Kiss Kiss Bang Bang dándole, en esta ocasión, cierta relevancia al
gag visual al más puro estilo Blake Edwards. Un entretenimiento en estado puro,
filmado y escrito sin complejo alguno.
9.- Espías Desde el Cielo. Militares, drones y
terroristas al servicio de una historia mínima pero altamente tensa en donde, a
través de una operación conjunta de los servicios de inteligencia británicos y
norteamericanos, un refugio de extremistas en Nairobi está a punto de ser
destruido. Sofisticado thriller psicológico y altamente crítico que demuestra
la sabiduría de su director, Gavin Hood, a la hora de manejar situaciones
angustiosas y al que hay que añadir un buen número de sobrias interpretaciones
a cargo de gente tan prestigiosa como Helen Mirren o el desaparecido Alan
Rickman. Cínica y brutal. Nunca hasta ahora los efectos colaterales de una
acción militar se habían reflejado con tanta mala leche como en este film.
8.- La Doncella (The Handmaiden). Una pequeña joya
del coreano Park Chan-wook que abriga una historia de timadores en la Corea
ocupada por los japoneses durante los años 30,
en donde un par de rufianes, un hombre y una chica experta en el arte del
engaño, se aliarán para conseguir que una muchacha adinerada caiga en las redes
sentimentales del primero para conseguir sus favores y su tentadora herencia. Dotada
de una belleza plástica insuperable y de una magnética narración, que en nada
rompe los cánones clásicos del Séptimo Arte, Chan-wook nos regala una cinta
llena de inesperados giros de guión y con tres partes claramente diferenciadas para
narrar lo que acontece en pantalla desde distintos puntos de vista. Suspense,
misterio y, de propina, un puntito de morbo otorgado por una excelente escena
de sexo lésbico. Canela en rama.
7.- Comanchería. Un thriller polvoriento y sudoroso
que, dirigido por el británico David Mackenzie, nos traslada a la América rural
de Nuevo Méjico para contar la historia de un par de hermanos que, con el fin
de saldar una deuda familiar con los bancos, se dedican a asaltar pequeñas
agencias de una entidad bancaria muy concreta ante la atenta mirada de un
obstinado y cascarrabias sheriff local que, a punto de jubilarse, intentará
atrapar a los atracadores. Su compacto guión y la fuerza del personaje del
policía creado por un impresionante Jeff Bridges aún en plena forma, así como
los buenos trabajos de unos sorprendentes Chris Pine y Ben Foster, hacen de
ésta una de las mejores propuestas del año. Si a todo ello le suman un puntito
de humor de lo más cínico, un inevitable toque de tragedia y la solidez de la
crítica social y política que lleva implícita su argumento, tendrán un
film de visión obligatoria. Para sacarse el sombrero.
6.- Mustang. Un interesante y compacto melodrama
que, por su magnetismo e interés crítico fue nominado al Oscar a mejor película
de habla no inglesa. Dirigido por la debutante Deniz Gamze Ergüven, una mujer
turco-francesa, nos narra el periplo que sufrirán cinco hermanas huérfanas de un
pequeño pueblo al norte de Turquía, cuando sus familiares más cercanos (una
abuela y su tío) decidan encaminarlas hacia el matrimonio. Un soberano mazazo al
patriarcado y a las insanas costumbres religiosas y sociales de un país que, a
pesar de su explícita dureza, no renuncia al sentido del humor para afrontar
alguno de sus pasajes. Un claro grito a la libertad que cuenta, además, con las
brillantes interpretaciones de sus cinco jóvenes protagonistas. Emotiva y
sorprendente.
5.- Que Dios Nos Perdone. Un thriller duro y
compacto, ambientado en 2011 durante la visita del Papa a un Madrid que nunca
con anterioridad se había retratado de una manera tan decadente como lo hace su
director, Rodrigo Sorogoyen. Llena de iconografía religiosa y buscando los
barrios más abandonados de la capital, nos narra la historia de dos policías de
caracteres completamente diferentes -uno calmado, tartamudo y solitario (genial
Antonio de la Torre) y el otro tocado por un pronto violentísimo (brillante
Roberto Álamo)-, que se enfrascan en la caza y captura de un serial killer al
que le encanta asesinar a mujeres ancianas. Un film policiaco distinto, que
rompe con los típicos y tópicos de las buddy movies norteamericanas y que, aparte
de resultar acertadamente crítica con la sociedad actual, acarrea un mucho de
melodrama en su haber. Traumas del pasado, religión enfermiza por un tubo y, de
propina, un fuerte sablazo a la incompetencia de ciertos mandos del cuerpo
policial. Francamente, una gozada. Y atención a la sorprendente caracterización
de Javier Pereira.
4.- Suburra. Un thriller de connotaciones políticas
que, ambientado en la Roma del año 2011, nos muestra las especulaciones que
llevan a cabo un grupo mafioso de la ciudad, con la complicidad de algún que
otro senador, para convertir al barrio romano de Ostia en un nuevo complejo
urbanístico, lleno de casinos, similar a Las Vegas italiana. Dirigido por
Stefano Sollima, éste es un film contundente que, en su narración, no deja
títere con cabeza. Por pantalla circulan todo tipo de raras avis: sacerdotes,
el mismísimo Papa, mafiosos, gitanos, prostitutas de lujo y, cómo no,
politicastros dispuestos a vender a su propia madre sin con ello sacan tajada
de algo. Violenta, seca y terroríficamente real; por momentos, puede
recordarnos a algunos sucesos acaecidos en nuestro propio país. Chantajes, crímenes,
corruptela, venganzas, traiciones y un mucho de tensión dramática. Precisa y
densa. Lástima de su mala carrera comercial en España. Hay que recuperarla
cuanto antes.
3.- La Punta del Iceberg. Una feroz crítica a la
explotación laboral que arranca con la investigación que ha de realizar una mujer,
alto cargo de una empresa multinacional, para aclarar los suicidios de tres
empleados de su misma compañía. Un film duro, deprimente y que, con total
claridad, muestra los efectos de la puta crisis en los entramados de una
empresa que ha decidido apretar en exceso las tuercas a sus trabajadores. Un
thriller laboral que se apoya, principalmente, en una brillantísima Maribel Verdú
quien, con total solidez, compone un personaje ambiguo con distintos registros
interpretativos. Dirigida por el debutante David Cánovas, lo peor de este
producto es su mala carrera comercial en España, al igual que ha ocurrido con
Suburra. Y es que, por desgracia, muchos espectadores prefieren mantenerse al
margen de ciertas situaciones que creen que no van con ellos. Sobria y real
como la vida misma. A recuperar con urgencia.
2.- El Renacido. 156 minutos de cine en estado puro
ofrecidos por Alejandro González Iñárritu. Un remake, en nada encubierto, de
El Hombre de una Tierra Salvaje de Richard C. Sarafian, en el que un cazador de
pieles, en 1820 y durante una de sus largas incursiones por los bosques, es
abandonado por sus compañeros de trabajo tras ser atacado de forma furibunda
por un oso. Sus tremendas ganas de vivir y el ansia por vengarse de uno de los
tramperos, harán que, poco a poco, vaya sobreponiéndose a sus numerosas heridas
para encaminarse hacia la meta marcada. El protagonismo del film recae en un
insuperable Leonardo DiCaprio y en un contundente Tom Hardy, pero quien en
realidad se lleva el gato al agua es el oso que ataca al personaje del primero
a través de una vibrante escena que no me cansaría de visionar y en la que,
curiosamente y sin notarse en absoluto, los efectos digitales juegan un papel
determinante. A destacar la elegancia y brillantez
con las que Iñárritu ha tratado su propuesta, tanto desde el aspecto visual como
narrativo.
1.- Los Odiosos Ocho. O el segundo western de la brillante
carrera de Tarantino tras su excelente Django Desencadenado. De nuevo, aunque
de forma más específica, vuelve a dejar claras las influencias del llamado
spaguetti western en su particular universo cinematográfico y, a partir de
ellas, desarrollar una tensa historia narrada en dos únicos escenarios: una
primera parte que transcurre a bordo de una diligencia en medio de un paisaje
nevado y, una segunda, que sucede íntegramente en el interior de un refugio, lugar
en el que convergerán una serie de personajes con intereses muy perversos y en
donde la mentira y el engaño se convertirán en el gran protagonista. Un sinfín
de diálogos inteligentes, sin desperdicio alguno y, por supuesto, no exentos de
ese sentido del humor tan característico y gamberro que ha marcado el estilo
del director. Humor, tensión, un mucho de racismo latente y un toque de brutalidad
al más puro estilo “aquí te pillo, aquí te mato”. Toda una gozada a disfrutar.
Y, durante los inicios del año que está a punto de
nacer, lo más peor del 2016.
Por cierto, me olvidaba: ¡Feliz Año Nuevo!
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