11.9.06

EN RESUMIDAS CUENTAS: Introducción (de muñecas, gays, travestis, globos aerostáticos y poetas atolondrados)

El número de estrenos semanales en Barcelona suele ser bastante exagerado. Las películas entran y salen de pantalla con una facilidad tremenda. Unas se eternizan en la cartelera y otras, para bien o para mal, pasan totalmente desapercibidas. Todo ello, sumado a la falta de tiempo, hace que sea imposible reflejar, al cien por cien, la cartelera actual en el blog. A pesar de haberlos visto, muchos de los títulos se quedan en el tintero. A veces se debe a que, sencillamente, intento darle preferencia a aquellos que me parecen más atractivos a nivel popular. Por esta razón, y para evitar que se les escape mi opinión respecto a ciertos títulos que podrían quedar relegados, he creado esta nueva sección. Su encabezamiento habitual será el de En Resumidas Cuentas y en ella agruparé, de vez en cuando, a breves rasgos y sólo cuando sea necesario, algunos de los productos que aún siguen exhibiéndose en las salas de estreno y que aún no han sido colgados en esta página.

Pues nada, ¡queda inaugurada esta sección!

A Steven Soderbergh, a veces, se le va la olla y se encierra en el cuarto de los experimentos. Bubble es el resultado de una de esas sesiones empiricointelectualoides del realizador norteamericano. Aburrida y extremadamente pedante, narra la relación entre tres de los trabajadores de una pequeña fábrica de muñecas de un pueblucho de Ohio. Dos mujeres y un joven solitario forman el trío protagonista. Celos, comidas de coco y un suceso violento son los principales ingredientes de una película realizada con cuatro miserables perras. En los EE.UU., y a petición propia del director, se estrenó en paralelo y el mismo día en salas de cine, televisón por cable y DVD. En España se podrían haber ahorrado la molestía con toda la tranquilidad del mundo.

No me extraña que, según cuentan, la mayoría de sus diálogos fueran improvisados por los mismos actores en el momento del rodaje, pues su guión resulta prácticamente inexistente. Esa falta de guión y su poca consistencia argumental, provocan que Bubble se convierta en un exasperante canto a la lentitud narrativa y al vacío total. Filmado en vídeo de alta definición y contando con el pésimo trabajo interpretativo de actores amateurs, da la impresión que se trate de un producto larguísimo e interminable, aunque en realidad no pasa de los 70 minutos de duración.


El francés Jean-Marc Vallée, a través de C.R.A.Z.Y. ha urdido un curioso fresco familiar, con enfrentamientos generacionales incluidos, tras el que se esconde una defensa a ultranza de la homosexualidad. Un matrimonio de clase media y sus cinco hijos son sus principales protagonistas. Uno de ellos, el cuarto, nacido la misma noche de Navidad, ya jugaba con muñecas y cocinitas desde su más tierna infancia. Protegido por su madre y despreciado por el padre, la cinta se centra, ante todo, en el devenir de ese personaje y el de su hermano mayor, un adicto a todo tipo de estupefacientes.

Lo mejor de C.R.A.Z.Y. se encuentra en la narración, en clave de comedia, con que adorna su primera parte y, ante todo, en su dirección artística, la cual recrea, con total fidelidad, las diferentes épocas por las que pasa el film, ya que éste transcurre entre principios de los 60 y finales de los 80. A pesar de su falta de originalidad (productos similares a éste se han visto en multitud de ocasiones) y de lo poco perfilados que están algunos de sus personajes secundarios, se trata de un producto que se puede ver con tranquilidad absoluta. De todos modos, si se puliera un tanto su largo metraje, se suavizará el exagerado misticismo de su parte final y se eliminaran ciertos baches argumentales, podría haber resultado mucho más atractivo.


El irlandés Neil Jordan vuelve a retomar el tema del travestismo en Desayuno en Plutón, aunque desde un punto de vista totalmente distinto al de Juego de Lágrimas. En esta ocasión analiza las vivencias de Kitten, un joven travestido que, de pequeño, fue abandonado en la puerta de la parroquia de un pequeño pueblecito irlandés. El descubrimiento de su verdadero padre y la búsqueda de la madre, serán las constantes de un atípico viaje iniciático en el que se mezclarán, en extraña armonía, el terrosimo, el rock & roll, la religión, el sexo y la magia y que, a modo de fábula infantil, tendrá como anfitriones de excepción a unos pájaritos parlanchines.

Una propuesta interesante que cuenta con un guión brillante, un excepcional Cillian Murphy en el papel de Kitten (al que vale la pena disfrutar en su versión original) y la presencia, casi testimonial, de un entrañable Liam Neeson. Un pequeño bache central, justo en el momento en que el actor fetiche del realizador (Stephen Rea) cobra cierto protagonismo, es el único error perdonable de un producto emotivo y de narración original, del que también valdría la pena destacar la sabia selección de temas musicales de los años 60 y 70, época en la que está ambientado.


Con más de dos años de retraso ha llegado a nuestras pantallas El Intruso, un insoportable film británico protagonizado por el que será el nuevo rostro de James Bond, Daniel Craig. Seguramente, la presencia del (insustancial) actor habrá sido el detonante real para el estreno de un producto tan fatuo y discursivo como éste. A pesar de estar lleno de teóricas y numerosas disertaciones metafísicas y existencialess, acaba convirtiéndose en un trabajo alarmantemente vacío.

Un tostón de padre y muy señor mío, cuyos tres únicos e hipotéticos puntales se encuentran en un accidente de un globo aerostático, en un intelectual atormentado -a punto de romper su relación de pareja con una escultora snob- y en la cargante presencia de un tipo piojoso atrapado por la religión. De juzgado de guardia.


El Tigre y la Nieve supone una de las sorpresas más agradables de esta temporada. Un film divertido, emotivo y crítico. Un poco de todo al servicio de un producto realizado con y desde el corazón. Su responsable, delante y detrás de la cámara, es el italiano Roberto Benigni.

Un cuento onírico y precioso; una historia de amor bellísima; un enfoque distinto de la guerra de Irak y una lección, casi magistral, de sencillez narrativa. Un poema visual efectivo al cien por cien. Incluso se le puede perdonar a Benigni su histrionismo habitual pues, en este caso, esa sobreactuación le va como anillo al dedo a su atolondrado personaje: un poeta despistado con su vida personal demasiado desordenada. Un buen ejemplo de cómo decir verdades como templos sin tener que recurrir a la falsa estrategia de llenar la película de estupidas coartadas pseudointelectuales.

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