15.10.12

SITGES 2012: Jornada 2 (niños enfermos, gafapastadas de tomo y lomo, chinos saltarines, humillaciones perversas, teenagers colgados y émulos de Bonnie and Clyde)

El viernes 5 de octubre estuvo marcado por una sobrecarga de cine. La cosa empezó muy temprano, a eso de las 8 y media de la mañana, con Insensibles, una coproducción entre España, Francia y Portugal dirigida por Juan Carlos Medina. La cinta propone un acercamiento distinto a la guerra civil y a la postguerra española, de tono fantástico y terrorífico, a través de un centro médico en el que están internados (o mejor dicho, encerrados a cal y canto) varios niños que sufren de un mal que les hace insensibles al dolor. Un film estremecedor y de mal rollo, perfectamente estructurado y ambientado, que mezcla el horror del nazismo, con enfermedades incurables y torturas espeluznantes. Muy capaz de crear ambientes tensos y cargados de una atmósfera insana, ofrece al mismo tiempo una buena interpretación de Alex Brendemühl. Lástima que el realizador, en su desmesura, pierda los papeles en sus nada convincentes y desmadrados minutos finales.


La mañana siguió con la primera paja mental del certamen y que, con posterioridad, se hizo con los premios a mejor película y dirección, entre otros. Se trata de la para mí insufrible Holy Motors, una soberana y aburridísima pedantería del francés Léos Carax. Una fábula onírica (¿o una colgada indignante?) que, siguiendo al pasajero de una limusina en su larga travesía por las calles de París, hace un recorrido por los distintos roles del ser humano, tanto en la vida como en la muerte. Soledad, amor, sexo, violencia, hastío, cotidianeidad… Centenares de conceptos amontonados sin orden ni concierto. Hasta juraría que hace un par de homenajes velados a El Planeta de los Simios y al Cars de la Disney… ¿o no?. Pues eso: que el Carax va de inteligente, lo sabe todo y se atreve con todo. El gurú del cine actual. Para impartir su clase magistral se vale de Denis Lavant (el tío al que Eva Mendes se la pone palote), su claro alter ego, un actor (cargante) que representa a varios personajes diferentes a lo largo de sus dos interminables horas de duración. Rayando el más gusto en algunos episodios (ciertamente desagradable el protagonizado por la Mendes) y tremendamente irritante en otros (ese número musical interpretado por Kylie Minogue en plan peli del Jacques Demy), la cinta fascinó a unos e irritó a otros (entre los que estoicamente me cuento). Los “fascinados” dicen que se trata de una provocación artística dotada de gran sensibilidad; personalmente prefiero calificarla de postalita turística parisina disfrazada de gafapastada con ínfulas.


Después la cosa siguió de manera más desenfadada, aunque sin aportar nada bueno ni interesante. Para cortar por lo sano con los efluvios intelectualoides soltados a diestro y siniestro por Holy Motors, una tontería, sin pies ni cabeza, dirigida por Tsui Hark, Flying Swords of Dragon Gate. Una chinada de mucho cuidado, con catanas a granel, artes marciales, arqueros y tiparracos suspendidos en el aire dándose sonoros mamporros. Para matar dos horas perdidas y olvidarla luego por completo. No hay más. A excepción del uso del 3D, nada nuevo a resaltar en el cine del realizador vietnamita. O sea: historia cero, nula coherencia argumental y una realización bastante desastrosa, sólo salvada por los abusivos efectos del citado 3D. Un festival de hostias y un poco de magia potagia en la China de finales de la dinastía Ming.


Por fin, por la tarde, el día nos deparó una buena sorpresa con Compliance, lo mejor de la irregular jornada. Un film indi que, a pesar de proyectarse en horas difíciles (ya saben, tras la comida hay un claro peligro de siesta inminente), mantuvo al personal totalmente atento a la pantalla del Auditorio. Procedente de Sundance, basado en un caso real (¿por eso competía en la sección oficial de cine fantástico?) y contando con un escenario casi único -la trastienda de una hamburguesería en la América profunda-, se trata de un producto tan tenso como claustrofóbico cuyo destacable crescendo narrativo logra arrinconar del todo su posible vena reiterativa. Su director, Craig Zobel, para contar una historia en donde la humillación humana y las relaciones laborales juegan papeles importantes, parte de la llamada telefónica que realiza un supuesto agente de policía a la encargada del local, alertándola de que una de sus empleadas ha sido acusada de un delito de hurto por parte de una cliente. Lo que empieza como un simple aviso, acabará traspasando todo tipo de líneas morales. Un reparto efectivo (del que cabe destacar a la joven Dreama Walker) al servicio de un thriller cargado de fuertes aires melodramáticos y de una contundente crítica social. Por cuestiones culturales, al espectador español es posible que le cueste creer del todo el caso que expone… pero en los EE.UU., tal situación, ha sucedido en más de 70 ocasiones. Lástima que la película no haya sido recompensada de ningún modo durante la entrega final de premios.


John Dies At the End es una insignificante comedia de género dirigida por uno de los iconos de la serie B de los 80 (y casi, casi, diría que Z), Don Coscarelli, el artífice de Phantasma (y secuelas) y El Señor de las Bestias (y secuelas). La película, banal en donde las haya, es de esas que se olvidan totalmente a la media hora de haberla visto. Amparándose en una serie de episodios fantásticos nacidos en Internet y protagonizados por un par de adolescentes enganchados a una droga alucinógena, el film acerca al espectador hasta un universo plagado de situaciones surrealistas y a cual más estúpida, en donde seres monstruosos y conspiraciones satánicas danzan a su antojo. Un delirio vacío del que sólo despuntan un par de gags y la fugaz presencia de Paul Giamatti. Muy poco ha avanzado el amigo Coscarelli desde su debut con la citada Phantasma. A pesar de querer amoldarse a las nuevas tendencias, su cine sigue siendo igual de cutre. Me parece que ni los frikis celebraron en exceso su nuevo título. Pasto de estanterías de vídeo-club.


Y ya en sesión golfa en el cine Prado, en el corazón de Sitges y rematando la ardua jornada, una comedia ácida e independiente, totalmente crítica con el mundo de la televisión actual. Su título, Good Bless America; su director, un tal Bobcat Goldhwait. Lo mejor de la cinta estriba precisamente en su citado espíritu crítico y, ante todo, en sus compactos y gamberros quince minutos iniciales. Después, la cosa decae y se convierte en una reiteración continua, en donde el tópico termina por llevarse el gato al agua. La cinta, entre coñas a espacios televisivos al estilo de Tú Sí Que Vales y reality shows varios, se centra en la violenta alianza formada entre un hombre divorciado, amargado y sin empleo y una joven menor de edad quienes, en sus acciones, y erigidos en peculiares defensores de la “moralidad”, emulan a la mítica pareja compuesta por Bonnie y Clyde. Siempre rozando la provocación y la incorrección política, pero sin atreverse a entrar a saco en ningún momento. Un quiero y no puedo que acaba defraudando. Y más a altas horas de la madrugada.


To be continued…

14.10.12

SITGES 2012: Jornada 1 (morgues y mafiosos amarillos)

Sitges 2012 terminó ayer. Justo hoy, domingo, se proyectan en las salas del Festival (el Auditorio del Hotel Meliá y los cines Retiro y Prado) los tres habituales maratones cinematográficos con los títulos más representativos de la presente edición. Los premios, a mi gusto no muy acertados (ya les iré contando a medida que hable de las películas), fueron otorgados ayer por el Jurado de la Sección Oficial a Concurso compuesto por el realizador Nacho Cerdà, la directora Judith Colell, la actriz Denise Crosby y los también directores William Lustig y Lamberto Bava; unos premios que pueden consultar en su totalidad en la web del certamen.

Esta 45ª edición se inicio el jueves 4 de octubre con la proyección de El Cuerpo, una cinta de producción española que supone el debut en la dirección del barcelonés Oriol Paulo. En ella, un thriller de intriga y horror ambientado en el seno de una morgue, asistimos a la investigación que lleva a cabo un cansado inspector de policía para descubrir que se esconde tras la desaparición del cadáver de una mujer adinerada a las pocas horas de haber ingresado su cuerpo. Narrada a golpe de flash-backs, su realizador, a pesar de lo truculento del relato, demuestra un buen dominio del suspense y, sin miedo a caer en el mayor de los ridículos (cosa que está a punto de sucederle en varios pasajes al jugar siempre al límite), salva la papeleta con nota alta. La cosa es que, con sus defectos, entretiene y engancha. Gran parte de su buen funcionamiento se debe a su trabajado y sorprendente giro final que, de tan rocambolesco, hasta tiene su gracia. José Coronado, con un look ciertamente desagradable, convence con su actuación, cosa que no ocurre con la desaborida interpretación de Hugo Silva. Por su parte, Belén Rueda se confirma definitivamente como la Dama del Fantástico Español actual y, al mismo tiempo, como la actriz por excelencia encargada de darle vidilla (aunque sea haciendo de muerta) a las galas de inauguración del Festival de Sitges: El Orfanato y Los Ojos de Julia son sus dos claros precedentes.
 

Esa misma mañana, se pudo ver (en mi caso, sufrir) en el Auditorio del Meliá Nameless Gangster: Rules Of The Time, una producción de Corea del Sur que, a pesar de estar basada en un caso real, competía a concurso en la Sección Oficial de Cine Fantástico. La película, que pasó sin pena ni gloria, repasa la vida de un mafioso con fuertes contactos en el mundo de la política quien, en sus inicios, se introdujo en el Sindicato del Crimen gracias a su innata facilidad, como funcionario de aduanas, para aceptar sobornos de todo tipo. Ya saben, se trata de cine coreano: muchas ráfagas de violencia física, un toquecillo de humor amarillo (para mí, difícil de entender) y un sinfín de golpes en la cocorota de sus protagonistas. Alargada hasta extremos increíbles y no muy bien explicada, la propuesta me resultó ciertamente indigesta y aburrida. Vaya, que los bostezos se apoderaron de todo mi ser. Lo mejor del invento: el arte que tienen los coreanos para molerse a palos.
 

El primer día, como cada año, hay muy poco cine y un mucho de reencontrarse con los viejos amigos. La gran traca cinéfila viene después. Todo es cuestión de situarse y tomar conciencia para afrontar una larga semana llena de películas y vivencias que les iré exponiendo en sucesivos posts. Mañana un poco más.

3.10.12

Amor en tiempos de guerra


Con dos largos años de retraso ha llegado a España Shanghai, un invento de la Weinstein Company que, ambientado en el Shanghai de los años 40 pocos días antes del ataque a Pearl Harbour, nos acerca hasta una intriga en la que un espía norteamericano, fingiendo la personalidad de un periodista recién llegado de Berlín, investiga el asesinato de un compañero.


Lo mejor de la película es, sin lugar a dudas, el provecho que saca de su cuidadísima escenografía, así como su fotografía, y más teniendo en cuenta que se trata un producto filmado con un presupuesto más bien escaso. Su guión, aparte de rocambolesco, poco original y extremadamente previsible, se me antoja lo más flojo de la cinta, junto con el nada estimulante trabajo de un John Cusack al que cuesta creer en la piel de un espía.

Shanghai, por su trama, bebe directamente de películas como Casablanca o Havana, aunque nunca logra la fuerza de sus predecesoras, ya que precisamente la historia de amor jamás acaba de funcionar. O sea, un toque pasional en medio de un escenario revuelto por culpa del caos político y social imperante. Una ciudad multicultural en donde la resistencia china daba continuos quebraderos de cabeza al dominio nipón. Y allí, en el ojo del huracán y atrapado por la personalidad de Anna -una luchadora de la resistencia casada con un gánster local-, está el agente norteamericano Paul Soames, un hombre que se debate entre el amor por ella y la causa que defiende.
 

Aún con sus defectos a cuestas -que son muchos y molestos (como esa empalagosa y facilona voz en off del personaje de Cusack)-, Shanghai entretiene. Se ve y, tal como se ve, se olvida a los cinco minutos. De consumo rápido. Un fast food cinematográfico del que, interpretativamente hablando, vale la pena resaltar la profesionalidad con la que una guapísima Gong Li hace suyo el personaje de Anna, así como la eficiencia con la que Ken Watanabe asume el rol de Tanaka, un frío y perverso oficial de la inteligencia japonesa capaz incluso de tener algún que otro destello de humanidad. En cambio, Chow Yun Fat, al igual que John Cusack, afronta la personalidad del mafioso Anthony Lan-ting con un desapego alarmante, como si no creyera demasiado en la película.
 
 
Me extraña que un producto como este no haya ido directamente a las estanterías del vídeo-club. El mundo de la distribución es así de raro en muchas ocasiones.

2.10.12

SITGES 2012: La cita anual

Amparado por uno de los mejores carteles del certamen durante los últimos años, y en donde una imagen apocalíptica muestra la iglesia de Sitges medio derruida, el próximo jueves 4 de octubre se da el pistoletazo de salida a la 45ª edición del Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya – Sitges 2012.

En esta ocasión, y siguiendo la tónica de anteriores ediciones, abrirá con una producción nacional, El Cuerpo, un thriller con un mucho de giallo en su haber y protagonizado por algunos de los nombres más comerciales de nuestro cine, como los de Belén Rueda, José Coronado o Hugo Silva, entre otros. Este título supone el debut tras la cámara del guionista barcelonés Oriol Paulo.
 
 
La gala de clausura correrá a cargo de Looper, una de las películas de más éxito en estos momentos en los EE.UU. Con Bruce Willis y Joseph Gordon-Levitt como ganchos principales, se trata de una cinta futurista, plagada de viajes en el tiempo, mafias y asesinos a sueldo. Su director, Rian Johnson, ya se consagró en este mismo certamen en el 2006 al conseguir el premio Citizen Kane al mejor director revelación por su trabajo en Brick.
 

Y, entre las citadas inauguración y la clausura, diez días de locura cinematográfica. Películas para todos los gustos y colores, estructuradas en distintas secciones. Por citar sólo algunas de las más tentadoras tendremos Chained, el nuevo trabajo de Jennifer Lynch (la hija del amiguito David que ya en el 2008, con Surveillance, logró el premio al mejor film en este festival); Cosmopolis, de David Croneberg, un habitual del certamen al que en esta edición se une su hijo, Brandon Cronenberg, con Antiviral; Maniac, de Franck Khalfoun que, protagonizada por Elijah Wood, supone el remake de un viejo clásico del gore de los años 80 de idéntico título; la presentación, en una gala especial, de la esperada y tsunámica Lo Imposible de Juan Antonio Bayona o, sin extenderme más en la que sería una lista interminable de producciones seductoras, lo último del siempre polémico Rob Zombie: la terrorífica The Lords Of Salem. Para saber más sobre la programación en su totalidad, denle al siguiente enlace.
 

Como visitantes ilustres, a los que se podrá ver por los pasillos y vericuetos del Hotel Meliá (sede del Festival), se contará con la presencia de gente como Don Coscarelli, Dee Wallace, Meg Foster, Darío Argento, Elijah Wood o Neil Jordan entre otros muchos. Y todo ello sin contar con la inagotable y habitual relación de gente de la industria cinematográfica de nuestro país.

Espero encontrarles por las calles y cines de Sitges. Por mi parte y siguiendo con la tradición, les iré informando de todo cuanto vea, viva y sufra durante estos diez días de cine intenso… aunque no les prometo una puntualidad excesiva, pues mi portátil hace tiempo que está en la UCI y sin posibilidad de salvación.

29.9.12

Tiempo de crisis


Desde que en 1973 Peter Yates filmara el interesante thriller policiaco El Confidente, basada en el libro The Friends of Eddie Coyle de George V. Higgins, nadie había vuelto a adaptar una novela de este autor, un prolífico escritor de novela negra que, con casi una treintena de títulos en su haber, se mostró como todo un experto a la hora de retratar el sórdido submundo de la delincuencia; no en vano, trabajó durante dos décadas como fiscal de distrito en la ciudad de Boston. Casi 30 años después de El Confidente, Andrew Dominik, el realizador de El Asesinato De Jesse James Por El Cobarde Robert Ford ha recuperado otra de sus novelas (Cogan’s Trade) para su nuevo film, Mátalos Suavemente.


Muchos verán en el trabajo de Dominik una clara influencia del cine de Tarantino. Nada más erróneo pues, en realidad, ese supuesto toque tarintiniano proviene de la obra de Higgins, un hombre al que el realizador de Malditos Bastardos debe buena parte del estilo de sus inconfundibles diálogos.

Mátalos Suavemente parte del golpe que realizan tres delincuentes de baja estofa y mínimas entendederas al atracar una partida de póquer organizada por la mafia. Para paliar las pérdidas, el clan contactará con un frío y calculador asesino profesional, un tal Jackie, para que dé caza y termine con la vida del trío de ladrones y, de paso, darle una lección igualmente mortal al organizador de la timba, un tipo con una deuda pendiente del pasado.
 

Cine negro en mayúsculas, con un sinfín de personajes estrambóticos y descritos a la perfección. Con cuatro líneas, Andrew Dominik describe con envidiable exquisitez a cada uno de ellos. El ritmo del film es tranquilo. Va avanzando poco a poco, sin prisa pero sin pausa. No hay precipitación válida. No es una película acción. Es una película violenta, sin más; de ráfagas de brutalidad muy esporádicas, aunque totalmente contundentes: de esas de aquí te pillo, aquí te mato y capaz incluso, como si de un émulo de Peckinpah se tratara, de ralentizar sus pasajes más salvajes para recrearse en algunos de los crímenes mostrados. Todo un deliro visual controladísimo y perfectamente apoyado por un guion de lo más inteligente.
 

En su trama, y desde el inicio de la misma, muestra paralelismos sobre la estructura empresarial y las acciones de la mafia con el perfil político de la crisis económica actual. En este aspecto, discursos reales de Bush y Obama acompañan de fondo más de una escena, al tiempo que descubre al personaje de Brad Pitt (el enigmático Jackie) como uno de esos aprovechados dispuestos a sacar el mayor partido posible a un caos financiero y de valores como el que sufrimos. La máxima de "a río revuelto, ganancia de pescadores" nunca se había cumplido tan bien como sucede en Mátalos Suavemente.
 

Brad Pitt está perfecto en la piel del inmutable Jackie; al chico le van como anillo al dedo los papeles de desarraigado. Y no sólo Pitt destaca por su interpretación. Prácticamente todos los que intervienen se me antojan excelentes. Desde Ray Liotta a Richard Jenkins, pasando por el inmenso James Gandolfini quien, en parte, rememora su época como Tony Soprano al dar vida a un sicario acabado, alcoholizado, putero y con un montón de problemas con la justicia.
 

Una de los mejores productos del año en curso y de la cartelera actual, tanto por su precisión narrativa como por ese humor cáustico que se desprende de cada una de sus escenas. Una maravilla de película; explosiva y cargada de mala leche.

25.9.12

Allen è finito

  
Hace años (ya bastantes) iba contento a cada uno de los estrenos de Woody Allen. Su personalísimo sello significaba una garantía de originalidad y buen cine: diálogos brillantes, situaciones interesantes, gags ingeniosos… Desde hace un tiempo (demasiado), me sucede todo lo contrario. Asisto a cada nueva película del cineasta con poquísimas esperanzas de encontrarme con algo distinto y mínimamente atractivo. Su cine se ha encallado, ya no avanza hacia ninguna parte, tal y como demuestra su último trabajo, A Roma Con Amor. Y es que el hombre ya ni se esfuerza en cavilar un título menos sobado.

 
De lo poco positivo en el film es que, en esta ocasión, Allen hace un intento por recuperar el humor surrealista que tanto le caracterizó en los sobresalientes inicios de su carrera. Pero lo hace sin frescura, sin chispa. Y es que su sentido del humor ha envejecido tanto o más que él, casi diría que permutándolo por ese afán de folleto turístico que poseen sus películas desde que optó por filmar, en plan mercenario, desde la vieja Europa. Primero fue Londres, luego Barcelona, París y ahora Roma.

Estructura su cinta al igual que las viejas comedias italianas: a base de episodios. Cuatro son los que componen su oda romana. Pero, al contrario que los grandes maestros del cine italiano, no se trata de episodios independientes, sino que las 4 historias se van mezclando a lo largo del metraje, lo cual le da al trabajo un aspecto deslabazado y caótico, tanto cronológica como narrativamente hablando. El único punto de unión entre episodios es la ciudad protagonista. Y punto pelota.


En uno de ellos (el más pedante de todos, sin lugar a dudas), en el que un joven arquitecto mantiene conversaciones imaginarias con un personaje al que admira, Allen recurre a un truco ya utilizado en la entrañable Sueñosde un Seductor;  mientras que en el episodio protagonizado por él mismo y en donde el propietario de una funeraria se transforma en un excelente cantante de ópera mientras se ducha, apuesta por ese toque absurdo que dominaba sus primeras cintas y, ante todo, por el tipo de relatos cortos que caracterizon sus diversos libros. Pero todo ello a medio gas y sin garra, para cubrir el expediente.

 

En los otros dos episodios, a medio camino entre la comedia de enredos y el surrealismo, un joven recién casado vivirá una corta aunque intensa historia con una prostituta, y un hombre anónimo se convertirá en famoso de la noche a la mañana, siendo acosado por todo tipo de medios de comunicación. El primero protagonizado por Penélope Cruz y el segundo por Roberto Benigni; ambos geniales, perfectos. Suerte ha tenido Woody Allen de contar con ambos profesionales pues, cada uno en su estilo, le han dado algo de vida a un producto estrellado y sin gracia: ella, la Pe, por su desparpajo y frescura (aunque repitiendo un poco su personaje en la nefasta Vicky Cristina Barcelona); él, el Benigni, por su habilidad a la hora de manejar de forma magnífica su histrionismo innato.

 

No busquen mucho más en A Roma con Amor. El magistral Woody Allen de Delitos y Faltas o Zelig ya se fue. Y es que la obligación de realizar una película por año ya ha dejado de dar sus buenos frutos. Quizás espaciándolas un poquito, todos saldríamos ganando.

20.9.12

Atrapa a un ladrón


Primero fue el boom de la novela negra nórdica y, con posterioridad, el éxito de la trilogía cinematográfica sobre Millennium. El noir nórdico, en todas sus vertientes, está de moda; mola. A la gente le llama la atención los thrillers actuales de producción europea con apariencia de cine norteamericano. Gracias a esta nueva tendencia llega a nuestras pantallas Headhunters, un film de acción e intriga que,  basado en una novela del prestigioso Jo Nesbo, se acerca a las correrías de Roger Brown un cazatalentos que, para mantener su elevado tren de vida, ejerce desde hace años como ladrón de obras de arte.


Todo parece irle bien al tal Roger (excelente y rarísimo Aksel Hennie). Un posible nuevo fichaje para la empresa para la cual trabaja se inmiscuirá en su vida de delictiva y de pareja, haciendo que su último golpe -en principio de lo más rutinario- se le escape de las manos. Si quiere salvar el pellejo, deberá hacer frente a una imparable espiral de acoso, violencia y misterio.


Hasta aquí, todo funciona a la perfección. Morten Tyldum, su director, sienta bien las bases. Hace una encomiable presentación de personajes, al tiempo que prepara al espectador para un golpe de efecto que se decantará hacia una trepidante cinta de acción. Y aquí, justo aquí, cuando la película adquiere un tono frenético y adrenalínico, es cuando empieza a escapársele la historia de las manos.

Aburrir no aburre; todo al contrario. Su velocidad narrativa es tal que deja poco respiro a las plateas. Incluso tiene su sentido del humor; muy peculiar, pero lo tiene. El problema estriba en las numerosas lagunas que alberga el guión, su escasa coherencia argumental y, ante todo, en la cantidad de escenas que, de tan pasadas de rosca, pueden resultar inverosímiles. Es innegable que,  a pesar de ello, ofrece imágenes si más no curiosas y cercanas al gore, como por ejemplo la del perro muerto ensartado en la pala de un tractor o la del baño de mierda accidental del protagonista huyendo de su perseguidor.


Robos, persecuciones, crímenes, sexo, suspense… Un poco de todo y a grandes dosis, aunque ensartado de cualquier modo y con un final en exceso rocambolesco y decepcionante. Al menos, yo no me lo creo en absoluto.

Por cierto: el malo maloso de la función es Nicolaj Coster-Waldau, el malvado Jaime Lannister de la fantástica serie Juego de Tronos.

19.9.12

Infiel


Terence Davies, un cineasta respetadísimo por la crítica oficial y “bienpensante”, ya nos machacó de lo lindo a finales de los 80 con un tostón de mucho cuidado, Voces Distantes, una cinta que en su época puso la piel de gallina a los gafapastas de turno. Ahora, conservando aún ciertas reminiscencias rancias de ese título, ataca de nuevo con The Deep Blue Sea, un melodrama de tintes intimistas y ritmo cansino.

Que nadie se lleve a engaño y piense que se trata de una secuela de esa entretenida película, de idéntico título, en la que un tiburón se zampaba a Samuel L. Jackson a la primera de cambio. No, que va, nada más lejos de la realidad. Ese era cine palomitero. Lo del Davies está a las Antípodas. Es cine de autor, de ese cine que atufa a pedantería supina, del que aburre hasta a las musarañas.

The Deep Blue Sea se centra en un triángulo amoroso en el Londres de principios de los años 50, en plena postguerra. Allí, una mujer casada con un juez adinerado y mayor que ella, decide plantarlo e irse a vivir a un apartamento cochambroso en compañía de un amigo de su marido, un hombre en el que cree haber encontrado el verdadero amor. A partir de aquí, recurriendo continuamente a flashbacks, irá mostrando al espectador los convulsos sentimientos de una mujer que no se siente amada del todo.
 

Una historia que, en definitiva, ha sido contada una y mil veces de un montón de maneras distintas. Según dicen los “sabios”, la originalidad de este peñazo con toques muy a lo Ingmar Bergman, estriba en el profundo modo de penetrar en los sentimientos de sus personajes, ante todo en los de ella, una Rachel Weisz que se pasa la mayor parte del metraje fumando, con la mirada perdida y oteando el horizonte a través de una ventana de su apartamentucho. A veces llora, otras chilla como posesa y, en ocasiones, chilla de manera estruendosa.


Una película pretenciosa, alarmantemente aburrida, plagada de crispantes tiempos muertos y alargadísimas y enervantes escenas que sólo sirven para que Terence Davies haga gala de su petulancia como hombre de cine, como AUTOR en letras mayúsculas, tal y como sucede en ese irritante y alargadísimo flashback que transcurre bajo el metro londinense durante un bombardeo; secuencia en la que el realizador, volviendo al estilo de Voces Distantes, obliga a todos los allí reunidos a entonar una cancioncilla de lo más amuermante. Y, aviso, esta no es la única muestra músico-vocal de la función. La cuestión es castigar a las plateas.


Intentonas de suicidio y amores no correspondidos al ritmo de un musical con vocación de “cutreintelectualoide”. Vaya, para mesarse los pelos y no volver a ver nunca más una película de este tipo.

Que bien y descansados se deben quedar aquellos que impunemente recomiendan a rabiar un tostón como este. Lo que les digo: una especie de culebrón con ínfulas. Y, además, cantado y bailado. ¡Viva el espectáculo! Búsquense otra propuesta mejor.

17.9.12

El árbol de la vida

Con Prometheus, Ridley Scott regresa al universo de su criatura más querida, Alien. Y lo hace de manera decepcionante, sin garra y a través de un guión endeble, lleno de agujeros (oscuros) e incapaz de atrapar al espectador en una historia que me parece excesivamente forzada. La intención, de todos modos, es dar una explicación (no muy convincente) de los hechos acaecidos antes de que la nave Nostromo llegara al conflictivo planeta.

Es innegable que las escenas que conforman su apertura son de una solidez visual indescriptible. Una entrada que, al contrario que sus resultados finales, promete un film compacto e impactante. En definitiva, su deslumbrante inicio no es más que un espejismo que bebe directamente del 2001 de Kubrick. Y, a partir de ese sugestivo prólogo, la cinta (alargada hasta los 125 minutos de duración) va de mal en peor.

La nave Prometheus lleva a bordo una expedición que, encabezada por un par de científicos, parte en busca de respuestas sobre el posible origen de la Humanidad. Entre sus tripulantes no podía faltar el consabido androide de turno, ni la (en teoría) inquietante jefa de la banda, una mujer contratada por el presidente de una corporación interesado en conocer el sentido de la vida.

La primera hora sucede, más o menos, de forma atractiva. Sin que ocurra nada relevante, Scott va creando atmósfera, al tiempo que presenta a sus personajes principales. A su manera, recrea de nuevo los góticos laberintos de la Nostromo, aunque de forma menos claustrofóbica y más luminosa. Cuatro citas metafísicas, demasiadas referencias religiosas y, ante todo, el dibujo de una tripulación crispada conforman el plato principal del menú. De hecho, no se sabe del todo porque hay tanta crispación entre los navegantes, lo cual ya supone un claro reflejo de que el guión empieza a hacer aguas.

Una vez llegados al planeta, la cinta cambia de estilo. La cosa empieza a tener más nervio. La artificiosidad se apodera definitivamente de la imagen y de la historia. Nunca logra el poder de asombro de Alien, por mucho golpe de efecto que utilice. Y es que, en definitiva, el invento no engancha de ninguna de las maneras. Todo cuanto sucede suena a falso, estereotipado, demasiado convencional. Y de golpe, cuando tendría que llegar una explosión final de suspense y tensión, Prometheus deriva hacia una serie B de lo más nefasto, en la que todo vale. La aparatosidad toma el relevo, olvidándose de un guión que ya resultaba muy poco coherente. La cuestión es seguir explotando al máximo una franquicia exprimida hasta la saciedad, al precio que sea.

La Noomi Rapace hace lo que puede: sin llegar a ser la Ripley de turno, salva su papeleta con dignidad y se alza en la protagonista de la mejor escena del film (con cesárea automatizada incluida). Charlize Theron, sin mucha convicción, ejerce de madrastra de Blancanieves, mientras que el todoterreno Michael Fassbender (últimamente se le encuentra hasta en la sopa) carga con cierta coña con el rol de un robot fascinado por el personaje principal de Lawrence de Arabia. Lástima que el suyo, en la desmedida recta final, caiga en el mayor de los ridículos.

Religión, vida eterna y alienígenas. Todo ensamblado mediante un guión con más orificios que un queso gruyere.

14.9.12

El temible burlón

Los de la factoría Aardman, artífices de las geniales aventuras de Wallace y Gromit, vuelven de nuevo a la carga con una de piratas. Su título no podría ser más explícito: ¡Piratas!. Stop motion de alta graduación. Muñecotes de plastilina en movimiento, foto a foto, para dar vida a un grupo de desastrosos bucaneros que, comandados por el peculiar Capitán Pirata (la voz de Hugh Grant en su versión original), se enfrascan en la ardua tarea de luchar para conseguir que su jefe logre el premio más ansiado del gremio, el de Pirata del Año.

Hora y media de divertimento en estado puro. Trepidante, ingeniosa y cargada de esa mala leche tan característica del humor ingles. British hasta la médula, sus responsables principales, Peter Lord y Jeff Newitt, se embarcan en una comedia alocada capaz de entretener y, al mismo tiempo, de arremeter contra unos cuantos mitos casi diría yo que sagrados. Así, por el camino y como quien no quiere la cosa, el antropólogo Charles Darwin recibirá unos cuantos dardos envenenados, mientras que a la escritora Jane Austin se la emparejará con el mismísimo hombre elefante.

Plagada de detalles visuales, guiños cinéfilos impagables y totalmente brillante e inteligente a la hora de describir con cuatro trazos a sus personajes principales, su acelerado ritmo narrativo no deja tregua a un espectador totalmente atrapado por la locura planteada. De hecho, a pesar de tratarse de un film de animación, la cinta está más dirigida al público adulto que al infantil, aunque los más pequeños de la casa también pueden disfrutar igualmente con las peripecias de ese chiflado capitán pirata dispuesto a todo con tal de conseguir su soñado galardón.

Una pequeña joya realizada en plan artesanal, a mano, casi a las antípodas tecnológicas del cine de animación actual de las grandes majors. Una aventura astracanada, ingeniosa, llena de personajes inolvidables e incluso valiente a la hora de convertir a la Reina Victoria en la mala (y más perversa) de la película.

Para ver en un par de ocasiones seguidas y descubrir centenares de detalles casi imperceptibles durante el primer visionado. El espectáculo está garantizado.

13.9.12

Ocho rima con pocho, chocho y tocomocho

Ocho ½
Cena a las ocho
Ocho millas
Ocho milímetros
Con ocho basta
Ocho mujeres
La octava mujer de Barba Azul
Ocho cabezas
Ocho sentencias de muerte

Hoy se cumplen ¡ocho años de Spaulding’s blog!

Por cierto: nacer en día 13 no fue un buen augurio… Miren la desgracia sucedida con los comentarios. Ayer tuve que enterrarlos.

12.9.12

Comenzar de cero

Me lo temía. La Ley de Murphy ha vuelto a cumplirse. Los más de 23.000 comentarios que había generado Spaulding’s Blog desde su nacimiento, se han ido al carajo. La inminente desaparición del gestor de comentarios ha motivado que tuviera que importarlos a uno nuevo, en este caso Disqus. La importación ha sido perfecta. En la raíz de Disqus están todos los comentarios alojados. El gran problema estriba en que la dirección de cada uno de ellos generada por JS Kit es errónea, por lo que resulta totalmente imposible insertarlos en el blog.

Llevo desde el pasado viernes luchando contra viento y marea para conseguir solucionar tal impedimento. Y no hay manera. He intentado de todo. He hablado con otros blogueros buscando posibles remedios, he intentado arreglar la dirección gestada por JS Kit, los he importado una y mil veces en busca de un milagro, he pasado horas en vela maquinando estrategias de todo tipo… Y nada, que no hay tu tía… que los comentarios se han volatizado de esta página. Lo único que he conseguido es ponerme de los nervios al entrar en un bucle sin salida.

A partir de ahora, partiremos de cero, en plan salomónico. Los comentarios serán gestionados por el propio Blogger, desde el mismo blog, sin dependencias externas. Allí, en la memoria colectiva, quedarán esos miles de comentarios suyos que ayudaron a darle fuerza a esta bitácora. Ahora toca cambiar de chip, cagarnos en la mala administración de JS Kit y olvidar, cuanto antes, la gran putada.

Ni se pueden imaginar lo que me llega a joder el haber perdido todas sus disquisiciones… Me voy a tomar la medicación.

7.9.12

En obras


Perdonen la inactividad del blog en las últimas semanas, pero es que ando atareado con otras cuestiones ajenas al mismo. Además, por si fuera poco, el gestor de comentarios actual cierra sus servicios el próximo mes de octubre, con lo cual, durante el próximo fin de semana, deberé rediseñar la página con la finalidad de albergarlos en otro gestor y así salvar todas sus glosas desde que se inauguró el blog; una bitácora que el próximo 13 de setiembre cumplirá los 8 años de existencia.

No se extrañen si durante estos días, al entrar en la página, notan cosas extrañas y ausencia de ciertos detalles. No se trata de poltergeists. Lo cierto es que estaré dándole vueltas al nuevo diseño, trasladando los comentarios de un gestor a otro y gruñendo como poseso, cosa, esta última, que suele sucederme cuando realizo tareas que me resultan un tanto ingratas.

Lo dicho: no les he abandonado, tan solo estoy metido en labores de mantenimiento para seguir al pie del cañón. En unos cuantos días volveré a la carga y, poco a poco, intentaré recuperar algunos de los títulos que aún no han aparecido por estos lares.

Con la cara nueva y lavada, pronto celebraremos entre todos los 8 años de vida de Spaulding's Blog.